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Número 14 – Tema libre

La experiencia brasileña sobre la conservación ambiental en la voz de Carlos Joly. Acción conjunta entre investigación científica, gestión y comunicación pública de la ciencia

Julieta Vignale

Universidad Nacional de Cuyo y Universidad Nacional de Río Negro (Argentina)

Germana Barata

Universidade Estadual de Campinas (Brasil)


Las problemáticas ambientales y las tensiones presentes ante los desarrollos productivos son temas que requieren análisis en la agenda sobre el ambiente y el cambio climático en Latinoamérica. La articulación entre ciencia, gestión estatal y comunidad resulta fundamental para pensar en la formulación, aplicación y seguimiento de políticas públicas ambientales que persigan la reducción de la pérdida de biodiversidad en la región. A partir del diálogo con el biólogo, investigador y reconocido ecologista Carlos Joly, se presenta la experiencia del Programa Biota en Brasil, como caso modelo sobre políticas de conservación y restauración de la selva y ecosistemas de la mata atlántica. El intercambio pone en valor la comunicación de la ciencia fuera del ámbito académico, junto a la formación de posgrado y estrategias de divulgación sobre concientización y preservación del ambiente. El especialista advierte la complejidad de factores que intervienen en esta problemática, que determinan la continuidad o ruptura de políticas ambientales ante la coyuntura política y cambios de legislación. En este sentido, la entrevista profundiza sobre acciones de restauración concretadas en municipios paulistas, como también sobre controversias sectoriales en virtud de la matriz productiva brasileña, alternativas posibles y la agenda de debate en la COP30.

Introducción


En un mundo en permanente aceleración, con impactos del cambio climático, el uso de tecnologías de información y de la inteligencia artificial para interpretar metadatos, las problemáticas ambientales requieren un espacio de debates y consensos a raíz de su múltiple impacto en las esferas social, cultural, sanitaria y productiva. La biodiversidad es la base de los servicios ecosistémicos y está amenazada por el cambio climático. En este sentido, la investigación, preservación, y concientización sobre la conservación de la biodiversidad se hacen cada vez más necesarias para la sostenibilidad de nuestros ecosistemas, la transformación de conductas humanas y mejoras en las condiciones de vida.

Brasil es líder en la concentración de biodiversidad de la flora y fauna en el mundo (CDB, 2017). Casi la mitad de su territorio está protegido y la Amazonía representa un elemento estratégico para el equilibrio climático global. Deforestación, incendios, tempestades y sequías son factores que desequilibran y aceleran la pérdida de biodiversidad en la región. La Amazonía produce una gran cantidad de evaporación que se distribuye a otras regiones de Brasil: los llamados «ríos voladores», que se ven directamente afectados por la deforestación, lo que genera daños en las regiones centro-oeste y sureste de Brasil, así como en otras regiones de los países andinos (Peña-Claros y Nobre, 2023).

Para conocer a fondo un caso latinoamericano representativo sobre conservación ambiental que articula ciencia, formación, gestión pública y comunicación de las ciencias, el Dr. Carlos Joly —profesor emérito en el Instituto de Biología de la Universidade Estadual de Campinas (Unicamp)— expone la iniciativa del Programa Biota (Programa de Investigación en Caracterización, Conservación, Restauración y Uso Sostenible de la Biodiversidad) de la Fundación de Apoyo a la Investigación del Estado de São Paulo (FAPESP). Este se creó en 1999 para mapear y analizar la biodiversidad de fauna, flora y microorganismos, y evaluar sus posibilidades de explotación sostenible con potencial económico y de apoyo a políticas de conservación de remanentes forestales. Biota es reconocido como un Instituto Virtual de Biodiversidad, resultado de la articulación de la comunidad científica del Estado de São Paulo, que acoge las premisas defendidas por la Convención sobre la Diversidad Biológica (firmada en la ECO-92 y ratificada por el Congreso Nacional de Brasil en 1994).

Joly comparte su contribución desde el laboratorio y la academia, hacia la articulación entre ciencia y gestión pública en el estado de São Paulo, como Copresidente del Panel Multidisciplinario de Expertos de la Plataforma Brasileña para Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES–ONU) y del Programa Biota–FAPESP, y en su rol de Coordinador de la Plataforma Brasileña de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (BPBES). Actualmente, es editor en jefe de revista Biota Neotrópica[1] y miembro de la Academia Brasileña de Ciencias. Ha sido reconocido por su trabajo científico (con más de 100 artículos publicados y más de una decena de libros) y galardonado en diversas oportunidades con los Premios Henry Ford, el Premio Científico Joven del CNPq (Conselho Nacional de Desenvolvimento Científico e Tecnológico), la Medalla al Mérito Científico del Gobierno Federal y el Premio Muriqui de la Reserva de la Biosfera del Bosque Atlántico.

Encuadre de desarrollo de la entrevista


La entrevista con Joly tuvo lugar en el Laboratorio de Estudios Avanzados en Periodismo (Labjor) de la Unicamp, en el contexto de la movilidad académica de posgrado del Programa CAPES–Move la América, desarrollada en el Laboratorio de Periodismo Científico (Labjor) (Campinas, São Paulo). El diálogo recorre temas sobre política y legislación ambiental en Brasil, controversias locales entre la matriz productiva y el ambiente, las diferentes acciones de conservación y restauración de la selva en São Paulo como referencia regional para Latinoamérica, la importancia de la educación ambiental y la ampliación de la divulgación y la ciencia ciudadana. El botánico analiza los orígenes de lo que hoy es el mayor programa de biodiversidad de Brasil, las interacciones entre ciencia y sociedad, y la comunicación como herramienta de diálogo e incorporación de demandas sociales a las políticas ambientales. Esta conversación adquiere relevancia de cara a la organización y desarrollo de la COP30 en Brasil en noviembre de 2025.

Julieta Vignale-Germana Barata (J-G): ¿De qué manera inició el ejercicio de divulgación sobre sus preocupaciones, discusiones y pesquisas respecto a la conservación y restauración de la biodiversidad fuera del ámbito académico?

Carlos Joly (CJ): Durante gran parte de mi carrera académica dividí mi tiempo entre la investigación de laboratorio, centrada principalmente en la ecofisiología vegetal y la conservación. Mi primer proyecto de la FAPESP, por ejemplo, se centró en la Serra do Japi, generando información biológica para justificar la designación de la sierra como sitio patrimonial. Durante este proceso, el profesor Aziz Ab’Sber, geógrafo, se centró principalmente en las fuentes hídricas y en el origen geológico de la cordillera. Sin embargo, faltaba información biológica. Era una zona que comenzaba a convertirse en un centro de condominios de lujo para que los paulistas pasaran el fin de semana, y antes de que esto se apoderara de la cordillera, fue declarada sitio patrimonial. Y, por supuesto, hubo mucha oposición a la designación, por lo que generar información [científica] fue tan importante. Así pues, este tema de conservación en el estado de São Paulo —en Brasil en general— siempre se ha topado con detractores, como los grandes grupos económicos. En consecuencia, nuestras acciones solían ser noticia.

(J-G): ¿Recuerda su primera nota en medios de comunicación?

(CJ): Creo que mi primera experiencia hablando con un público no académico fue en columnas como Tendências e Debates en Folha de São Paulo[2]. En aquel entonces, la revista que se publicaba era Grupo Estado de São Paulo, que tenía una amplia sección dedicada a la conservación porque su editor estaba muy involucrado en ella; uno de los fundadores de la organización no gubernamental para la protección de la Mata Atlántica, SOS Mata Atlântica[3], por ejemplo. Así que también teníamos una sección allí. Esto fue de 1983 a 1986 y mi trabajo se centró en la Serra do Japi[4].

(J-G): ¿Cuál fue el siguiente proyecto en el que se involucró con el gobierno local?

(CJ): A finales de 1986, comencé a trabajar en otro proyecto en el centro geográfico del estado de São Paulo, en el municipio de Brotas, en la cuenca del río Jacaré Pepira. Este proyecto fue impulsado por el Consejo Municipal de Medio Ambiente, pues algunos de sus miembros estaban preocupados por el deterioro del río. A pesar de estar en el centro de São Paulo, se hallaban peces como el dorado [Salminus brasiliensis], que tienen requisitos de hábitat muy exigentes. Observaban que el municipio dependía en gran medida de la agricultura y la ganadería, y comenzaba a industrializarse, principalmente en curtido y procesamiento de cuero, que son altamente contaminantes. Había un ingenio azucarero bastante grande. En ese momento, no existía mucha legislación sobre el vertido de residuos de ingenio al río. En resumen, existía una preocupación más allá de las aguas residuales domésticas que se vertían a dicho cuerpo de agua, así que nos interesamos en trabajar allí. Por suerte, nos llamaron porque había una nueva avenida que se inundaba con frecuencia y se volvía intransitable. Sugerimos una solución: habían cortado el sistema de drenaje forestal, lo que provocó inundaciones. Instalar sistemas de drenaje solucionaría el problema. Esto generó cierta confianza en el gobierno municipal.

(J-G):  ¿Cuál era el contexto municipal y la preocupación local de ese momento?

(CJ): En ese entonces, un proyecto del gobierno estatal y la Fundación Faria Lima comenzó a evaluar la posibilidad de que los comités de cuenca gestionaran los recursos hídricos. La cuenca del río Jacaré Pepira, que involucró a 15 municipios, fue un proyecto pequeño para tal prueba, pero —junto con nuestro trabajo— hubo una iniciativa gubernamental integral que también se centró en la protección de los recursos hídricos. Y esto funcionó muy bien en conjunto, porque nuestro proyecto trataba sobre la restauración de los bosques riparios, cuando aún se hablaba relativamente poco sobre la restauración para proteger el río de la erosión y la sedimentación (cuando el suelo se filtra al río y obstruye el cauce debido a la erosión), pero también para reducir la cantidad de pesticidas y fertilizantes aplicados en la agricultura que afectan al agua. Así que comenzamos, utilizando un remanente de bosque en la región, investigamos especies de árboles, recolectamos semillas y producimos plántulas. Todo esto parece muy simple, pero hay mucha investigación detrás.

(J-G): ¿Dónde realizaban estas prácticas investigativas y cómo las implementaron? 

(CJ): En aquel entonces, usábamos mucho el Parque Ecológico Unicamp. Su objetivo era reemplazar los árboles exóticos del campus con especies nativas. Allí había un gran vivero de árboles nativos. Gracias a él, pudimos producir plántulas y comenzamos a replantar de acuerdo con la legislación. En aquel entonces, el Código Forestal establecía que para un río de ese tamaño —de unos 10 metros de ancho, quizá un poco más— era necesario preservar 30 metros a cada lado del cauce.

Nos pusimos en contacto con los cañaverales y acordamos que, una vez realizada la cosecha, delimitaríamos las áreas de restauración utilizando curvas de nivel: la última curva antes de llegar al río marcaría el inicio de la zona destinada a la reforestación. 

Con el ganado fue un poco más difícil, porque era necesario colocar una cerca para evitar que entrara y pisoteara. Pero tras un largo diálogo, conseguimos algunas áreas importantes para la fase inicial, en los primeros tres o cuatro años del proyecto. Al principio, pensaron que estábamos locos por intentar replantar bosque. Pero el ayuntamiento tiene un gran poder de persuasión, ya que es responsable de los caminos que conectan las fincas con las carreteras pavimentadas. Así, en un programa de mantenimiento de carreteras, se podría priorizar a las fincas que participen en el proyecto, por ejemplo.

(J-G): ¿Cómo inició este proyecto de restauración? 

(CJ): Tuvimos dos estudiantes venezolanos que vinieron aquí a cursar su doctorado porque la tesis de pregrado en Venezuela es como una maestría, muy extensa, y queríamos que contara como maestría. Se quedaron aquí poco más de un año y, mientras estaban aquí implementaron un proyecto para medir la erosión del suelo: una porción de tierra que permanecía desnuda todo el año, una porción con pasto o caña de azúcar, y una parcela dentro del bosque. Y demostraron la enorme diferencia que el bosque marcaba en la prevención de la erosión. Con estos datos, logramos convencer al ingenio azucarero de que colaborara con quienes les vendían caña de azúcar para que también participaran en el proceso. Así, poco a poco, el proyecto avanzó y tuvimos un programa de radio.

(J-G): ¿Podría contar esa experiencia de radio? ¿En qué consistía y qué contenidos transmitían para contribuir al proyecto de biodiversidad?

(CJ): Los sábados teníamos como media hora —un poco más, un poco menos—, para hablar de lo que hacíamos y por qué era importante presentar datos y responsabilizar a algunas personas. Así que, de nuevo, era un lenguaje para personas no académicas, en un medio que nunca había experimentado: la radio. El proyecto duró 10 años. Demostramos que era posible restaurar el bosque y parte de los servicios ecosistémicos, es decir, se contaba con una arquitectura forestal que servía para estabilizar el suelo y filtrar pesticidas y fertilizantes. Pero no profundizamos en determinar si este bosque se convertiría en un bosque vivo, capaz de restablecerse con plantas y otras especies. En ese contexto, creo que sí, porque había varias áreas de bosque nativo a lo largo del río. Así que existían fuentes de semillas, plántulas y animales. El principal problema es que no disponemos de los dispersores, las ratas, las pacas [Cuniculus pacas] ni el agutí brasileño [Dasyprocta leporinas] en los bosques para dinamizarlos. Pero finalizamos el proyecto y teníamos un vivero que producía unas 500 000 plántulas al año. Lo usamos para capacitar a los reclusos (jóvenes que habían estado en prisión en la época de la Fundación Estatal para el Bienestar del Menor [FEBEM]) sobre plántulas y cuidado del sitio.

(J-G): ¿Y eso siempre se realizó en articulación con el municipio?

(CJ): Los sábados teníamos como media hora —un poco más, un poco menos—, para hablar de lo que hacíamos y por qué era importante presentar datos y responsabilizar a algunas personas. Así que, de nuevo, era un lenguaje para personas no académicas, en un medio que nunca había experimentado: la radio. El proyecto duró 10 años. Demostramos que era posible restaurar el bosque y parte de los servicios ecosistémicos, es decir, se contaba con una arquitectura forestal que servía para estabilizar el suelo y filtrar pesticidas y fertilizantes. Pero no profundizamos en determinar si este bosque se convertiría en un bosque vivo, capaz de restablecerse con plantas y otras especies. En ese contexto, creo que sí, porque había varias áreas de bosque nativo a lo largo del río. Así que existían fuentes de semillas, plántulas y animales. El principal problema es que no disponemos de los dispersores, las ratas, las pacas [Cuniculus pacas] ni el agutí brasileño [Dasyprocta leporinas] en los bosques para dinamizarlos. Pero finalizamos el proyecto y teníamos un vivero que producía unas 500 000 plántulas al año. Lo usamos para capacitar a los reclusos (jóvenes que habían estado en prisión en la época de la Fundación Estatal para el Bienestar del Menor [FEBEM]) sobre plántulas y cuidado del sitio.


Área de bosque ribereño restaurado a orillas del río Jacaré Pepira, Brotas, São Paulo - Brasil, 1996.

Figura 1. Área de bosque ribereño restaurado a orillas del río Jacaré Pepira, Brotas, São Paulo – Brasil, 1996. Fuente: Carlos Joly.


(J-G): ¿Cuál fue el proceso de divulgación del conocimiento sobre la biodiversidad en otros medios de comunicación?

(CJ): Estas experiencias me enseñaron a pensar en la comunicación fuera de la universidad. En 1995, iniciamos conversaciones en la FAPESP para crear el Programa Biota[5], una línea de inversión para proyectos sobre biodiversidad que se estableció en 1999. Esta comunicación externa fue importante, pero también comencé a colaborar extensamente con la revista Pesquisa FAPESP[6], que aún estaba en sus inicios. Estaba evolucionando de un boletín para la comunidad académica a una revista para la sociedad. Siempre que podíamos, publicábamos artículos, entrevistas y discursos. Propusimos realizar exposiciones, así que la primera fue sobre la biodiversidad del estado, y se realizó en São Paulo, inaugurada en el espacio del Citibank —antiguo banco de São Paulo—, una galería que conectaba la Avenida Paulista con la Alameda Santos. Luego circuló por todo el estado gracias a una colaboración que establecimos con el SESC (Serviço Social do Comércio). Aprendí mucho de la persona que organizó la exposición. Después, en colaboración con Natura y TV Cultura, produjimos cuatro videos de 50 minutos sobre el Programa Biota, que se estrenaron durante Río+10, mientras Globo cubría Río+10 en Johannesburgo. TV Cultura transmitió estos videos. Era un lenguaje diferente. Descubrir, por ejemplo, que trabajaría en una sala de edición… la locura y el agotamiento de trabajar con plazos de entrega ajustados. Estos videos aún existen y se utilizan inclusive en algunas escuelas.

(J-G): ¿Cuál ha sido el impacto de la innovación metodológica, tras el largo recorrido de Biota?

(CJ): Biota se creó a lo largo de 10 años. Descubrimos que habíamos sido extremadamente ingenuos con Biota, pensando que habíamos creado una base de datos —la primera en Brasil de acceso abierto y público— donde se podía ingresar toda la información de las especies. Digamos que era información simplificada, porque se trata de una distribución de la ocurrencia de las especies.

Pero eso era todo. Para quienes no tenían nada, ya era un gran paso, y era lo posible en ese momento. Con eso, imaginamos que los responsables de la toma de decisiones podrían consultar esa base de datos y actuar. Pero descubrimos que no es así como funciona. Para que la información sea útil, debe estar en el lenguaje de los tomadores de decisiones. Entre 2007 y 2009, trabajamos conjuntamente con la Secretaría de Medio Ambiente y con ONG, que contaban con metodologías más especializadas para traducir los datos a un formato útil para los decisores. Refinamos los datos creando matrices que permitían establecer un ranking de prioridades para, por ejemplo, crear nuevas unidades de conservación. Pero debido al costo económico y político para crearlas, este fue el mecanismo que menos utilizamos. Analizamos principalmente la restauración de la vegetación nativa: dónde era necesaria, cuál era el conjunto mínimo de especies necesario para la restauración y cómo debía llevarse a cabo este proceso. Varias de estas decisiones se incorporaron a la legislación. Tuvieron un impacto significativo, sobre todo porque tanto los decretos, leyes y resoluciones del Gobierno se basaron en los resultados de Biota. El programa siempre aparecía en sus considerandos, algo sin precedentes para un programa de investigación, y esto fortaleció mucho la posición del Programa en el ámbito de la FAPESP. Sin duda, este diálogo con la Secretaría de Medio Ambiente fue de suma importancia para que, en 2010, la FAPESP renovara por 10 años más el apoyo a Biota.

(J-G): ¿Cuál es el diagnóstico del programa hasta el momento?

(CJ): Al celebrar nuestro aniversario número 20, reevaluamos nuestros logros. Durante esta evaluación, recopilamos datos que confirmaron que el estado seguía deteriorándose en términos de conservación y uso. Hay muchas áreas que aún son poco conocidas, a pesar de la abundante investigación realizada. Comenzamos a mirar los próximos 10 años, a partir de los aspectos que son importantes para Biota. Por ejemplo, la parte relacionada con la bioprospección —de la que, al principio, investigadores dijeron que Biota se ganaría la vida en esta área, que tendríamos patentes, porque la premisa del programa era que [las patentes] devolverían un porcentaje al proyecto, pues incluso se pueden generar productos (…). Además, continuar con la cuestión de las colecciones biológicas y los museos herbarios, por su importancia centrada en la educación.

(J-G): Entonces, ¿cuál es la proyección futura de Biota hacia el sector público?

(CJ): El tema es la política pública, y avanzar en esta dirección mediante la cocreación de proyectos. Hemos realizado y actualmente estamos llevando a cabo una prueba llamada Biota Síntesis, un proyecto coordinado por la Universidad de São Paulo (USP), del cual formo parte. Pero este proyecto involucra a la Secretaría de Medio Ambiente. Hay un grupo de técnicos de esa área asignados a trabajar en esta integración con la comunidad científica. Inicialmente, teníamos la misma relación con la Secretaría de Agricultura y la Secretaría de Salud. Con el cambio de gobierno, perdimos contacto con estas dependencias, y continuamos con Medio Ambiente, y aunque se ha reducido —ya no es un departamento, sino una subsecretaría— seguimos operando. Por lo tanto, se ha convertido en un tema importante, no solo con organismos públicos, sino también con empresas. Creo que es una tendencia que debería desarrollarse.

(J-G): Ya con 25 años de Biota, que es un legado para Brasil, ¿considera usted que cumplió sus expectativas iniciales o que inclusive las superó? ¿Cuál es el plan de Biota de aquí a diez años?

(CJ): Es una respuesta difícil. Si bien todos los estudios y resultados de Biota se utilizaron para aportar a la legislación ambiental, esto superó nuestras expectativas, ya que se ampliaron los abordajes, desde la biología molecular hasta la metagenómica para estudios de suelos, y la ecología del paisaje. Así que creo que hubo muchos aspectos positivos que lo superaron. Creamos una red de bioprospección; es decir, combinamos la química de productos naturales con los estudios de biodiversidad. Creamos una revista científica que ya cumple 25 años, indexada y reconocida.

Sin embargo, la situación de la biodiversidad en el estado de São Paulo ha empeorado durante ese periodo. La pregunta que nos hacemos es si habría empeorado aún más y con mayor rapidez si no fuera por el Programa Biota. En general, la conservación y restauración de la biodiversidad en dicho lugar —dado que la conservación ya no es suficiente— todavía deja mucho que desear. A veces tenemos buenas colaboraciones con la Secretaría de Medio Ambiente y otros departamentos, y otras veces no. Por lo tanto, tenemos sentimientos encontrados. Hemos avanzado mucho, pero no hemos logrado revertir el proceso de degradación medioambiental del estado de São Paulo.

Aunque podemos decir: “No, pero ya ha habido un aumento aproximado del 4 al 5 % en la superficie forestal con especies nativas”, pero solo estamos trabajando en la reposición de árboles. El bosque tiene muchos otros componentes muy importantes. Por lo tanto, lo que observamos en el estado es que a menudo se destruyen áreas de bosque maduro para la expansión de carreteras, la instalación de gasoductos o para otros fines, y se pretende reemplazarlas con áreas reforestadas o restauradas, mucho más pobres en biodiversidad y servicios ecosistémicos.

(J-G): ¿Qué resistencia e impacto han tenido sus investigaciones y su intervención en la gestión pública teniendo en cuenta que en los últimos años ha habido un retroceso respecto a la política ambiental?

(CJ): En los últimos años, hemos logrado avances importantes en la articulación entre la producción científica y las decisiones públicas en el estado de São Paulo. Estos avances se apoyan, en gran medida, en el trabajo conjunto con los equipos técnicos del sector ambiental. Al tratarse de funcionarios públicos de carrera, su permanencia en las instituciones no depende directamente de los cambios políticos, lo que permite dar continuidad a los procesos y al diálogo técnico.

En São Paulo, la elaboración de mapas y la definición de áreas prioritarias para la conservación se realizaron en estrecha colaboración con estos equipos. Posteriormente, este trabajo se consolidó cuando un exrector de la Universidad de São Paulo asumió la conducción del área ambiental, entonces ya subordinada a la Secretaría de Infraestructura y Logística. Aún en este nuevo marco institucional, fue posible ampliar y sistematizar la información disponible, lo que permitió transformar resultados científicos en instrumentos concretos de política pública.

Sin embargo, la conversión del área de Medio Ambiente en una subsecretaría dentro de una Secretaría orientada principalmente a la Infraestructura y la Logística representa un debilitamiento del sector ambiental. Aunque la estructura administrativa se mantiene, la pérdida de autonomía reduce su capacidad de incidencia estratégica y de coordinación de políticas ambientales integrales, creando una situación mucho peor para el medio ambiente que la que creó Jair Bolsonaro a nivel federal.

En el ámbito federal, el Programa Biota no tiene presencia directa. No obstante, participo en otras iniciativas, como la Plataforma Brasileña de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos, que mantiene canales de diálogo con el Ministerio de Medio Ambiente y con especialistas técnicos. En los últimos tiempos se ha observado una mejora relativa en esta interlocución, aunque aún distante. El acceso a los niveles más altos de la toma de decisiones sigue siendo limitado y la biodiversidad continúa sin ocupar un lugar central en la agenda climática, como si ambas dimensiones no estuvieran profundamente interconectadas.

A pesar de estos desafíos, la experiencia del estado de São Paulo ha tenido impactos concretos, incluyendo influencia en la legislación ambiental. Además, São Paulo se ha convertido en un referente para otros estados brasileños. Fundaciones de Apoyo a la Investigación en Bahía, Mato Grosso do Sul, Pará y Minas Gerais han desarrollado programas inspirados en Biota. Sin embargo, la falta de articulación sistemática entre estas iniciativas dificulta una evaluación más precisa de sus impactos reales, especialmente en el nivel de implementación territorial de las políticas.

(J-G): ¿Puede mencionar ejemplos concretos en São Paulo?

(CJ): En el estado de São Paulo hemos logrado avances importantes en la creación de nuevas unidades de conservación en regiones que anteriormente no contaban con protección alguna. Un ejemplo claro es la Restinga, un ecosistema costero situado entre la franja de arena de la playa y la Mata Atlántica. Se trata de zonas bajas, con suelos arenosos y vegetación arbórea muy distinta de la de las laderas y escarpes de la sierra. A pesar de su alta biodiversidad, estas áreas eran especialmente vulnerables, ya que son las más codiciadas para la construcción de condominios de alto estándar. La creación de una unidad de conservación en este tipo de ambiente representó, por tanto, un avance significativo.

Otro caso relevante es el de la Serra da Cantareira, donde fue posible proteger las cabeceras de los ríos que abastecen a la ciudad de São Paulo. Esta medida tuvo un impacto directo y positivo tanto en la conservación de la biodiversidad como en la seguridad hídrica de una de las mayores áreas metropolitanas del país. En conjunto, estos cambios pueden considerarse altamente positivos.

Además de estos avances más visibles, hubo otros impactos igualmente importantes, aunque menos discutidos públicamente, relacionados con grandes obras de infraestructura. En la región costera de Santos y Cubatão, por ejemplo, se desarrolló históricamente una intensa actividad petrolera. Allí se construyeron un oleoducto y un megagasoducto que atraviesan la Serra do Mar para transportar petróleo y gas hasta Paulínia, donde se localiza una de las principales refinerías de Petrobras. La construcción de esta infraestructura, iniciada en la década de 1950, tuvo un impacto ambiental significativo en la biodiversidad de la sierra.

Sin embargo, décadas más tarde, en 2010, cuando Petrobras decidió instalar en Caraguatatuba, en la costa norte del estado, una unidad de tratamiento de gas, se adoptaron soluciones técnicas para evitar nuevos impactos sobre la Mata Atlántica. El gasoducto que conecta esta unidad con Paulínia fue diseñado de modo que atravesara la sierra mediante un túnel, reduciendo de forma sustancial los efectos sobre la vegetación.

Si bien es difícil evaluar con precisión la magnitud total de los impactos de estas obras, al menos desde el punto de vista de la vegetación no se registraron daños significativos. Este caso ilustra cómo el conocimiento científico y la planificación ambiental pueden contribuir a minimizar los efectos de grandes proyectos de infraestructura sobre ecosistemas altamente sensibles.


2. Vista aérea da Floresta de Restinga, Núcleo Picinguaba, Parque Estadual da Serra do Mar, Ubatuba, São Paulo, Brasil-gigapixel.jpg

Figura 2. Vista aérea del Bosque de Restinga, Núcleo Picinguaba, Parque Estatal de la Serra do Mar, Ubatuba, São Paulo, Brasil.


(J-G): Pensando en la educación ambiental y acciones conjuntas, hoy la ciencia ciudadana comienza a tener un protagonismo importante, sobre todo en temas sobre conservación de la biodiversidad. ¿Considera que el compromiso social y ciudadano aportará nuevas miradas y soluciones en conjunto con la comunidad científica? ¿Cómo ve este fenómeno en el futuro?

(CJ): Estoy totalmente de acuerdo. Estamos desarrollando un nuevo sistema de información para el Programa Biota, que fue innovador hace 20 años, pero básicamente depende de observar una especie en un lugar específico, recolectar un sonido o un espécimen, o tener las coordenadas geográficas y depositarlo en el museo. Es un sistema en el que se incluye la identificación de la especie y el número de registro, que es el ideal. Es un sistema muy académico y científico, ya que no permite nombres populares ni nombres comunes de plantas o especies. Tiene nueve campos obligatorios, como un formulario de la declaración de la renta, que solo se puede continuar si se ha completado. Lo tiene todo para un sistema más flexible, donde vamos a lograr incluir datos de ciencia ciudadana. 

(J-G): Teniendo en cuenta toda su trayectoria y vinculación con estudiantes, con graduados, con la creación de posgrados, programas e investigaciones. ¿Cree que es necesario incluir en la formación de las áreas biológicas lineamientos sobre formulación y participación de políticas públicas?

(CJ): En las décadas de 1990 y 2000 ofrecí un curso optativo sobre legislación ambiental en el curso de Ciencias Biológicas de la Unicamp. Pensé que los biólogos debían comprender cómo funcionaba esta legislación. Pero luego, además de involucrarse en muchas otras cosas, la legislación también empezó a cambiar muy rápidamente. Se necesitaba mucho tiempo para mantenerse al día con los cambios, y no es un área de investigación. Era algo en lo que me resultó fácil trabajar, incluso en la Constitución y las implicaciones de las leyes derivadas de su capítulo ambiental. Y luego dejé de ofrecerlo. Creo que este tipo de formación en Legislación Ambiental para biólogos debería mantenerse como opcional, tal como debió haber sido desde hace mucho tiempo. En la formación del biólogo, deberíamos tener cursos que aborden sistemas de información geográfica y de interpretación de imágenes satelitales como optativos. Esta podría ser una herramienta cada vez más empleada y útil[7]. Y la comunicación científica, también creo, es otro punto de vista que se podría abordar.

(J-G): ¿Entonces cree conveniente incluir esta formación de políticas públicas como una electiva para las Ciencias Biológicas o es algo que se aprende haciendo?

(CJ): Tras este periodo de intensa interacción con los gobiernos locales, comencé a participar activamente en debates internacionales para crear la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Biodiversidad (IPBES), que ahora emerge como un campo para la diplomacia científica, y como una interfaz en acuerdos importantes. Ambas experiencias demuestran que, primero, hay que querer hacerlo y estar disponible. Y también me doy cuenta que para tener un lugar en estos debates se necesita una sólida trayectoria académica y la credibilidad para participar. Entonces, ¿cómo se logran ambas cosas? Es difícil imaginar que un estudiante o un profesor se dedique a ello, porque la mayoría lo considera tiempo que podría dedicarse a producir datos o escribir un artículo, y está tan infravalorado que la gente pierde interés en participar. En Córdoba (Argentina), tienen a una investigadora que es un ejemplo de esto: Sandra Díaz. Ella y Eduardo Brondízio ganaron el Premio Tyler 2025[8], y son excelentes ejemplos. Son personas que, de alguna manera, lograron conectar lo que hacían como investigación con la resolución de problemas.

(J-G): La COP30 se celebró en noviembre en Belém, Brasil, una de las capitales de la Amazonía. Nos gustaría preguntarle cómo evalúa los problemas de biodiversidad en el contexto del cambio climático en esta COP.

(CJ): La COP30, celebrada en Belém, situó por primera vez a la Amazonía —y, por extensión, a la relación entre biodiversidad y clima— en el centro físico y político de las negociaciones climáticas. Esto creó una situación muy particular, donde la agenda climática dejó de tratarse de forma aislada y comenzó a articularse con los compromisos globales en materia de biodiversidad, como el Marco Mundial para la Diversidad Biológica Kunming-Montreal (GBF).

Por ejemplo, se reconoce cada vez más que una mitigación climática eficaz es imposible sin mantener los bosques intactos, restaurar los ecosistemas degradados, proteger las áreas marinas estratégicas y conservar los suelos y humedales. Se presiona a las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (CDN) para que incorporen objetivos de conservación claros, lo que tiende a transformar la biodiversidad en una infraestructura climática esencial. Sin embargo, es necesario evitar que la biodiversidad se contabilice únicamente como un sumidero de carbono, reduciendo los ecosistemas a “toneladas de CO₂”.

En resumen, la “unificación de agendas” aparece como uno de los potenciales legados de la COP30. Esto sitúa la biodiversidad como eje estratégico de la acción climática, promueve soluciones basadas en la naturaleza con salvaguardas ambientales y sociales, refuerza el protagonismo de los pueblos indígenas y comunidades tradicionales, acelera el debate sobre el financiamiento adecuado para la conservación y la restauración como estrategias de mitigación y adaptación, y allana el camino para una integración concreta entre clima, biodiversidad y desarrollo sostenible.

(J-G): ¿Está usted a favor de mantener separados en las COP los debates y decisiones sobre cambio climático (CMNUCC), biodiversidad (CDB) y desertificación (CNULD)? ¿Por qué?

(CJ): No, el debate debe integrarse, e incluiría la protección de los océanos en esa ecuación. La protección de los océanos debe considerarse un componente estructural de la política sobre biodiversidad y clima. Brasil posee una de las Zonas Económicas Exclusivas más grandes del mundo, con ecosistemas cruciales para el carbono azul, la biodiversidad y la estabilidad costera.

No hay respuestas eficaces a la crisis climática sin integrar la biodiversidad, combatir la desertificación y proteger los océanos, y esta integración es operativamente viable, científicamente sólida y económicamente estratégica.

(J-G): Carlos, ¿y hoy cómo se reconoce, como investigador o como fundador de Biota?

(CJ): Me reconozco como alguien que habita ambos mundos. Además de mi trabajo académico en la Mata Atlántica, siempre he estado profundamente involucrado en el ámbito de la conservación, lo que me ha permitido unir esfuerzos con distintos actores, establecer redes de colaboración y acumular experiencias más allá de la universidad.

Durante las elecciones a la Asamblea Constituyente conocí a Fabio Feldman y me involucré en su campaña. Tras su elección, tuve la oportunidad de participar directamente en la elaboración del capítulo de Medio Ambiente de la Constitución de mi país, una experiencia decisiva para comprender cómo el conocimiento científico puede traducirse en marcos legales. En 1995, cuando Fabio Feldman asumió la Secretaría de Medio Ambiente del estado de São Paulo, viví por primera vez la experiencia de trabajar dentro del gobierno. A partir de entonces, comencé a moverme en otros espacios, a aprender un nuevo lenguaje —el de la política— y a enfrentar numerosas dificultades. Hubo errores, retrocesos y muchas caídas, pero también aprendizajes fundamentales.

Hoy me veo a mí mismo como alguien que actúa en la intersección entre la ciencia y la política, participando en procesos de negociación a escala global, nacional, estadual y municipal. Es en ese cruce donde el conocimiento científico puede ganar relevancia social y contribuir de manera concreta a la toma de decisiones.

Reflexiones finales

El desarrollo de esta entrevista permite conocer los orígenes y matices del Programa Biota como un caso representativo en la región latinoamericana sobre conservación ambiental, desde la sinergia entre la academia y la gestión pública. Aquí se muestran distintas acciones realizadas en municipios de São Paulo, donde la articulación entre la comunidad científica con áreas gubernamentales ha sido clave para dar soluciones a problemáticas locales hacia la protección de recursos hídricos, restauración de bosques nativos e intervención de impacto ambiental en infraestructuras productivas. En este diálogo con Carlos Joly, se identifican los logros y desafíos de Biota, tras 25 años de desarrollo y nuevas perspectivas futuras. Por un lado, el impacto significativo de su legado en la legislación ambiental; y por otro, las posibilidades de explotación sostenible de flora y fauna con potencial económico y apoyo a la formulación de políticas de conservación de los bosques remanentes.

La comunicación fuera de la universidad y de la academia se asume como una herramienta de relevancia para la concientización y acción acerca del resguardo de la biodiversidad en São Paulo, junto a la formación y educación ambiental. La circulación del quehacer científico desde la comunicación pública de la ciencia permite establecer diálogos y alianzas estratégicas entre distintos sectores para integrar la producción de conocimiento científico en la proyección de políticas públicas para la conservación y contribuir a minimizar impactos en los ecosistemas. En esta entrevista se identifican los avances en decisiones políticas y el trabajo sostenido con equipos técnicos gubernamentales, donde la planificación ambiental se construye en vinculación con el conocimiento científico, a la que será importante incorporar los datos de ciencia ciudadana.

Hacia el final de este intercambio, Joly manifiesta habitar tanto el mundo de la ciencia como el de la política para contribuir a la toma de decisiones e insiste (respecto a la reciente COP30) en la unificación de agendas que integren los debates sobre el clima, la biodiversidad y el desarrollo sostenible, donde los océanos también tomen protagonismo.


Carlos Joly (a la derecha) en el encuentro “Contribuciones para la COP30- FAPESP”, 28 de marzo de 2025, San Pablo, Brasil.-gigapixel

Figura 3. Carlos Joly (a la derecha) en el encuentro “Contribuciones para la COP30- FAPESP”, 28 de marzo de 2025, San Pablo, Brasil.


4. Carlos Joly en el encuentro “Contribuciones para la COP30- FAPESP”, 28 de marzo de 2025, San Pablo, Brasil.-gigapixel

Figura 4. . Carlos Joly en el encuentro “Contribuciones para la COP30- FAPESP”, 28 de marzo de 2025, San Pablo, Brasil.


Referencias

Agencia FAPESP. (2022). Carlos Joly, um dos idealizadores do Programa Biota, vence o Prêmio FCW de ciência 2022. https://revistapesquisa.fapesp.br/carlos-joly-professor-emerito-da-unicamp-vence-o-premio-fcw-de-ciencia-2022/

Bosso, B. (2020). Carlos Joly: Nossa biodiversidade está sendo incinerada. ComCiencia – Revista electrônica de Jornalismo Científico. https://www.comciencia.br/carlos-joly/

D’Onofrio, G., Arza, V. y Actis, G. (2024). Ciencia ciudadana en América Latina: Perspectivas y políticas públicas. Perfiles Educativos, 46(184), 194–204. https://doi.org/10.22201/iisue.24486167e.2024.184.61781  

Díaz, S., Demissew, S., Carabias, J., Joly, C., … y Zlatanova, D. (2015). The IPBES Conceptual Framework — connecting nature and people. Current Opinion in Environmental Sustainability, 14, 1-16. https://doi.org/10.1016/j.cosust.2014.11.002

Fundação de Amparo à Pesquisa do Estado de São Paulo [FAPESP]. (2025). Contribuições para a COP30: A Biodiversidade na Agenda Climática. Evento presencial, 28 de marzo de 2025. https://fapesp.br/17463/contribuicoes-para-a-cop30-a-biodiversidade-na-agenda-climatica

Joly, C. A., Metzger, J. P. y Tabarelli, M. (2014). Experiences from the Brazilian Atlantic Forest: ecological findings and conservation initiatives. New Phytologist, 204(3), 459–473. https://doi.org/10.1111/nph.12989

Joly, C. A., Haddad, C. F. B., Verdade, L. M., Oliveira, M. C., Bolzani, V. da S. y Berlinck, R. G. de S. (2011). Diagnóstico da pesquisa em biodiversidade no Brasil. Revista USP, (89), 114-133. doi: https://doi.org/10.11606/issn.2316-9036.v0i89p114-133

Labjor Unicamp (2023). Carlos Joly é o ganhador do Prêmio FCW de Ciência 2022. https://www.labjor.unicamp.br/carlos-joly-e-o-ganhador-do-premio-fcw-de-ciencia-2022

Peña-Claros, M. y Nobre, C. (2023). A regional approach to save the Amazon. Science, 381, 6664, 1261. https://doi.org/10.1126/science.adk8794  


Notas al pie

[1] Para acceder a la revista, es posible ingresar a través de este enlace web: https://www.biotaneotropica.org.br/BN

[2]Folha de São Paulo – Tendências e Debateshttps://www1.folha.uol.com.br/opiniao/tendenciasdebates

[3]La misión de Fundação SOS Mata Atlântica es inspirar a la sociedad en la defensa de la Mata Atlántica, con involucramiento ciudadano, generación de conocimiento y recursos destinados a promover políticas públicas que incentiven acciones a gran escala a favor de la recuperación forestal, la valorización de parques y reservas, el agua limpia y la protección del mar en la Mata Atlántica: https://www.sosma.org.br/index.php  

[4] Sierra do Japi pertenece al Estado de São Paulo (en Jundiaí) y representa parte del cinturón verde de la ciudad de São Paulo, declarada como “Reserva de la Biosfera de la Mata Atlántica” por la UNESCO en 1992.

[5] El Programa de Investigación en Caracterización, Conservación, Restauración y Uso Sostenible de la Biodiversidad (Biota-FAPESP) tiene como objetivo comprender, mapear y analizar la biodiversidad del Estado de São Paulo, incluyendo fauna, flora y microorganismos, pero también evaluar las posibilidades de explotación sostenible de plantas o animales con potencial económico y apoyar la formulación de políticas de conservación de los bosques remanentes ( https://www.biota.org.br).

[6] Revista Pesquisa de la FAPESP: https://revistapesquisa.fapesp.br/es

[7] Joly menciona su participación en el curso “Antropoceno y el Futuro”, al que se inscribieron muchos ingenieros e ingenieras con interés en la agenda ambiental.

[8] Premio Tyler 2025 – Academia Nacional de Ciencias de Argentina: https://www.anc-argentina.org.ar/2025/02/11/premio-tyler-al-logro-ambiental-2025-sandra-diaz-eduardo-brondizio


Sobre este texto de Diálogos

El presente trabajo fue realizado con apoyo de la Coordenação de Aperfeiçoamento de Pessoal de Nível Superior – Brasil (CAPES) – Código de Financiamento 001. Programa Move la América 2024-2025.


Sobre las autoras

Julieta Vignale: Licenciada en Comunicación Social de la Universidad Nacional de Cuyo y maestranda en Ciencia, Tecnología e Innovación de la Universidad Nacional de Río Negro (Argentina). Jefa de supervisión en la Secretaría de Investigación y Publicación Científica de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo. Becaria de de maestría de la Secretaría de Investigación, Internacionales y Posgrado de la UNCUYO. Se especializa en abordajes y prácticas sobre comunicación de las ciencias y divulgación científica. Actualmente desarrolla su tesis de maestría sobre ciencia ciudadana y biodiversidad. Últimas publicaciones:Vignale, J. (2021). Ciencia, universidad y sociedad: Aportes y desafíos para una comunicación pública de la ciencia con perspectiva crítica, Revista Re-Presentaciones: Periodismo, comunicación y sociedad, 14, https://doi.org/10.35588/rp.v1i14.4748;Vignale, J. L. (2021). Ana María Vara: Circuitos y tensiones entre ciencia y tecnología, poder y comunicación científica en tiempos de pandemia. Millcayac Revista Digital de Ciencias Sociales, 8(14), 233–258. https://revistas.uncu.edu.ar/ojs3/index.php/millca-digital/article/view/4470 [email protected]  ORCID: https://orcid.org/0000-0003-3968-9418      

Germana Barata: Doctora en Historia Social, bióloga, periodista de ciencia e investigadora sobre la cultura oceánica, divulgación científica y ciencia abierta. Es miembro del Comité de Asesoramiento de la Década del Océano en Brasil y coordinadora de la Red de Comunicación Ressoa Oceano (ressoaoceano.eco.br). Últimas publicaciones: Oliveira, M.; Barata, G.; Fleeckrackers, A.; Alperin, J. P.; Falade, B. y Bauer, M. (2024) Bridging science communication and open science—Working inclusively toward the common good. Perspective article. Frontiers in Communication, 29. https://doi.org/10.3389/fcomm.2024.1473268; Fischer, L., Barata, G., Scheu, A. M. y Ziegler, R. (2024). Connecting science communication research and practice: challenges and ways forward. Journal of Science Communication, 23(2), E. https://doi.org/10.22323/2.23020501.  [email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0001-6064-6952

Hoy me veo a mí mismo como alguien que actúa en la intersección entre la ciencia y la política, participando en procesos de negociación a escala global, nacional, estadual y municipal. Es en ese cruce donde el conocimiento científico puede ganar relevancia social y contribuir de manera concreta a la toma de decisiones.


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