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Especial Día Internacional de la Mujer

El papel actual de la mujer en el desarrollo de la ciencia

Una mirada desde mi experiencia

Silvia Restrepo

Bióloga de la Universidad de los Andes (Bogotá, Colombia), Maestra en biología molecular y celular y Doctora en Fitopatología, ambos de la Universidad Pierre y Marie Curie (Paris, Francia). Actualmente es presidenta del Boyce Thompson Institute, en Ithaca, Nueva York. sr96@cornell.edu

https://doi.org/10.53010/nys.dia.06 

En este ensayo, Silvia Restrepo reflexiona sobre el papel de la mujer en la ciencia, destacando los desafíos históricos y actuales que enfrentan las mujeres en este campo. A partir de su experiencia personal como presidenta del Boyce Thompson Institute, Silvia aborda la importancia de la diversidad en los equipos científicos y profesionales, argumentando que la inclusión de mujeres es crucial para la innovación y el éxito. Critica las políticas que buscan eliminar las iniciativas de diversidad, equidad e inclusión, y propone en su lugar impedir acciones negativas que perpetúen la discriminación. Además, sugiere acciones concretas para visibilizar el trabajo de las científicas y fomentar modelos a seguir para las niñas y jóvenes interesadas en la ciencia.

Este 8 de marzo conmemoramos el Día Internacional de la mujer en medio de un año particularmente turbulento. Guerras, cambios políticos inesperados, y otros acontecimientos hacen que el 2025 se proyecte como un año que nos obligará a replantearnos muchas creencias que considerábamos el camino hacia el futuro.

Hace más de un año me mudé a los Estados Unidos a asumir el cargo de presidenta del Boyce Thompson Institute (BTI)[1], un instituto sin ánimo de lucro afiliado a la Universidad de Cornell. El 20 de enero de este año se posesionó el nuevo presidente de ese país y con tan solo un mes y 10 días en el cargo nos ha bombardeado con órdenes ejecutivas de todo sabor y color. Una de las ordenes que nos afecta directamente hoy está relacionada con suprimir las iniciativas de diversidad, equidad e inclusión en las entidades federales.

Estas iniciativas tienen como objetivo el asegurar que las poblaciones, insuficientemente representadas, tengan oportunidades de ejercer labores de interés. Este es el caso de las mujeres que representan una minoría en las ciencias, hecho causado por temas históricos, idiosincrasias particulares de algunos países, machismos, y muchas otras razones.

¿Debemos preocuparnos? ¿Aumentará esta orden ejecutiva del presidente Trump la inequidad de género en las ciencias? Muchos dirán que no, especialmente aquellos que han estudiado el efecto de las llamadas acciones afirmativas, esas políticas públicas que buscan mejorar la igualdad de oportunidades para grupos sociales que han sido discriminados. Muchos economistas, expertos en el tema, indican que estas medidas afirmativas no garantizan un efecto inmediato en el cierre de la brecha, y en muchos casos, no logran revertir la discriminación hacia grupos poblacionales. Aunque los altos costos de estas políticas no deberían preocuparnos si estuviéramos seguros de su eficacia, estas medidas pueden vulnerar los derechos fundamentales de terceros con capacidades o importancia jerárquica equivalentes. De hecho, estas acciones afirmativas son también llamadas “discriminaciones positivas”.

¿Entonces en qué quedamos, debemos trabajar afirmativamente para lograr la equidad de género, o nuestras acciones podrían tener un efecto contrario al deseado? Incluso, en este momento, podríamos retroceder un paso más atrás y preguntarnos: ¿por qué debemos preocuparnos por la representación de las mujeres en las ciencias?

Como lo comenté en los párrafos anteriores, históricamente han existido acciones afirmativas en contra de la participación de las mujeres en ciencias. En mi opinión, la acción principal ha sido la creencia machista, de que cada género debe ejercer una profesión específica, suponiendo una incapacidad de las mujeres de entender las ciencias naturales, físicas y exactas. Esta creencia se ha transmitido de generación en generación, permeando los sistemas educativos y la sociedad en general. Una podría pensar que hoy en día no se repiten estos comportamientos en las familias del siglo XXI. Sin embargo, hasta hace poco, cuando aún me desempeñaba como docente en la Universidad de los Andes, observé a algunos padres de estudiantes obligar a sus hijos a inscribirse en ciertas carreras, no porque aseguraran un futuro laboral estable, sino porque no eran adecuadas para hombres o mujeres. Este comportamiento ha tenido, a lo largo de los años, una consecuencia importante: la ausencia de modelos a seguir. A pesar de tener mujeres como Marie Curie, única persona ganadora de dos premios Nobel, las niñas en el mundo, especialmente en los países en vía de desarrollo, no tienen esos modelos que les muestren que sí es posible una vida como científicas.

Como bióloga, estoy completamente convencida de que la diversidad en todos los ámbitos, ya sean equipos en espacios profesionales o deportivos, asegura el éxito. No es casualidad que las poblaciones de animales, hongos, plantas, o cualquier organismo vivo con alta diversidad genética sean las que, con mayor probabilidad, resisten y sobreviven situaciones o ambientes adversos. La diversidad es la responsable de la resiliencia colectiva.

Hace dos años, la decana de la Facultad de Administración, Veneta Andonova, me invitó a traducir el pensamiento evolutivo para administradores y miembros de juntas directivas de empresas privadas. Al principio me paralicé: ¿qué podían tener en común las teorías de Darwin con un grupo de personas que se reúnen tres o cuatro veces al año para evaluar si la empresa va por buen camino? Pero rápidamente lo entendí, pues el mensaje no era diferente de lo que yo había aprendido, estudiado y ejercido en mi carrera científica. La diversidad de pensamientos en las juntas directivas y a lo largo de toda la empresa es el motor de la innovación. Sin esa diversidad de pensamientos, sin aceptar ideas que aparentemente no tienen nada que ver con un plan estratégico, la empresa no puede reaccionar ante cambios en el mercado o en la sociedad.

Es esa diversidad la que debemos proteger, la que surge cuando hombres y mujeres trabajan juntos y se respetan mutuamente. Sí, somos diferentes y pensamos diferente, y es justamente por eso que, colectivamente, podemos reaccionar mejor ante cualquier situación, como, por ejemplo, resolver un problema científico complejo. Podemos entonces afirmar que sí debemos hacer algo para que nuestros espacios científicos no les cierren las puertas a las mujeres. Quiero resaltar que este último planteamiento es un poco diferente a decir que debemos pensar en implementar acciones afirmativas; propongo, en cambio, impedir acciones negativas. A continuación, expongo algunas iniciativas que todas las personas, y en particular las mujeres, podemos realizar en esta dirección.

En primer lugar, debemos ser más activas en la divulgación de nuestro quehacer científico. En paralelo a nuestro deber de publicar los hallazgos científicos en revistas especializadas, debemos hacer visible nuestro esfuerzo como científicas y en lenguajes que sean entendidos por todas las personas. También podemos ayudar a divulgar los perfiles de mujeres exitosas en ciencias, como un mensaje claro de que sí se puede. Cuanto más cercanos sean los modelos a la realidad de una aspirante científica, más claro será el mensaje de las posibilidades. Nuestro reto es transmitir a nuestro entorno que no hay carreras profesionales exclusivas de género. De entorno en entorno, podemos cambiar leyendas urbanas y comportamientos sesgados o machistas.

Como lo mencioné al inicio de este escrito, llevo un poco más de un año en la presidencia del BTI en Estados Unidos. Este es, quizás, el último trabajo de mi carrera. Tal vez por esta razón, ahora más que nunca, aplico mis creencias con más fervor. He reforzado el equipo de comunicaciones para que se divulgue el trabajo de nuestras científicas. Vamos a abrir una convocatoria para asistentes postdoctorales internacionales (la internacionalización contribuye a la diversidad que tanto defendí en los párrafos anteriores). Finalmente, estamos en la labor de revisar todas las políticas para detectar cualquier sesgo o señal equivocada.

Conmemoremos juntos este Día Internacional de la Mujer comprometiéndonos a respetar a todas las personas que piensan diferente, e interrogándonos qué podemos hacer, en nuestro día a día, para que no se le cierren las posibilidades a las niñas que quieren ser mujeres científicas exitosas.

[1] Página web: https://btiscience.org/

«Como bióloga, estoy completamente convencida de que la diversidad en todos los ámbitos, ya sean equipos en espacios profesionales o deportivos, asegura el éxito. No es casualidad que las poblaciones de animales, hongos, plantas, o cualquier organismo vivo con alta diversidad genética sean las que, con mayor probabilidad, resisten y sobreviven situaciones o ambientes adversos. La diversidad es la responsable de la resiliencia colectiva».


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