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	<title>Revistas Uniandes | Multimedia</title>
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	<description>Espacio dirigido a audiencias diversas: académicos, comunidades, docentes, estudiantes. La tipología de contenidos es amplia: entrevista, ponencia, artículo breve de reflexión, documento de trabajo, resultados parciales de una investigación, ensayo fotográfico,  entre otros.</description>
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		<title>Emociones y sensaciones frente al cambio climático: una mirada desde las artes y las nuevas tecnologías</title>
		<link>https://openscience.uniandes.edu.co/emociones-cambio-climatico-artes-tecnologia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[revistas@uniandes.edu.co]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 Mar 2026 21:46:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Número 14: Tema libre]]></category>
		<category><![CDATA[Intermediaciones. Horizontes - Antípoda]]></category>
		<category><![CDATA[Horizontes | Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Diálogos - Naturaleza y Sociedad. Desafíos Medioambientales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>"Emociones y sensaciones frente al cambio climático: una mirada desde las artes y las nuevas tecnologías" es un acercamiento en el que analizamos cómo las artes y las nuevas tecnologías se unen para humanizar los datos sobre las transformaciones del clima y poder ir más allá de las catastróficas estadísticas. Es tiempo de dejar de ver el cambio climático como un problema lejano y empezar a conectar con este a través de nuevas sensibilidades.</p>
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<p><strong>Emociones y sensaciones frente al cambio climático: una mirada desde las artes y las nuevas tecnologías</strong></p>
</h1>
<div>
<p><strong>Jeice Hernández</strong>, Universidad Santo Tomás, Bogotá, Colombia</p>
</div>
<div>
<p><em>Naturaleza y Sociedad. Desafíos Medioambientales<br /><span>Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología</span></em></p>
</div>
<p><iframe src="https://www.youtube.com/watch?v=bDaMdaUC8Fs&#038;t=20s"></iframe></p>
<div>
<p><strong>Resumen: </strong>desde mediados del siglo XX las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza han tenido un cambio profundo. El impacto que ejercemos sobre otras formas de vida y las respuestas del planeta ante nuestra presencia han creado intereses y preocupaciones en la sociedad. En especial, ha emergido un temor frente a los fenómenos actuales del cambio climático, que parecen amenazar la existencia de la vida misma: la elevación de temperaturas, los estragos causados por las tormentas, la desaparición de especies, la escasez de alimentos, las recias sequías e inundaciones, entre otros. En tal sentido, esta problemática ha dejado de ser un asunto de solo unos pocos científicos y políticos, ahora lo es también de muchos habitantes del planeta, entre quienes genera zozobra emocional. ¿Cómo se puede salvar la Tierra para las futuras generaciones? Las advertencias alrededor del cambio climático y los llamados a mitigarlo parecen inundar las redes sociales y ocupan las agendas de muchos países y organizaciones ambientales.</p>
<p>Los esfuerzos científicos, sociales y culturales han buscado nuevas aproximaciones a esta problemática, las cuales proponen alternativas sostenibles para los modos como habitamos el mundo y apelan a sensibilizar a las personas por medio de emociones para crear una conciencia global responsable y solidaria. <em>Emociones y sensaciones frente al cambio climático: una mirada desde las artes y las nuevas tecnologías</em> es un acercamiento distinto que pretende generar conciencia frente de las transformaciones que sufre el planeta. Aquí se articulan la ciencia, la tecnología y las artes para comprender el cambio climático más allá de los eventos y los datos, con el fin de humanizarlos. Es una exploración de las emociones y las sensaciones y de cómo estas pueden contribuir a una transformación necesaria.</p>
<p><strong>Palabras clave:</strong> artes, cambio climático, educación ambiental, emociones, humanización de datos, inteligencia artificial, naturaleza-cultura, nuevas tecnologías.</p>
</div>
<hr>
<div>
<p><strong>Coproducción audiovisual </strong></p>
<p><strong>Vicerrectoría de Investigación y Creación – Revistas Uniandes </strong></p>
<p><strong>Luis Carlos Castro Ramírez </strong>– editor,<em> Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología</em>, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes, Colombia<strong> </strong></p>
<p><strong>Cristian Yasser Martínez Rodríguez </strong>– editor,<em> Naturaleza y Sociedad. Desafíos Medioambientales</em>, Vicerrectoría de Investigación y Creación, Universidad de los Andes, Colombia</p>
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        <a href="https://doi.org/10.53010/nys.dia.12">Leer el artículo</a>
    </p>
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<p><a href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/deed.es"><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2022/12/CC_BY-NC-ND_icon-88x31-1.png" alt=" CC_BY-NC-ND"></a></p>
<h6>Estos contenidos están bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional</h6>
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<p><strong>Resumen: </strong>desde mediados del siglo XX las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza han tenido un cambio profundo. El impacto que ejercemos sobre otras formas de vida y las respuestas del planeta ante nuestra presencia han creado intereses y preocupaciones en la sociedad. En especial, ha emergido un temor frente a los fenómenos actuales del cambio climático, que parecen amenazar la existencia de la vida misma: la elevación de temperaturas, los estragos causados por las tormentas, la desaparición de especies, la escasez de alimentos, las recias sequías e inundaciones, entre otros. En tal sentido, esta problemática ha dejado de ser un asunto de solo unos pocos científicos y políticos, ahora lo es también de muchos habitantes del planeta, entre quienes genera zozobra emocional. ¿Cómo se puede salvar la Tierra para las futuras generaciones? Las advertencias alrededor del cambio climático y los llamados a mitigarlo parecen inundar las redes sociales y ocupan las agendas de muchos países y organizaciones ambientales.</p>

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<p>Los esfuerzos científicos, sociales y culturales han buscado nuevas aproximaciones a esta problemática, las cuales proponen alternativas sostenibles para los modos como habitamos el mundo y apelan a sensibilizar a las personas por medio de emociones para crear una conciencia global responsable y solidaria. <em>Emociones y sensaciones frente al cambio climático: una mirada desde las artes y las nuevas tecnologías</em> es un acercamiento distinto que pretende generar conciencia frente de las transformaciones que sufre el planeta. Aquí se articulan la ciencia, la tecnología y las artes para comprender el cambio climático más allá de los eventos y los datos, con el fin de humanizarlos. Es una exploración de las emociones y las sensaciones y de cómo estas pueden contribuir a una transformación necesaria.</p>

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<p><strong>Palabras clave:</strong> artes, cambio climático, educación ambiental, emociones, humanización de datos, inteligencia artificial, naturaleza-cultura, nuevas tecnologías.</p>

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<p><strong>Coproducción audiovisual </strong></p>

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<p><strong>Vicerrectoría de Investigación y Creación – Revistas Uniandes </strong></p>

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<p><strong>Luis Carlos Castro Ramírez </strong>– editor,<em> Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología</em>, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes, Colombia<strong> </strong></p>

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<p><strong>Cristian Yasser Martínez Rodríguez </strong>– editor,<em> Naturaleza y Sociedad. Desafíos Medioambientales</em>, Vicerrectoría de Investigación y Creación, Universidad de los Andes, Colombia</p>

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		<title>Diálogos n.° 14</title>
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		<dc:creator><![CDATA[revistas@uniandes.edu.co]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 Mar 2026 20:20:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Revistas Uniandes &#124; Multimedia Diálogos Diálogos n.° 14 N.° 14 &#124; Tema libre Ver tabla de contenido Estos contenidos están bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional</p>
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<h1>Diálogos n.° 14</h1>
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<div>N.° 14 | Tema libre</div>
<p><a href="https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/issue/view/759">Ver tabla de contenido</a></p>
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		<title>Arte, color y experiencia climática en la era de los datos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[naturalezaysociedad@uniandes.edu.co]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 Feb 2026 21:25:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Número 14: Tema libre]]></category>
		<category><![CDATA[Diálogos - Naturaleza y Sociedad. Desafíos Medioambientales]]></category>
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<p>The post <a href="https://openscience.uniandes.edu.co/arte-color-experiencia-climatica/">Arte, color y experiencia climática en la era de los datos</a> first appeared on <a href="https://openscience.uniandes.edu.co">Revistas Uniandes | Multimedia</a>.</p>]]></description>
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<div>
<h3><a href="https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/issue/view/759">Número 14 &#8211; Tema libre</a></h3>
</div>
<h1>
<p>Visualizar lo invisible: arte, color y experiencia climática en la era de los datos</p>
</h1>
<div>
<p><a href="https://doi.org/10.53010/nys.dia.12">https://doi.org/10.53010/nys.dia.12</a></p>
</p>
</div>
<h3>Jeice Dayanna Hernández Contreras</h3>
<div>
<p>Universidad Santo Tomás (Colombia)</p>
</div>
<hr>
<div>
<h4>Este texto explora las formas en que el arte y el uso del color ayudan a comunicar el cambio climático de una manera más cercana y comprensible a las personas. A través del análisis de distintas obras de arte y proyectos de visualización, se muestra la transformación de datos científicos y fenómenos ambientales complejos en experiencias visuales que apelan a los sentidos y a las emociones. El color, más allá de cumplir una función estética, se presenta como una herramienta clave para conectar la información climática con la experiencia humana y facilitar su comprensión. Estas formas de representación permiten que las personas entiendan, de manera más cercana y cotidiana las afectaciones en el clima y, así mismo, reflexionen sobre sus consecuencias. En un contexto donde la inteligencia artificial y los datos son el centro de la información, el texto resalta la importancia del arte como un puente entre la información científica y la experiencia cotidiana. De esta forma, contribuye a una comunicación del cambio climático más clara, sensible y significativa.</h4>
</p>
</div>
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<h4>Este artículo hace parte del proyecto: Emociones y sensaciones frente al cambio climático: una mirada desde las artes y las nuevas tecnologías, coproducción audiovisual realizado por las revistas <a href="https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/index"><em>Naturaleza y Sociedad. Desafíos Medioambientales</em></a>, y <a href="https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/antipoda"><em>Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología</em></a>; financiado por la Vicerrectoría de Investigación y Creación de la Universidad de los Andes. </h4>
<h4>Enlace al video: <a href="https://www.youtube.com/watch?v=bDaMdaUC8Fs">https://www.youtube.com/watch?v=bDaMdaUC8Fs </a></h4>
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<p><iframe src="https://www.youtube.com/watch?v=bDaMdaUC8Fs"></iframe></p>
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<h1>Introducción: el desafío de hacer visible la crisis climática</h1>
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<p>El cambio climático y su impacto en la naturaleza constituye uno de los mayores desafíos contemporáneos para la humanidad, no solo por la magnitud de sus impactos ambientales, sociales y económicos, sino también por la dificultad de comunicar sus efectos de manera comprensible y significativa para amplios sectores de la sociedad. A pesar de la creciente producción de información científica, informes técnicos y visualizaciones estadísticas, persiste una brecha entre el conocimiento experto sobre el fenómeno y la percepción cotidiana de sus consecuencias. Esta brecha no es únicamente informativa, sino profundamente perceptual, emocional y cultural, lo que genera una desconexión con la información y cómo la asumimos en nuestra realidad.</p>
<p>El arte, concebido como una forma de expresión inherente al ser humano, desempeña un papel fundamental en la visualización de este tipo de información, ya que permite establecer conexiones perceptuales, emocionales y culturales directas. Esta idea, retomada por Bentz (2020), señala que el arte no solo facilita la comprensión de fenómenos complejos como el cambio climático, sino que también crea espacios de aprendizaje más profundos y transformadores, capaces de generar nuevas metáforas, significados e imágenes que fomentan una implicación crítica y emocional con el problema. De este modo, el arte contribuye a suplir una de las principales falencias de los datos contemporáneos al dotarlos de sentido, pues trasciende la lógica exclusivamente matemática y propone una comprensión sistémica y situada mediada por los sentidos.</p>
<p>Esta capacidad posibilita la comunicación de ideas, conceptos y datos estadísticos complejos a través de elementos visuales, táctiles y sonoros que conectan con la experiencia humana. Además, se promueve la comprensión de la información, la visibilización de sus consecuencias y la generación de respuestas críticas. En este sentido, el arte evidencia su mayor potencial frente a los desafíos actuales y explica por qué, en la era de la inteligencia artificial, la búsqueda del entendimiento de los datos desde lo humano se convierte en un aspecto esencial.</p>
<p>Gran parte de los datos asociados al cambio climático operan en escalas temporales y geográficas que exceden la experiencia directa de las personas: promedios de temperatura global, proyecciones a varias décadas, modelos climáticos complejos o índices abstractos de riesgo ambiental. En este contexto, el cambio climático se percibe con frecuencia como un problema distante, abstracto o ajeno, lo que contribuye a la inacción social. Frente a este escenario, surge la necesidad de visualizar lo invisible, es decir, traducir procesos complejos e intangibles en lenguajes capaces de activar comprensión, empatía y reflexión crítica.</p>
<p>El arte contemporáneo ha asumido, desde hace varias décadas, un rol central en el proceso de mediación entre ciencia, naturaleza y sociedad. A diferencia de los enfoques estrictamente informativos, las prácticas artísticas exploran dimensiones sensibles, simbólicas y emocionales que permiten reconfigurar la relación entre los datos climáticos y la experiencia humana. La temperatura, el color, la escala, el sonido y el movimiento se configuran como herramientas operativas y recursos sensibles que permiten convertir datos abstractos en experiencias perceptibles.</p>
<p>Por otro lado, la inteligencia artificial aplicada a la visualización cartográfica, junto con el uso del color como representación de la incertidumbre, se emplea como un medio para comunicar el porcentaje de la población que percibe una afectación ambiental, transformando la información cuantitativa en una experiencia visual significativa. Este tipo de datos cualitativos resultan esenciales para la toma de decisiones y comprender las reacciones de la población ante este tipo de información, lo que permite analizar cómo estos datos son asumidos e interpretados. En particular, el uso del color y sus propiedades emergen como un lenguaje privilegiado para articular información, emoción y significado, funcionando como un elemento sémico (transmisor de significado) capaz de conectar lo cuantitativo con lo afectivo.</p>
<p>Desde esta perspectiva, el color se presenta como una herramienta fundamental para la humanización de los datos. A partir de su capacidad semiótica, el color funciona como un modo de significación visual, es decir, un sistema en el que se producen y comunican significados culturalmente compartidos. Como plantean Kress y van Leeuwen (2002), el color no actúa únicamente como un atributo estético, sino como un recurso semiótico que posee una gramática propia y que participa activamente en la construcción de sentido dentro de las imágenes. En este marco, el uso del color permite generar cartografías visibles que facilitan la comunicación sobre la manera en que las personas perciben fenómenos complejos como el cambio climático de forma más directa. Al estar asociado a significados, emociones y experiencias aprendidas socialmente, el color se convierte en un medio de comunicación eficaz para representar sensaciones y datos intangibles que difícilmente podrían expresarse solo mediante valores numéricos.</p>
<p>Con el fin de ofrecer un panorama más amplio sobre el papel del color y la creación de arte para dar una aproximación sobre el cambio climático y sus efectos medioambientales, este texto se estructura en dos ejes principales: El primero aborda la relación entre arte y clima, analizando prácticas artísticas contemporáneas que utilizan el color y la experiencia sensorial para hacer visibles procesos ambientales complejos. El segundo eje se centra en el arte de datos y, especialmente, en la visualización basada en la percepción como alternativa para la humanización cromática de las cifras. Se propone la cartografía cromática como una estrategia de visualización relacionada con el color, y además, se evidencia el manejo consciente del color para establecer referencias sensoriales y conexiones sémicas que facilitan la comprensión de fenómenos ambientales de manera mucho más completa.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><span>[1]</span></a></p>
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<h1>Cartografía cromática como mecanismo de visualización de datos</h1>
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<p>La cartografía cromática se entiende, como una estrategia de visualización que traduce datos cuantitativos y cualitativos en configuraciones de color diseñadas para comunicar percepciones, emociones y significados asociados a un territorio o fenómeno específico. A diferencia de las visualizaciones tradicionales que priorizan la representación numérica, la cartografía cromática enfatiza la dimensión sensible del dato, permitiendo una lectura perceptual y afectiva de la información.</p>
<p>Para comprender su alcance, es necesario diferenciarla de otros tipos de representación visual. Una imagen monocromática se caracteriza por el uso de un solo color variando únicamente sus valores de luminosidad, saturación o intensidad al generar <span>una paleta cromática limitada o neutral —frecuentemente asociada a diagramas de barras o gráficos estadísticos— cuyo objetivo principal es la claridad cuantitativa y la precisión numérica. En contraste, una imagen divergente emplea colores sin una lógica semántica o relacional definida, lo que puede generar impacto visual, pero también ambigüedad interpretativa.</span></p>
<p>La cartografía cromática se sitúa entre estos dos extremos, al proponer un uso del color controlado y semánticamente articulado, donde las tonalidades, saturaciones y contrastes responden a significados culturalmente aprendidos y a datos específicos. De este modo, el color actúa como un mediador entre información y experiencia. Esta estrategia facilita la comprensión sobre la manera en que las personas perciben y sienten fenómenos como el cambio climático.</p>
<p>Un ejemplo representativo sobre el color, como elemento plástico y estético con capacidad comunicativa que puede facilitar una mayor aproximación a la comprensión de fenómenos climáticos y medioambientales, es el ejercicio de cartografía cromática con ayuda de la inteligencia artificial, realizado sobre el municipio de Chía, Cundinamarca (Colombia). Esta cartografía se construyó a partir de datos provenientes de diversas investigaciones realizadas principalmente por la Secretaría de Medio Ambiente, la Alcaldía de Chía y la Universidad Militar Nueva Granada, relacionadas con la preocupación de la población frente a los efectos del cambio climático, la transformación del paisaje y la gestión de residuos sólidos. La cartografía convirtió dicha información en gamas tonales asociadas social y culturalmente a sentimientos de incertidumbre y tranquilidad.</p>
<p>Esta traducción cromática organiza la información de manera visual y activa una lectura sensible del dato y permite comprender la configuración de las percepciones colectivas en relación con el entorno y sus transformaciones. Al final, se estableció una tabla cromática en la que se podía identificar y relacionar fácilmente cuatro conceptos: la incertidumbre, la seguridad, la tranquilidad y el medio ambiente. Esto reconocía, según los porcentajes generados por las investigaciones antes mencionadas, la cantidad de personas dentro de este territorio con mayor incertidumbre sobre este tema (figura 1). En este caso, la cartografía cromática, en articulación con herramientas de inteligencia artificial, ofrece un contexto más situado y comprensible sobre las percepciones ciudadanas frente a problemáticas ambientales específicas.</p>
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<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2026/02/caso-chia-5.png" alt="Humanización de datos mediante cartografía cromática de la percepción de los habitantes de Chía, Cundinamarca (Colombia), frente al cambio climático"></p>
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<p style="text-align: center;"><strong>Figura 1.</strong> Humanización de datos mediante cartografía cromática de la percepción de los habitantes de Chía, Cundinamarca (Colombia), frente al cambio climático. <em>Fuente:</em> elaboración propia con apoyo de inteligencia artificial Chat GPT 5.2 (2025). El resultado visual no corresponde a una única instrucción (<em>prompt</em>) aislada, sino a la depuración gradual de instrucciones textuales desarrolladas a lo largo de varias interacciones, incorporando datos, correcciones y decisiones curatoriales.</p>
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<p>De esta forma, la propuesta de humanización cromática no se presenta de forma aislada frente a información cuantitativa o “datos duros”, sino como un recurso complementario para ampliar su comprensión. Por ejemplo, en un estudio aplicamos una encuesta a 60 participantes en la que compararon tres modalidades de visualización: (1) un diagrama de barras (imagen monocromática), (2) una imagen con colores aleatorios (imagen divergente) y (3) la cartografía cromática (imagen emocional o sensorial). Los resultados mostraron que el diagrama de barras obtuvo la mayor puntuación en claridad interpretativa, mientras que la cartografía cromática destacó en comprensión general del mensaje, impacto emocional y preferencia global. Esto sugiere que las visualizaciones cromáticas controladas y diseñadas para comunicar y visualizar datos específicos complementan y dan sentido a la información, con la finalidad de generar cercanía experiencial al dato cuantitativo, sin reemplazar la lectura numérica (tabla 1).</p>
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<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2026/03/Captura-de-pantalla-2026-03-05-a-las-10.04.54-a.m.png" alt="TABLA"></p>
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<p style="text-align: center;"><strong>Tabla 1.</strong> Resultados de la encuesta realizada a 60 personas para establecer la claridad interpretativa, capacidad de recordación, comprensión del impacto emocional y preferencia de la imagen, comparando tres tipos de imagen una monocromática (imagen de barras), otra de color divergente (diagrama de líneas con colores aleatorios) y la cartografía cromática (imagen sensorial). La media corresponde al valor promedio obtenido a partir de las respuestas de los participantes para cada variable evaluada. El color de los recuadros permite identificar patrones de comportamiento perceptivo, al cumplir una función analítica y comparativa. Cada color señala, de manera visual, el tipo de respuesta predominante en relación con la variable evaluada: los tonos más claros o neutros indican valores asociados a percepciones de claridad, neutralidad o bajo impacto emocional. Los tonos intermedios señalan respuestas mixtas o percepciones ambivalentes. Los tonos más saturados o intensos destacan las variables donde se registró mayor impacto emocional, preferencia o conexión con el mensaje. Fuente: elaboración propia.</p>
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<p>Los datos evidencian que el manejo tanto de datos duros como sensibles permite un entendimiento más profundo y contribuye a incentivar la toma de acción o la búsqueda de posibles respuestas frente a lo presentado.</p>
<p>En este contexto, el color funciona como un puente que ayuda a que el problema se entienda y se sienta más cercano. Al comunicar desde un nivel más intuitivo —incluso antes de las palabras— el color permite que personas con distintos conocimientos científicos se acerquen al significado de la visualización sin necesidad de entender datos técnicos complejos. Esta facilidad para percibir y comprender lo que se muestra es clave para que la comunicación sobre el cambio climático se aproxime a más personas y tenga un mayor impacto social.</p>
<p>Asimismo, el uso del color plantea interrogantes éticos sobre la responsabilidad del diseñador o artista al representar información sensible. La elección cromática no debe ser neutral: puede intensificar la percepción de urgencia, minimizar riesgos o generar interpretaciones sesgadas. Reconocer el carácter semiótico y emocional del color implica asumir una postura crítica frente a su uso, especialmente en contextos de alta relevancia social como el cambio climático.</p>
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<h1><span lang="ES">Arte y clima: entre la representación y la experiencia<o:p></o:p></span></h1>
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<p>Históricamente, la relación entre arte y naturaleza ha sido un campo fértil de exploración simbólica y estética. Sin embargo, en el arte contemporáneo, esta relación se reconfigura desde una perspectiva crítica que reconoce la intervención humana sobre los ecosistemas y las consecuencias del modelo de desarrollo industrial. Se presentan entonces corrientes o practicas artísticas contemporáneas como el ecoarte, el arte ambiental y el <em>climate change art</em> <span>que más allá de representar paisajes naturales, problematizan los vínculos entre la sociedad, la tecnología y el medio ambiente.</span></p>
<p>A diferencia de la ilustración científica o de la cartografía tradicional, muchas obras de arte climático operan desde la experiencia sensorial directa. Desde esta perspectiva se busca generar una pequeña vivencia de la problemática a tratar, como puede ser el impacto del cambio climático,  para lograr una conexión que permita visualizarla desde los sentimientos.</p>
<p>En este caso, vale la pena resaltar como ejemplo paradigmático la obra <em>Ice Watch</em><a href="#_ftn2" name="_ftnref1"><span>[2]</span></a> (2014–2018) de Olafur Eliasson, en colaboración con el geólogo Minik Rosing. En esta intervención, grandes bloques de hielo desprendidos de glaciares de Groenlandia son instalados en espacios urbanos como Londres o París. El espectador puede tocar el hielo, observar su textura, ver su color blanquecino tornarse translúcido y presenciar su derretimiento progresivo. Aunque la obra se basa en datos científicos sobre el deshielo polar, estos no se presentan de forma explícita. Son el color del hielo, su transformación visual y su desaparición gradual los que comunica la urgencia del problema. El blanco, tradicionalmente asociado a pureza o estabilidad, se vuelve frágil, efímero y amenazado.  </p>
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<p><iframe src="https://www.youtube.com/watch?v=Tpe4o9_n8AM"></iframe></p>
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<p>Otro ejemplo que articula de manera precisa arte, tecnología y naturaleza desde un enfoque contemporáneo, se manifiesta en el trabajo de Biersteker (2021), cuyas obras fundamentan el uso de datos científicos para evidenciar, de forma sensible y situada, los efectos de la actividad humana sobre los ecosistemas. En proyectos como <em>WITHER x UNESCO – A Slice of Rainforest Disappearing at The Amazon Deforestation Rate</em><a href="#_ftn3" name="_ftnref2"><span>[3]</span></a>, Biersteker traduce información científica sobre la deforestación amazónica en una experiencia visual y material que permite observar, en tiempo real, la desaparición progresiva de los bosques húmedos.</p>
<p>La obra se basa en datos oficiales sobre las tasas de deforestación, que determinan el ritmo de transformación del material expuesto. Este proceso no se representa de manera simbólica ni ilustrativa, sino que se materializa a través de un sistema tecnológico que controla las condiciones de la pieza, lo que evidencia el deterioro del objeto a medida que los datos avanzan. En este contexto, la tecnología actúa como un mediador entre la información científica y la experiencia perceptiva del espectador, haciendo visible un proceso ambiental que, aunque constante, suele permanecer fuera del campo de percepción cotidiana.</p>
<p>El uso de las características propias del color resulta esencial en esta propuesta. A medida que el material se degrada, se observa una transición cromática que va de lo opaco a lo translúcido. De esta forma se puede ver la pérdida progresiva de densidad, humedad y vitalidad del ecosistema representado. Además de cumplir con una función estética, esta transformación cromática actúa como un indicador sensible del impacto ambiental, al facilitar una lectura inmediata del proceso de deterioro sin necesidad de recurrir a gráficos o cifras explícitas.</p>
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<p><iframe src="https://www.youtube.com/watch?v=GCXGGg3DlYw&#038;t=12s"></iframe></p>
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<p>Desde estas aproximaciones se refuerza la idea de que el color, en el arte ambiental contemporáneo, opera como un lenguaje semiótico capaz de traducir la complejidad de los datos científicos en experiencias perceptivas significativas. En las visualizaciones donde se une tecnología, arte y ambiente, el color no actúa como un recurso ornamental, sino como un mediador que hace visible el impacto humano sobre la naturaleza, y se articula información, emoción y memoria cultural.</p>
<p>Esta capacidad de transitar entre lo cuantitativo y lo cualitativo permite la visualización de fenómenos como el cambio climático o los efectos devastadores del hombre sobre la naturaleza. Al ser percibidos de forma directa, dejan de ser lejanos o abstractos, pues se manifiestan de forma tangible y comprensible para el espectador a través del arte. En este sentido, el color se configura como un traductor emocional del dato que no reemplaza la información científica, sino que la resignifica desde una dimensión sensible. Aporta a una comprensión más profunda de la crisis ambiental y a la construcción de una conciencia crítica frente a sus consecuencias.</p>
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<h1><span lang="ES">Arte de datos y visualización climática<o:p></o:p></span></h1>
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<p>En las últimas décadas, el cruce entre arte, tecnología y datos ha dado lugar a prácticas híbridas que combinan análisis científico y expresión artística. El denominado arte de datos (<em>data art</em>) utiliza grandes volúmenes de información como materia prima para crear piezas visuales, sonoras o interactivas que reinterpretan los datos desde una perspectiva crítica y estética. En el contexto climático, estas prácticas permiten abordar el problema desde nuevas narrativas visuales que superan la rigidez de los gráficos tradicionales. En lugar de tablas o diagramas, los datos se materializan en formas orgánicas, paisajes visuales o instalaciones inmersivas, donde el color cumple un papel estructural.</p>
<p>En esta línea se inscribe la propuesta generada por la empresa ARTDATA <em>Emotional Mapping of Climate Change: Humanizing Data through Color and AI</em>, que articula arte de datos, visualización climática e inteligencia artificial, con el objetivo de traducir información científica y social en experiencias y percepciones de carácter sensible. El proyecto se basa en el análisis de datos cualitativos relacionados con emociones y apreciaciones sociales frente al cambio climático, recolectados a partir de discursos en redes sociales, encuestas, informes institucionales y estudios académicos. Estos datos son procesados mediante metodologías de <em>sentiment analysis</em> y procesamiento del lenguaje natural para ser posteriormente traducidos, a través del color, en manchas cromáticas que conforman una cartografía global de sensaciones.</p>
<p>Este proceso permite el tránsito del dato complejo al dato visual y de lo análogo a lo digital. Facilita una lectura perceptiva y emocional del fenómeno climático. En el caso de la figura 1 ―mencionada anteriormente―, la imagen se obtuvo a partir de un proceso de creación desde lo análogo a lo digital. Como se observa en la figura 2A, la construcción análoga se realiza por medio de notas y la generación de patrones que responden a cada uno de los sentimientos que se buscan visualizar.  Posteriormente, se traducen en manchas distribuidas en el espacio cuya ubicación, espacio y tamaño están determinados por datos científicos que relacionan porcentaje y ubicación por lugar. Dichas manchas se estructuran a partir de líneas características que luego se combinan en capas para integrar los distintos sentimientos representados. El resultado final es un mapa que es digitalizado para mostrar la percepción de los efectos del cambio climático a lo largo del tiempo (figura 2B).</p>
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<p>        <img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2026/02/porceso-2ARTDATA-1-rotated.jpg" alt="Proceso análogo ARTDATA"></p>
<h3>2A. Proceso análogo ARTDATA</h3>
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<p>        <img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2026/02/proceso-11ARTDATA-rotated.jpg" alt="Proceso analógico ARTDATA"></p>
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<p>        <img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2026/02/Emotional-Mapping-of-Climate-Change.jpg" alt="Emotional Mapping of Climate Change"></p>
<h3>2B. Imagen final digital</h3>
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<p style="text-align: center;"><strong>Figuras 2A-B. </strong><em>Emotional Mapping of Climate Change</em>: proceso análogo (2A) e imagen final digital (2B) para cartografía cromática global de percepciones y emociones asociadas al cambio climático. <strong>Fuente: </strong>Imagen tomada del proyecto <em>Emotional Mapping of Climate Change: Humanizing Data through Color and AI</em>, proyecto de investigación-creación no publicado (Hernández y Córdoba, 2025).</p>
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<p>En este caso, las emociones —como ansiedad, miedo, tristeza, ira, ecoansiedad o sensación de impotencia— se transforman en métricas cuantificables que permiten su posterior traducción visual. A diferencia de las visualizaciones convencionales, la propuesta prioriza el uso del color como lenguaje central para construir cartografías emocionales dinámicas, en las que las variaciones cromáticas, las formas y los efectos visuales encarnan el impacto y la percepción del cambio climático en distintos territorios. De este modo, el color no solo representa información, sino que carga con el peso emocional de las comunidades afectadas, al convertir los datos climáticos en narrativas visuales inmersivas que buscan facilitar la comprensión, generar empatía y activar una reflexión crítica frente a la crisis ambiental.</p>
<p>El enfoque del color como elemento sémico para mostrar cambios de temperatura o percepción ha sido retomado y ampliado por numerosos artistas que integran sensores, algoritmos y visualización generativa para construir narrativas climáticas dinámicas. En estas propuestas, el color evoluciona en el tiempo, pues trasciende de representar un dato concreto y estático, a responder a datos en tiempo real o a simulaciones de futuros posibles. El resultado es una experiencia visual que enfatiza la dimensión temporal del cambio climático, se hace visible su carácter procesual y acumulativo.</p>
<p>Esta visualización permite transformar datos abstractos en una experiencia perceptible que desplaza el concepto de representación informativa hacia una comprensión situada y vivencial del fenómeno. Al mostrar el paso del tiempo, la obra interpela al conocimiento y a la experiencia sensible donde se conectan habilidades como la percepción, la interpretación y la afectividad. Las visualizaciones participan activamente en la disputa por el sentido del dato y en la configuración de regímenes de verdad en contextos contemporáneos (Becerra <em>et al</em>., 2026).</p>
<p>Uno de los aportes más relevantes del arte climático contemporáneo es la incorporación explícita de la dimensión emocional en la comunicación ambiental. Mientras que la ciencia tiende a operar desde la objetividad y la neutralidad, el arte reconoce que las emociones juegan un papel central en la percepción del riesgo y en la toma de decisiones. Aunque los datos aportan información precisa en términos de porcentajes y magnitudes, no logran traducir en su totalidad la experiencia vivida del fenómeno. La ansiedad climática, el miedo, la culpa o la sensación de impotencia constituyen experiencias compartidas que rara vez aparecen representadas en informes técnicos, pero que resultan fundamentales para comprender cómo las personas viven el cambio climático en su cotidianidad. En este sentido, el arte permite hacer visible este plano subjetivo, a través de colores, formas y atmósferas visuales, ampliando la capacidad de sensibilización y comprensión del fenómeno ambiental (Sommer y Klöckner, 2021).</p>
<p>En este sentido, los elementos artísticos como la textura, la línea o el color se convierten en un vehículo de empatía. Por ejemplo, el uso de las características propias del color —tono, saturación y luminosidad (o valor)— permiten generar cromáticas saturadas, contrastes abruptos o tonalidades apagadas que informan y transmiten estados anímicos colectivos. Al experimentar estas visualizaciones, las personas, además de los datos externos, reconocen emociones propias y ajenas, en una experiencia compartida sobre la crisis climática.</p>
<p>Desde esta perspectiva, el color se consolida como un elemento relacional, capaz de articular percepción, emoción y sentido, al operar de manera intertextual, activa y transversal dentro de las imágenes (Hernández, 2024). Su uso estratégico dentro de las visualizaciones climáticas activa procesos de identificación y reconocimiento que trascienden la lectura descriptiva e informativa, situando al espectador dentro de una experiencia de comunicación más amplia donde los datos adquieren una dimensión social y afectiva. En este sentido, el color estructura la narrativa visual, y actúa como un mediador simbólico que conecta la experiencia estética con problemáticas éticas y sociales.</p>
<p>Además, esta activación perceptiva y afectiva sitúa al color como un operador de sentido y vehículo emocional donde se refuerza su rol como puente entre datos, cultura y sociedad tal y como lo evidencian Hernández y Oliveros (2023). Lejos de reducir la complejidad del fenómeno, la visualización de datos vinculada al cambio climático a través del color permite integrar dicha complejidad en una narrativa visual que refleja la multiplicidad de experiencias humanas frente al cambio climático. En este marco, la articulación entre arte y ciencia posibilita formas de comunicación más sensibles y comprensivas, capaces de traducir datos científicos en experiencias visuales que favorecen la empatía y la comprensión pública del cambio climático (Lustig <em>et al</em>., 2025).</p>
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<h1><span lang="ES">Conclusiones: el color como puente entre datos, arte y sociedad<o:p></o:p></span></h1>
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<p>Cuando el cambio climático se comunica únicamente a través de cifras y reportes técnicos, suele percibirse como un problema lejano y difícil de asimilar. Frente a esto, el color permite traducir los datos en experiencias perceptibles, al visibilizar dimensiones cualitativas que normalmente permanecen abstractas. Más que un recurso visual atractivo, el color actúa como un lenguaje que facilita comprender qué representan realmente los datos y cómo se relacionan con la vida cotidiana. Las experiencias revisadas muestran que una lectura completa del dato no depende solo de la razón, sino también de la percepción, ya que emociones, contextos y territorios influyen en la forma en que la información es interpretada. Desde esta perspectiva, es posible humanizar los datos al tomarlos como un sistema complejo que puede ser simplificado para el espectador desde los propios elementos artísticos. De esta forma, y sin perder información, pueden volverse comprensibles, cuestionables y útiles para pensar críticamente y actuar frente a los cambios que afectan a la naturaleza.</p>
<p>Desde esta mirada, el arte ofrece una gran variedad de posibilidades para poder mostrar y comunicar temas complejos que atañen a problemas sociales. Se abre una ventana desde la interdisciplinariedad a nuevas posibilidades y se genera un puente de comunicación distinto, más holístico y cohesionado. La visualización cromática contribuye a tomar decisiones y emprender acciones de manera más informada, al relacionar los datos con sus consecuencias sensibles. Se favorece a una lectura crítica frente a la gran cantidad de seudodatos y representaciones manipuladas que circulan con facilidad especialmente en entornos digitales, ya que la percepción es uno de los elementos clave al leer las imágenes, textos o datos. Por lo tanto, la incorporación de la dimensión sensible en la lectura de datos y la toma de decisiones alrededor de los mismos, así como el trabajo con los datos desde la percepción y el contexto, permite identificar con mayor claridad cuando una visualización está basada en información sólida y datos concretos y cuando, por el contrario, simplifica, exagera o distorsiona la realidad.</p>
<p>El uso consciente del color y de estrategias sensibles exige que los datos mantengan coherencia  con la experiencia situada que representan. Este enfoque permite distinguir entre imágenes visualmente impactantes pero carentes de sustento, y aquellas narrativas visuales que además de apelar a la emoción, se apoyan en una base informativa sólida. De este modo, al integrar datos cualitativos y cuantitativos, la visualización cumple una función informativa y también fomenta una lectura critica orientada a cuestionar, comparar y discernir entre información fundamentada y construcciones visuales que no reflejan de manera fiel la complejidad de los fenómenos que intentan representar.</p>
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<h1><span lang="ES">Referencias bibliográficas<o:p></o:p></span></h1>
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<p>Proponemos estas fuentes para que las personas interesadas en el tema puedan profundizar sus conocimientos frente a la relación entre el arte, la ciencia y las maneras en las que se comunica el cambio climático.</p>
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<h2><span lang="ES">Listado de referencias<o:p></o:p></span></h2>
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<p>Bentz, J. (2020). Learning About Climate Change In, With and Through Art. <em>Climatic Change, 16</em>2(3), 1595–1612. <a href="https://doi.org/10.1007/s10584-020-02804-4">https://doi.org/10.1007/s10584-020-02804-4</a></p>
<p>Biersteker, T. (2021). <em>WITHER – A Slice of Rainforest Disappearing at the Amazon Deforestation Rate</em> [Obra digital]. <a href="https://thijsbiersteker.com/wither-2021?utm_source=chatgpt.com">https://thijsbiersteker.com/wither-2021</a></p>
<p>Becerra, J., Hernández, J. y Rodriguez, J. (2026). Data Wars. The Struggle Between Factual Data and Pseudodata in Western Society. <em>International Review of Sociology</em>. Publicación anticipada. <a href="https://doi.org/10.1080/03906701.2025.2608791">https://doi.org/10.1080/03906701.2025.2608791</a>.</p>
<p>Hernández, J. y Córdoba, C. (2025). <em>Emotional Mapping of Climate Change: Humanizing Data through Color and AI </em>[Proyecto de investigación-creación no publicado]. ARTDATA.</p>
<p>Hernández, J.D. (2024). <em>El color intertextual, activo y transversal en la ilustración de cuentos clásicos: una mirada artístico-práctica a Blancanieves y Alicia en el País de las Maravillas a lo largo de los siglos XIX y XX</em>. [Tesis doctoral, Universitat Politècnica de València]. <a href="https://doi.org/10.4995/Thesis/10251/213916">https://doi.org/10.4995/Thesis/10251/213916</a></p>
<p>Hernandez, J. y Oliveros Aya, C. (2023). El color en los cuentos de hadas y los derechos humanos: la transversalidad del color detrás de la narrativa de Alicia y Blancanieves. <em>Novum Jus</em>, <em>17</em>(2), 301–328.  <a href="https://novumjus.ucatolica.edu.co/article/view/5219">https://novumjus.ucatolica.edu.co/article/view/5219</a></p>
<p>Lustig, A. R., Crimmins, A. R., Snyder, M. O., Tanner, L. y van Coller, I. (2025). Bringing Art and Science Together to Address Climate Change.<em> Climatic Change, 178</em>(3), 47. <a href="https://doi.org/10.1007/s10584-025-03861-3">https://doi.org/10.1007/s10584-025-03861-3</a></p>
<p>Sommer, K. y Klöckner, C. A. (2021). Does Activist Art have the Capacity to Raise Awareness in Audiences? —A study on Climate Change Art at the ArtCOP21 Event in Paris. <em>Psychology of Aesthetics, Creativity, and the Arts</em>, <em>15</em>(1), 60–75. <a href="https://doi.org/10.1037/aca0000247">https://doi.org/10.1037/aca0000247</a></p>
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<h2><span lang="ES">Fuentes sugeridas para consulta<o:p></o:p></span></h2>
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<div>
<p>Hernández, J. (2023). El color como elemento sémico y narrativo de características políticas y socioculturales en la ilustración de cuentos clásicos. <em>Cultura Latinoamericana</em>, <em>1</em>(37), 194–207. <a href="https://editorial.ucatolica.edu.co/index.php/RevClat/article/view/5441">https://editorial.ucatolica.edu.co/index.php/RevClat/article/view/5441</a></p>
<p>Hernández, J. (2023). <em>Características graficas del color en la elaboración de propuestas creativas</em> [documento de trabajo]. Grupo de investigación Imagen, Diseño y Sociedad, Comunidad de Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad Santo Tomás.  <a href="http://hdl.handle.net/11634/50955">http://hdl.handle.net/11634/50955</a></p>
<p>Kress, G. y van Leeuwen, T.. (2002). Colour as a Semiotic Mode: Notes for a Grammar of Colour.<em> Visual Communication</em>, <em>1</em>(3), 343–368. <a href="https://doi.org/10.1177/147035720200100306">https://doi.org/10.1177/147035720200100306</a></p>
<p>Kennedy, H., Hill, R. L., Allen, W. y Kirk, A. (2016). Engaging with (Big) Data Visualizations: Factors that Affect Engagement and Resulting New Definitions of Effectiveness. <em>First Monday</em>, <em>21</em>(11). <a href="https://doi.org/10.5210/fm.v21i11.6389">https://doi.org/10.5210/fm.v21i11.6389</a></p>
<p>Lupi, G. (2017). <em>Data Humanism: My Manifesto for a New Data World</em>. <a href="http://giorgialupi.com/data-humanism-my-manifesto-for-a-new-data-wold">http://giorgialupi.com/data-humanism-my-manifesto-for-a-new-data-wold</a></p>
<p>Luna Pereira, H. O., Rueda Vera, G. y Avendaño Castro, W. R. (2021). Jóvenes universitarios frente al cambio climático: percepciones, representaciones y acciones<em>. Boletín REDIPE, 10</em>(9), 199–222. <a href="https://revista.redipe.org/index.php/1/article/view/1437">https://revista.redipe.org/index.php/1/article/view/1437</a></p>
<p>Guerrero del Cueto, M. (2023). El papel del diseño en la percepción de visualizaciones de datos: Fundamentos teóricos y conceptuales. <em>I+Diseño. Revista Científico-Académica Internacional De Innovación, Investigación Y Desarrollo En Diseño</em>, <em>18</em>, 23–36. <a href="https://doi.org/10.24310/idiseo.18.2023.17867">https://doi.org/10.24310/idiseo.18.2023.17867</a></p>
<p>Muñoz-Pico, H. P. y León, B. (2024). El sesgo de atención a las imágenes del cambio climático y su incidencia en el compromiso ciudadano<em>. Palabra Clave, 27</em>(4), e2745. <a href="https://doi.org/10.5294/pacla.2024.27.4.5">https://doi.org/10.5294/pacla.2024.27.4.5</a></p>
<p>Rea, N. (2018, 11 de diciembre). Olafur Eliasson’s Ice Watch London: The World’s Most Dramatic Climate-Change Installation. <em>Artnet News</em>. <a href="https://news.artnet.com/art-world/olafur-eliasson-ice-watch-london-1416811">https://news.artnet.com/art-world/olafur-eliasson-ice-watch-london-1416811</a></p>
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<h2><span lang="ES">Notas al pie<o:p></o:p></span></h2>
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<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Es importante aclarar que el color se establece primero desde un plano sensorial: se genera desde los estímulos visuales mediante la recepción de la luz, lo que  provoca distintas sensaciones (tensión, calidez, entre otras), que son interpretadas culturalmente y relacionadas con experiencias personales, contextos socio-culturales o simbólicos, y se conectan con sentimientos como tranquilidad, incertidumbre, alerta o inquietud.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn1">[2]</a><em>Ice Watch</em>, instalación de Olafur Eliasson en Londres. <a href="https://olafureliasson.net/artwork/ice-watch-2014/">https://olafureliasson.net/artwork/ice-watch-2014/</a></p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[3]</a> La obra se puede visualizar en la página web del artista: <a href="https://thijsbiersteker.com/wither-2021">https://thijsbiersteker.com/wither-2021</a></p>
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<h1><span lang="ES">Sobre este artículo de Diálogos<o:p></o:p></span></h1>
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<p>Manuscrito preparado para <em>Diálogos</em>, en el marco de la propuesta de coproducción audiovisual “<strong>Emociones y sensaciones frente al cambio climático: una mirada desde las artes y las nuevas tecnologías</strong>”, desarrollada por <a href="https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/index"><em>Naturaleza y Sociedad. Desafíos Medioambientales</em></a> y <a href="https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/antipoda"><em>Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología</em></a>. Este proyecto contó con apoyo financiero de la convocatoria “Nuevos formatos de comunicación científica” de Revistas Uniandes y la Vicerrectoría de Investigación y Creación de la Universidad de los Andes (Colombia).</p>
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<h2><span lang="ES">Declaración de uso de inteligencia artificial generativa<o:p></o:p></span></h2>
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<p>La autora del artículo declara que ha empleado inteligencia artificial generativa para hacer revisión de estilo en el texto, así como para la generación de la figura 1. Para la redacción, se utilizó ChatGPT 5.2. y el <em>prompt </em>aplicado fue el siguiente: <em>revisa la redacción y estilo de este texto, sin cambiar la idea o proponer una nueva. Quiero que permanezca la idea original, solo con cambios de redacción si es necesario.</em></p>
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<h2><span lang="ES">Sobre la autora<o:p></o:p></span></h2>
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<p><strong>Jeice Dayanna Hernández Contreras</strong>: PhD en Arte: Investigación y Producción. Docente investigadora del programa de Diseño de la Facultad de Comunicación y Creación de la Universidad Santo Tomás de Bogotá. Líneas de investigación: Visualización y humanización de datos, análisis de la imagen y color, diseño para la transformación social. Últimas publicaciones: Becerra, J., Hernández, J. y Rodríguez, J. (2026). Data wars. The Struggle Between Factual Data and Pseudodata in Western Society. <em>International Review of Sociology</em>, 1-15. <a href="https://doi.org/10.1080/03906701.2025.2608791">https://doi.org/10.1080/03906701.2025.2608791</a>;  Hernandez, J. y Oliveros Aya, C. (2023). El color en los cuentos de hadas y los derechos humanos: la transversalidad del color detrás de la narrativa de Alicia y Blancanieves. <em>Novum Jus</em>, <em>17</em>(2), 301–328. <a href="https://doi.org/10.14718/NovumJus.2023.17.2.12">https://doi.org/10.14718/NovumJus.2023.17.2.12</a>.   <a href="mailto:jeiceh@gmail.com">jeiceh@gmail.com</a> &#8211; <a href="mailto:jeicehernandez@usta.edu.co">jeicehernandez@usta.edu.co</a> ORCID: <a href="https://orcid.org/0000-0002-1486-1333">https://orcid.org/0000-0002-1486-1333</a></p>
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<blockquote>
<p><span>Cuando el cambio climático se comunica únicamente a través de cifras y reportes técnicos, suele percibirse como un problema lejano y difícil de asimilar. Frente a esto, el color permite traducir los datos en experiencias perceptibles, al visibilizar dimensiones cualitativas que normalmente permanecen abstractas. Más que un recurso visual atractivo, el color actúa como un lenguaje que facilita comprender qué representan realmente los datos y cómo se relacionan con la vida cotidiana. </span></p>
</blockquote>
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<hr>
<p><a href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/deed.es"><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2022/12/CC_BY-NC-ND_icon-88x31-1.png" alt=" CC_BY-NC-ND"></a></p>
<h6>Estos contenidos están bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional</h6>
<p><span id="more-3691"></span><br />
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<h3><a href=\"https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/issue/view/759\">Número 14 - Tema libre</a></h3>

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<p>Visualizar lo invisible: arte, color y experiencia climática en la era de los datos</p>

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<p><a href=\"https://doi.org/10.53010/nys.dia.12\">https://doi.org/10.53010/nys.dia.12</a></p>

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<p>Universidad Santo Tomás (Colombia)</p>

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<h4>Este texto explora las formas en que el arte y el uso del color ayudan a comunicar el cambio climático de una manera más cercana y comprensible a las personas. A través del análisis de distintas obras de arte y proyectos de visualización, se muestra la transformación de datos científicos y fenómenos ambientales complejos en experiencias visuales que apelan a los sentidos y a las emociones. El color, más allá de cumplir una función estética, se presenta como una herramienta clave para conectar la información climática con la experiencia humana y facilitar su comprensión. Estas formas de representación permiten que las personas entiendan, de manera más cercana y cotidiana las afectaciones en el clima y, así mismo, reflexionen sobre sus consecuencias. En un contexto donde la inteligencia artificial y los datos son el centro de la información, el texto resalta la importancia del arte como un puente entre la información científica y la experiencia cotidiana. De esta forma, contribuye a una comunicación del cambio climático más clara, sensible y significativa.</h4>

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<h4>Este artículo hace parte del proyecto: Emociones y sensaciones frente al cambio climático: una mirada desde las artes y las nuevas tecnologías, coproducción audiovisual realizado por las revistas <a href=\"https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/index\"><em>Naturaleza y Sociedad. Desafíos Medioambientales</em></a>, y <a href=\"https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/antipoda\"><em>Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología</em></a>; financiado por la Vicerrectoría de Investigación y Creación de la Universidad de los Andes. </h4>

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<h4>Enlace al video: <a href=\"https://www.youtube.com/watch?v=bDaMdaUC8Fs\">https://www.youtube.com/watch?v=bDaMdaUC8Fs </a></h4>

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<h1>Introducción: el desafío de hacer visible la crisis climática</h1>

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<p>El cambio climático y su impacto en la naturaleza constituye uno de los mayores desafíos contemporáneos para la humanidad, no solo por la magnitud de sus impactos ambientales, sociales y económicos, sino también por la dificultad de comunicar sus efectos de manera comprensible y significativa para amplios sectores de la sociedad. A pesar de la creciente producción de información científica, informes técnicos y visualizaciones estadísticas, persiste una brecha entre el conocimiento experto sobre el fenómeno y la percepción cotidiana de sus consecuencias. Esta brecha no es únicamente informativa, sino profundamente perceptual, emocional y cultural, lo que genera una desconexión con la información y cómo la asumimos en nuestra realidad.</p>

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<p>El arte, concebido como una forma de expresión inherente al ser humano, desempeña un papel fundamental en la visualización de este tipo de información, ya que permite establecer conexiones perceptuales, emocionales y culturales directas. Esta idea, retomada por Bentz (2020), señala que el arte no solo facilita la comprensión de fenómenos complejos como el cambio climático, sino que también crea espacios de aprendizaje más profundos y transformadores, capaces de generar nuevas metáforas, significados e imágenes que fomentan una implicación crítica y emocional con el problema. De este modo, el arte contribuye a suplir una de las principales falencias de los datos contemporáneos al dotarlos de sentido, pues trasciende la lógica exclusivamente matemática y propone una comprensión sistémica y situada mediada por los sentidos.</p>

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<p>Esta capacidad posibilita la comunicación de ideas, conceptos y datos estadísticos complejos a través de elementos visuales, táctiles y sonoros que conectan con la experiencia humana. Además, se promueve la comprensión de la información, la visibilización de sus consecuencias y la generación de respuestas críticas. En este sentido, el arte evidencia su mayor potencial frente a los desafíos actuales y explica por qué, en la era de la inteligencia artificial, la búsqueda del entendimiento de los datos desde lo humano se convierte en un aspecto esencial.</p>

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<p>Gran parte de los datos asociados al cambio climático operan en escalas temporales y geográficas que exceden la experiencia directa de las personas: promedios de temperatura global, proyecciones a varias décadas, modelos climáticos complejos o índices abstractos de riesgo ambiental. En este contexto, el cambio climático se percibe con frecuencia como un problema distante, abstracto o ajeno, lo que contribuye a la inacción social. Frente a este escenario, surge la necesidad de visualizar lo invisible, es decir, traducir procesos complejos e intangibles en lenguajes capaces de activar comprensión, empatía y reflexión crítica.</p>

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<p>El arte contemporáneo ha asumido, desde hace varias décadas, un rol central en el proceso de mediación entre ciencia, naturaleza y sociedad. A diferencia de los enfoques estrictamente informativos, las prácticas artísticas exploran dimensiones sensibles, simbólicas y emocionales que permiten reconfigurar la relación entre los datos climáticos y la experiencia humana. La temperatura, el color, la escala, el sonido y el movimiento se configuran como herramientas operativas y recursos sensibles que permiten convertir datos abstractos en experiencias perceptibles.</p>

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<p>Por otro lado, la inteligencia artificial aplicada a la visualización cartográfica, junto con el uso del color como representación de la incertidumbre, se emplea como un medio para comunicar el porcentaje de la población que percibe una afectación ambiental, transformando la información cuantitativa en una experiencia visual significativa. Este tipo de datos cualitativos resultan esenciales para la toma de decisiones y comprender las reacciones de la población ante este tipo de información, lo que permite analizar cómo estos datos son asumidos e interpretados. En particular, el uso del color y sus propiedades emergen como un lenguaje privilegiado para articular información, emoción y significado, funcionando como un elemento sémico (transmisor de significado) capaz de conectar lo cuantitativo con lo afectivo.</p>

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<p>Desde esta perspectiva, el color se presenta como una herramienta fundamental para la humanización de los datos. A partir de su capacidad semiótica, el color funciona como un modo de significación visual, es decir, un sistema en el que se producen y comunican significados culturalmente compartidos. Como plantean Kress y van Leeuwen (2002), el color no actúa únicamente como un atributo estético, sino como un recurso semiótico que posee una gramática propia y que participa activamente en la construcción de sentido dentro de las imágenes. En este marco, el uso del color permite generar cartografías visibles que facilitan la comunicación sobre la manera en que las personas perciben fenómenos complejos como el cambio climático de forma más directa. Al estar asociado a significados, emociones y experiencias aprendidas socialmente, el color se convierte en un medio de comunicación eficaz para representar sensaciones y datos intangibles que difícilmente podrían expresarse solo mediante valores numéricos.</p>

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<p>Con el fin de ofrecer un panorama más amplio sobre el papel del color y la creación de arte para dar una aproximación sobre el cambio climático y sus efectos medioambientales, este texto se estructura en dos ejes principales: El primero aborda la relación entre arte y clima, analizando prácticas artísticas contemporáneas que utilizan el color y la experiencia sensorial para hacer visibles procesos ambientales complejos. El segundo eje se centra en el arte de datos y, especialmente, en la visualización basada en la percepción como alternativa para la humanización cromática de las cifras. Se propone la cartografía cromática como una estrategia de visualización relacionada con el color, y además, se evidencia el manejo consciente del color para establecer referencias sensoriales y conexiones sémicas que facilitan la comprensión de fenómenos ambientales de manera mucho más completa.<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><span>[1]</span></a></p>

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<h1>Cartografía cromática como mecanismo de visualización de datos</h1>

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<p>La cartografía cromática se entiende, como una estrategia de visualización que traduce datos cuantitativos y cualitativos en configuraciones de color diseñadas para comunicar percepciones, emociones y significados asociados a un territorio o fenómeno específico. A diferencia de las visualizaciones tradicionales que priorizan la representación numérica, la cartografía cromática enfatiza la dimensión sensible del dato, permitiendo una lectura perceptual y afectiva de la información.</p>

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<p>Para comprender su alcance, es necesario diferenciarla de otros tipos de representación visual. Una imagen monocromática se caracteriza por el uso de un solo color variando únicamente sus valores de luminosidad, saturación o intensidad al generar <span>una paleta cromática limitada o neutral —frecuentemente asociada a diagramas de barras o gráficos estadísticos— cuyo objetivo principal es la claridad cuantitativa y la precisión numérica. En contraste, una imagen divergente emplea colores sin una lógica semántica o relacional definida, lo que puede generar impacto visual, pero también ambigüedad interpretativa.</span></p>

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<p>La cartografía cromática se sitúa entre estos dos extremos, al proponer un uso del color controlado y semánticamente articulado, donde las tonalidades, saturaciones y contrastes responden a significados culturalmente aprendidos y a datos específicos. De este modo, el color actúa como un mediador entre información y experiencia. Esta estrategia facilita la comprensión sobre la manera en que las personas perciben y sienten fenómenos como el cambio climático.</p>

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<p>Un ejemplo representativo sobre el color, como elemento plástico y estético con capacidad comunicativa que puede facilitar una mayor aproximación a la comprensión de fenómenos climáticos y medioambientales, es el ejercicio de cartografía cromática con ayuda de la inteligencia artificial, realizado sobre el municipio de Chía, Cundinamarca (Colombia). Esta cartografía se construyó a partir de datos provenientes de diversas investigaciones realizadas principalmente por la Secretaría de Medio Ambiente, la Alcaldía de Chía y la Universidad Militar Nueva Granada, relacionadas con la preocupación de la población frente a los efectos del cambio climático, la transformación del paisaje y la gestión de residuos sólidos. La cartografía convirtió dicha información en gamas tonales asociadas social y culturalmente a sentimientos de incertidumbre y tranquilidad.</p>

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<p>Esta traducción cromática organiza la información de manera visual y activa una lectura sensible del dato y permite comprender la configuración de las percepciones colectivas en relación con el entorno y sus transformaciones. Al final, se estableció una tabla cromática en la que se podía identificar y relacionar fácilmente cuatro conceptos: la incertidumbre, la seguridad, la tranquilidad y el medio ambiente. Esto reconocía, según los porcentajes generados por las investigaciones antes mencionadas, la cantidad de personas dentro de este territorio con mayor incertidumbre sobre este tema (figura 1). En este caso, la cartografía cromática, en articulación con herramientas de inteligencia artificial, ofrece un contexto más situado y comprensible sobre las percepciones ciudadanas frente a problemáticas ambientales específicas.</p>

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<p style=\"text-align: center;\"><strong>Figura 1.</strong> Humanización de datos mediante cartografía cromática de la percepción de los habitantes de Chía, Cundinamarca (Colombia), frente al cambio climático. <em>Fuente:</em> elaboración propia con apoyo de inteligencia artificial Chat GPT 5.2 (2025). El resultado visual no corresponde a una única instrucción (<em>prompt</em>) aislada, sino a la depuración gradual de instrucciones textuales desarrolladas a lo largo de varias interacciones, incorporando datos, correcciones y decisiones curatoriales.</p>

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<p>De esta forma, la propuesta de humanización cromática no se presenta de forma aislada frente a información cuantitativa o “datos duros”, sino como un recurso complementario para ampliar su comprensión. Por ejemplo, en un estudio aplicamos una encuesta a 60 participantes en la que compararon tres modalidades de visualización: (1) un diagrama de barras (imagen monocromática), (2) una imagen con colores aleatorios (imagen divergente) y (3) la cartografía cromática (imagen emocional o sensorial). Los resultados mostraron que el diagrama de barras obtuvo la mayor puntuación en claridad interpretativa, mientras que la cartografía cromática destacó en comprensión general del mensaje, impacto emocional y preferencia global. Esto sugiere que las visualizaciones cromáticas controladas y diseñadas para comunicar y visualizar datos específicos complementan y dan sentido a la información, con la finalidad de generar cercanía experiencial al dato cuantitativo, sin reemplazar la lectura numérica (tabla 1).</p>

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<p style=\"text-align: center;\"><strong>Tabla 1.</strong> Resultados de la encuesta realizada a 60 personas para establecer la claridad interpretativa, capacidad de recordación, comprensión del impacto emocional y preferencia de la imagen, comparando tres tipos de imagen una monocromática (imagen de barras), otra de color divergente (diagrama de líneas con colores aleatorios) y la cartografía cromática (imagen sensorial). La media corresponde al valor promedio obtenido a partir de las respuestas de los participantes para cada variable evaluada. El color de los recuadros permite identificar patrones de comportamiento perceptivo, al cumplir una función analítica y comparativa. Cada color señala, de manera visual, el tipo de respuesta predominante en relación con la variable evaluada: los tonos más claros o neutros indican valores asociados a percepciones de claridad, neutralidad o bajo impacto emocional. Los tonos intermedios señalan respuestas mixtas o percepciones ambivalentes. Los tonos más saturados o intensos destacan las variables donde se registró mayor impacto emocional, preferencia o conexión con el mensaje. Fuente: elaboración propia.</p>

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<p>Los datos evidencian que el manejo tanto de datos duros como sensibles permite un entendimiento más profundo y contribuye a incentivar la toma de acción o la búsqueda de posibles respuestas frente a lo presentado.</p>

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<p>En este contexto, el color funciona como un puente que ayuda a que el problema se entienda y se sienta más cercano. Al comunicar desde un nivel más intuitivo —incluso antes de las palabras— el color permite que personas con distintos conocimientos científicos se acerquen al significado de la visualización sin necesidad de entender datos técnicos complejos. Esta facilidad para percibir y comprender lo que se muestra es clave para que la comunicación sobre el cambio climático se aproxime a más personas y tenga un mayor impacto social.</p>

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<p>Asimismo, el uso del color plantea interrogantes éticos sobre la responsabilidad del diseñador o artista al representar información sensible. La elección cromática no debe ser neutral: puede intensificar la percepción de urgencia, minimizar riesgos o generar interpretaciones sesgadas. Reconocer el carácter semiótico y emocional del color implica asumir una postura crítica frente a su uso, especialmente en contextos de alta relevancia social como el cambio climático.</p>

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<h1><span lang=\"ES\">Arte y clima: entre la representación y la experiencia<o:p></o:p></span></h1>

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<p>Históricamente, la relación entre arte y naturaleza ha sido un campo fértil de exploración simbólica y estética. Sin embargo, en el arte contemporáneo, esta relación se reconfigura desde una perspectiva crítica que reconoce la intervención humana sobre los ecosistemas y las consecuencias del modelo de desarrollo industrial. Se presentan entonces corrientes o practicas artísticas contemporáneas como el ecoarte, el arte ambiental y el <em>climate change art</em> <span>que más allá de representar paisajes naturales, problematizan los vínculos entre la sociedad, la tecnología y el medio ambiente.</span></p>

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<p>A diferencia de la ilustración científica o de la cartografía tradicional, muchas obras de arte climático operan desde la experiencia sensorial directa. Desde esta perspectiva se busca generar una pequeña vivencia de la problemática a tratar, como puede ser el impacto del cambio climático,  para lograr una conexión que permita visualizarla desde los sentimientos.</p>

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<p>En este caso, vale la pena resaltar como ejemplo paradigmático la obra <em>Ice Watch</em><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref1\"><span>[2]</span></a> (2014–2018) de Olafur Eliasson, en colaboración con el geólogo Minik Rosing. En esta intervención, grandes bloques de hielo desprendidos de glaciares de Groenlandia son instalados en espacios urbanos como Londres o París. El espectador puede tocar el hielo, observar su textura, ver su color blanquecino tornarse translúcido y presenciar su derretimiento progresivo. Aunque la obra se basa en datos científicos sobre el deshielo polar, estos no se presentan de forma explícita. Son el color del hielo, su transformación visual y su desaparición gradual los que comunica la urgencia del problema. El blanco, tradicionalmente asociado a pureza o estabilidad, se vuelve frágil, efímero y amenazado.  </p>

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<p>Otro ejemplo que articula de manera precisa arte, tecnología y naturaleza desde un enfoque contemporáneo, se manifiesta en el trabajo de Biersteker (2021), cuyas obras fundamentan el uso de datos científicos para evidenciar, de forma sensible y situada, los efectos de la actividad humana sobre los ecosistemas. En proyectos como <em>WITHER x UNESCO – A Slice of Rainforest Disappearing at The Amazon Deforestation Rate</em><a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref2\"><span>[3]</span></a>, Biersteker traduce información científica sobre la deforestación amazónica en una experiencia visual y material que permite observar, en tiempo real, la desaparición progresiva de los bosques húmedos.</p>

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<p>La obra se basa en datos oficiales sobre las tasas de deforestación, que determinan el ritmo de transformación del material expuesto. Este proceso no se representa de manera simbólica ni ilustrativa, sino que se materializa a través de un sistema tecnológico que controla las condiciones de la pieza, lo que evidencia el deterioro del objeto a medida que los datos avanzan. En este contexto, la tecnología actúa como un mediador entre la información científica y la experiencia perceptiva del espectador, haciendo visible un proceso ambiental que, aunque constante, suele permanecer fuera del campo de percepción cotidiana.</p>

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<p>El uso de las características propias del color resulta esencial en esta propuesta. A medida que el material se degrada, se observa una transición cromática que va de lo opaco a lo translúcido. De esta forma se puede ver la pérdida progresiva de densidad, humedad y vitalidad del ecosistema representado. Además de cumplir con una función estética, esta transformación cromática actúa como un indicador sensible del impacto ambiental, al facilitar una lectura inmediata del proceso de deterioro sin necesidad de recurrir a gráficos o cifras explícitas.</p>

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<p>Desde estas aproximaciones se refuerza la idea de que el color, en el arte ambiental contemporáneo, opera como un lenguaje semiótico capaz de traducir la complejidad de los datos científicos en experiencias perceptivas significativas. En las visualizaciones donde se une tecnología, arte y ambiente, el color no actúa como un recurso ornamental, sino como un mediador que hace visible el impacto humano sobre la naturaleza, y se articula información, emoción y memoria cultural.</p>

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<p>Esta capacidad de transitar entre lo cuantitativo y lo cualitativo permite la visualización de fenómenos como el cambio climático o los efectos devastadores del hombre sobre la naturaleza. Al ser percibidos de forma directa, dejan de ser lejanos o abstractos, pues se manifiestan de forma tangible y comprensible para el espectador a través del arte. En este sentido, el color se configura como un traductor emocional del dato que no reemplaza la información científica, sino que la resignifica desde una dimensión sensible. Aporta a una comprensión más profunda de la crisis ambiental y a la construcción de una conciencia crítica frente a sus consecuencias.</p>

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<h1><span lang=\"ES\">Arte de datos y visualización climática<o:p></o:p></span></h1>

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<p>En las últimas décadas, el cruce entre arte, tecnología y datos ha dado lugar a prácticas híbridas que combinan análisis científico y expresión artística. El denominado arte de datos (<em>data art</em>) utiliza grandes volúmenes de información como materia prima para crear piezas visuales, sonoras o interactivas que reinterpretan los datos desde una perspectiva crítica y estética. En el contexto climático, estas prácticas permiten abordar el problema desde nuevas narrativas visuales que superan la rigidez de los gráficos tradicionales. En lugar de tablas o diagramas, los datos se materializan en formas orgánicas, paisajes visuales o instalaciones inmersivas, donde el color cumple un papel estructural.</p>

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<p>En esta línea se inscribe la propuesta generada por la empresa ARTDATA <em>Emotional Mapping of Climate Change: Humanizing Data through Color and AI</em>, que articula arte de datos, visualización climática e inteligencia artificial, con el objetivo de traducir información científica y social en experiencias y percepciones de carácter sensible. El proyecto se basa en el análisis de datos cualitativos relacionados con emociones y apreciaciones sociales frente al cambio climático, recolectados a partir de discursos en redes sociales, encuestas, informes institucionales y estudios académicos. Estos datos son procesados mediante metodologías de <em>sentiment analysis</em> y procesamiento del lenguaje natural para ser posteriormente traducidos, a través del color, en manchas cromáticas que conforman una cartografía global de sensaciones.</p>

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<p>Este proceso permite el tránsito del dato complejo al dato visual y de lo análogo a lo digital. Facilita una lectura perceptiva y emocional del fenómeno climático. En el caso de la figura 1 ―mencionada anteriormente―, la imagen se obtuvo a partir de un proceso de creación desde lo análogo a lo digital. Como se observa en la figura 2A, la construcción análoga se realiza por medio de notas y la generación de patrones que responden a cada uno de los sentimientos que se buscan visualizar.  Posteriormente, se traducen en manchas distribuidas en el espacio cuya ubicación, espacio y tamaño están determinados por datos científicos que relacionan porcentaje y ubicación por lugar. Dichas manchas se estructuran a partir de líneas características que luego se combinan en capas para integrar los distintos sentimientos representados. El resultado final es un mapa que es digitalizado para mostrar la percepción de los efectos del cambio climático a lo largo del tiempo (figura 2B).</p>

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<p style=\"text-align: center;\"><strong>Figuras 2A-B. </strong><em>Emotional Mapping of Climate Change</em>: proceso análogo (2A) e imagen final digital (2B) para cartografía cromática global de percepciones y emociones asociadas al cambio climático. <strong>Fuente: </strong>Imagen tomada del proyecto <em>Emotional Mapping of Climate Change: Humanizing Data through Color and AI</em>, proyecto de investigación-creación no publicado (Hernández y Córdoba, 2025).</p>

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<p>En este caso, las emociones —como ansiedad, miedo, tristeza, ira, ecoansiedad o sensación de impotencia— se transforman en métricas cuantificables que permiten su posterior traducción visual. A diferencia de las visualizaciones convencionales, la propuesta prioriza el uso del color como lenguaje central para construir cartografías emocionales dinámicas, en las que las variaciones cromáticas, las formas y los efectos visuales encarnan el impacto y la percepción del cambio climático en distintos territorios. De este modo, el color no solo representa información, sino que carga con el peso emocional de las comunidades afectadas, al convertir los datos climáticos en narrativas visuales inmersivas que buscan facilitar la comprensión, generar empatía y activar una reflexión crítica frente a la crisis ambiental.</p>

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<p>El enfoque del color como elemento sémico para mostrar cambios de temperatura o percepción ha sido retomado y ampliado por numerosos artistas que integran sensores, algoritmos y visualización generativa para construir narrativas climáticas dinámicas. En estas propuestas, el color evoluciona en el tiempo, pues trasciende de representar un dato concreto y estático, a responder a datos en tiempo real o a simulaciones de futuros posibles. El resultado es una experiencia visual que enfatiza la dimensión temporal del cambio climático, se hace visible su carácter procesual y acumulativo.</p>

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<p>Esta visualización permite transformar datos abstractos en una experiencia perceptible que desplaza el concepto de representación informativa hacia una comprensión situada y vivencial del fenómeno. Al mostrar el paso del tiempo, la obra interpela al conocimiento y a la experiencia sensible donde se conectan habilidades como la percepción, la interpretación y la afectividad. Las visualizaciones participan activamente en la disputa por el sentido del dato y en la configuración de regímenes de verdad en contextos contemporáneos (Becerra <em>et al</em>., 2026).</p>

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<p>Uno de los aportes más relevantes del arte climático contemporáneo es la incorporación explícita de la dimensión emocional en la comunicación ambiental. Mientras que la ciencia tiende a operar desde la objetividad y la neutralidad, el arte reconoce que las emociones juegan un papel central en la percepción del riesgo y en la toma de decisiones. Aunque los datos aportan información precisa en términos de porcentajes y magnitudes, no logran traducir en su totalidad la experiencia vivida del fenómeno. La ansiedad climática, el miedo, la culpa o la sensación de impotencia constituyen experiencias compartidas que rara vez aparecen representadas en informes técnicos, pero que resultan fundamentales para comprender cómo las personas viven el cambio climático en su cotidianidad. En este sentido, el arte permite hacer visible este plano subjetivo, a través de colores, formas y atmósferas visuales, ampliando la capacidad de sensibilización y comprensión del fenómeno ambiental (Sommer y Klöckner, 2021).</p>

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<p>En este sentido, los elementos artísticos como la textura, la línea o el color se convierten en un vehículo de empatía. Por ejemplo, el uso de las características propias del color —tono, saturación y luminosidad (o valor)— permiten generar cromáticas saturadas, contrastes abruptos o tonalidades apagadas que informan y transmiten estados anímicos colectivos. Al experimentar estas visualizaciones, las personas, además de los datos externos, reconocen emociones propias y ajenas, en una experiencia compartida sobre la crisis climática.</p>

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<p>Desde esta perspectiva, el color se consolida como un elemento relacional, capaz de articular percepción, emoción y sentido, al operar de manera intertextual, activa y transversal dentro de las imágenes (Hernández, 2024). Su uso estratégico dentro de las visualizaciones climáticas activa procesos de identificación y reconocimiento que trascienden la lectura descriptiva e informativa, situando al espectador dentro de una experiencia de comunicación más amplia donde los datos adquieren una dimensión social y afectiva. En este sentido, el color estructura la narrativa visual, y actúa como un mediador simbólico que conecta la experiencia estética con problemáticas éticas y sociales.</p>

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<p>Además, esta activación perceptiva y afectiva sitúa al color como un operador de sentido y vehículo emocional donde se refuerza su rol como puente entre datos, cultura y sociedad tal y como lo evidencian Hernández y Oliveros (2023). Lejos de reducir la complejidad del fenómeno, la visualización de datos vinculada al cambio climático a través del color permite integrar dicha complejidad en una narrativa visual que refleja la multiplicidad de experiencias humanas frente al cambio climático. En este marco, la articulación entre arte y ciencia posibilita formas de comunicación más sensibles y comprensivas, capaces de traducir datos científicos en experiencias visuales que favorecen la empatía y la comprensión pública del cambio climático (Lustig <em>et al</em>., 2025).</p>

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<h1><span lang=\"ES\">Conclusiones: el color como puente entre datos, arte y sociedad<o:p></o:p></span></h1>

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<p>Cuando el cambio climático se comunica únicamente a través de cifras y reportes técnicos, suele percibirse como un problema lejano y difícil de asimilar. Frente a esto, el color permite traducir los datos en experiencias perceptibles, al visibilizar dimensiones cualitativas que normalmente permanecen abstractas. Más que un recurso visual atractivo, el color actúa como un lenguaje que facilita comprender qué representan realmente los datos y cómo se relacionan con la vida cotidiana. Las experiencias revisadas muestran que una lectura completa del dato no depende solo de la razón, sino también de la percepción, ya que emociones, contextos y territorios influyen en la forma en que la información es interpretada. Desde esta perspectiva, es posible humanizar los datos al tomarlos como un sistema complejo que puede ser simplificado para el espectador desde los propios elementos artísticos. De esta forma, y sin perder información, pueden volverse comprensibles, cuestionables y útiles para pensar críticamente y actuar frente a los cambios que afectan a la naturaleza.</p>

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<p>Desde esta mirada, el arte ofrece una gran variedad de posibilidades para poder mostrar y comunicar temas complejos que atañen a problemas sociales. Se abre una ventana desde la interdisciplinariedad a nuevas posibilidades y se genera un puente de comunicación distinto, más holístico y cohesionado. La visualización cromática contribuye a tomar decisiones y emprender acciones de manera más informada, al relacionar los datos con sus consecuencias sensibles. Se favorece a una lectura crítica frente a la gran cantidad de seudodatos y representaciones manipuladas que circulan con facilidad especialmente en entornos digitales, ya que la percepción es uno de los elementos clave al leer las imágenes, textos o datos. Por lo tanto, la incorporación de la dimensión sensible en la lectura de datos y la toma de decisiones alrededor de los mismos, así como el trabajo con los datos desde la percepción y el contexto, permite identificar con mayor claridad cuando una visualización está basada en información sólida y datos concretos y cuando, por el contrario, simplifica, exagera o distorsiona la realidad.</p>

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<p>El uso consciente del color y de estrategias sensibles exige que los datos mantengan coherencia  con la experiencia situada que representan. Este enfoque permite distinguir entre imágenes visualmente impactantes pero carentes de sustento, y aquellas narrativas visuales que además de apelar a la emoción, se apoyan en una base informativa sólida. De este modo, al integrar datos cualitativos y cuantitativos, la visualización cumple una función informativa y también fomenta una lectura critica orientada a cuestionar, comparar y discernir entre información fundamentada y construcciones visuales que no reflejan de manera fiel la complejidad de los fenómenos que intentan representar.</p>

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<h1><span lang=\"ES\">Referencias bibliográficas<o:p></o:p></span></h1>

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<p>Proponemos estas fuentes para que las personas interesadas en el tema puedan profundizar sus conocimientos frente a la relación entre el arte, la ciencia y las maneras en las que se comunica el cambio climático.</p>

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<h2><span lang=\"ES\">Listado de referencias<o:p></o:p></span></h2>

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<p>Bentz, J. (2020). Learning About Climate Change In, With and Through Art. <em>Climatic Change, 16</em>2(3), 1595–1612. <a href=\"https://doi.org/10.1007/s10584-020-02804-4\">https://doi.org/10.1007/s10584-020-02804-4</a></p>

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<p>Biersteker, T. (2021). <em>WITHER – A Slice of Rainforest Disappearing at the Amazon Deforestation Rate</em> [Obra digital]. <a href=\"https://thijsbiersteker.com/wither-2021?utm_source=chatgpt.com\">https://thijsbiersteker.com/wither-2021</a></p>

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<p>Becerra, J., Hernández, J. y Rodriguez, J. (2026). Data Wars. The Struggle Between Factual Data and Pseudodata in Western Society. <em>International Review of Sociology</em>. Publicación anticipada. <a href=\"https://doi.org/10.1080/03906701.2025.2608791\">https://doi.org/10.1080/03906701.2025.2608791</a>.</p>

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<p>Hernández, J. y Córdoba, C. (2025). <em>Emotional Mapping of Climate Change: Humanizing Data through Color and AI </em>[Proyecto de investigación-creación no publicado]. ARTDATA.</p>

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<p>Hernández, J.D. (2024). <em>El color intertextual, activo y transversal en la ilustración de cuentos clásicos: una mirada artístico-práctica a Blancanieves y Alicia en el País de las Maravillas a lo largo de los siglos XIX y XX</em>. [Tesis doctoral, Universitat Politècnica de València]. <a href=\"https://doi.org/10.4995/Thesis/10251/213916\">https://doi.org/10.4995/Thesis/10251/213916</a></p>

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<p>Hernandez, J. y Oliveros Aya, C. (2023). El color en los cuentos de hadas y los derechos humanos: la transversalidad del color detrás de la narrativa de Alicia y Blancanieves. <em>Novum Jus</em>, <em>17</em>(2), 301–328.  <a href=\"https://novumjus.ucatolica.edu.co/article/view/5219\">https://novumjus.ucatolica.edu.co/article/view/5219</a></p>

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<p>Lustig, A. R., Crimmins, A. R., Snyder, M. O., Tanner, L. y van Coller, I. (2025). Bringing Art and Science Together to Address Climate Change.<em> Climatic Change, 178</em>(3), 47. <a href=\"https://doi.org/10.1007/s10584-025-03861-3\">https://doi.org/10.1007/s10584-025-03861-3</a></p>

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<p>Sommer, K. y Klöckner, C. A. (2021). Does Activist Art have the Capacity to Raise Awareness in Audiences? —A study on Climate Change Art at the ArtCOP21 Event in Paris. <em>Psychology of Aesthetics, Creativity, and the Arts</em>, <em>15</em>(1), 60–75. <a href=\"https://doi.org/10.1037/aca0000247\">https://doi.org/10.1037/aca0000247</a></p>

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<h2><span lang=\"ES\">Fuentes sugeridas para consulta<o:p></o:p></span></h2>

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<p>Hernández, J. (2023). El color como elemento sémico y narrativo de características políticas y socioculturales en la ilustración de cuentos clásicos. <em>Cultura Latinoamericana</em>, <em>1</em>(37), 194–207. <a href=\"https://editorial.ucatolica.edu.co/index.php/RevClat/article/view/5441\">https://editorial.ucatolica.edu.co/index.php/RevClat/article/view/5441</a></p>

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<p>Hernández, J. (2023). <em>Características graficas del color en la elaboración de propuestas creativas</em> [documento de trabajo]. Grupo de investigación Imagen, Diseño y Sociedad, Comunidad de Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad Santo Tomás.  <a href=\"http://hdl.handle.net/11634/50955\">http://hdl.handle.net/11634/50955</a></p>

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<p>Kress, G. y van Leeuwen, T.. (2002). Colour as a Semiotic Mode: Notes for a Grammar of Colour.<em> Visual Communication</em>, <em>1</em>(3), 343–368. <a href=\"https://doi.org/10.1177/147035720200100306\">https://doi.org/10.1177/147035720200100306</a></p>

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<p>Kennedy, H., Hill, R. L., Allen, W. y Kirk, A. (2016). Engaging with (Big) Data Visualizations: Factors that Affect Engagement and Resulting New Definitions of Effectiveness. <em>First Monday</em>, <em>21</em>(11). <a href=\"https://doi.org/10.5210/fm.v21i11.6389\">https://doi.org/10.5210/fm.v21i11.6389</a></p>

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<p>Lupi, G. (2017). <em>Data Humanism: My Manifesto for a New Data World</em>. <a href=\"http://giorgialupi.com/data-humanism-my-manifesto-for-a-new-data-wold\">http://giorgialupi.com/data-humanism-my-manifesto-for-a-new-data-wold</a></p>

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<p>Luna Pereira, H. O., Rueda Vera, G. y Avendaño Castro, W. R. (2021). Jóvenes universitarios frente al cambio climático: percepciones, representaciones y acciones<em>. Boletín REDIPE, 10</em>(9), 199–222. <a href=\"https://revista.redipe.org/index.php/1/article/view/1437\">https://revista.redipe.org/index.php/1/article/view/1437</a></p>

\n

<p>Guerrero del Cueto, M. (2023). El papel del diseño en la percepción de visualizaciones de datos: Fundamentos teóricos y conceptuales. <em>I+Diseño. Revista Científico-Académica Internacional De Innovación, Investigación Y Desarrollo En Diseño</em>, <em>18</em>, 23–36. <a href=\"https://doi.org/10.24310/idiseo.18.2023.17867\">https://doi.org/10.24310/idiseo.18.2023.17867</a></p>

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<p>Muñoz-Pico, H. P. y León, B. (2024). El sesgo de atención a las imágenes del cambio climático y su incidencia en el compromiso ciudadano<em>. Palabra Clave, 27</em>(4), e2745. <a href=\"https://doi.org/10.5294/pacla.2024.27.4.5\">https://doi.org/10.5294/pacla.2024.27.4.5</a></p>

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<p>Rea, N. (2018, 11 de diciembre). Olafur Eliasson’s Ice Watch London: The World’s Most Dramatic Climate-Change Installation. <em>Artnet News</em>. <a href=\"https://news.artnet.com/art-world/olafur-eliasson-ice-watch-london-1416811\">https://news.artnet.com/art-world/olafur-eliasson-ice-watch-london-1416811</a></p>

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<h2><span lang=\"ES\">Notas al pie<o:p></o:p></span></h2>

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<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]</a> Es importante aclarar que el color se establece primero desde un plano sensorial: se genera desde los estímulos visuales mediante la recepción de la luz, lo que  provoca distintas sensaciones (tensión, calidez, entre otras), que son interpretadas culturalmente y relacionadas con experiencias personales, contextos socio-culturales o simbólicos, y se conectan con sentimientos como tranquilidad, incertidumbre, alerta o inquietud.</p>

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<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn1\">[2]</a><em>Ice Watch</em>, instalación de Olafur Eliasson en Londres. <a href=\"https://olafureliasson.net/artwork/ice-watch-2014/\">https://olafureliasson.net/artwork/ice-watch-2014/</a></p>

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<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[3]</a> La obra se puede visualizar en la página web del artista: <a href=\"https://thijsbiersteker.com/wither-2021\">https://thijsbiersteker.com/wither-2021</a></p>

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<h1><span lang=\"ES\">Sobre este artículo de Diálogos<o:p></o:p></span></h1>

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<p>Manuscrito preparado para <em>Diálogos</em>, en el marco de la propuesta de coproducción audiovisual “<strong>Emociones y sensaciones frente al cambio climático: una mirada desde las artes y las nuevas tecnologías</strong>”, desarrollada por <a href=\"https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/index\"><em>Naturaleza y Sociedad. Desafíos Medioambientales</em></a> y <a href=\"https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/antipoda\"><em>Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología</em></a>. Este proyecto contó con apoyo financiero de la convocatoria “Nuevos formatos de comunicación científica” de Revistas Uniandes y la Vicerrectoría de Investigación y Creación de la Universidad de los Andes (Colombia).</p>

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<h2><span lang=\"ES\">Declaración de uso de inteligencia artificial generativa<o:p></o:p></span></h2>

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<p>La autora del artículo declara que ha empleado inteligencia artificial generativa para hacer revisión de estilo en el texto, así como para la generación de la figura 1. Para la redacción, se utilizó ChatGPT 5.2. y el <em>prompt </em>aplicado fue el siguiente: <em>revisa la redacción y estilo de este texto, sin cambiar la idea o proponer una nueva. Quiero que permanezca la idea original, solo con cambios de redacción si es necesario.</em></p>

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<h2><span lang=\"ES\">Sobre la autora<o:p></o:p></span></h2>

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<p><strong>Jeice Dayanna Hernández Contreras</strong>: PhD en Arte: Investigación y Producción. Docente investigadora del programa de Diseño de la Facultad de Comunicación y Creación de la Universidad Santo Tomás de Bogotá. Líneas de investigación: Visualización y humanización de datos, análisis de la imagen y color, diseño para la transformación social. Últimas publicaciones: Becerra, J., Hernández, J. y Rodríguez, J. (2026). Data wars. The Struggle Between Factual Data and Pseudodata in Western Society. <em>International Review of Sociology</em>, 1-15. <a href=\"https://doi.org/10.1080/03906701.2025.2608791\">https://doi.org/10.1080/03906701.2025.2608791</a>;  Hernandez, J. y Oliveros Aya, C. (2023). El color en los cuentos de hadas y los derechos humanos: la transversalidad del color detrás de la narrativa de Alicia y Blancanieves. <em>Novum Jus</em>, <em>17</em>(2), 301–328. <a href=\"https://doi.org/10.14718/NovumJus.2023.17.2.12\">https://doi.org/10.14718/NovumJus.2023.17.2.12</a>.   <a href=\"mailto:jeiceh@gmail.com\">jeiceh@gmail.com</a> - <a href=\"mailto:jeicehernandez@usta.edu.co\">jeicehernandez@usta.edu.co</a> ORCID: <a href=\"https://orcid.org/0000-0002-1486-1333\">https://orcid.org/0000-0002-1486-1333</a></p>

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<blockquote>\n

<p><span>Cuando el cambio climático se comunica únicamente a través de cifras y reportes técnicos, suele percibirse como un problema lejano y difícil de asimilar. Frente a esto, el color permite traducir los datos en experiencias perceptibles, al visibilizar dimensiones cualitativas que normalmente permanecen abstractas. Más que un recurso visual atractivo, el color actúa como un lenguaje que facilita comprender qué representan realmente los datos y cómo se relacionan con la vida cotidiana. </span></p>

\n</blockquote>

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		<title>Comunicación pública de la ciencia en Brasil</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Feb 2026 20:12:51 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Número 14 &#8211; Tema libre La experiencia brasileña sobre la conservación ambiental en la voz de Carlos Joly. Acción conjunta entre investigación científica, gestión y comunicación pública de la ciencia https://doi.org/10.53010/nys.dia.11 Julieta Vignale Universidad Nacional de Cuyo y Universidad Nacional de Río Negro (Argentina) Germana Barata Universidade Estadual de Campinas (Brasil) Las problemáticas ambientales y [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" src="https://naturalezaysociedad.blob.core.windows.net/dialogos/banner/nys_banner.jpg" alt=""></p>
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<h4><a href="https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/article/view/12378">Número 14 &#8211; Tema libre</a></h4>
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<h1>
<p>La experiencia brasileña sobre la conservación ambiental en la voz de Carlos Joly. Acción conjunta entre investigación científica, gestión y comunicación pública de la ciencia</p>
</h1>
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<p><a href="https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/article/view/12378">https://doi.org/10.53010/nys.dia.11</a></p>
</p>
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<h3><strong>Julieta Vignale</strong></h3>
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<p>Universidad Nacional de Cuyo y Universidad Nacional de Río Negro (Argentina)</p>
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<h3><strong>Germana Barata</strong></h3>
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<p>Universidade Estadual de Campinas (Brasil)</p>
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<h4>Las problemáticas ambientales y las tensiones presentes ante los desarrollos productivos son temas que requieren análisis en la agenda sobre el ambiente y el cambio climático en Latinoamérica. La articulación entre ciencia, gestión estatal y comunidad resulta fundamental para pensar en la formulación, aplicación y seguimiento de políticas públicas ambientales que persigan la reducción de la pérdida de biodiversidad en la región. A partir del diálogo con el biólogo, investigador y reconocido ecologista Carlos Joly, se presenta la experiencia del Programa <em>Biota </em>en Brasil, como caso modelo sobre políticas de conservación y restauración de la selva y ecosistemas de la mata atlántica. El intercambio pone en valor la comunicación de la ciencia fuera del ámbito académico, junto a la formación de posgrado y estrategias de divulgación sobre concientización y preservación del ambiente. El especialista advierte la complejidad de factores que intervienen en esta problemática, que determinan la continuidad o ruptura de políticas ambientales ante la coyuntura política y cambios de legislación. En este sentido, la entrevista profundiza sobre acciones de restauración concretadas en municipios paulistas, como también sobre controversias sectoriales en virtud de la matriz productiva brasileña, alternativas posibles y la agenda de debate en la COP30.</h4>
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<h1>Introducción</h1>
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<p>En un mundo en permanente aceleración, con impactos del cambio climático, el uso de tecnologías de información y de la inteligencia artificial para interpretar metadatos, las problemáticas ambientales requieren un espacio de debates y consensos a raíz de su múltiple impacto en las esferas social, cultural, sanitaria y productiva. La biodiversidad es la base de los servicios ecosistémicos y está amenazada por el cambio climático. En este sentido, la investigación, preservación, y concientización sobre la conservación de la biodiversidad se hacen cada vez más necesarias para la sostenibilidad de nuestros ecosistemas, la transformación de conductas humanas y mejoras en las condiciones de vida.</p>
<p>Brasil es líder en la concentración de biodiversidad de la flora y fauna en el mundo (CDB, 2017). Casi la mitad de su territorio está protegido y la Amazonía representa un elemento estratégico para el equilibrio climático global. Deforestación, incendios, tempestades y sequías son factores que desequilibran y aceleran la pérdida de biodiversidad en la región. La Amazonía produce una gran cantidad de evaporación que se distribuye a otras regiones de Brasil: los llamados «ríos voladores», que se ven directamente afectados por la deforestación, lo que genera daños en las regiones centro-oeste y sureste de Brasil, así como en otras regiones de los países andinos (Peña-Claros y Nobre, 2023).</p>
<p>Para conocer a fondo un caso latinoamericano representativo sobre conservación ambiental que articula ciencia, formación, gestión pública y comunicación de las ciencias, el Dr. Carlos Joly —profesor emérito en el Instituto de Biología de la Universidade Estadual de Campinas (Unicamp)— expone la iniciativa del Programa <em>Biota</em> (Programa de Investigación en Caracterización, Conservación, Restauración y Uso Sostenible de la Biodiversidad) de la Fundación de Apoyo a la Investigación del Estado de São Paulo (FAPESP). Este se creó en 1999 para mapear y analizar la biodiversidad de fauna, flora y microorganismos, y evaluar sus posibilidades de explotación sostenible con potencial económico y de apoyo a políticas de conservación de remanentes forestales. <em>Biota</em> es reconocido como un Instituto Virtual de Biodiversidad, resultado de la articulación de la comunidad científica del Estado de São Paulo, que acoge las premisas defendidas por la Convención sobre la Diversidad Biológica (firmada en la ECO-92 y ratificada por el Congreso Nacional de Brasil en 1994).</p>
<p>Joly comparte su contribución desde el laboratorio y la academia, hacia la articulación entre ciencia y gestión pública en el estado de São Paulo, como Copresidente del Panel Multidisciplinario de Expertos de la Plataforma Brasileña para Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES–ONU) y del Programa <em>Biota–</em>FAPESP, y en su rol de Coordinador de la Plataforma Brasileña de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (BPBES). Actualmente, es editor en jefe de revista <em>Biota Neotrópica</em><a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><span>[1]</span></a> y miembro de la Academia Brasileña de Ciencias. Ha sido reconocido por su trabajo científico (con más de 100 artículos publicados y más de una decena de libros) y galardonado en diversas oportunidades con los Premios Henry Ford, el Premio Científico Joven del CNPq (Conselho Nacional de Desenvolvimento Científico e Tecnológico), la Medalla al Mérito Científico del Gobierno Federal y el Premio Muriqui de la Reserva de la Biosfera del Bosque Atlántico.</p>
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<h1>Encuadre de desarrollo de la entrevista</h1>
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<p>La entrevista con Joly tuvo lugar en el Laboratorio de Estudios Avanzados en Periodismo (Labjor) de la Unicamp, en el contexto de la movilidad académica de posgrado del Programa CAPES–Move la América, desarrollada en el Laboratorio de Periodismo Científico (Labjor) (Campinas, São Paulo). El diálogo recorre temas sobre política y legislación ambiental en Brasil, controversias locales entre la matriz productiva y el ambiente, las diferentes acciones de conservación y restauración de la selva en São Paulo como referencia regional para Latinoamérica, la importancia de la educación ambiental y la ampliación de la divulgación y la ciencia ciudadana. El botánico analiza los orígenes de lo que hoy es el mayor programa de biodiversidad de Brasil, las interacciones entre ciencia y sociedad, y la comunicación como herramienta de diálogo e incorporación de demandas sociales a las políticas ambientales. Esta conversación adquiere relevancia de cara a la organización y desarrollo de la COP30 en Brasil en noviembre de 2025.</p>
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<h4><span lang="ES"><strong>Julieta Vignale-Germana Barata (J-G): ¿De qué manera inició el ejercicio de divulgación sobre sus preocupaciones, discusiones y pesquisas respecto a la conservación y restauración de la biodiversidad fuera del ámbito académico?</strong><o:p></o:p></span></h4>
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<p><strong>Carlos Joly (CJ): </strong>Durante gran parte de mi carrera académica dividí mi tiempo entre la investigación de laboratorio, centrada principalmente en la ecofisiología vegetal y la conservación. Mi primer proyecto de la FAPESP, por ejemplo, se centró en la Serra do Japi, generando información biológica para justificar la designación de la sierra como sitio patrimonial. Durante este proceso, el profesor Aziz Ab&#8217;Sber, geógrafo, se centró principalmente en las fuentes hídricas y en el origen geológico de la cordillera. Sin embargo, faltaba información biológica. Era una zona que comenzaba a convertirse en un centro de condominios de lujo para que los paulistas pasaran el fin de semana, y antes de que esto se apoderara de la cordillera, fue declarada sitio patrimonial. Y, por supuesto, hubo mucha oposición a la designación, por lo que generar información [científica] fue tan importante. Así pues, este tema de conservación en el estado de São Paulo —en Brasil en general— siempre se ha topado con detractores, como los grandes grupos económicos. En consecuencia, nuestras acciones solían ser noticia.</p>
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<h4><span lang="ES"><strong>(J-G): ¿Recuerda su primera nota en medios de comunicación?</strong><o:p></o:p></span></h4>
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<p><strong>(CJ):</strong> Creo que mi primera experiencia hablando con un público no académico fue en columnas como <em>Tendências e Debates</em> en <em>Folha de São Paulo</em><a href="#_ftn2" name="_ftnref1"><sup>[2]</sup></a>. En aquel entonces, la revista que se publicaba era <em>Grupo Estado de São Paulo</em>, que tenía una amplia sección dedicada a la conservación porque su editor estaba muy involucrado en ella; uno de los fundadores de la organización no gubernamental para la protección de la Mata Atlántica, SOS Mata Atlântica<a href="#_ftn3" name="_ftnref2"><sup>[3]</sup></a>, por ejemplo. Así que también teníamos una sección allí. Esto fue de 1983 a 1986 y mi trabajo se centró en la Serra do Japi<a href="#_ftn4" name="_ftnref3"><sup>[4]</sup></a>.</p>
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<h4><span lang="ES"><strong>(J-G): ¿Cuál fue el siguiente proyecto en el que se involucró con el gobierno local?</strong></span></h4>
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<p><strong>(CJ):</strong> A finales de 1986, comencé a trabajar en otro proyecto en el centro geográfico del estado de São Paulo, en el municipio de Brotas, en la cuenca del río Jacaré Pepira. Este proyecto fue impulsado por el Consejo Municipal de Medio Ambiente, pues algunos de sus miembros estaban preocupados por el deterioro del río. A pesar de estar en el centro de São Paulo, se hallaban peces como el dorado [<em>Salminus brasiliensis</em>], que tienen requisitos de hábitat muy exigentes. Observaban que el municipio dependía en gran medida de la agricultura y la ganadería, y comenzaba a industrializarse, principalmente en curtido y procesamiento de cuero, que son altamente contaminantes. Había un ingenio azucarero bastante grande. En ese momento, no existía mucha legislación sobre el vertido de residuos de ingenio al río. En resumen, existía una preocupación más allá de las aguas residuales domésticas que se vertían a dicho cuerpo de agua, así que nos interesamos en trabajar allí. Por suerte, nos llamaron porque había una nueva avenida que se inundaba con frecuencia y se volvía intransitable. Sugerimos una solución: habían cortado el sistema de drenaje forestal, lo que provocó inundaciones. Instalar sistemas de drenaje solucionaría el problema. Esto generó cierta confianza en el gobierno municipal.</p>
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<h4><span lang="ES"><strong>(J-G):  ¿Cuál era el contexto municipal y la preocupación local de ese momento?</strong></span></h4>
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<p><strong>(CJ):</strong> En ese entonces, un proyecto del gobierno estatal y la Fundación Faria Lima comenzó a evaluar la posibilidad de que los comités de cuenca gestionaran los recursos hídricos. La cuenca del río Jacaré Pepira, que involucró a 15 municipios, fue un proyecto pequeño para tal prueba, pero —junto con nuestro trabajo— hubo una iniciativa gubernamental integral que también se centró en la protección de los recursos hídricos. Y esto funcionó muy bien en conjunto, porque nuestro proyecto trataba sobre la restauración de los bosques riparios, cuando aún se hablaba relativamente poco sobre la restauración para proteger el río de la erosión y la sedimentación (cuando el suelo se filtra al río y obstruye el cauce debido a la erosión), pero también para reducir la cantidad de pesticidas y fertilizantes aplicados en la agricultura que afectan al agua. Así que comenzamos, utilizando un remanente de bosque en la región, investigamos especies de árboles, recolectamos semillas y producimos plántulas. Todo esto parece muy simple, pero hay mucha investigación detrás.</p>
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<h4><span lang="ES"><strong>(J-G): ¿Dónde realizaban estas prácticas investigativas y cómo las implementaron? </strong></span></h4>
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<p><strong>(CJ):</strong> En aquel entonces, usábamos mucho el Parque Ecológico Unicamp. Su objetivo era reemplazar los árboles exóticos del campus con especies nativas. Allí había un gran vivero de árboles nativos. Gracias a él, pudimos producir plántulas y comenzamos a replantar de acuerdo con la legislación. En aquel entonces, el Código Forestal establecía que para un río de ese tamaño —de unos 10 metros de ancho, quizá un poco más— era necesario preservar 30 metros a cada lado del cauce.</p>
<p>Nos pusimos en contacto con los cañaverales y acordamos que, una vez realizada la cosecha, delimitaríamos las áreas de restauración utilizando curvas de nivel: la última curva antes de llegar al río marcaría el inicio de la zona destinada a la reforestación. </p>
<p>Con el ganado fue un poco más difícil, porque era necesario colocar una cerca para evitar que entrara y pisoteara. Pero tras un largo diálogo, conseguimos algunas áreas importantes para la fase inicial, en los primeros tres o cuatro años del proyecto. Al principio, pensaron que estábamos locos por intentar replantar bosque. Pero el ayuntamiento tiene un gran poder de persuasión, ya que es responsable de los caminos que conectan las fincas con las carreteras pavimentadas. Así, en un programa de mantenimiento de carreteras, se podría priorizar a las fincas que participen en el proyecto, por ejemplo.</p>
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<h4><span lang="ES"><strong>(J-G): ¿Cómo inició este proyecto de restauración? </strong></span></h4>
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<p><strong>(CJ):</strong> Tuvimos dos estudiantes venezolanos que vinieron aquí a cursar su doctorado porque la tesis de pregrado en Venezuela es como una maestría, muy extensa, y queríamos que contara como maestría. Se quedaron aquí poco más de un año y, mientras estaban aquí implementaron un proyecto para medir la erosión del suelo: una porción de tierra que permanecía desnuda todo el año, una porción con pasto o caña de azúcar, y una parcela dentro del bosque. Y demostraron la enorme diferencia que el bosque marcaba en la prevención de la erosión. Con estos datos, logramos convencer al ingenio azucarero de que colaborara con quienes les vendían caña de azúcar para que también participaran en el proceso. Así, poco a poco, el proyecto avanzó y tuvimos un programa de radio.</p>
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<h4><span lang="ES"><strong>(J-G): ¿Podría contar esa experiencia de radio? ¿En qué consistía y qué contenidos transmitían para contribuir al proyecto de biodiversidad?</strong></span></h4>
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<p><strong>(CJ):</strong> Los sábados teníamos como media hora —un poco más, un poco menos—, para hablar de lo que hacíamos y por qué era importante presentar datos y responsabilizar a algunas personas. Así que, de nuevo, era un lenguaje para personas no académicas, en un medio que nunca había experimentado: la radio. El proyecto duró 10 años. Demostramos que era posible restaurar el bosque y parte de los servicios ecosistémicos, es decir, se contaba con una arquitectura forestal que servía para estabilizar el suelo y filtrar pesticidas y fertilizantes. Pero no profundizamos en determinar si este bosque se convertiría en un bosque vivo, capaz de restablecerse con plantas y otras especies. En ese contexto, creo que sí, porque había varias áreas de bosque nativo a lo largo del río. Así que existían fuentes de semillas, plántulas y animales. El principal problema es que no disponemos de los dispersores, las ratas, las pacas [<em>Cuniculus pacas</em>] ni el agutí brasileño [<em>Dasyprocta leporinas</em>] en los bosques para dinamizarlos. Pero finalizamos el proyecto y teníamos un vivero que producía unas 500 000 plántulas al año. Lo usamos para capacitar a los reclusos (jóvenes que habían estado en prisión en la época de la Fundación Estatal para el Bienestar del Menor [FEBEM]) sobre plántulas y cuidado del sitio.</p>
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<h4><span lang="ES"><strong>(J-G): ¿Y eso siempre se realizó en articulación con el municipio?</strong></span></h4>
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<p><strong>(CJ):</strong> Los sábados teníamos como media hora —un poco más, un poco menos—, para hablar de lo que hacíamos y por qué era importante presentar datos y responsabilizar a algunas personas. Así que, de nuevo, era un lenguaje para personas no académicas, en un medio que nunca había experimentado: la radio. El proyecto duró 10 años. Demostramos que era posible restaurar el bosque y parte de los servicios ecosistémicos, es decir, se contaba con una arquitectura forestal que servía para estabilizar el suelo y filtrar pesticidas y fertilizantes. Pero no profundizamos en determinar si este bosque se convertiría en un bosque vivo, capaz de restablecerse con plantas y otras especies. En ese contexto, creo que sí, porque había varias áreas de bosque nativo a lo largo del río. Así que existían fuentes de semillas, plántulas y animales. El principal problema es que no disponemos de los dispersores, las ratas, las pacas [<em>Cuniculus pacas</em>] ni el agutí brasileño [<em>Dasyprocta leporinas</em>] en los bosques para dinamizarlos. Pero finalizamos el proyecto y teníamos un vivero que producía unas 500 000 plántulas al año. Lo usamos para capacitar a los reclusos (jóvenes que habían estado en prisión en la época de la Fundación Estatal para el Bienestar del Menor [FEBEM]) sobre plántulas y cuidado del sitio.</p>
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<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2026/02/1.-A%CC%81rea-de-Mata-Ciliar-restaurada-nas-margens-do-Rio-Jacare%CC%81-Pepira-Brotas-Sa%CC%83o-Paulo-Brasil-1996.-gigapixel.jpg" alt="Área de bosque ribereño restaurado a orillas del río Jacaré Pepira, Brotas, São Paulo - Brasil, 1996."></p>
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<p style="text-align: center;"><strong>Figura 1.</strong> Área de bosque ribereño restaurado a orillas del río Jacaré Pepira, Brotas, São Paulo &#8211; Brasil, 1996. Fuente: Carlos Joly.</p>
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<h4><span lang="ES"><strong>(J-G): ¿Cuál fue el proceso de divulgación del conocimiento sobre la biodiversidad en otros medios de comunicación?</strong></span></h4>
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<p><strong>(CJ):</strong> Estas experiencias me enseñaron a pensar en la comunicación fuera de la universidad. En 1995, iniciamos conversaciones en la FAPESP para crear el Programa Biota<a href="#_ftn5" name="_ftnref1"><sup>[5]</sup></a>, una línea de inversión para proyectos sobre biodiversidad que se estableció en 1999. Esta comunicación externa fue importante, pero también comencé a colaborar extensamente con la revista <em>Pesquisa FAPESP</em><a href="#_ftn6" name="_ftnref2"><sup>[6]</sup></a>, que aún estaba en sus inicios. Estaba evolucionando de un boletín para la comunidad académica a una revista para la sociedad. Siempre que podíamos, publicábamos artículos, entrevistas y discursos. Propusimos realizar exposiciones, así que la primera fue sobre la biodiversidad del estado, y se realizó en São Paulo, inaugurada en el espacio del Citibank —antiguo banco de São Paulo—, una galería que conectaba la Avenida Paulista con la Alameda Santos. Luego circuló por todo el estado gracias a una colaboración que establecimos con el SESC (Serviço Social do Comércio). Aprendí mucho de la persona que organizó la exposición. Después, en colaboración con <em>Natura</em> y <em>TV Cultura</em>, produjimos cuatro videos de 50 minutos sobre el Programa <em>Biota</em>, que se estrenaron durante Río+10, mientras Globo cubría Río+10 en Johannesburgo. <em>TV Cultura </em>transmitió estos videos. Era un lenguaje diferente. Descubrir, por ejemplo, que trabajaría en una sala de edición… la locura y el agotamiento de trabajar con plazos de entrega ajustados. Estos videos aún existen y se utilizan inclusive en algunas escuelas.<a href="https://revistapesquisa.fapesp.br/es"></a></p>
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<h4><span lang="ES"><strong>(J-G): ¿Cuál ha sido el impacto de la innovación metodológica, tras el largo recorrido de <em>Biota</em>?</strong></span></h4>
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<p><strong>(CJ):</strong> <em>Biota </em>se creó a lo largo de 10 años. Descubrimos que habíamos sido extremadamente ingenuos con <em>Biota</em>, pensando que habíamos creado una base de datos —la primera en Brasil de acceso abierto y público— donde se podía ingresar toda la información de las especies. Digamos que era información simplificada, porque se trata de una distribución de la ocurrencia de las especies.</p>
<p>Pero eso era todo. Para quienes no tenían nada, ya era un gran paso, y era lo posible en ese momento. Con eso, imaginamos que los responsables de la toma de decisiones podrían consultar esa base de datos y actuar. Pero descubrimos que no es así como funciona. Para que la información sea útil, debe estar en el lenguaje de los tomadores de decisiones. Entre 2007 y 2009, trabajamos conjuntamente con la Secretaría de Medio Ambiente y con ONG, que contaban con metodologías más especializadas para traducir los datos a un formato útil para los decisores. Refinamos los datos creando matrices que permitían establecer un ranking de prioridades para, por ejemplo, crear nuevas unidades de conservación. Pero debido al costo económico y político para crearlas, este fue el mecanismo que menos utilizamos. Analizamos principalmente la restauración de la vegetación nativa: dónde era necesaria, cuál era el conjunto mínimo de especies necesario para la restauración y cómo debía llevarse a cabo este proceso. Varias de estas decisiones se incorporaron a la legislación. Tuvieron un impacto significativo, sobre todo porque tanto los decretos, leyes y resoluciones del Gobierno se basaron en los resultados de <em>Biota</em>. El programa siempre aparecía en sus considerandos, algo sin precedentes para un programa de investigación, y esto fortaleció mucho la posición del Programa en el ámbito de la FAPESP. Sin duda, este diálogo con la Secretaría de Medio Ambiente fue de suma importancia para que, en 2010, la FAPESP renovara por 10 años más el apoyo a <em>Biota</em>.</p>
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<h4><span lang="ES"><strong>(J-G): ¿Cuál es el diagnóstico del programa hasta el momento?</strong></span></h4>
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<p><strong>(CJ):</strong> Al celebrar nuestro aniversario número 20, reevaluamos nuestros logros. Durante esta evaluación, recopilamos datos que confirmaron que el estado seguía deteriorándose en términos de conservación y uso. Hay muchas áreas que aún son poco conocidas, a pesar de la abundante investigación realizada. Comenzamos a mirar los próximos 10 años, a partir de los aspectos que son importantes para <em>Biota</em>. Por ejemplo, la parte relacionada con la bioprospección —de la que, al principio, investigadores dijeron que <em>Biota</em> se ganaría la vida en esta área, que tendríamos patentes, porque la premisa del programa era que [las patentes] devolverían un porcentaje al proyecto<em>—</em>, pues incluso se pueden generar productos (…). Además, continuar con la cuestión de las colecciones biológicas y los museos herbarios, por su importancia centrada en la educación.</p>
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<h4><span lang="ES"><strong>(J-G): Entonces, ¿cuál es la proyección futura de <em>Biota </em>hacia el sector público?</strong></span></h4>
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<p><strong>(CJ):</strong> El tema es la política pública, y avanzar en esta dirección mediante la cocreación de proyectos. Hemos realizado y actualmente estamos llevando a cabo una prueba llamada <em>Biota </em>Síntesis, un proyecto coordinado por la Universidad de São Paulo (USP), del cual formo parte. Pero este proyecto involucra a la Secretaría de Medio Ambiente. Hay un grupo de técnicos de esa área asignados a trabajar en esta integración con la comunidad científica. Inicialmente, teníamos la misma relación con la Secretaría de Agricultura y la Secretaría de Salud. Con el cambio de gobierno, perdimos contacto con estas dependencias, y continuamos con Medio Ambiente, y aunque se ha reducido —ya no es un departamento, sino una subsecretaría— seguimos operando. Por lo tanto, se ha convertido en un tema importante, no solo con organismos públicos, sino también con empresas. Creo que es una tendencia que debería desarrollarse.</p>
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<h4><span lang="ES"><strong>(J-G): Ya con 25 años de <i>Biota</i>, que es un legado para Brasil, ¿considera usted que cumplió sus expectativas iniciales o que inclusive las superó? ¿Cuál es el plan de<i> Biota</i> de aquí a diez años?</strong><o:p></o:p></span></h4>
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<p><strong>(CJ):</strong> Es una respuesta difícil. Si bien todos los estudios y resultados de <em>Biota </em>se utilizaron para aportar a la legislación ambiental, esto superó nuestras expectativas, ya que se ampliaron los abordajes, desde la biología molecular hasta la metagenómica para estudios de suelos, y la ecología del paisaje. Así que creo que hubo muchos aspectos positivos que lo superaron. Creamos una red de bioprospección; es decir, combinamos la química de productos naturales con los estudios de biodiversidad. Creamos una revista científica que ya cumple 25 años, indexada y reconocida.</p>
<p>Sin embargo, la situación de la biodiversidad en el estado de São Paulo ha empeorado durante ese periodo. La pregunta que nos hacemos es si habría empeorado aún más y con mayor rapidez si no fuera por el Programa <em>Biota</em>. En general, la conservación y restauración de la biodiversidad en dicho lugar —dado que la conservación ya no es suficiente— todavía deja mucho que desear. A veces tenemos buenas colaboraciones con la Secretaría de Medio Ambiente y otros departamentos, y otras veces no. Por lo tanto, tenemos sentimientos encontrados. Hemos avanzado mucho, pero no hemos logrado revertir el proceso de degradación medioambiental del estado de São Paulo.</p>
<p>Aunque podemos decir: “No, pero ya ha habido un aumento aproximado del 4 al 5 % en la superficie forestal con especies nativas”, pero solo estamos trabajando en la reposición de árboles. El bosque tiene muchos otros componentes muy importantes. Por lo tanto, lo que observamos en el estado es que a menudo se destruyen áreas de bosque maduro para la expansión de carreteras, la instalación de gasoductos o para otros fines, y se pretende reemplazarlas con áreas reforestadas o restauradas, mucho más pobres en biodiversidad y servicios ecosistémicos.</p>
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<h4><span lang="ES"><strong>(J-G): ¿Qué resistencia e impacto han tenido sus investigaciones y su intervención en la gestión pública teniendo en cuenta que en los últimos años ha habido un retroceso respecto a la política ambiental?</strong><o:p></o:p></span></h4>
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<p><strong>(CJ):</strong> En los últimos años, hemos logrado avances importantes en la articulación entre la producción científica y las decisiones públicas en el estado de São Paulo. Estos avances se apoyan, en gran medida, en el trabajo conjunto con los equipos técnicos del sector ambiental. Al tratarse de funcionarios públicos de carrera, su permanencia en las instituciones no depende directamente de los cambios políticos, lo que permite dar continuidad a los procesos y al diálogo técnico.</p>
<p>En São Paulo, la elaboración de mapas y la definición de áreas prioritarias para la conservación se realizaron en estrecha colaboración con estos equipos. Posteriormente, este trabajo se consolidó cuando un exrector de la Universidad de São Paulo asumió la conducción del área ambiental, entonces ya subordinada a la Secretaría de Infraestructura y Logística. Aún en este nuevo marco institucional, fue posible ampliar y sistematizar la información disponible, lo que permitió transformar resultados científicos en instrumentos concretos de política pública.</p>
<p>Sin embargo, la conversión del área de Medio Ambiente en una subsecretaría dentro de una Secretaría orientada principalmente a la Infraestructura y la Logística representa un debilitamiento del sector ambiental. Aunque la estructura administrativa se mantiene, la pérdida de autonomía reduce su capacidad de incidencia estratégica y de coordinación de políticas ambientales integrales, creando una situación mucho peor para el medio ambiente que la que creó Jair Bolsonaro a nivel federal.</p>
<p>En el ámbito federal, el Programa <em>Biota</em> no tiene presencia directa. No obstante, participo en otras iniciativas, como la Plataforma Brasileña de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos, que mantiene canales de diálogo con el Ministerio de Medio Ambiente y con especialistas técnicos. En los últimos tiempos se ha observado una mejora relativa en esta interlocución, aunque aún distante. El acceso a los niveles más altos de la toma de decisiones sigue siendo limitado y la biodiversidad continúa sin ocupar un lugar central en la agenda climática, como si ambas dimensiones no estuvieran profundamente interconectadas.</p>
<p>A pesar de estos desafíos, la experiencia del estado de São Paulo ha tenido impactos concretos, incluyendo influencia en la legislación ambiental. Además, São Paulo se ha convertido en un referente para otros estados brasileños. Fundaciones de Apoyo a la Investigación en Bahía, Mato Grosso do Sul, Pará y Minas Gerais han desarrollado programas inspirados en<em> Biota</em>. Sin embargo, la falta de articulación sistemática entre estas iniciativas dificulta una evaluación más precisa de sus impactos reales, especialmente en el nivel de implementación territorial de las políticas.</p>
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<h4><span lang="ES"><strong>(J-G): ¿Puede mencionar ejemplos concretos en São Paulo?</strong><o:p></o:p></span></h4>
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<p><strong>(CJ):</strong> En el estado de São Paulo hemos logrado avances importantes en la creación de nuevas unidades de conservación en regiones que anteriormente no contaban con protección alguna. Un ejemplo claro es la Restinga, un ecosistema costero situado entre la franja de arena de la playa y la Mata Atlántica. Se trata de zonas bajas, con suelos arenosos y vegetación arbórea muy distinta de la de las laderas y escarpes de la sierra. A pesar de su alta biodiversidad, estas áreas eran especialmente vulnerables, ya que son las más codiciadas para la construcción de condominios de alto estándar. La creación de una unidad de conservación en este tipo de ambiente representó, por tanto, un avance significativo.</p>
<p>Otro caso relevante es el de la Serra da Cantareira, donde fue posible proteger las cabeceras de los ríos que abastecen a la ciudad de São Paulo. Esta medida tuvo un impacto directo y positivo tanto en la conservación de la biodiversidad como en la seguridad hídrica de una de las mayores áreas metropolitanas del país. En conjunto, estos cambios pueden considerarse altamente positivos.</p>
<p>Además de estos avances más visibles, hubo otros impactos igualmente importantes, aunque menos discutidos públicamente, relacionados con grandes obras de infraestructura. En la región costera de Santos y Cubatão, por ejemplo, se desarrolló históricamente una intensa actividad petrolera. Allí se construyeron un oleoducto y un megagasoducto que atraviesan la Serra do Mar para transportar petróleo y gas hasta Paulínia, donde se localiza una de las principales refinerías de Petrobras. La construcción de esta infraestructura, iniciada en la década de 1950, tuvo un impacto ambiental significativo en la biodiversidad de la sierra.</p>
<p>Sin embargo, décadas más tarde, en 2010, cuando Petrobras decidió instalar en Caraguatatuba, en la costa norte del estado, una unidad de tratamiento de gas, se adoptaron soluciones técnicas para evitar nuevos impactos sobre la Mata Atlántica. El gasoducto que conecta esta unidad con Paulínia fue diseñado de modo que atravesara la sierra mediante un túnel, reduciendo de forma sustancial los efectos sobre la vegetación.</p>
<p>Si bien es difícil evaluar con precisión la magnitud total de los impactos de estas obras, al menos desde el punto de vista de la vegetación no se registraron daños significativos. Este caso ilustra cómo el conocimiento científico y la planificación ambiental pueden contribuir a minimizar los efectos de grandes proyectos de infraestructura sobre ecosistemas altamente sensibles.</p>
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<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2026/02/2.-Vista-ae%CC%81rea-da-Floresta-de-Restinga-Nu%CC%81cleo-Picinguaba-Parque-Estadual-da-Serra-do-Mar-Ubatuba-Sa%CC%83o-Paulo-Brasil-gigapixel-scaled.jpg" alt="2. Vista aérea da Floresta de Restinga, Núcleo Picinguaba, Parque Estadual da Serra do Mar, Ubatuba, São Paulo, Brasil-gigapixel.jpg"></p>
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<p style="text-align: center;"><strong>Figura 2.</strong> Vista aérea del Bosque de Restinga, Núcleo Picinguaba, Parque Estatal de la Serra do Mar, Ubatuba, São Paulo, Brasil.</p>
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<h4><span lang="ES"><strong>(J-G): Pensando en la educación ambiental y acciones conjuntas, hoy la ciencia ciudadana comienza a tener un protagonismo importante, sobre todo en temas sobre conservación de la biodiversidad. ¿Considera que el compromiso social y ciudadano aportará nuevas miradas y soluciones en conjunto con la comunidad científica? ¿Cómo ve este fenómeno en el futuro?</strong><o:p></o:p></span></h4>
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<p><strong>(CJ):</strong> Estoy totalmente de acuerdo. Estamos desarrollando un nuevo sistema de información para el Programa Biota, que fue innovador hace 20 años, pero básicamente depende de observar una especie en un lugar específico, recolectar un sonido o un espécimen, o tener las coordenadas geográficas y depositarlo en el museo. Es un sistema en el que se incluye la identificación de la especie y el número de registro, que es el ideal. Es un sistema muy académico y científico, ya que no permite nombres populares ni nombres comunes de plantas o especies. Tiene nueve campos obligatorios, como un formulario de la declaración de la renta, que solo se puede continuar si se ha completado. Lo tiene todo para un sistema más flexible, donde vamos a lograr incluir datos de ciencia ciudadana. </p>
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<h4><span lang="ES"><strong>(J-G): Teniendo en cuenta toda su trayectoria y vinculación con estudiantes, con graduados, con la creación de posgrados, programas e investigaciones. ¿Cree que es necesario incluir en la formación de las áreas biológicas lineamientos sobre formulación y participación de políticas públicas?</strong><o:p></o:p></span></h4>
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<p><strong>(CJ):</strong> En las décadas de 1990 y 2000 ofrecí un curso optativo sobre legislación ambiental en el curso de Ciencias Biológicas de la Unicamp. Pensé que los biólogos debían comprender cómo funcionaba esta legislación. Pero luego, además de involucrarse en muchas otras cosas, la legislación también empezó a cambiar muy rápidamente. Se necesitaba mucho tiempo para mantenerse al día con los cambios, y no es un área de investigación. Era algo en lo que me resultó fácil trabajar, incluso en la Constitución y las implicaciones de las leyes derivadas de su capítulo ambiental. Y luego dejé de ofrecerlo. Creo que este tipo de formación en Legislación Ambiental para biólogos debería mantenerse como opcional, tal como debió haber sido desde hace mucho tiempo. En la formación del biólogo, deberíamos tener cursos que aborden sistemas de información geográfica y de interpretación de imágenes satelitales como optativos. Esta podría ser una herramienta cada vez más empleada y útil<a href="#_ftn7" name="_ftnref1"><sup>[7]</sup></a>. Y la comunicación científica, también creo, es otro punto de vista que se podría abordar.</p>
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<h4><span lang="ES"><strong>(J-G): ¿Entonces cree conveniente incluir esta formación de políticas públicas como una electiva para las Ciencias Biológicas o es algo que se aprende haciendo?</strong><o:p></o:p></span></h4>
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<p><strong>(CJ):</strong> Tras este periodo de intensa interacción con los gobiernos locales, comencé a participar activamente en debates internacionales para crear la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Biodiversidad (IPBES), que ahora emerge como un campo para la diplomacia científica, y como una interfaz en acuerdos importantes. Ambas experiencias demuestran que, primero, hay que querer hacerlo y estar disponible. Y también me doy cuenta que para tener un lugar en estos debates se necesita una sólida trayectoria académica y la credibilidad para participar. Entonces, ¿cómo se logran ambas cosas? Es difícil imaginar que un estudiante o un profesor se dedique a ello, porque la mayoría lo considera tiempo que podría dedicarse a producir datos o escribir un artículo, y está tan infravalorado que la gente pierde interés en participar. En Córdoba (Argentina), tienen a una investigadora que es un ejemplo de esto: Sandra Díaz. Ella y Eduardo Brondízio ganaron el Premio Tyler 2025<a href="#_ftn8" name="_ftnref1"><sup>[8]</sup></a>, y son excelentes ejemplos. Son personas que, de alguna manera, lograron conectar lo que hacían como investigación con la resolución de problemas.</p>
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<h4><span lang="ES"><strong>(J-G): La COP30 se celebró en noviembre en Belém, Brasil, una de las capitales de la Amazonía. Nos gustaría preguntarle cómo evalúa los problemas de biodiversidad en el contexto del cambio climático en esta COP.</strong><o:p></o:p></span></h4>
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<p><strong>(CJ):</strong> La COP30, celebrada en Belém, situó por primera vez a la Amazonía —y, por extensión, a la relación entre biodiversidad y clima— en el centro físico y político de las negociaciones climáticas. Esto creó una situación muy particular, donde la agenda climática dejó de tratarse de forma aislada y comenzó a articularse con los compromisos globales en materia de biodiversidad, como el Marco Mundial para la Diversidad Biológica Kunming-Montreal (GBF).</p>
<p>Por ejemplo, se reconoce cada vez más que una mitigación climática eficaz es imposible sin mantener los bosques intactos, restaurar los ecosistemas degradados, proteger las áreas marinas estratégicas y conservar los suelos y humedales. Se presiona a las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (CDN) para que incorporen objetivos de conservación claros, lo que tiende a transformar la biodiversidad en una infraestructura climática esencial. Sin embargo, es necesario evitar que la biodiversidad se contabilice únicamente como un sumidero de carbono, reduciendo los ecosistemas a “toneladas de CO₂”.</p>
<p>En resumen, la “unificación de agendas” aparece como uno de los potenciales legados de la COP30. Esto sitúa la biodiversidad como eje estratégico de la acción climática, promueve soluciones basadas en la naturaleza con salvaguardas ambientales y sociales, refuerza el protagonismo de los pueblos indígenas y comunidades tradicionales, acelera el debate sobre el financiamiento adecuado para la conservación y la restauración como estrategias de mitigación y adaptación, y allana el camino para una integración concreta entre clima, biodiversidad y desarrollo sostenible.</p>
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<h4><strong><span lang="ES">(J-G): </span></strong><span lang="ES"><strong>¿Está usted a favor de mantener separados en las COP los debates y decisiones sobre cambio climático (CMNUCC), biodiversidad (CDB) y desertificación (CNULD)? ¿Por qué?</strong><o:p></o:p></span></h4>
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<p><strong>(CJ):</strong> No, el debate debe integrarse, e incluiría la protección de los océanos en esa ecuación. La protección de los océanos debe considerarse un componente estructural de la política sobre biodiversidad y clima. Brasil posee una de las Zonas Económicas Exclusivas más grandes del mundo, con ecosistemas cruciales para el carbono azul, la biodiversidad y la estabilidad costera.</p>
<p>No hay respuestas eficaces a la crisis climática sin integrar la biodiversidad, combatir la desertificación y proteger los océanos, y esta integración es operativamente viable, científicamente sólida y económicamente estratégica.</p>
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<h4><strong><span lang="ES">(J-G): </span></strong><span lang="ES"><strong>Carlos, ¿y hoy cómo se reconoce, como investigador o como fundador de<em> Biota</em>?</strong><o:p></o:p></span></h4>
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<p><strong>(CJ):</strong> Me reconozco como alguien que habita ambos mundos. Además de mi trabajo académico en la Mata Atlántica, siempre he estado profundamente involucrado en el ámbito de la conservación, lo que me ha permitido unir esfuerzos con distintos actores, establecer redes de colaboración y acumular experiencias más allá de la universidad.</p>
<p>Durante las elecciones a la Asamblea Constituyente conocí a Fabio Feldman y me involucré en su campaña. Tras su elección, tuve la oportunidad de participar directamente en la elaboración del capítulo de Medio Ambiente de la Constitución de mi país, una experiencia decisiva para comprender cómo el conocimiento científico puede traducirse en marcos legales. En 1995, cuando Fabio Feldman asumió la Secretaría de Medio Ambiente del estado de São Paulo, viví por primera vez la experiencia de trabajar dentro del gobierno. A partir de entonces, comencé a moverme en otros espacios, a aprender un nuevo lenguaje —el de la política— y a enfrentar numerosas dificultades. Hubo errores, retrocesos y muchas caídas, pero también aprendizajes fundamentales.</p>
<p>Hoy me veo a mí mismo como alguien que actúa en la intersección entre la ciencia y la política, participando en procesos de negociación a escala global, nacional, estadual y municipal. Es en ese cruce donde el conocimiento científico puede ganar relevancia social y contribuir de manera concreta a la toma de decisiones.</p>
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<h2>Reflexiones finales</h2>
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<p>El desarrollo de esta entrevista permite conocer los orígenes y matices del Programa <em>Biota </em>como un caso representativo en la región latinoamericana sobre conservación ambiental, desde la sinergia entre la academia y la gestión pública. Aquí se muestran distintas acciones realizadas en municipios de São Paulo, donde la articulación entre la comunidad científica con áreas gubernamentales ha sido clave para dar soluciones a problemáticas locales hacia la protección de recursos hídricos, restauración de bosques nativos e intervención de impacto ambiental en infraestructuras productivas. En este diálogo con Carlos Joly, se identifican los logros y desafíos de <em>Biota</em>, tras 25 años de desarrollo y nuevas perspectivas futuras. Por un lado, el impacto significativo de su legado en la legislación ambiental; y por otro, las posibilidades de explotación sostenible de flora y fauna con potencial económico y apoyo a la formulación de políticas de conservación de los bosques remanentes.</p>
<p>La comunicación fuera de la universidad y de la academia se asume como una herramienta de relevancia para la concientización y acción acerca del resguardo de la biodiversidad en São Paulo, junto a la formación y educación ambiental. La circulación del quehacer científico desde la comunicación pública de la ciencia permite establecer diálogos y alianzas estratégicas entre distintos sectores para integrar la producción de conocimiento científico en la proyección de políticas públicas para la conservación y contribuir a minimizar impactos en los ecosistemas. En esta entrevista se identifican los avances en decisiones políticas y el trabajo sostenido con equipos técnicos gubernamentales, donde la planificación ambiental se construye en vinculación con el conocimiento científico, a la que será importante incorporar los datos de ciencia ciudadana.</p>
<p>Hacia el final de este intercambio, Joly manifiesta habitar tanto el mundo de la ciencia como el de la política para contribuir a la toma de decisiones e insiste (respecto a la reciente COP30) en la unificación de agendas que integren los debates sobre el clima, la biodiversidad y el desarrollo sostenible, donde los océanos también tomen protagonismo.</p>
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<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2026/02/3.-Carlos-Joly-a-la-derecha-en-el-encuentro-Contribuciones-para-la-COP30-FAPESP-28-de-marzo-de-2025-San-Pablo-Brasil.-gigapixel.jpg" alt="Carlos Joly (a la derecha) en el encuentro “Contribuciones para la COP30- FAPESP”, 28 de marzo de 2025, San Pablo, Brasil.-gigapixel"></p>
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<p style="text-align: center;"><strong>Figura 3.</strong> Carlos Joly (a la derecha) en el encuentro “Contribuciones para la COP30- FAPESP”, 28 de marzo de 2025, San Pablo, Brasil.</p>
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<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2026/02/4.-Carlos-Joly-en-el-encuentro-Contribuciones-para-la-COP30-FAPESP-28-de-marzo-de-2025-San-Pablo-Brasil.-gigapixel.jpg" alt="4. Carlos Joly en el encuentro “Contribuciones para la COP30- FAPESP”, 28 de marzo de 2025, San Pablo, Brasil.-gigapixel"></p>
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<p style="text-align: center;"><strong>Figura 4. </strong>. Carlos Joly en el encuentro “Contribuciones para la COP30- FAPESP”, 28 de marzo de 2025, San Pablo, Brasil.</p>
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<h2>Referencias</h2>
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<p>Agencia FAPESP. (2022). <em>Carlos Joly, um dos idealizadores do Programa Biota, vence o Prêmio FCW de ciência 2022</em>. <a href="https://revistapesquisa.fapesp.br/carlos-joly-professor-emerito-da-unicamp-vence-o-premio-fcw-de-ciencia-2022/">https://revistapesquisa.fapesp.br/carlos-joly-professor-emerito-da-unicamp-vence-o-premio-fcw-de-ciencia-2022/</a></p>
<p>Bosso, B. (2020). Carlos Joly: Nossa biodiversidade está sendo incinerada. <em>ComCiencia – Revista electrônica de Jornalismo Científico</em>. <a href="https://www.comciencia.br/carlos-joly/">https://www.comciencia.br/carlos-joly/</a></p>
<p>D’Onofrio, G., Arza, V. y Actis, G. (2024). Ciencia ciudadana en América Latina: Perspectivas y políticas públicas. <em>Perfiles Educativos</em>, <em>46</em>(184), 194–204. <a href="https://doi.org/10.22201/iisue.24486167e.2024.184.61781">https://doi.org/10.22201/iisue.24486167e.2024.184.61781</a>  </p>
<p>Díaz, S., Demissew, S., Carabias, J., Joly, C., … y Zlatanova, D. (2015). The IPBES Conceptual Framework — connecting nature and people. <em>Current Opinion in Environmental Sustainability</em>, <em>14</em>, 1-16. <a href="https://doi.org/10.1016/j.cosust.2014.11.002">https://doi.org/10.1016/j.cosust.2014.11.002</a></p>
<p>Fundação de Amparo à Pesquisa do Estado de São Paulo [FAPESP]. (2025). <em>Contribuições para a COP30: A Biodiversidade na Agenda Climática</em>. Evento presencial, 28 de marzo de 2025. <a href="https://fapesp.br/17463/contribuicoes-para-a-cop30-a-biodiversidade-na-agenda-climatica">https://fapesp.br/17463/contribuicoes-para-a-cop30-a-biodiversidade-na-agenda-climatica</a></p>
<p>Joly, C. A., Metzger, J. P. y Tabarelli, M. (2014). Experiences from the Brazilian Atlantic Forest: ecological findings and conservation initiatives. <em>New Phytologist</em>, <em>204</em>(3), 459–473. <a href="https://doi.org/10.1111/nph.12989">https://doi.org/10.1111/nph.12989</a></p>
<p>Joly, C. A., Haddad, C. F. B., Verdade, L. M., Oliveira, M. C., Bolzani, V. da S. y Berlinck, R. G. de S. (2011). Diagnóstico da pesquisa em biodiversidade no Brasil. <em>Revista USP</em>, (89), 114-133. doi: <a href="https://doi.org/10.11606/issn.2316-9036.v0i89p114-133">https://doi.org/10.11606/issn.2316-9036.v0i89p114-133</a></p>
<p>Labjor Unicamp (2023). <em>Carlos Joly é o ganhador do Prêmio FCW de Ciência 2022</em>. <a href="https://www.labjor.unicamp.br/carlos-joly-e-o-ganhador-do-premio-fcw-de-ciencia-2022">https://www.labjor.unicamp.br/carlos-joly-e-o-ganhador-do-premio-fcw-de-ciencia-2022</a></p>
<p>Peña-Claros, M. y Nobre, C. (2023). A regional approach to save the Amazon. <em>Science</em>, <em>381</em>, 6664, 1261. <a href="https://doi.org/10.1126/science.adk8794">https://doi.org/10.1126/science.adk8794</a>  </p>
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<h2>Notas al pie</h2>
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<p><a href="https://openscience.uniandes.edu.co/?p=3665#_ftnref1" name="_ftn1"><span>[1]</span></a><span> Para acceder a la revista, es posible ingresar a través de este enlace web: </span><a href="https://www.biotaneotropica.org.br/BN">https://www.biotaneotropica.org.br/BN</a></p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"><sup>[2]</sup></a><em>Folha de São Paulo</em> &#8211; <em>Tendências e Debates</em>: <a href="https://www1.folha.uol.com.br/opiniao/tendenciasdebates">https://www1.folha.uol.com.br/opiniao/tendenciasdebates</a></p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"><sup>[3]</sup></a>La misión de Fundação SOS Mata Atlântica es inspirar a la sociedad en la defensa de la Mata Atlántica, con involucramiento ciudadano, generación de conocimiento y recursos destinados a promover políticas públicas que incentiven acciones a gran escala a favor de la recuperación forestal, la valorización de parques y reservas, el agua limpia y la protección del mar en la Mata Atlántica: <a href="https://www.sosma.org.br/index.php">https://www.sosma.org.br/index.php</a> <sup> </sup><sup></sup></p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3"><sup>[4]</sup></a> Sierra do Japi pertenece al Estado de São Paulo (en Jundiaí) y representa parte del cinturón verde de la ciudad de São Paulo, declarada como “Reserva de la Biosfera de la Mata Atlántica” por la UNESCO en 1992.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn1"><sup>[5]</sup></a> El Programa de Investigación en Caracterización, Conservación, Restauración y Uso Sostenible de la Biodiversidad (<em>Biota</em>-FAPESP) tiene como objetivo comprender, mapear y analizar la biodiversidad del Estado de São Paulo, incluyendo fauna, flora y microorganismos, pero también evaluar las posibilidades de explotación sostenible de plantas o animales con potencial económico y apoyar la formulación de políticas de conservación de los bosques remanentes ( <a href="https://www.biota.org.br">https://www.biota.org.br</a>).<sup></sup></p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn2"><sup>[6]</sup></a> Revista <em>Pesquisa</em> de la FAPESP: <a href="https://revistapesquisa.fapesp.br/es">https://revistapesquisa.fapesp.br/es</a></p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn1"><sup>[7]</sup></a> Joly menciona su participación en el curso “Antropoceno y el Futuro”, al que se inscribieron muchos ingenieros e ingenieras con interés en la agenda ambiental.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn1"><sup>[8]</sup></a> Premio Tyler 2025 – Academia Nacional de Ciencias de Argentina: <a href="https://www.anc-argentina.org.ar/2025/02/11/premio-tyler-al-logro-ambiental-2025-sandra-diaz-eduardo-brondizio">https://www.anc-argentina.org.ar/2025/02/11/premio-tyler-al-logro-ambiental-2025-sandra-diaz-eduardo-brondizio</a></p>
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<h2>Sobre este texto de Diálogos</h2>
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<p>El presente trabajo fue realizado con apoyo de la Coordenação de Aperfeiçoamento de Pessoal de Nível Superior &#8211; Brasil (CAPES) &#8211; Código de Financiamento 001. Programa Move la América 2024-2025.</p>
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<h2>Sobre las autoras</h2>
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<p><strong>Julieta Vignale:</strong> Licenciada en Comunicación Social de la Universidad Nacional de Cuyo y maestranda en Ciencia, Tecnología e Innovación de la Universidad Nacional de Río Negro (Argentina). Jefa de supervisión en la Secretaría de Investigación y Publicación Científica de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo. Becaria de de maestría de la Secretaría de Investigación, Internacionales y Posgrado de la UNCUYO. Se especializa en abordajes y prácticas sobre comunicación de las ciencias y divulgación científica. Actualmente desarrolla su tesis de maestría sobre ciencia ciudadana y biodiversidad. Últimas publicaciones:Vignale, J. (2021). Ciencia, universidad y sociedad: Aportes y desafíos para una comunicación pública de la ciencia con perspectiva crítica, Revista Re-Presentaciones: Periodismo, comunicación y sociedad, 14, https://doi.org/10.35588/rp.v1i14.4748;Vignale, J. L. (2021). Ana María Vara: Circuitos y tensiones entre ciencia y tecnología, poder y comunicación científica en tiempos de pandemia. Millcayac Revista Digital de Ciencias Sociales, 8(14), 233–258. https://revistas.uncu.edu.ar/ojs3/index.php/millca-digital/article/view/4470 julivignale@gmail.com  ORCID: https://orcid.org/0000-0003-3968-9418      </p>
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<p><strong>Germana Barata: </strong>Doctora en Historia Social, bióloga, periodista de ciencia e investigadora sobre la cultura oceánica, divulgación científica y ciencia abierta. Es miembro del Comité de Asesoramiento de la Década del Océano en Brasil y coordinadora de la Red de Comunicación Ressoa Oceano (<a href="https://ressoaoceano.eco.br/">ressoaoceano.eco.br</a>). Últimas publicaciones: Oliveira, M.; Barata, G.; Fleeckrackers, A.; Alperin, J. P.; Falade, B. y Bauer, M. (2024) <em>Bridging science communication and open science—Working inclusively toward the common good. Perspective article</em>. <em>Frontiers in Communication</em>, <em>29</em>. <a href="https://doi.org/10.3389/fcomm.2024.1473268">https://doi.org/10.3389/fcomm.2024.1473268</a>; Fischer, L., Barata, G., Scheu, A. M. y Ziegler, R. (2024). Connecting science communication research and practice: challenges and ways forward. <em>Journal of Science Communication</em>, <em>23</em>(<em>2</em>), E. <a href="https://doi.org/10.22323/2.23020501">https://doi.org/10.22323/2.23020501</a>.  <a href="mailto:germana@unicamp.br">germana@unicamp.br</a> ORCID: <a href="https://orcid.org/0000-0001-6064-6952">https://orcid.org/0000-0001-6064-6952</a></p>
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<p><span>Hoy me veo a mí mismo como alguien que actúa en la intersección entre la ciencia y la política, participando en procesos de negociación a escala global, nacional, estadual y municipal. Es en ese cruce donde el conocimiento científico puede ganar relevancia social y contribuir de manera concreta a la toma de decisiones.</span></p>
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<p><a href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/deed.es"><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2022/12/CC_BY-NC-ND_icon-88x31-1.png" alt=" CC_BY-NC-ND"></a></p>
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<p><span id="more-3665"></span><br />
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<h4><a href=\"https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/article/view/12378\">Número 14 - Tema libre</a></h4>

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<p>La experiencia brasileña sobre la conservación ambiental en la voz de Carlos Joly. Acción conjunta entre investigación científica, gestión y comunicación pública de la ciencia</p>

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<p><a href=\"https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/article/view/12378\">https://doi.org/10.53010/nys.dia.11</a></p>

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<p>Universidad Nacional de Cuyo y Universidad Nacional de Río Negro (Argentina)</p>

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<p>Universidade Estadual de Campinas (Brasil)</p>

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<h4>Las problemáticas ambientales y las tensiones presentes ante los desarrollos productivos son temas que requieren análisis en la agenda sobre el ambiente y el cambio climático en Latinoamérica. La articulación entre ciencia, gestión estatal y comunidad resulta fundamental para pensar en la formulación, aplicación y seguimiento de políticas públicas ambientales que persigan la reducción de la pérdida de biodiversidad en la región. A partir del diálogo con el biólogo, investigador y reconocido ecologista Carlos Joly, se presenta la experiencia del Programa <em>Biota </em>en Brasil, como caso modelo sobre políticas de conservación y restauración de la selva y ecosistemas de la mata atlántica. El intercambio pone en valor la comunicación de la ciencia fuera del ámbito académico, junto a la formación de posgrado y estrategias de divulgación sobre concientización y preservación del ambiente. El especialista advierte la complejidad de factores que intervienen en esta problemática, que determinan la continuidad o ruptura de políticas ambientales ante la coyuntura política y cambios de legislación. En este sentido, la entrevista profundiza sobre acciones de restauración concretadas en municipios paulistas, como también sobre controversias sectoriales en virtud de la matriz productiva brasileña, alternativas posibles y la agenda de debate en la COP30.</h4>

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<h1>Introducción</h1>

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<p>En un mundo en permanente aceleración, con impactos del cambio climático, el uso de tecnologías de información y de la inteligencia artificial para interpretar metadatos, las problemáticas ambientales requieren un espacio de debates y consensos a raíz de su múltiple impacto en las esferas social, cultural, sanitaria y productiva. La biodiversidad es la base de los servicios ecosistémicos y está amenazada por el cambio climático. En este sentido, la investigación, preservación, y concientización sobre la conservación de la biodiversidad se hacen cada vez más necesarias para la sostenibilidad de nuestros ecosistemas, la transformación de conductas humanas y mejoras en las condiciones de vida.</p>

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<p>Brasil es líder en la concentración de biodiversidad de la flora y fauna en el mundo (CDB, 2017). Casi la mitad de su territorio está protegido y la Amazonía representa un elemento estratégico para el equilibrio climático global. Deforestación, incendios, tempestades y sequías son factores que desequilibran y aceleran la pérdida de biodiversidad en la región. La Amazonía produce una gran cantidad de evaporación que se distribuye a otras regiones de Brasil: los llamados \"ríos voladores\", que se ven directamente afectados por la deforestación, lo que genera daños en las regiones centro-oeste y sureste de Brasil, así como en otras regiones de los países andinos (Peña-Claros y Nobre, 2023).</p>

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<p>Para conocer a fondo un caso latinoamericano representativo sobre conservación ambiental que articula ciencia, formación, gestión pública y comunicación de las ciencias, el Dr. Carlos Joly —profesor emérito en el Instituto de Biología de la Universidade Estadual de Campinas (Unicamp)— expone la iniciativa del Programa <em>Biota</em> (Programa de Investigación en Caracterización, Conservación, Restauración y Uso Sostenible de la Biodiversidad) de la Fundación de Apoyo a la Investigación del Estado de São Paulo (FAPESP). Este se creó en 1999 para mapear y analizar la biodiversidad de fauna, flora y microorganismos, y evaluar sus posibilidades de explotación sostenible con potencial económico y de apoyo a políticas de conservación de remanentes forestales. <em>Biota</em> es reconocido como un Instituto Virtual de Biodiversidad, resultado de la articulación de la comunidad científica del Estado de São Paulo, que acoge las premisas defendidas por la Convención sobre la Diversidad Biológica (firmada en la ECO-92 y ratificada por el Congreso Nacional de Brasil en 1994).</p>

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<p>Joly comparte su contribución desde el laboratorio y la academia, hacia la articulación entre ciencia y gestión pública en el estado de São Paulo, como Copresidente del Panel Multidisciplinario de Expertos de la Plataforma Brasileña para Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES–ONU) y del Programa <em>Biota–</em>FAPESP, y en su rol de Coordinador de la Plataforma Brasileña de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (BPBES). Actualmente, es editor en jefe de revista <em>Biota Neotrópica</em><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><span>[1]</span></a> y miembro de la Academia Brasileña de Ciencias. Ha sido reconocido por su trabajo científico (con más de 100 artículos publicados y más de una decena de libros) y galardonado en diversas oportunidades con los Premios Henry Ford, el Premio Científico Joven del CNPq (Conselho Nacional de Desenvolvimento Científico e Tecnológico), la Medalla al Mérito Científico del Gobierno Federal y el Premio Muriqui de la Reserva de la Biosfera del Bosque Atlántico.</p>

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<h1>Encuadre de desarrollo de la entrevista</h1>

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<p>La entrevista con Joly tuvo lugar en el Laboratorio de Estudios Avanzados en Periodismo (Labjor) de la Unicamp, en el contexto de la movilidad académica de posgrado del Programa CAPES–Move la América, desarrollada en el Laboratorio de Periodismo Científico (Labjor) (Campinas, São Paulo). El diálogo recorre temas sobre política y legislación ambiental en Brasil, controversias locales entre la matriz productiva y el ambiente, las diferentes acciones de conservación y restauración de la selva en São Paulo como referencia regional para Latinoamérica, la importancia de la educación ambiental y la ampliación de la divulgación y la ciencia ciudadana. El botánico analiza los orígenes de lo que hoy es el mayor programa de biodiversidad de Brasil, las interacciones entre ciencia y sociedad, y la comunicación como herramienta de diálogo e incorporación de demandas sociales a las políticas ambientales. Esta conversación adquiere relevancia de cara a la organización y desarrollo de la COP30 en Brasil en noviembre de 2025.</p>

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<h4><span lang=\"ES\"><strong>Julieta Vignale-Germana Barata (J-G): ¿De qué manera inició el ejercicio de divulgación sobre sus preocupaciones, discusiones y pesquisas respecto a la conservación y restauración de la biodiversidad fuera del ámbito académico?</strong><o:p></o:p></span></h4>

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<p><strong>Carlos Joly (CJ): </strong>Durante gran parte de mi carrera académica dividí mi tiempo entre la investigación de laboratorio, centrada principalmente en la ecofisiología vegetal y la conservación. Mi primer proyecto de la FAPESP, por ejemplo, se centró en la Serra do Japi, generando información biológica para justificar la designación de la sierra como sitio patrimonial. Durante este proceso, el profesor Aziz Ab'Sber, geógrafo, se centró principalmente en las fuentes hídricas y en el origen geológico de la cordillera. Sin embargo, faltaba información biológica. Era una zona que comenzaba a convertirse en un centro de condominios de lujo para que los paulistas pasaran el fin de semana, y antes de que esto se apoderara de la cordillera, fue declarada sitio patrimonial. Y, por supuesto, hubo mucha oposición a la designación, por lo que generar información [científica] fue tan importante. Así pues, este tema de conservación en el estado de São Paulo —en Brasil en general— siempre se ha topado con detractores, como los grandes grupos económicos. En consecuencia, nuestras acciones solían ser noticia.</p>

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<h4><span lang=\"ES\"><strong>(J-G): ¿Recuerda su primera nota en medios de comunicación?</strong><o:p></o:p></span></h4>

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<p><strong>(CJ):</strong> Creo que mi primera experiencia hablando con un público no académico fue en columnas como <em>Tendências e Debates</em> en <em>Folha de São Paulo</em><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref1\"><sup>[2]</sup></a>. En aquel entonces, la revista que se publicaba era <em>Grupo Estado de São Paulo</em>, que tenía una amplia sección dedicada a la conservación porque su editor estaba muy involucrado en ella; uno de los fundadores de la organización no gubernamental para la protección de la Mata Atlántica, SOS Mata Atlântica<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref2\"><sup>[3]</sup></a>, por ejemplo. Así que también teníamos una sección allí. Esto fue de 1983 a 1986 y mi trabajo se centró en la Serra do Japi<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref3\"><sup>[4]</sup></a>.</p>

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<h4><span lang=\"ES\"><strong>(J-G): ¿Cuál fue el siguiente proyecto en el que se involucró con el gobierno local?</strong></span></h4>

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<p><strong>(CJ):</strong> A finales de 1986, comencé a trabajar en otro proyecto en el centro geográfico del estado de São Paulo, en el municipio de Brotas, en la cuenca del río Jacaré Pepira. Este proyecto fue impulsado por el Consejo Municipal de Medio Ambiente, pues algunos de sus miembros estaban preocupados por el deterioro del río. A pesar de estar en el centro de São Paulo, se hallaban peces como el dorado [<em>Salminus brasiliensis</em>], que tienen requisitos de hábitat muy exigentes. Observaban que el municipio dependía en gran medida de la agricultura y la ganadería, y comenzaba a industrializarse, principalmente en curtido y procesamiento de cuero, que son altamente contaminantes. Había un ingenio azucarero bastante grande. En ese momento, no existía mucha legislación sobre el vertido de residuos de ingenio al río. En resumen, existía una preocupación más allá de las aguas residuales domésticas que se vertían a dicho cuerpo de agua, así que nos interesamos en trabajar allí. Por suerte, nos llamaron porque había una nueva avenida que se inundaba con frecuencia y se volvía intransitable. Sugerimos una solución: habían cortado el sistema de drenaje forestal, lo que provocó inundaciones. Instalar sistemas de drenaje solucionaría el problema. Esto generó cierta confianza en el gobierno municipal.</p>

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<h4><span lang=\"ES\"><strong>(J-G):  ¿Cuál era el contexto municipal y la preocupación local de ese momento?</strong></span></h4>

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<p><strong>(CJ):</strong> En ese entonces, un proyecto del gobierno estatal y la Fundación Faria Lima comenzó a evaluar la posibilidad de que los comités de cuenca gestionaran los recursos hídricos. La cuenca del río Jacaré Pepira, que involucró a 15 municipios, fue un proyecto pequeño para tal prueba, pero —junto con nuestro trabajo— hubo una iniciativa gubernamental integral que también se centró en la protección de los recursos hídricos. Y esto funcionó muy bien en conjunto, porque nuestro proyecto trataba sobre la restauración de los bosques riparios, cuando aún se hablaba relativamente poco sobre la restauración para proteger el río de la erosión y la sedimentación (cuando el suelo se filtra al río y obstruye el cauce debido a la erosión), pero también para reducir la cantidad de pesticidas y fertilizantes aplicados en la agricultura que afectan al agua. Así que comenzamos, utilizando un remanente de bosque en la región, investigamos especies de árboles, recolectamos semillas y producimos plántulas. Todo esto parece muy simple, pero hay mucha investigación detrás.</p>

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<h4><span lang=\"ES\"><strong>(J-G): ¿Dónde realizaban estas prácticas investigativas y cómo las implementaron? </strong></span></h4>

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<p><strong>(CJ):</strong> En aquel entonces, usábamos mucho el Parque Ecológico Unicamp. Su objetivo era reemplazar los árboles exóticos del campus con especies nativas. Allí había un gran vivero de árboles nativos. Gracias a él, pudimos producir plántulas y comenzamos a replantar de acuerdo con la legislación. En aquel entonces, el Código Forestal establecía que para un río de ese tamaño —de unos 10 metros de ancho, quizá un poco más— era necesario preservar 30 metros a cada lado del cauce.</p>

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<p>Nos pusimos en contacto con los cañaverales y acordamos que, una vez realizada la cosecha, delimitaríamos las áreas de restauración utilizando curvas de nivel: la última curva antes de llegar al río marcaría el inicio de la zona destinada a la reforestación. </p>

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<p>Con el ganado fue un poco más difícil, porque era necesario colocar una cerca para evitar que entrara y pisoteara. Pero tras un largo diálogo, conseguimos algunas áreas importantes para la fase inicial, en los primeros tres o cuatro años del proyecto. Al principio, pensaron que estábamos locos por intentar replantar bosque. Pero el ayuntamiento tiene un gran poder de persuasión, ya que es responsable de los caminos que conectan las fincas con las carreteras pavimentadas. Así, en un programa de mantenimiento de carreteras, se podría priorizar a las fincas que participen en el proyecto, por ejemplo.</p>

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<h4><span lang=\"ES\"><strong>(J-G): ¿Cómo inició este proyecto de restauración? </strong></span></h4>

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<p><strong>(CJ):</strong> Tuvimos dos estudiantes venezolanos que vinieron aquí a cursar su doctorado porque la tesis de pregrado en Venezuela es como una maestría, muy extensa, y queríamos que contara como maestría. Se quedaron aquí poco más de un año y, mientras estaban aquí implementaron un proyecto para medir la erosión del suelo: una porción de tierra que permanecía desnuda todo el año, una porción con pasto o caña de azúcar, y una parcela dentro del bosque. Y demostraron la enorme diferencia que el bosque marcaba en la prevención de la erosión. Con estos datos, logramos convencer al ingenio azucarero de que colaborara con quienes les vendían caña de azúcar para que también participaran en el proceso. Así, poco a poco, el proyecto avanzó y tuvimos un programa de radio.</p>

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<h4><span lang=\"ES\"><strong>(J-G): ¿Podría contar esa experiencia de radio? ¿En qué consistía y qué contenidos transmitían para contribuir al proyecto de biodiversidad?</strong></span></h4>

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<p><strong>(CJ):</strong> Los sábados teníamos como media hora —un poco más, un poco menos—, para hablar de lo que hacíamos y por qué era importante presentar datos y responsabilizar a algunas personas. Así que, de nuevo, era un lenguaje para personas no académicas, en un medio que nunca había experimentado: la radio. El proyecto duró 10 años. Demostramos que era posible restaurar el bosque y parte de los servicios ecosistémicos, es decir, se contaba con una arquitectura forestal que servía para estabilizar el suelo y filtrar pesticidas y fertilizantes. Pero no profundizamos en determinar si este bosque se convertiría en un bosque vivo, capaz de restablecerse con plantas y otras especies. En ese contexto, creo que sí, porque había varias áreas de bosque nativo a lo largo del río. Así que existían fuentes de semillas, plántulas y animales. El principal problema es que no disponemos de los dispersores, las ratas, las pacas [<em>Cuniculus pacas</em>] ni el agutí brasileño [<em>Dasyprocta leporinas</em>] en los bosques para dinamizarlos. Pero finalizamos el proyecto y teníamos un vivero que producía unas 500 000 plántulas al año. Lo usamos para capacitar a los reclusos (jóvenes que habían estado en prisión en la época de la Fundación Estatal para el Bienestar del Menor [FEBEM]) sobre plántulas y cuidado del sitio.</p>

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<h4><span lang=\"ES\"><strong>(J-G): ¿Y eso siempre se realizó en articulación con el municipio?</strong></span></h4>

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<p><strong>(CJ):</strong> Los sábados teníamos como media hora —un poco más, un poco menos—, para hablar de lo que hacíamos y por qué era importante presentar datos y responsabilizar a algunas personas. Así que, de nuevo, era un lenguaje para personas no académicas, en un medio que nunca había experimentado: la radio. El proyecto duró 10 años. Demostramos que era posible restaurar el bosque y parte de los servicios ecosistémicos, es decir, se contaba con una arquitectura forestal que servía para estabilizar el suelo y filtrar pesticidas y fertilizantes. Pero no profundizamos en determinar si este bosque se convertiría en un bosque vivo, capaz de restablecerse con plantas y otras especies. En ese contexto, creo que sí, porque había varias áreas de bosque nativo a lo largo del río. Así que existían fuentes de semillas, plántulas y animales. El principal problema es que no disponemos de los dispersores, las ratas, las pacas [<em>Cuniculus pacas</em>] ni el agutí brasileño [<em>Dasyprocta leporinas</em>] en los bosques para dinamizarlos. Pero finalizamos el proyecto y teníamos un vivero que producía unas 500 000 plántulas al año. Lo usamos para capacitar a los reclusos (jóvenes que habían estado en prisión en la época de la Fundación Estatal para el Bienestar del Menor [FEBEM]) sobre plántulas y cuidado del sitio.</p>

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<p style=\"text-align: center;\"><strong>Figura 1.</strong> Área de bosque ribereño restaurado a orillas del río Jacaré Pepira, Brotas, São Paulo - Brasil, 1996. Fuente: Carlos Joly.</p>

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<h4><span lang=\"ES\"><strong>(J-G): ¿Cuál fue el proceso de divulgación del conocimiento sobre la biodiversidad en otros medios de comunicación?</strong></span></h4>

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<p><strong>(CJ):</strong> Estas experiencias me enseñaron a pensar en la comunicación fuera de la universidad. En 1995, iniciamos conversaciones en la FAPESP para crear el Programa Biota<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref1\"><sup>[5]</sup></a>, una línea de inversión para proyectos sobre biodiversidad que se estableció en 1999. Esta comunicación externa fue importante, pero también comencé a colaborar extensamente con la revista <em>Pesquisa FAPESP</em><a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref2\"><sup>[6]</sup></a>, que aún estaba en sus inicios. Estaba evolucionando de un boletín para la comunidad académica a una revista para la sociedad. Siempre que podíamos, publicábamos artículos, entrevistas y discursos. Propusimos realizar exposiciones, así que la primera fue sobre la biodiversidad del estado, y se realizó en São Paulo, inaugurada en el espacio del Citibank —antiguo banco de São Paulo—, una galería que conectaba la Avenida Paulista con la Alameda Santos. Luego circuló por todo el estado gracias a una colaboración que establecimos con el SESC (Serviço Social do Comércio). Aprendí mucho de la persona que organizó la exposición. Después, en colaboración con <em>Natura</em> y <em>TV Cultura</em>, produjimos cuatro videos de 50 minutos sobre el Programa <em>Biota</em>, que se estrenaron durante Río+10, mientras Globo cubría Río+10 en Johannesburgo. <em>TV Cultura </em>transmitió estos videos. Era un lenguaje diferente. Descubrir, por ejemplo, que trabajaría en una sala de edición… la locura y el agotamiento de trabajar con plazos de entrega ajustados. Estos videos aún existen y se utilizan inclusive en algunas escuelas.<a href=\"https://revistapesquisa.fapesp.br/es\"></a></p>

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<h4><span lang=\"ES\"><strong>(J-G): ¿Cuál ha sido el impacto de la innovación metodológica, tras el largo recorrido de <em>Biota</em>?</strong></span></h4>

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<p><strong>(CJ):</strong> <em>Biota </em>se creó a lo largo de 10 años. Descubrimos que habíamos sido extremadamente ingenuos con <em>Biota</em>, pensando que habíamos creado una base de datos —la primera en Brasil de acceso abierto y público— donde se podía ingresar toda la información de las especies. Digamos que era información simplificada, porque se trata de una distribución de la ocurrencia de las especies.</p>

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<p>Pero eso era todo. Para quienes no tenían nada, ya era un gran paso, y era lo posible en ese momento. Con eso, imaginamos que los responsables de la toma de decisiones podrían consultar esa base de datos y actuar. Pero descubrimos que no es así como funciona. Para que la información sea útil, debe estar en el lenguaje de los tomadores de decisiones. Entre 2007 y 2009, trabajamos conjuntamente con la Secretaría de Medio Ambiente y con ONG, que contaban con metodologías más especializadas para traducir los datos a un formato útil para los decisores. Refinamos los datos creando matrices que permitían establecer un ranking de prioridades para, por ejemplo, crear nuevas unidades de conservación. Pero debido al costo económico y político para crearlas, este fue el mecanismo que menos utilizamos. Analizamos principalmente la restauración de la vegetación nativa: dónde era necesaria, cuál era el conjunto mínimo de especies necesario para la restauración y cómo debía llevarse a cabo este proceso. Varias de estas decisiones se incorporaron a la legislación. Tuvieron un impacto significativo, sobre todo porque tanto los decretos, leyes y resoluciones del Gobierno se basaron en los resultados de <em>Biota</em>. El programa siempre aparecía en sus considerandos, algo sin precedentes para un programa de investigación, y esto fortaleció mucho la posición del Programa en el ámbito de la FAPESP. Sin duda, este diálogo con la Secretaría de Medio Ambiente fue de suma importancia para que, en 2010, la FAPESP renovara por 10 años más el apoyo a <em>Biota</em>.</p>

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<h4><span lang=\"ES\"><strong>(J-G): ¿Cuál es el diagnóstico del programa hasta el momento?</strong></span></h4>

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<p><strong>(CJ):</strong> Al celebrar nuestro aniversario número 20, reevaluamos nuestros logros. Durante esta evaluación, recopilamos datos que confirmaron que el estado seguía deteriorándose en términos de conservación y uso. Hay muchas áreas que aún son poco conocidas, a pesar de la abundante investigación realizada. Comenzamos a mirar los próximos 10 años, a partir de los aspectos que son importantes para <em>Biota</em>. Por ejemplo, la parte relacionada con la bioprospección —de la que, al principio, investigadores dijeron que <em>Biota</em> se ganaría la vida en esta área, que tendríamos patentes, porque la premisa del programa era que [las patentes] devolverían un porcentaje al proyecto<em>—</em>, pues incluso se pueden generar productos (…). Además, continuar con la cuestión de las colecciones biológicas y los museos herbarios, por su importancia centrada en la educación.</p>

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<h4><span lang=\"ES\"><strong>(J-G): Entonces, ¿cuál es la proyección futura de <em>Biota </em>hacia el sector público?</strong></span></h4>

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<p><strong>(CJ):</strong> El tema es la política pública, y avanzar en esta dirección mediante la cocreación de proyectos. Hemos realizado y actualmente estamos llevando a cabo una prueba llamada <em>Biota </em>Síntesis, un proyecto coordinado por la Universidad de São Paulo (USP), del cual formo parte. Pero este proyecto involucra a la Secretaría de Medio Ambiente. Hay un grupo de técnicos de esa área asignados a trabajar en esta integración con la comunidad científica. Inicialmente, teníamos la misma relación con la Secretaría de Agricultura y la Secretaría de Salud. Con el cambio de gobierno, perdimos contacto con estas dependencias, y continuamos con Medio Ambiente, y aunque se ha reducido —ya no es un departamento, sino una subsecretaría— seguimos operando. Por lo tanto, se ha convertido en un tema importante, no solo con organismos públicos, sino también con empresas. Creo que es una tendencia que debería desarrollarse.</p>

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<h4><span lang=\"ES\"><strong>(J-G): Ya con 25 años de <i>Biota</i>, que es un legado para Brasil, ¿considera usted que cumplió sus expectativas iniciales o que inclusive las superó? ¿Cuál es el plan de<i> Biota</i> de aquí a diez años?</strong><o:p></o:p></span></h4>

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<p><strong>(CJ):</strong> Es una respuesta difícil. Si bien todos los estudios y resultados de <em>Biota </em>se utilizaron para aportar a la legislación ambiental, esto superó nuestras expectativas, ya que se ampliaron los abordajes, desde la biología molecular hasta la metagenómica para estudios de suelos, y la ecología del paisaje. Así que creo que hubo muchos aspectos positivos que lo superaron. Creamos una red de bioprospección; es decir, combinamos la química de productos naturales con los estudios de biodiversidad. Creamos una revista científica que ya cumple 25 años, indexada y reconocida.</p>

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<p>Sin embargo, la situación de la biodiversidad en el estado de São Paulo ha empeorado durante ese periodo. La pregunta que nos hacemos es si habría empeorado aún más y con mayor rapidez si no fuera por el Programa <em>Biota</em>. En general, la conservación y restauración de la biodiversidad en dicho lugar —dado que la conservación ya no es suficiente— todavía deja mucho que desear. A veces tenemos buenas colaboraciones con la Secretaría de Medio Ambiente y otros departamentos, y otras veces no. Por lo tanto, tenemos sentimientos encontrados. Hemos avanzado mucho, pero no hemos logrado revertir el proceso de degradación medioambiental del estado de São Paulo.</p>

\n

<p>Aunque podemos decir: “No, pero ya ha habido un aumento aproximado del 4 al 5 % en la superficie forestal con especies nativas”, pero solo estamos trabajando en la reposición de árboles. El bosque tiene muchos otros componentes muy importantes. Por lo tanto, lo que observamos en el estado es que a menudo se destruyen áreas de bosque maduro para la expansión de carreteras, la instalación de gasoductos o para otros fines, y se pretende reemplazarlas con áreas reforestadas o restauradas, mucho más pobres en biodiversidad y servicios ecosistémicos.</p>

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<h4><span lang=\"ES\"><strong>(J-G): ¿Qué resistencia e impacto han tenido sus investigaciones y su intervención en la gestión pública teniendo en cuenta que en los últimos años ha habido un retroceso respecto a la política ambiental?</strong><o:p></o:p></span></h4>

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<p><strong>(CJ):</strong> En los últimos años, hemos logrado avances importantes en la articulación entre la producción científica y las decisiones públicas en el estado de São Paulo. Estos avances se apoyan, en gran medida, en el trabajo conjunto con los equipos técnicos del sector ambiental. Al tratarse de funcionarios públicos de carrera, su permanencia en las instituciones no depende directamente de los cambios políticos, lo que permite dar continuidad a los procesos y al diálogo técnico.</p>

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<p>En São Paulo, la elaboración de mapas y la definición de áreas prioritarias para la conservación se realizaron en estrecha colaboración con estos equipos. Posteriormente, este trabajo se consolidó cuando un exrector de la Universidad de São Paulo asumió la conducción del área ambiental, entonces ya subordinada a la Secretaría de Infraestructura y Logística. Aún en este nuevo marco institucional, fue posible ampliar y sistematizar la información disponible, lo que permitió transformar resultados científicos en instrumentos concretos de política pública.</p>

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<p>Sin embargo, la conversión del área de Medio Ambiente en una subsecretaría dentro de una Secretaría orientada principalmente a la Infraestructura y la Logística representa un debilitamiento del sector ambiental. Aunque la estructura administrativa se mantiene, la pérdida de autonomía reduce su capacidad de incidencia estratégica y de coordinación de políticas ambientales integrales, creando una situación mucho peor para el medio ambiente que la que creó Jair Bolsonaro a nivel federal.</p>

\n

<p>En el ámbito federal, el Programa <em>Biota</em> no tiene presencia directa. No obstante, participo en otras iniciativas, como la Plataforma Brasileña de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos, que mantiene canales de diálogo con el Ministerio de Medio Ambiente y con especialistas técnicos. En los últimos tiempos se ha observado una mejora relativa en esta interlocución, aunque aún distante. El acceso a los niveles más altos de la toma de decisiones sigue siendo limitado y la biodiversidad continúa sin ocupar un lugar central en la agenda climática, como si ambas dimensiones no estuvieran profundamente interconectadas.</p>

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<p>A pesar de estos desafíos, la experiencia del estado de São Paulo ha tenido impactos concretos, incluyendo influencia en la legislación ambiental. Además, São Paulo se ha convertido en un referente para otros estados brasileños. Fundaciones de Apoyo a la Investigación en Bahía, Mato Grosso do Sul, Pará y Minas Gerais han desarrollado programas inspirados en<em> Biota</em>. Sin embargo, la falta de articulación sistemática entre estas iniciativas dificulta una evaluación más precisa de sus impactos reales, especialmente en el nivel de implementación territorial de las políticas.</p>

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<h4><span lang=\"ES\"><strong>(J-G): ¿Puede mencionar ejemplos concretos en São Paulo?</strong><o:p></o:p></span></h4>

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<p><strong>(CJ):</strong> En el estado de São Paulo hemos logrado avances importantes en la creación de nuevas unidades de conservación en regiones que anteriormente no contaban con protección alguna. Un ejemplo claro es la Restinga, un ecosistema costero situado entre la franja de arena de la playa y la Mata Atlántica. Se trata de zonas bajas, con suelos arenosos y vegetación arbórea muy distinta de la de las laderas y escarpes de la sierra. A pesar de su alta biodiversidad, estas áreas eran especialmente vulnerables, ya que son las más codiciadas para la construcción de condominios de alto estándar. La creación de una unidad de conservación en este tipo de ambiente representó, por tanto, un avance significativo.</p>

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<p>Otro caso relevante es el de la Serra da Cantareira, donde fue posible proteger las cabeceras de los ríos que abastecen a la ciudad de São Paulo. Esta medida tuvo un impacto directo y positivo tanto en la conservación de la biodiversidad como en la seguridad hídrica de una de las mayores áreas metropolitanas del país. En conjunto, estos cambios pueden considerarse altamente positivos.</p>

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<p>Además de estos avances más visibles, hubo otros impactos igualmente importantes, aunque menos discutidos públicamente, relacionados con grandes obras de infraestructura. En la región costera de Santos y Cubatão, por ejemplo, se desarrolló históricamente una intensa actividad petrolera. Allí se construyeron un oleoducto y un megagasoducto que atraviesan la Serra do Mar para transportar petróleo y gas hasta Paulínia, donde se localiza una de las principales refinerías de Petrobras. La construcción de esta infraestructura, iniciada en la década de 1950, tuvo un impacto ambiental significativo en la biodiversidad de la sierra.</p>

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<p>Sin embargo, décadas más tarde, en 2010, cuando Petrobras decidió instalar en Caraguatatuba, en la costa norte del estado, una unidad de tratamiento de gas, se adoptaron soluciones técnicas para evitar nuevos impactos sobre la Mata Atlántica. El gasoducto que conecta esta unidad con Paulínia fue diseñado de modo que atravesara la sierra mediante un túnel, reduciendo de forma sustancial los efectos sobre la vegetación.</p>

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<p>Si bien es difícil evaluar con precisión la magnitud total de los impactos de estas obras, al menos desde el punto de vista de la vegetación no se registraron daños significativos. Este caso ilustra cómo el conocimiento científico y la planificación ambiental pueden contribuir a minimizar los efectos de grandes proyectos de infraestructura sobre ecosistemas altamente sensibles.</p>

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<p style=\"text-align: center;\"><strong>Figura 2.</strong> Vista aérea del Bosque de Restinga, Núcleo Picinguaba, Parque Estatal de la Serra do Mar, Ubatuba, São Paulo, Brasil.</p>

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<h4><span lang=\"ES\"><strong>(J-G): Pensando en la educación ambiental y acciones conjuntas, hoy la ciencia ciudadana comienza a tener un protagonismo importante, sobre todo en temas sobre conservación de la biodiversidad. ¿Considera que el compromiso social y ciudadano aportará nuevas miradas y soluciones en conjunto con la comunidad científica? ¿Cómo ve este fenómeno en el futuro?</strong><o:p></o:p></span></h4>

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<p><strong>(CJ):</strong> Estoy totalmente de acuerdo. Estamos desarrollando un nuevo sistema de información para el Programa Biota, que fue innovador hace 20 años, pero básicamente depende de observar una especie en un lugar específico, recolectar un sonido o un espécimen, o tener las coordenadas geográficas y depositarlo en el museo. Es un sistema en el que se incluye la identificación de la especie y el número de registro, que es el ideal. Es un sistema muy académico y científico, ya que no permite nombres populares ni nombres comunes de plantas o especies. Tiene nueve campos obligatorios, como un formulario de la declaración de la renta, que solo se puede continuar si se ha completado. Lo tiene todo para un sistema más flexible, donde vamos a lograr incluir datos de ciencia ciudadana. </p>

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<h4><span lang=\"ES\"><strong>(J-G): Teniendo en cuenta toda su trayectoria y vinculación con estudiantes, con graduados, con la creación de posgrados, programas e investigaciones. ¿Cree que es necesario incluir en la formación de las áreas biológicas lineamientos sobre formulación y participación de políticas públicas?</strong><o:p></o:p></span></h4>

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<p><strong>(CJ):</strong> En las décadas de 1990 y 2000 ofrecí un curso optativo sobre legislación ambiental en el curso de Ciencias Biológicas de la Unicamp. Pensé que los biólogos debían comprender cómo funcionaba esta legislación. Pero luego, además de involucrarse en muchas otras cosas, la legislación también empezó a cambiar muy rápidamente. Se necesitaba mucho tiempo para mantenerse al día con los cambios, y no es un área de investigación. Era algo en lo que me resultó fácil trabajar, incluso en la Constitución y las implicaciones de las leyes derivadas de su capítulo ambiental. Y luego dejé de ofrecerlo. Creo que este tipo de formación en Legislación Ambiental para biólogos debería mantenerse como opcional, tal como debió haber sido desde hace mucho tiempo. En la formación del biólogo, deberíamos tener cursos que aborden sistemas de información geográfica y de interpretación de imágenes satelitales como optativos. Esta podría ser una herramienta cada vez más empleada y útil<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref1\"><sup>[7]</sup></a>. Y la comunicación científica, también creo, es otro punto de vista que se podría abordar.</p>

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<h4><span lang=\"ES\"><strong>(J-G): ¿Entonces cree conveniente incluir esta formación de políticas públicas como una electiva para las Ciencias Biológicas o es algo que se aprende haciendo?</strong><o:p></o:p></span></h4>

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<p><strong>(CJ):</strong> Tras este periodo de intensa interacción con los gobiernos locales, comencé a participar activamente en debates internacionales para crear la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Biodiversidad (IPBES), que ahora emerge como un campo para la diplomacia científica, y como una interfaz en acuerdos importantes. Ambas experiencias demuestran que, primero, hay que querer hacerlo y estar disponible. Y también me doy cuenta que para tener un lugar en estos debates se necesita una sólida trayectoria académica y la credibilidad para participar. Entonces, ¿cómo se logran ambas cosas? Es difícil imaginar que un estudiante o un profesor se dedique a ello, porque la mayoría lo considera tiempo que podría dedicarse a producir datos o escribir un artículo, y está tan infravalorado que la gente pierde interés en participar. En Córdoba (Argentina), tienen a una investigadora que es un ejemplo de esto: Sandra Díaz. Ella y Eduardo Brondízio ganaron el Premio Tyler 2025<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref1\"><sup>[8]</sup></a>, y son excelentes ejemplos. Son personas que, de alguna manera, lograron conectar lo que hacían como investigación con la resolución de problemas.</p>

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<h4><span lang=\"ES\"><strong>(J-G): La COP30 se celebró en noviembre en Belém, Brasil, una de las capitales de la Amazonía. Nos gustaría preguntarle cómo evalúa los problemas de biodiversidad en el contexto del cambio climático en esta COP.</strong><o:p></o:p></span></h4>

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<p><strong>(CJ):</strong> La COP30, celebrada en Belém, situó por primera vez a la Amazonía —y, por extensión, a la relación entre biodiversidad y clima— en el centro físico y político de las negociaciones climáticas. Esto creó una situación muy particular, donde la agenda climática dejó de tratarse de forma aislada y comenzó a articularse con los compromisos globales en materia de biodiversidad, como el Marco Mundial para la Diversidad Biológica Kunming-Montreal (GBF).</p>

\n

<p>Por ejemplo, se reconoce cada vez más que una mitigación climática eficaz es imposible sin mantener los bosques intactos, restaurar los ecosistemas degradados, proteger las áreas marinas estratégicas y conservar los suelos y humedales. Se presiona a las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (CDN) para que incorporen objetivos de conservación claros, lo que tiende a transformar la biodiversidad en una infraestructura climática esencial. Sin embargo, es necesario evitar que la biodiversidad se contabilice únicamente como un sumidero de carbono, reduciendo los ecosistemas a “toneladas de CO₂”.</p>

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<p>En resumen, la “unificación de agendas” aparece como uno de los potenciales legados de la COP30. Esto sitúa la biodiversidad como eje estratégico de la acción climática, promueve soluciones basadas en la naturaleza con salvaguardas ambientales y sociales, refuerza el protagonismo de los pueblos indígenas y comunidades tradicionales, acelera el debate sobre el financiamiento adecuado para la conservación y la restauración como estrategias de mitigación y adaptación, y allana el camino para una integración concreta entre clima, biodiversidad y desarrollo sostenible.</p>

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<h4><strong><span lang=\"ES\">(J-G): </span></strong><span lang=\"ES\"><strong>¿Está usted a favor de mantener separados en las COP los debates y decisiones sobre cambio climático (CMNUCC), biodiversidad (CDB) y desertificación (CNULD)? ¿Por qué?</strong><o:p></o:p></span></h4>

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<p><strong>(CJ):</strong> No, el debate debe integrarse, e incluiría la protección de los océanos en esa ecuación. La protección de los océanos debe considerarse un componente estructural de la política sobre biodiversidad y clima. Brasil posee una de las Zonas Económicas Exclusivas más grandes del mundo, con ecosistemas cruciales para el carbono azul, la biodiversidad y la estabilidad costera.</p>

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<p>No hay respuestas eficaces a la crisis climática sin integrar la biodiversidad, combatir la desertificación y proteger los océanos, y esta integración es operativamente viable, científicamente sólida y económicamente estratégica.</p>

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<h4><strong><span lang=\"ES\">(J-G): </span></strong><span lang=\"ES\"><strong>Carlos, ¿y hoy cómo se reconoce, como investigador o como fundador de<em> Biota</em>?</strong><o:p></o:p></span></h4>

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<p><strong>(CJ):</strong> Me reconozco como alguien que habita ambos mundos. Además de mi trabajo académico en la Mata Atlántica, siempre he estado profundamente involucrado en el ámbito de la conservación, lo que me ha permitido unir esfuerzos con distintos actores, establecer redes de colaboración y acumular experiencias más allá de la universidad.</p>

\n

<p>Durante las elecciones a la Asamblea Constituyente conocí a Fabio Feldman y me involucré en su campaña. Tras su elección, tuve la oportunidad de participar directamente en la elaboración del capítulo de Medio Ambiente de la Constitución de mi país, una experiencia decisiva para comprender cómo el conocimiento científico puede traducirse en marcos legales. En 1995, cuando Fabio Feldman asumió la Secretaría de Medio Ambiente del estado de São Paulo, viví por primera vez la experiencia de trabajar dentro del gobierno. A partir de entonces, comencé a moverme en otros espacios, a aprender un nuevo lenguaje —el de la política— y a enfrentar numerosas dificultades. Hubo errores, retrocesos y muchas caídas, pero también aprendizajes fundamentales.</p>

\n

<p>Hoy me veo a mí mismo como alguien que actúa en la intersección entre la ciencia y la política, participando en procesos de negociación a escala global, nacional, estadual y municipal. Es en ese cruce donde el conocimiento científico puede ganar relevancia social y contribuir de manera concreta a la toma de decisiones.</p>

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<h2>Reflexiones finales</h2>

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<p>El desarrollo de esta entrevista permite conocer los orígenes y matices del Programa <em>Biota </em>como un caso representativo en la región latinoamericana sobre conservación ambiental, desde la sinergia entre la academia y la gestión pública. Aquí se muestran distintas acciones realizadas en municipios de São Paulo, donde la articulación entre la comunidad científica con áreas gubernamentales ha sido clave para dar soluciones a problemáticas locales hacia la protección de recursos hídricos, restauración de bosques nativos e intervención de impacto ambiental en infraestructuras productivas. En este diálogo con Carlos Joly, se identifican los logros y desafíos de <em>Biota</em>, tras 25 años de desarrollo y nuevas perspectivas futuras. Por un lado, el impacto significativo de su legado en la legislación ambiental; y por otro, las posibilidades de explotación sostenible de flora y fauna con potencial económico y apoyo a la formulación de políticas de conservación de los bosques remanentes.</p>

\n

<p>La comunicación fuera de la universidad y de la academia se asume como una herramienta de relevancia para la concientización y acción acerca del resguardo de la biodiversidad en São Paulo, junto a la formación y educación ambiental. La circulación del quehacer científico desde la comunicación pública de la ciencia permite establecer diálogos y alianzas estratégicas entre distintos sectores para integrar la producción de conocimiento científico en la proyección de políticas públicas para la conservación y contribuir a minimizar impactos en los ecosistemas. En esta entrevista se identifican los avances en decisiones políticas y el trabajo sostenido con equipos técnicos gubernamentales, donde la planificación ambiental se construye en vinculación con el conocimiento científico, a la que será importante incorporar los datos de ciencia ciudadana.</p>

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<p>Hacia el final de este intercambio, Joly manifiesta habitar tanto el mundo de la ciencia como el de la política para contribuir a la toma de decisiones e insiste (respecto a la reciente COP30) en la unificación de agendas que integren los debates sobre el clima, la biodiversidad y el desarrollo sostenible, donde los océanos también tomen protagonismo.</p>

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<p style=\"text-align: center;\"><strong>Figura 3.</strong> Carlos Joly (a la derecha) en el encuentro “Contribuciones para la COP30- FAPESP”, 28 de marzo de 2025, San Pablo, Brasil.</p>

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<p style=\"text-align: center;\"><strong>Figura 4. </strong>. Carlos Joly en el encuentro “Contribuciones para la COP30- FAPESP”, 28 de marzo de 2025, San Pablo, Brasil.</p>

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<h2>Referencias</h2>

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<p>Agencia FAPESP. (2022). <em>Carlos Joly, um dos idealizadores do Programa Biota, vence o Prêmio FCW de ciência 2022</em>. <a href=\"https://revistapesquisa.fapesp.br/carlos-joly-professor-emerito-da-unicamp-vence-o-premio-fcw-de-ciencia-2022/\">https://revistapesquisa.fapesp.br/carlos-joly-professor-emerito-da-unicamp-vence-o-premio-fcw-de-ciencia-2022/</a></p>

\n

<p>Bosso, B. (2020). Carlos Joly: Nossa biodiversidade está sendo incinerada. <em>ComCiencia – Revista electrônica de Jornalismo Científico</em>. <a href=\"https://www.comciencia.br/carlos-joly/\">https://www.comciencia.br/carlos-joly/</a></p>

\n

<p>D’Onofrio, G., Arza, V. y Actis, G. (2024). Ciencia ciudadana en América Latina: Perspectivas y políticas públicas. <em>Perfiles Educativos</em>, <em>46</em>(184), 194–204. <a href=\"https://doi.org/10.22201/iisue.24486167e.2024.184.61781\">https://doi.org/10.22201/iisue.24486167e.2024.184.61781</a>  </p>

\n

<p>Díaz, S., Demissew, S., Carabias, J., Joly, C., … y Zlatanova, D. (2015). The IPBES Conceptual Framework — connecting nature and people. <em>Current Opinion in Environmental Sustainability</em>, <em>14</em>, 1-16. <a href=\"https://doi.org/10.1016/j.cosust.2014.11.002\">https://doi.org/10.1016/j.cosust.2014.11.002</a></p>

\n

<p>Fundação de Amparo à Pesquisa do Estado de São Paulo [FAPESP]. (2025). <em>Contribuições para a COP30: A Biodiversidade na Agenda Climática</em>. Evento presencial, 28 de marzo de 2025. <a href=\"https://fapesp.br/17463/contribuicoes-para-a-cop30-a-biodiversidade-na-agenda-climatica\">https://fapesp.br/17463/contribuicoes-para-a-cop30-a-biodiversidade-na-agenda-climatica</a></p>

\n

<p>Joly, C. A., Metzger, J. P. y Tabarelli, M. (2014). Experiences from the Brazilian Atlantic Forest: ecological findings and conservation initiatives. <em>New Phytologist</em>, <em>204</em>(3), 459–473. <a href=\"https://doi.org/10.1111/nph.12989\">https://doi.org/10.1111/nph.12989</a></p>

\n

<p>Joly, C. A., Haddad, C. F. B., Verdade, L. M., Oliveira, M. C., Bolzani, V. da S. y Berlinck, R. G. de S. (2011). Diagnóstico da pesquisa em biodiversidade no Brasil. <em>Revista USP</em>, (89), 114-133. doi: <a href=\"https://doi.org/10.11606/issn.2316-9036.v0i89p114-133\">https://doi.org/10.11606/issn.2316-9036.v0i89p114-133</a></p>

\n

<p>Labjor Unicamp (2023). <em>Carlos Joly é o ganhador do Prêmio FCW de Ciência 2022</em>. <a href=\"https://www.labjor.unicamp.br/carlos-joly-e-o-ganhador-do-premio-fcw-de-ciencia-2022\">https://www.labjor.unicamp.br/carlos-joly-e-o-ganhador-do-premio-fcw-de-ciencia-2022</a></p>

\n

<p>Peña-Claros, M. y Nobre, C. (2023). A regional approach to save the Amazon. <em>Science</em>, <em>381</em>, 6664, 1261. <a href=\"https://doi.org/10.1126/science.adk8794\">https://doi.org/10.1126/science.adk8794</a>  </p>

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<h2>Notas al pie</h2>

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<p><a href=\"https://openscience.uniandes.edu.co/?p=3665#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><span>[1]</span></a><span> Para acceder a la revista, es posible ingresar a través de este enlace web: </span><a href=\"https://www.biotaneotropica.org.br/BN\">https://www.biotaneotropica.org.br/BN</a></p>

\n

<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><sup>[2]</sup></a><em>Folha de São Paulo</em> - <em>Tendências e Debates</em>: <a href=\"https://www1.folha.uol.com.br/opiniao/tendenciasdebates\">https://www1.folha.uol.com.br/opiniao/tendenciasdebates</a></p>

\n

<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><sup>[3]</sup></a>La misión de Fundação SOS Mata Atlântica es inspirar a la sociedad en la defensa de la Mata Atlántica, con involucramiento ciudadano, generación de conocimiento y recursos destinados a promover políticas públicas que incentiven acciones a gran escala a favor de la recuperación forestal, la valorización de parques y reservas, el agua limpia y la protección del mar en la Mata Atlántica: <a href=\"https://www.sosma.org.br/index.php\">https://www.sosma.org.br/index.php</a> <sup> </sup><sup></sup></p>

\n

<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><sup>[4]</sup></a> Sierra do Japi pertenece al Estado de São Paulo (en Jundiaí) y representa parte del cinturón verde de la ciudad de São Paulo, declarada como “Reserva de la Biosfera de la Mata Atlántica” por la UNESCO en 1992.</p>

\n

<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn1\"><sup>[5]</sup></a> El Programa de Investigación en Caracterización, Conservación, Restauración y Uso Sostenible de la Biodiversidad (<em>Biota</em>-FAPESP) tiene como objetivo comprender, mapear y analizar la biodiversidad del Estado de São Paulo, incluyendo fauna, flora y microorganismos, pero también evaluar las posibilidades de explotación sostenible de plantas o animales con potencial económico y apoyar la formulación de políticas de conservación de los bosques remanentes ( <a href=\"https://www.biota.org.br\">https://www.biota.org.br</a>).<sup></sup></p>

\n

<p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn2\"><sup>[6]</sup></a> Revista <em>Pesquisa</em> de la FAPESP: <a href=\"https://revistapesquisa.fapesp.br/es\">https://revistapesquisa.fapesp.br/es</a></p>

\n

<p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn1\"><sup>[7]</sup></a> Joly menciona su participación en el curso “Antropoceno y el Futuro”, al que se inscribieron muchos ingenieros e ingenieras con interés en la agenda ambiental.</p>

\n

<p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn1\"><sup>[8]</sup></a> Premio Tyler 2025 – Academia Nacional de Ciencias de Argentina: <a href=\"https://www.anc-argentina.org.ar/2025/02/11/premio-tyler-al-logro-ambiental-2025-sandra-diaz-eduardo-brondizio\">https://www.anc-argentina.org.ar/2025/02/11/premio-tyler-al-logro-ambiental-2025-sandra-diaz-eduardo-brondizio</a></p>

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<h2>Sobre este texto de Diálogos</h2>

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<p>El presente trabajo fue realizado con apoyo de la Coordenação de Aperfeiçoamento de Pessoal de Nível Superior - Brasil (CAPES) - Código de Financiamento 001. Programa Move la América 2024-2025.</p>

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<h2>Sobre las autoras</h2>

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<p><strong>Julieta Vignale:</strong> Licenciada en Comunicación Social de la Universidad Nacional de Cuyo y maestranda en Ciencia, Tecnología e Innovación de la Universidad Nacional de Río Negro (Argentina). Jefa de supervisión en la Secretaría de Investigación y Publicación Científica de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo. Becaria de de maestría de la Secretaría de Investigación, Internacionales y Posgrado de la UNCUYO. Se especializa en abordajes y prácticas sobre comunicación de las ciencias y divulgación científica. Actualmente desarrolla su tesis de maestría sobre ciencia ciudadana y biodiversidad. Últimas publicaciones:Vignale, J. (2021). Ciencia, universidad y sociedad: Aportes y desafíos para una comunicación pública de la ciencia con perspectiva crítica, Revista Re-Presentaciones: Periodismo, comunicación y sociedad, 14, https://doi.org/10.35588/rp.v1i14.4748;Vignale, J. L. (2021). Ana María Vara: Circuitos y tensiones entre ciencia y tecnología, poder y comunicación científica en tiempos de pandemia. Millcayac Revista Digital de Ciencias Sociales, 8(14), 233–258. https://revistas.uncu.edu.ar/ojs3/index.php/millca-digital/article/view/4470 julivignale@gmail.com  ORCID: https://orcid.org/0000-0003-3968-9418      </p>

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<p><strong>Germana Barata: </strong>Doctora en Historia Social, bióloga, periodista de ciencia e investigadora sobre la cultura oceánica, divulgación científica y ciencia abierta. Es miembro del Comité de Asesoramiento de la Década del Océano en Brasil y coordinadora de la Red de Comunicación Ressoa Oceano (<a href=\"https://ressoaoceano.eco.br/\">ressoaoceano.eco.br</a>). Últimas publicaciones: Oliveira, M.; Barata, G.; Fleeckrackers, A.; Alperin, J. P.; Falade, B. y Bauer, M. (2024) <em>Bridging science communication and open science—Working inclusively toward the common good. Perspective article</em>. <em>Frontiers in Communication</em>, <em>29</em>. <a href=\"https://doi.org/10.3389/fcomm.2024.1473268\">https://doi.org/10.3389/fcomm.2024.1473268</a>; Fischer, L., Barata, G., Scheu, A. M. y Ziegler, R. (2024). Connecting science communication research and practice: challenges and ways forward. <em>Journal of Science Communication</em>, <em>23</em>(<em>2</em>), E. <a href=\"https://doi.org/10.22323/2.23020501\">https://doi.org/10.22323/2.23020501</a>.  <a href=\"mailto:germana@unicamp.br\">germana@unicamp.br</a> ORCID: <a href=\"https://orcid.org/0000-0001-6064-6952\">https://orcid.org/0000-0001-6064-6952</a></p>

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<blockquote>\n

<p><span>Hoy me veo a mí mismo como alguien que actúa en la intersección entre la ciencia y la política, participando en procesos de negociación a escala global, nacional, estadual y municipal. Es en ese cruce donde el conocimiento científico puede ganar relevancia social y contribuir de manera concreta a la toma de decisiones.</span></p>

\n</blockquote>

\n



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		<title>Cultivos de vainilla tradicional para la restauración del paisaje totonaca veracruzano</title>
		<link>https://openscience.uniandes.edu.co/cultivos-de-vainilla-tradicional-para-la-restauracion-del-paisaje-totonaca-veracruzano/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[naturalezaysociedad@uniandes.edu.co]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 21 Jan 2026 19:54:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Número 14: Tema libre]]></category>
		<category><![CDATA[Diálogos - Naturaleza y Sociedad. Desafíos Medioambientales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Número 14 &#8211; Tema libre Cultivos de vainilla tradicional para la restauración del paisaje totonaca veracruzano https://doi.org/10.53010/nys.dia.10 Abril Velasco Murguía, Evodia Silva Rivera, Noé Velázquez Rosas y Rodolfo Martínez Mota Investigadores del Centro de Investigaciones Tropicales de la Universidad Veracruzana (México) La vainilla es un símbolo de la identidad del pueblo totonaca veracruzano. Esta región [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" src="https://naturalezaysociedad.blob.core.windows.net/dialogos/banner/nys_banner.jpg" alt=""></p>
<div><a href="https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/issue/view/759">Número 14 &#8211; Tema libre</a></div>
<h1>
<p><span>Cultivos de vainilla tradicional para la restauración del paisaje totonaca veracruzano</span></p>
</h1>
<div>
<p><a href="https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/article/view/12503">https://doi.org/10.53010/nys.dia.10</a></p>
</p>
</div>
<h3>Abril Velasco Murguía, Evodia Silva Rivera, Noé Velázquez Rosas y Rodolfo Martínez Mota</h3>
<div>
<p>Investigadores del Centro de Investigaciones Tropicales de la Universidad Veracruzana (México)</p>
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<h3><strong>La vainilla es un símbolo de la identidad del pueblo totonaca veracruzano. Esta región es considerada como el centro de origen de su cultivo, un elemento biocultural de México poco conocido. Los conocimientos empíricos en los que se basa su aprovechamiento se remontan a la época prehispánica. No obstante, fue a finales del siglo XVIII cuando estas prácticas se manifestaron en sistemas agroforestales conocidos por los totonacas como vainillales tradicionales. Estos conocimientos se han perdido con el paso del tiempo. Consideramos necesario revalorizar el saber local que persiste en la memoria de algunas familias productoras del sistema tradicional de cultivo de vainilla, ya que posee características que podrían contribuir a la restauración del paisaje biocultural y, por ende, a mitigar los efectos de la crisis socioambiental a escala local y regional. </strong></h3>
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<h1><span lang="ES">Una aproximación al vainillal tradicional del pasado<o:p></o:p></span></h1>
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<p>Entre 1930 y 1969, el cultivo de vainilla representó una de las principales actividades económicas de las familias totonacas asentadas en Papantla (Chenaut, 2010; Soto-Arenas, 2006). Para estas personas el vainillal tradicional posee un gran valor sentimental, pues les evoca recuerdos personales. Además, era un espacio de enseñanza y convivencia familiar en el que se reproducían valores como la reciprocidad, a través de la ayuda mutua, conocida como “mano vuelta”. Asimismo, se promovía el respeto y cuidado de la naturaleza mediante rituales y ofrendas a <em>Kiwikgolo</em>, el señor del monte.</p>
<p>El vainillal tradicional se compone de árboles de distintas especies, principalmente nativas, que sirven de soporte a las plantas de vainilla. Anteriormente este sistema incluía la rotación de cultivos de milpa<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a> y vainilla, favoreciendo procesos ecológicos que mantenían un paisaje heterogéneo, como la sucesión secundaria. Además, podían distinguirse selvas maduras, vegetación en distintas etapas de sucesión, pastizales y otros cultivos comerciales (Cayetano y Del Amo, 2011; Toledo <em>et al</em>., 1994, 2003). El conocimiento sobre los ciclos de estos sistemas se transmitía de generación en generación mediante la enseñanza práctica y la tradición oral.</p>
<p>En la memoria colectiva, el vainillal tradicional se establecía a través de dos rutas distintivas. Una de ellas comenzaba con la roza, tumba y quema de al menos una hectárea de selva para sembrar milpa. La milpa (<em>katukuxtu</em>) se desarrollaba durante dos o hasta cuatro años y, a mitad de este periodo, se dejaban crecer algunos árboles nativos de especies variadas. Cuando estos alcanzaban una altura aproximada de 1.5 metros y proporcionaban sombra, abandonaban la milpa y establecían el vainillal. Esta ruta se desarrollaba en el pasado.</p>
<p>En la otra ruta, se podaban árboles en un fragmento de selva o vegetación secundaria y en ellos sembraban vainilla. Lo hacían plantando dos o tres esquejes de unos 80 cm al pie de cada árbol, empleando hojarasca o ramas troceadas de los árboles como sustrato. Las plantas se heredaban de los padres o abuelos, y en pocos casos provenían de ejemplares silvestres que encontraban en la selva o en los tarrales (<em>Guadua aculeata</em>). En este sistema, las plantas de vainilla producían la mayor cantidad de flores y vainas hasta el tercer año de siembra. Esta última ruta es la que se mantiene vigente en la actualidad.</p>
<p>Algunas personas señalan que el vainillal tradicional (<em>kaxanatni</em>) del pasado, requería poco mantenimiento, y algunos recuerdan que podía permanecer en pie entre 10 y 30 años. Era importante manejar la sombra y la ventilación, así como reemplazar las plantas de vainilla que lo necesitaran. En algunos casos, tras abandonar el cultivo, dejaban largos periodos de descanso para que la vegetación se regenerara de forma natural (acahual o <em>kamagkataman</em>) o hasta que se formaran selvas (monte alto o <em>kalankakiwin</em>), como se observa en la figura 1a (Cayetano y Del Amo, 2011; Medellín, 1993, Toledo <em>et al</em>.,1994).</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> La milpa es un policultivo que se compone de variedades locales de maíz, frijol y calabaza, entre otras especies.     </p>
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<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2026/01/Figura1.jpg" alt="Ciclo para el establecimiento del vainillal tradicional"></p>
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<p style="text-align: center;"><span><strong>Figura 1.</strong> Ciclo para el establecimiento del vainillal tradicional: a) en el pasado y b) actualmente. Fuente: Adaptado de Medellín-Morales (1993).</span></p>
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<p>Así, en el pasado, cada familia campesina poseía al menos un vainillal en producción, una milpa que pronto se convertiría en vainillal y un terreno con vegetación secundaria y/o selva. Este sistema les permitía obtener beneficios en diferentes periodos: a corto plazo, de los productos de la milpa; a mediano plazo, de la cosecha de vainilla y, a largo plazo, de las especies maderables. En el vainillal tradicional no se utilizaban agroquímicos ni riego, y la humedad dependía de la sombra y de las condiciones ambientales regionales. Las hierbas se cortaban con machete para evitar que plagas y enfermedades afectaran a las plantas del cultivo. Cada vainillal tenía una composición única que dependía del entorno circundante y del conocimiento de cada familia.</p>
<p>No obstante, podían distinguirse dos grandes variaciones en la estructura de los vainillales. La primera es quizá la más antigua, ya que se realizaba un manejo mínimo para mantener la vainilla adaptada a las condiciones de la selva, donde crecía sobre árboles nativos. Los árboles más altos proporcionaban sombra alta y los más bajos daban tanto sombra baja como soporte a las plantas de vainilla; a estos últimos se les denomina tutores. Se conservaba gran parte del dosel original de la selva, aunque se podaban ramas para reducir la sombra y ventilar el cultivo. La vainilla se dejaba crecer en lo alto de los árboles tutores, sus flores se polinizaban manualmente y las vainas eran cosechadas con escaleras de bambú o andamios. Algunas personas definen a este sistema como rústico, porque mantenía la conformación natural de los árboles (figura 2a). Esta estructura dio origen a otra forma de organizar los vainillales, en la que todos los árboles daban sombra y soporte a las plantas de vainilla. Se podaban las copas de los árboles para regular la cantidad de sombra y su altura. Las guías de vainilla se mantenían a una altura baja para facilitar la polinización manual y la cosecha de vainas (figura 2b).</p>
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<blockquote>
<p style="text-align: center;"><span>En el vainillal tradicional no se utilizaban agroquímicos ni riego, y la humedad dependía de la sombra y de las condiciones ambientales regionales. Las hierbas se cortaban con machete para evitar que plagas y enfermedades afectaran a las plantas del cultivo. Cada vainillal tenía una composición única que dependía del entorno circundante y del conocimiento de cada familia.</span></p>
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<h1><span lang="ES">Beneficios ecológicos de los vainillales tradicionales <o:p></o:p></span></h1>
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<p>El sistema tradicional es eficiente en el uso del agua y en el aporte de materia orgánica al suelo. Además, perdura durante largos periodos de tiempo y optimiza el espacio y los recursos. Contribuye a regular el microclima regional junto con los fragmentos de vegetación. Al mantenerse la cobertura arbórea de la selva, también se conservan los ciclos biogeoquímicos y las múltiples interacciones ecológicas naturales (Soto-Arenas, 2006). También favorece a los animales dispersores de semillas y a los polinizadores.  </p>
<p>Velázquez-Rosas <em>et al</em>. (2025) demostraron que los vainillales tradicionales pueden tener un número similar de árboles y arbustos que los fragmentos de selva. Las plantas leñosas encontradas en los cultivos tradicionales son multiusos: hasta el 50 % se utiliza como madera, leña, alimento y para la construcción. Estos sistemas agroforestales resguardan entre cuatro y cinco veces más especies que otros sistemas productivos de vainilla, como los asociados a cítricos o a sistemas semitecnificados con un número reducido de especies de árboles tutores. Además, preservan la heterogeneidad y la conectividad del paisaje, lo que favorece la conservación de la biodiversidad local y la capacidad de regeneración del ecosistema (Soto-Arenas, 2006; Toledo <em>et al</em>., 1994, 2003). Antes era posible encontrar venados, jabalíes, martuchas (<em>Potos flavus</em>), pumas, entre otras especies asociadas a estos cultivos. En resumen, todas estas características del sistema tradicional contribuyen a mantener un paisaje productivo y resiliente (Toledo <em>et al</em>., 2003).</p>
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<h1><span lang="ES">Estado actual de los vainillales tradicionales <o:p></o:p></span></h1>
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<p>En la actualidad, son pocas las personas que tienen vainillales tradicionales (fotografía 1 y figura 2c), mediante vegetación secundaria o fragmentos de selva de menos de un cuarto de hectárea. En otros casos, debido a la avanzada edad de las personas productoras, y a los robos, se ha optado por establecer pequeños huertos de traspatio de menos de 500 m<sup>2</sup>. En ambos casos, se favorece o elimina la presencia de algunos árboles nativos y se introducen otros de importancia comercial. Dichos árboles sirven de soporte a las vainillas, que se podan para regular su altura. Esta forma de cultivo es una muestra de resistencia cultural, ya que adapta las antiguas estrategias de cultivo al contexto social y ambiental actual. Algunas personas consideran que ya no es posible encontrar vainilla silvestre en los fragmentos de selva. Por otro lado, están conscientes de varios factores que afectan los cultivos tradicionales. Por ejemplo, la frecuencia de las lluvias ha cambiado. Las altas temperaturas se han intensificado durante el período de fructificación de la vainilla; lo que ha aumentado las sequías y ha hecho necesario regar las plantas. Sin embargo, la infraestructura inadecuada y el agua clorada complican los cuidados.</p>
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<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2026/01/Vainillal-tradicional-1-scaled.jpg" alt="Vainillal tradicional actual"></p>
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<p class="Imagen" style="text-align: center;"><span lang="ES">Fotografía 1. Vainillal tradicional actual. Fuente: Noé Velázquez Rosas.<o:p></o:p></span></p>
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<h1><span lang="ES">Transformaciones del vainillal tradicional<o:p></o:p></span></h1>
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<p>Hasta fines de los años sesenta, el sistema tradicional era la única forma de producir vainilla en la región. La mayoría de las familias tenía al menos una hectárea de vainilla, por lo que gran parte del paisaje estaba cubierto por vainillales tradicionales. Sin embargo, poco a poco se han abandonado los cultivos por diversas razones, como los robos, las heladas y la caída del precio. En la actualidad, el paisaje está dominado por monocultivos de cítricos, pastizales para ganado y por la industria petrolera (Ellis y Martínez, 2010). Este cambio en el uso del suelo ha contribuido a que la selva se reduzca a pequeños fragmentos, lo que afecta la biodiversidad y altera el régimen climático.</p>
<p>Las personas que continúan cultivando el vainillal tradicional son principalmente abuelos y abuelas que resguardan este conocimiento. Las personas jóvenes han emigrado a las ciudades, lo que limita la posibilidad de aprender los valores y saberes de sus padres y abuelos para reproducir este sistema de cultivo. En conjunto, dichas circunstancias ponen en riesgo los conocimientos ecológicos tradicionales.</p>
<p>Bajo la lógica reduccionista de la producción industrializada, el vainillal tradicional ya no forma parte del sistema de rotación de cultivos y, en consecuencia, la capacidad regenerativa de la vegetación se ha reducido (Figura 1b). La mayoría de los productores emplean sistemas de cultivo intensivos, poco diversificados, y cultural y ecológicamente simplificados. Su objetivo es maximizar la producción y las ganancias. En los sistemas semitecnificados se utilizan agroquímicos con cierta frecuencia y se requieren insumos externos (figura 2d). En estos sistemas, la vainilla crece asociada a una o dos especies de árboles que le sirven de soporte y le dan sombra; principalmente naranjos (<em>Citrus sinensis</em>), cocuites (<em>Gliricidia sepium</em>), y pichocos (<em>Erythrina americana</em>). En los sistemas tecnificados (figura 2e), tutores vivos o muertos sostienen a la planta de vainilla bajo malla sombra.</p>
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<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2026/01/Figura2.jpg" alt="Estructura del vainillal"></p>
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<p class="Imagen" style="text-align: center;"><span lang="ES">Figura 2. Estructura del vainillal: a) tradicional más antiguo, b) tradicional del pasado, c) tradicional actual, d) semi-tecnificado y e) tecnificado bajo malla sombra. Fuente: adaptado de Medellín-Morales (1993).<o:p></o:p></span></p>
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<p>Por otro lado, la producción de vainilla está en continuo riesgo debido a la crisis climática. Sea cual sea el sistema de cultivo empleado, la vainilla del Totonacapan veracruzano se enfrenta a intensas sequías, al aumento de eventos climáticos extremos e impredecibles y a la proliferación de plagas y enfermedades en la región. Además, existe un problema histórico que no se ha podido resolver: el robo de la vainilla. Este hecho ha provocado el desánimo y el abandono del cultivo en una parte del sector productor. Por tanto, se requiere un esfuerzo coordinado para reforzar la normativa y promover la vigilancia desde los frentes legislativo, educativo, empresarial, social y productivo.    </p>
<p class="Imagen">
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<h1><span lang="ES">Los vainillales tradicionales: una alternativa para recuperar el paisaje biocultural totonaca<o:p></o:p></span></h1>
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<p>El vainillal tradicional y sus ciclos de descanso, en los que se desarrolla vegetación secundaria y selvas, ofrecen importantes beneficios ecológicos, culturales y económicos tanto a mediano como a largo plazo. Los principios de estos sistemas agroforestales podrían contribuir a la recuperación de la cobertura forestal, a la retención del agua y a la protección de la biodiversidad regional. Por ello, generar una estrategia basada en este sistema podría ser una alternativa situada en el contexto sociocultural. Además, permitiría revitalizar el conocimiento asociado al vainillal tradicional, a restaurar el paisaje biocultural del Totonacapan y a mejorar la calidad de vida de sus habitantes.</p>
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<h3><span lang="ES">Agradecimientos<o:p></o:p></span></h3>
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<p>Agradecemos a la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI) por la beca otorgada para llevar a cabo esta investigación de estancia posdoctoral y por la financiación del proyecto Ciencia de Frontera 2023 &#8211; solicitud número CF-2023-G-559, titulado: “Los agroecosistemas tradicionales como promotores de diversidad microbiana de las abejas nativas del Totonacapan”, gracias al cual se pudo realizar parte del trabajo de campo. También agradecemos a las personas productoras de vainilla tradicional del municipio de Papantla por su disposición para participar en las entrevistas y para realizar los muestreos en sus vainillales tradicionales.</p>
<p class="Imagen">
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<h2><span lang="ES">Referencias<o:p></o:p></span></h2>
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<p>Cayetano, L. M. y Del Amo-Rodríguez, S. (2011). Paisaje, memoria y cultura. Una trilogía para la conservación y el bienestar de las comunidades totonacas. En F. de J. Reyes Escutia y S. Barrasa García (coords.), <em>Saberes ambientales campesinos: Cultura y naturaleza en comunidades indígenas y mestizas de México</em> (pp. 97–136). Universidad Autónoma de Puebla. <a href="https://hdl.handle.net/20.500.12753/881">https://hdl.handle.net/20.500.12753/881</a> </p>
<p>Chenaut, V. (2010). Los totonacas de Veracruz: Población, cultura y sociedad. En R. Córdova (coord. del tomo 3) y E. Florescano y J. Ortiz Escamilla (coord. gral.), <em>Atlas del patrimonio natural, histórico y cultural de Veracruz: v. 3. Patrimonio cultural</em> (pp. 45–66). Gobierno del Estado de Veracruz; Comisión del Estado de Veracruz para la Conmemoración de la Independencia Nacional y la Revolución Mexicana; Universidad Veracruzana.</p>
<p>Ellis, E. A. y Martínez-Bello, M. (2010). Vegetación y uso de suelo. En G. Benítez-Badillo y C. Welsh Rodríguez (coords. del tomo 1) y E. Florescano y J. Ortiz Escamilla (coord. gral.), <em>Atlas del patrimonio natural, histórico y cultural de Veracruz: v. 1. Patrimonio natural</em> (pp. 203–226). Gobierno del Estado de Veracruz; Comisión del Estado de Veracruz para la Conmemoración de la Independencia Nacional y la Revolución Mexicana; Universidad Veracruzana.</p>
<p>Medellín-Morales, S.G. (1993). Cultivo y proceso de producción tradicional de la vainilla (Vanilla planifolia Andrews = ORCHIDACEAE) en una comunidad totonaca, Veracruz, México. <em>BIOTAM</em>, <em>5</em>(3), 25-38.</p>
<p>Soto-Arenas, M. A. (2006). La vainilla: retos y perspectivas de su cultivo. <em>Biodiversitas</em>, 66, 1-9.</p>
<p>Toledo, V. M., Ortiz-Espejel, B. y Medellín-Morales, S. (1994). Biodiversity Islands in a Sea of Pastureland: Indigenous Resource Management in the Humid Tropics of Mexico. <em>Etnoecológica</em>, <em>2</em>(3), 37-49.</p>
<p>Toledo, V. M., Ortiz-Espejel, Cortés, L., Moguel, P.  y Ordoñez, M. D. J. (2003). The Multiple Use of Tropical Forests by Indigenous Peoples in Mexico: a Case of Adaptive Management. <em>Conservation Ecology</em>, <em>7</em>(3), 9. <a href="http://www.consecol.org/vol7/iss3/art9">http://www.consecol.org/vol7/iss3/art9</a></p>
<p>Velázquez-Rosas, N., Sinaca-Colin, S., Vázquez-Domínguez, G., Velasco-Murguía, A., Silva-Rivera, E., Ruiz-Guerra, B., Friedrich, F. L., Cortés-Galindo, R., Armenta-Montero, S. y Martínez-Mota, R. (2025). Importance Of Traditional Vanilla Cultivation In The Conservation Of Plant Diversity In Tropical Forests In Northern Veracruz, Mexico. <em>Sustainability, 17</em>(6), 2598. <a href="https://doi.org/10.3390/su17062598">https://doi.org/10.3390/su17062598</a></p>
</div>
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<h2>Sobre los autores</h2>
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<div>
<p><strong>Abril Velasco Murguía.</strong> Doctora en Ciencias en Conservación y Aprovechamiento de Recursos Naturales por el CIIDIR-Oaxaca del IPN. Actualmente es investigadora posdoctoral en el CITRO-UV donde estudia el vainillal tradicional como alternativa para la restauración del paisaje biocultural totonaca en Veracruz. Contribución: Conceptualización, investigación y redacción. Últimas dos publicaciones: Velasquez-Rosas, N., Sinaca, S., Vázquez-Domínguez, G., Velasco-Murguía, A., Silva-Rivera, E., Ruíz-Guerra, B., Levi, F., Cortés, R., Armenta-Moreno, S. y Martínez-Mota, R. (2025). Importance of Traditional Vanilla Cultivation in the Conservation of Plant Diversity in Tropical Forest in Northern Veracruz, Mexico. <em>Sustainability</em>, <em>17</em>(6), 1-19. <a href="https://doi.org/10.3390/su17062598">https://doi.org/10.3390/su17062598</a>;  Trujillo-Argueta, S., del Castillo, R. y Velasco-Murguía, A. (2022). Testing the effectiveness of rbc La DNA-barcoding for species discriminatin in tropical montan cloud forest vascular plants (Oaxaca, Mexico) using BLAST, genetic distance, and tree-based methods. <em>PeerJ</em>, <em>10</em>. <a href="https://doi.org/10.7717/peerj.13771">https://doi.org/10.7717/peerj.13771</a>. <a href="mailto:abrvelasco@uv.mx">abrvelasco@uv.mx</a> ORCID: <a href="https://orcid.org/0000-0003-1485-494X">https://orcid.org/0000-0003-1485-494X</a></p>
<p><strong>Evodia Silva Rivera.</strong> Doctora en Estudios del Desarrollo por la Universidad de East Anglia en Reino Unido. Actualmente es académica del CITRO-UV y su investigación se enfoca en conservación, educación y sistemas socioecológicos con organizaciones y grupos originarios. Contribución: revisión, edición y adquisición de financiamiento. Últimas publicaciones: Velázquez, N., Zepeda, J., Silva, E., Martínez, R. y Vázquez, G. (2025). <em>La conservación de la diversidad biológica y cultural: perspectivas en diálogo</em>. Universidad Veracruzana, Dirección Editorial. DOI: <a href="mailto:10.25009/uv.2621992">10.25009/uv.2621992</a>; Ciprés-Chávez, A., Paradowska, K., Moreno-Casasola, P. y Silva-Rivera, E. (2025). El escenario socioecológico del sistema lagunar costero de Mandinga, Veracruz, México: problemas y conflictos en torno a la conservación ante el avance inmobiliario. <em>Revista Kawsaypacha: Sociedad Y Medio Ambiente</em>, <em>16</em>. <a href="https://doi.org/10.18800/kawsaypacha.202502.D014">https://doi.org/10.18800/kawsaypacha.202502.D014</a>. <a href="mailto:evsilva@uv.mx">evsilva@uv.mx</a>  ORCID: <a href="https://orcid.org/0000-0001-8371-0996">https://orcid.org/0000-0001-8371-0996</a></p>
<p><strong>Noé Velázquez Rosas.</strong> Doctor en Ciencias por el Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente es académico del CITRO-UV y su investigación se enfoca en ecofisiología vegetal y diversidad funcional de bosques tropicales, así como en el estudio de la diversidad biocultural del trópico. Contribución: Investigación, redacción, revisión, edición y adquisición de financiamiento. Últimas publicaciones: Fuentes-Romero, E., García, N., Sedov, S., López-Binnqüist, C. y Velázquez-Rosas, N. (2025). Carbon storage in mountain cloud forest communities, Jalpan de Serra, Querétaro, México. <em>Carbon Balance Manage</em>, <em>20</em>(41). <a href="https://doi.org/10.1186/s13021-025-00324-1">https://doi.org/10.1186/s13021-025-00324-1</a>; Velázquez, N., Zepeda, J., Silva, E. y Martínez, R. y Vázquez, G. (2025). <em>La conservación de la diversidad biológica y cultural: perspectivas en diálogo</em>. Universidad Veracruzana, Dirección Editorial. DOI: <a href="mailto:10.25009/uv.2621992">10.25009/uv.2621992</a>. <a href="mailto:novelazquez@uv.mx">novelazquez@uv.mx</a> ORCID: <a href="https://orcid.org/0000-0002-8420-1066">https://orcid.org/0000-0002-8420-1066</a></p>
<p><strong>Rodolfo Martínez Mota.</strong> Doctor en Antropología Biológica por la Universidad de Illinois, Estados Unidos. Actualmente es académico del CITRO-UV donde desarrolla investigaciones sobre ecología microbiana y salud de animales silvestres. Contribución: Revisión y adquisición de financiamiento. Últimas publicaciones: Velázquez, N., Zepeda, J., Silva, E., Martínez, R., Vázquez, G. (2025). <em>La conservación de la diversidad biológica y cultural: perspectivas en diálogo</em>. Universidad Veracruzana, Dirección Editorial. DOI: <a href="mailto:10.25009/uv.2621992">10.25009/uv.2621992</a>; Vázquez, G.; Silva, E., Hernández, A., Martínez, R., Velázquez, N. y Hinojosa, I. (2025). <em>Conoce a las abejas nativas de Totonacapan, Veracruz</em>. Universidad Veracruzana, Dirección Editorial. DOI: <a href="https://simehbucket.s3.amazonaws.com/miscfiles/qcyt2025-9786072621602-conoce-a-las-abejas_cm3d7h4r.pdf">10.25009/uv.2621602</a>. <a href="mailto:rodomartinez@uv.mx">rodomartinez@uv.mx</a>, ORCID: <a href="https://orcid.org/0000-0001-7881-4598">https://orcid.org/0000-0001-7881-4598</a> </p>
</div>
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<h3><span>Por otro lado, la producción de vainilla está en continuo riesgo debido a la crisis climática. Sea cual sea el sistema de cultivo empleado, la vainilla del Totonacapan veracruzano se enfrenta a intensas sequías, al aumento de eventos climáticos extremos e impredecibles y a la proliferación de plagas y enfermedades en la región. Además, existe un problema histórico que no se ha podido resolver: el robo de la vainilla. Este hecho ha provocado el desánimo y el abandono del cultivo en una parte del sector productor. Por tanto, se requiere un esfuerzo coordinado para reforzar la normativa y promover la vigilancia desde los frentes legislativo, educativo, empresarial, social y productivo.   </span></h3>
</blockquote>
</div>
<hr>
<p><a href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/deed.es"><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2022/12/CC_BY-NC-ND_icon-88x31-1.png" alt=" CC_BY-NC-ND"></a></p>
<h6>Estos contenidos están bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional</h6>
<p><span id="more-3652"></span><br />
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<p><span>Cultivos de vainilla tradicional para la restauración del paisaje totonaca veracruzano</span></p>

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<p><a href=\"https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/article/view/12503\">https://doi.org/10.53010/nys.dia.10</a></p>

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","margin_bottom":"default","margin_top":"default"},"name":"doi"},{"name":"Autor","type":"headline","props":{"block_align":"center","content":"Abril Velasco Murguía, Evodia Silva Rivera, Noé Velázquez Rosas y Rodolfo Martínez Mota","image_align":"left","image_margin":"xsmall","title_decoration":"bullet","title_element":"h3"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p>Investigadores del Centro de Investigaciones Tropicales de la Universidad Veracruzana (México)</p>

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<h3><strong>La vainilla es un símbolo de la identidad del pueblo totonaca veracruzano. Esta región es considerada como el centro de origen de su cultivo, un elemento biocultural de México poco conocido. Los conocimientos empíricos en los que se basa su aprovechamiento se remontan a la época prehispánica. No obstante, fue a finales del siglo XVIII cuando estas prácticas se manifestaron en sistemas agroforestales conocidos por los totonacas como vainillales tradicionales. Estos conocimientos se han perdido con el paso del tiempo. Consideramos necesario revalorizar el saber local que persiste en la memoria de algunas familias productoras del sistema tradicional de cultivo de vainilla, ya que posee características que podrían contribuir a la restauración del paisaje biocultural y, por ende, a mitigar los efectos de la crisis socioambiental a escala local y regional. </strong></h3>

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<h1><span lang=\"ES\">Una aproximación al vainillal tradicional del pasado<o:p></o:p></span></h1>

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<p>Entre 1930 y 1969, el cultivo de vainilla representó una de las principales actividades económicas de las familias totonacas asentadas en Papantla (Chenaut, 2010; Soto-Arenas, 2006). Para estas personas el vainillal tradicional posee un gran valor sentimental, pues les evoca recuerdos personales. Además, era un espacio de enseñanza y convivencia familiar en el que se reproducían valores como la reciprocidad, a través de la ayuda mutua, conocida como “mano vuelta”. Asimismo, se promovía el respeto y cuidado de la naturaleza mediante rituales y ofrendas a <em>Kiwikgolo</em>, el señor del monte.</p>

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<p>El vainillal tradicional se compone de árboles de distintas especies, principalmente nativas, que sirven de soporte a las plantas de vainilla. Anteriormente este sistema incluía la rotación de cultivos de milpa<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]</a> y vainilla, favoreciendo procesos ecológicos que mantenían un paisaje heterogéneo, como la sucesión secundaria. Además, podían distinguirse selvas maduras, vegetación en distintas etapas de sucesión, pastizales y otros cultivos comerciales (Cayetano y Del Amo, 2011; Toledo <em>et al</em>., 1994, 2003). El conocimiento sobre los ciclos de estos sistemas se transmitía de generación en generación mediante la enseñanza práctica y la tradición oral.</p>

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<p>En la memoria colectiva, el vainillal tradicional se establecía a través de dos rutas distintivas. Una de ellas comenzaba con la roza, tumba y quema de al menos una hectárea de selva para sembrar milpa. La milpa (<em>katukuxtu</em>) se desarrollaba durante dos o hasta cuatro años y, a mitad de este periodo, se dejaban crecer algunos árboles nativos de especies variadas. Cuando estos alcanzaban una altura aproximada de 1.5 metros y proporcionaban sombra, abandonaban la milpa y establecían el vainillal. Esta ruta se desarrollaba en el pasado.</p>

\n

<p>En la otra ruta, se podaban árboles en un fragmento de selva o vegetación secundaria y en ellos sembraban vainilla. Lo hacían plantando dos o tres esquejes de unos 80 cm al pie de cada árbol, empleando hojarasca o ramas troceadas de los árboles como sustrato. Las plantas se heredaban de los padres o abuelos, y en pocos casos provenían de ejemplares silvestres que encontraban en la selva o en los tarrales (<em>Guadua aculeata</em>). En este sistema, las plantas de vainilla producían la mayor cantidad de flores y vainas hasta el tercer año de siembra. Esta última ruta es la que se mantiene vigente en la actualidad.</p>

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<p>Algunas personas señalan que el vainillal tradicional (<em>kaxanatni</em>) del pasado, requería poco mantenimiento, y algunos recuerdan que podía permanecer en pie entre 10 y 30 años. Era importante manejar la sombra y la ventilación, así como reemplazar las plantas de vainilla que lo necesitaran. En algunos casos, tras abandonar el cultivo, dejaban largos periodos de descanso para que la vegetación se regenerara de forma natural (acahual o <em>kamagkataman</em>) o hasta que se formaran selvas (monte alto o <em>kalankakiwin</em>), como se observa en la figura 1a (Cayetano y Del Amo, 2011; Medellín, 1993, Toledo <em>et al</em>.,1994).</p>

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<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]</a> La milpa es un policultivo que se compone de variedades locales de maíz, frijol y calabaza, entre otras especies.     </p>

","dropcap":true,"margin_bottom":"default","margin_top":"default","text_color":"emphasis"}},{"type":"divider","props":{"divider_element":"hr"}},{"type":"image","props":{"image":"wp-content/uploads/2026/01/Figura1.jpg","image_alt":"Ciclo para el establecimiento del vainillal tradicional","image_svg_color":"emphasis","margin_bottom":"default","margin_top":"default"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p style=\"text-align: center;\"><span><strong>Figura 1.</strong> Ciclo para el establecimiento del vainillal tradicional: a) en el pasado y b) actualmente. Fuente: Adaptado de Medellín-Morales (1993).</span></p>

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<p>Así, en el pasado, cada familia campesina poseía al menos un vainillal en producción, una milpa que pronto se convertiría en vainillal y un terreno con vegetación secundaria y/o selva. Este sistema les permitía obtener beneficios en diferentes periodos: a corto plazo, de los productos de la milpa; a mediano plazo, de la cosecha de vainilla y, a largo plazo, de las especies maderables. En el vainillal tradicional no se utilizaban agroquímicos ni riego, y la humedad dependía de la sombra y de las condiciones ambientales regionales. Las hierbas se cortaban con machete para evitar que plagas y enfermedades afectaran a las plantas del cultivo. Cada vainillal tenía una composición única que dependía del entorno circundante y del conocimiento de cada familia.</p>

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<p>No obstante, podían distinguirse dos grandes variaciones en la estructura de los vainillales. La primera es quizá la más antigua, ya que se realizaba un manejo mínimo para mantener la vainilla adaptada a las condiciones de la selva, donde crecía sobre árboles nativos. Los árboles más altos proporcionaban sombra alta y los más bajos daban tanto sombra baja como soporte a las plantas de vainilla; a estos últimos se les denomina tutores. Se conservaba gran parte del dosel original de la selva, aunque se podaban ramas para reducir la sombra y ventilar el cultivo. La vainilla se dejaba crecer en lo alto de los árboles tutores, sus flores se polinizaban manualmente y las vainas eran cosechadas con escaleras de bambú o andamios. Algunas personas definen a este sistema como rústico, porque mantenía la conformación natural de los árboles (figura 2a). Esta estructura dio origen a otra forma de organizar los vainillales, en la que todos los árboles daban sombra y soporte a las plantas de vainilla. Se podaban las copas de los árboles para regular la cantidad de sombra y su altura. Las guías de vainilla se mantenían a una altura baja para facilitar la polinización manual y la cosecha de vainas (figura 2b).</p>

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<p style=\"text-align: center;\"><span>En el vainillal tradicional no se utilizaban agroquímicos ni riego, y la humedad dependía de la sombra y de las condiciones ambientales regionales. Las hierbas se cortaban con machete para evitar que plagas y enfermedades afectaran a las plantas del cultivo. Cada vainillal tenía una composición única que dependía del entorno circundante y del conocimiento de cada familia.</span></p>

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<h1><span lang=\"ES\">Beneficios ecológicos de los vainillales tradicionales <o:p></o:p></span></h1>

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<p>El sistema tradicional es eficiente en el uso del agua y en el aporte de materia orgánica al suelo. Además, perdura durante largos periodos de tiempo y optimiza el espacio y los recursos. Contribuye a regular el microclima regional junto con los fragmentos de vegetación. Al mantenerse la cobertura arbórea de la selva, también se conservan los ciclos biogeoquímicos y las múltiples interacciones ecológicas naturales (Soto-Arenas, 2006). También favorece a los animales dispersores de semillas y a los polinizadores.  </p>

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<p>Velázquez-Rosas <em>et al</em>. (2025) demostraron que los vainillales tradicionales pueden tener un número similar de árboles y arbustos que los fragmentos de selva. Las plantas leñosas encontradas en los cultivos tradicionales son multiusos: hasta el 50 % se utiliza como madera, leña, alimento y para la construcción. Estos sistemas agroforestales resguardan entre cuatro y cinco veces más especies que otros sistemas productivos de vainilla, como los asociados a cítricos o a sistemas semitecnificados con un número reducido de especies de árboles tutores. Además, preservan la heterogeneidad y la conectividad del paisaje, lo que favorece la conservación de la biodiversidad local y la capacidad de regeneración del ecosistema (Soto-Arenas, 2006; Toledo <em>et al</em>., 1994, 2003). Antes era posible encontrar venados, jabalíes, martuchas (<em>Potos flavus</em>), pumas, entre otras especies asociadas a estos cultivos. En resumen, todas estas características del sistema tradicional contribuyen a mantener un paisaje productivo y resiliente (Toledo <em>et al</em>., 2003).</p>

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<h1><span lang=\"ES\">Estado actual de los vainillales tradicionales <o:p></o:p></span></h1>

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<p>En la actualidad, son pocas las personas que tienen vainillales tradicionales (fotografía 1 y figura 2c), mediante vegetación secundaria o fragmentos de selva de menos de un cuarto de hectárea. En otros casos, debido a la avanzada edad de las personas productoras, y a los robos, se ha optado por establecer pequeños huertos de traspatio de menos de 500 m<sup>2</sup>. En ambos casos, se favorece o elimina la presencia de algunos árboles nativos y se introducen otros de importancia comercial. Dichos árboles sirven de soporte a las vainillas, que se podan para regular su altura. Esta forma de cultivo es una muestra de resistencia cultural, ya que adapta las antiguas estrategias de cultivo al contexto social y ambiental actual. Algunas personas consideran que ya no es posible encontrar vainilla silvestre en los fragmentos de selva. Por otro lado, están conscientes de varios factores que afectan los cultivos tradicionales. Por ejemplo, la frecuencia de las lluvias ha cambiado. Las altas temperaturas se han intensificado durante el período de fructificación de la vainilla; lo que ha aumentado las sequías y ha hecho necesario regar las plantas. Sin embargo, la infraestructura inadecuada y el agua clorada complican los cuidados.</p>

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<p class=\"Imagen\" style=\"text-align: center;\"><span lang=\"ES\">Fotografía 1. Vainillal tradicional actual. Fuente: Noé Velázquez Rosas.<o:p></o:p></span></p>

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<h1><span lang=\"ES\">Transformaciones del vainillal tradicional<o:p></o:p></span></h1>

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<p>Hasta fines de los años sesenta, el sistema tradicional era la única forma de producir vainilla en la región. La mayoría de las familias tenía al menos una hectárea de vainilla, por lo que gran parte del paisaje estaba cubierto por vainillales tradicionales. Sin embargo, poco a poco se han abandonado los cultivos por diversas razones, como los robos, las heladas y la caída del precio. En la actualidad, el paisaje está dominado por monocultivos de cítricos, pastizales para ganado y por la industria petrolera (Ellis y Martínez, 2010). Este cambio en el uso del suelo ha contribuido a que la selva se reduzca a pequeños fragmentos, lo que afecta la biodiversidad y altera el régimen climático.</p>

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<p>Las personas que continúan cultivando el vainillal tradicional son principalmente abuelos y abuelas que resguardan este conocimiento. Las personas jóvenes han emigrado a las ciudades, lo que limita la posibilidad de aprender los valores y saberes de sus padres y abuelos para reproducir este sistema de cultivo. En conjunto, dichas circunstancias ponen en riesgo los conocimientos ecológicos tradicionales.</p>

\n

<p>Bajo la lógica reduccionista de la producción industrializada, el vainillal tradicional ya no forma parte del sistema de rotación de cultivos y, en consecuencia, la capacidad regenerativa de la vegetación se ha reducido (Figura 1b). La mayoría de los productores emplean sistemas de cultivo intensivos, poco diversificados, y cultural y ecológicamente simplificados. Su objetivo es maximizar la producción y las ganancias. En los sistemas semitecnificados se utilizan agroquímicos con cierta frecuencia y se requieren insumos externos (figura 2d). En estos sistemas, la vainilla crece asociada a una o dos especies de árboles que le sirven de soporte y le dan sombra; principalmente naranjos (<em>Citrus sinensis</em>), cocuites (<em>Gliricidia sepium</em>), y pichocos (<em>Erythrina americana</em>). En los sistemas tecnificados (figura 2e), tutores vivos o muertos sostienen a la planta de vainilla bajo malla sombra.</p>

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<p class=\"Imagen\" style=\"text-align: center;\"><span lang=\"ES\">Figura 2. Estructura del vainillal: a) tradicional más antiguo, b) tradicional del pasado, c) tradicional actual, d) semi-tecnificado y e) tecnificado bajo malla sombra. Fuente: adaptado de Medellín-Morales (1993).<o:p></o:p></span></p>

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<p class=\"Imagen\">

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<p>Por otro lado, la producción de vainilla está en continuo riesgo debido a la crisis climática. Sea cual sea el sistema de cultivo empleado, la vainilla del Totonacapan veracruzano se enfrenta a intensas sequías, al aumento de eventos climáticos extremos e impredecibles y a la proliferación de plagas y enfermedades en la región. Además, existe un problema histórico que no se ha podido resolver: el robo de la vainilla. Este hecho ha provocado el desánimo y el abandono del cultivo en una parte del sector productor. Por tanto, se requiere un esfuerzo coordinado para reforzar la normativa y promover la vigilancia desde los frentes legislativo, educativo, empresarial, social y productivo.    </p>

\n

<p class=\"Imagen\">

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<h1><span lang=\"ES\">Los vainillales tradicionales: una alternativa para recuperar el paisaje biocultural totonaca<o:p></o:p></span></h1>

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<p>El vainillal tradicional y sus ciclos de descanso, en los que se desarrolla vegetación secundaria y selvas, ofrecen importantes beneficios ecológicos, culturales y económicos tanto a mediano como a largo plazo. Los principios de estos sistemas agroforestales podrían contribuir a la recuperación de la cobertura forestal, a la retención del agua y a la protección de la biodiversidad regional. Por ello, generar una estrategia basada en este sistema podría ser una alternativa situada en el contexto sociocultural. Además, permitiría revitalizar el conocimiento asociado al vainillal tradicional, a restaurar el paisaje biocultural del Totonacapan y a mejorar la calidad de vida de sus habitantes.</p>

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<p class=\"Imagen\">

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<h3><span lang=\"ES\">Agradecimientos<o:p></o:p></span></h3>

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<p>Agradecemos a la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI) por la beca otorgada para llevar a cabo esta investigación de estancia posdoctoral y por la financiación del proyecto Ciencia de Frontera 2023 - solicitud número CF-2023-G-559, titulado: “Los agroecosistemas tradicionales como promotores de diversidad microbiana de las abejas nativas del Totonacapan”, gracias al cual se pudo realizar parte del trabajo de campo. También agradecemos a las personas productoras de vainilla tradicional del municipio de Papantla por su disposición para participar en las entrevistas y para realizar los muestreos en sus vainillales tradicionales.</p>

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<p class=\"Imagen\">

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<h2><span lang=\"ES\">Referencias<o:p></o:p></span></h2>

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<p>Cayetano, L. M. y Del Amo-Rodríguez, S. (2011). Paisaje, memoria y cultura. Una trilogía para la conservación y el bienestar de las comunidades totonacas. En F. de J. Reyes Escutia y S. Barrasa García (coords.), <em>Saberes ambientales campesinos: Cultura y naturaleza en comunidades indígenas y mestizas de México</em> (pp. 97–136). Universidad Autónoma de Puebla. <a href=\"https://hdl.handle.net/20.500.12753/881\">https://hdl.handle.net/20.500.12753/881</a> </p>

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<p>Chenaut, V. (2010). Los totonacas de Veracruz: Población, cultura y sociedad. En R. Córdova (coord. del tomo 3) y E. Florescano y J. Ortiz Escamilla (coord. gral.), <em>Atlas del patrimonio natural, histórico y cultural de Veracruz: v. 3. Patrimonio cultural</em> (pp. 45–66). Gobierno del Estado de Veracruz; Comisión del Estado de Veracruz para la Conmemoración de la Independencia Nacional y la Revolución Mexicana; Universidad Veracruzana.</p>

\n

<p>Ellis, E. A. y Martínez-Bello, M. (2010). Vegetación y uso de suelo. En G. Benítez-Badillo y C. Welsh Rodríguez (coords. del tomo 1) y E. Florescano y J. Ortiz Escamilla (coord. gral.), <em>Atlas del patrimonio natural, histórico y cultural de Veracruz: v. 1. Patrimonio natural</em> (pp. 203–226). Gobierno del Estado de Veracruz; Comisión del Estado de Veracruz para la Conmemoración de la Independencia Nacional y la Revolución Mexicana; Universidad Veracruzana.</p>

\n

<p>Medellín-Morales, S.G. (1993). Cultivo y proceso de producción tradicional de la vainilla (Vanilla planifolia Andrews = ORCHIDACEAE) en una comunidad totonaca, Veracruz, México. <em>BIOTAM</em>, <em>5</em>(3), 25-38.</p>

\n

<p>Soto-Arenas, M. A. (2006). La vainilla: retos y perspectivas de su cultivo. <em>Biodiversitas</em>, 66, 1-9.</p>

\n

<p>Toledo, V. M., Ortiz-Espejel, B. y Medellín-Morales, S. (1994). Biodiversity Islands in a Sea of Pastureland: Indigenous Resource Management in the Humid Tropics of Mexico. <em>Etnoecológica</em>, <em>2</em>(3), 37-49.</p>

\n

<p>Toledo, V. M., Ortiz-Espejel, Cortés, L., Moguel, P.  y Ordoñez, M. D. J. (2003). The Multiple Use of Tropical Forests by Indigenous Peoples in Mexico: a Case of Adaptive Management. <em>Conservation Ecology</em>, <em>7</em>(3), 9. <a href=\"http://www.consecol.org/vol7/iss3/art9\">http://www.consecol.org/vol7/iss3/art9</a></p>

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<p>Velázquez-Rosas, N., Sinaca-Colin, S., Vázquez-Domínguez, G., Velasco-Murguía, A., Silva-Rivera, E., Ruiz-Guerra, B., Friedrich, F. L., Cortés-Galindo, R., Armenta-Montero, S. y Martínez-Mota, R. (2025). Importance Of Traditional Vanilla Cultivation In The Conservation Of Plant Diversity In Tropical Forests In Northern Veracruz, Mexico. <em>Sustainability, 17</em>(6), 2598. <a href=\"https://doi.org/10.3390/su17062598\">https://doi.org/10.3390/su17062598</a></p>

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<h2>Sobre los autores</h2>

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<p><strong>Abril Velasco Murguía.</strong> Doctora en Ciencias en Conservación y Aprovechamiento de Recursos Naturales por el CIIDIR-Oaxaca del IPN. Actualmente es investigadora posdoctoral en el CITRO-UV donde estudia el vainillal tradicional como alternativa para la restauración del paisaje biocultural totonaca en Veracruz. Contribución: Conceptualización, investigación y redacción. Últimas dos publicaciones: Velasquez-Rosas, N., Sinaca, S., Vázquez-Domínguez, G., Velasco-Murguía, A., Silva-Rivera, E., Ruíz-Guerra, B., Levi, F., Cortés, R., Armenta-Moreno, S. y Martínez-Mota, R. (2025). Importance of Traditional Vanilla Cultivation in the Conservation of Plant Diversity in Tropical Forest in Northern Veracruz, Mexico. <em>Sustainability</em>, <em>17</em>(6), 1-19. <a href=\"https://doi.org/10.3390/su17062598\">https://doi.org/10.3390/su17062598</a>;  Trujillo-Argueta, S., del Castillo, R. y Velasco-Murguía, A. (2022). Testing the effectiveness of rbc La DNA-barcoding for species discriminatin in tropical montan cloud forest vascular plants (Oaxaca, Mexico) using BLAST, genetic distance, and tree-based methods. <em>PeerJ</em>, <em>10</em>. <a href=\"https://doi.org/10.7717/peerj.13771\">https://doi.org/10.7717/peerj.13771</a>. <a href=\"mailto:abrvelasco@uv.mx\">abrvelasco@uv.mx</a> ORCID: <a href=\"https://orcid.org/0000-0003-1485-494X\">https://orcid.org/0000-0003-1485-494X</a></p>

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<p><strong>Evodia Silva Rivera.</strong> Doctora en Estudios del Desarrollo por la Universidad de East Anglia en Reino Unido. Actualmente es académica del CITRO-UV y su investigación se enfoca en conservación, educación y sistemas socioecológicos con organizaciones y grupos originarios. Contribución: revisión, edición y adquisición de financiamiento. Últimas publicaciones: Velázquez, N., Zepeda, J., Silva, E., Martínez, R. y Vázquez, G. (2025). <em>La conservación de la diversidad biológica y cultural: perspectivas en diálogo</em>. Universidad Veracruzana, Dirección Editorial. DOI: <a href=\"mailto:10.25009/uv.2621992\">10.25009/uv.2621992</a>; Ciprés-Chávez, A., Paradowska, K., Moreno-Casasola, P. y Silva-Rivera, E. (2025). El escenario socioecológico del sistema lagunar costero de Mandinga, Veracruz, México: problemas y conflictos en torno a la conservación ante el avance inmobiliario. <em>Revista Kawsaypacha: Sociedad Y Medio Ambiente</em>, <em>16</em>. <a href=\"https://doi.org/10.18800/kawsaypacha.202502.D014\">https://doi.org/10.18800/kawsaypacha.202502.D014</a>. <a href=\"mailto:evsilva@uv.mx\">evsilva@uv.mx</a>  ORCID: <a href=\"https://orcid.org/0000-0001-8371-0996\">https://orcid.org/0000-0001-8371-0996</a></p>

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<p><strong>Noé Velázquez Rosas.</strong> Doctor en Ciencias por el Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente es académico del CITRO-UV y su investigación se enfoca en ecofisiología vegetal y diversidad funcional de bosques tropicales, así como en el estudio de la diversidad biocultural del trópico. Contribución: Investigación, redacción, revisión, edición y adquisición de financiamiento. Últimas publicaciones: Fuentes-Romero, E., García, N., Sedov, S., López-Binnqüist, C. y Velázquez-Rosas, N. (2025). Carbon storage in mountain cloud forest communities, Jalpan de Serra, Querétaro, México. <em>Carbon Balance Manage</em>, <em>20</em>(41). <a href=\"https://doi.org/10.1186/s13021-025-00324-1\">https://doi.org/10.1186/s13021-025-00324-1</a>; Velázquez, N., Zepeda, J., Silva, E. y Martínez, R. y Vázquez, G. (2025). <em>La conservación de la diversidad biológica y cultural: perspectivas en diálogo</em>. Universidad Veracruzana, Dirección Editorial. DOI: <a href=\"mailto:10.25009/uv.2621992\">10.25009/uv.2621992</a>. <a href=\"mailto:novelazquez@uv.mx\">novelazquez@uv.mx</a> ORCID: <a href=\"https://orcid.org/0000-0002-8420-1066\">https://orcid.org/0000-0002-8420-1066</a></p>

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<p><strong>Rodolfo Martínez Mota.</strong> Doctor en Antropología Biológica por la Universidad de Illinois, Estados Unidos. Actualmente es académico del CITRO-UV donde desarrolla investigaciones sobre ecología microbiana y salud de animales silvestres. Contribución: Revisión y adquisición de financiamiento. Últimas publicaciones: Velázquez, N., Zepeda, J., Silva, E., Martínez, R., Vázquez, G. (2025). <em>La conservación de la diversidad biológica y cultural: perspectivas en diálogo</em>. Universidad Veracruzana, Dirección Editorial. DOI: <a href=\"mailto:10.25009/uv.2621992\">10.25009/uv.2621992</a>; Vázquez, G.; Silva, E., Hernández, A., Martínez, R., Velázquez, N. y Hinojosa, I. (2025). <em>Conoce a las abejas nativas de Totonacapan, Veracruz</em>. Universidad Veracruzana, Dirección Editorial. DOI: <a href=\"https://simehbucket.s3.amazonaws.com/miscfiles/qcyt2025-9786072621602-conoce-a-las-abejas_cm3d7h4r.pdf\">10.25009/uv.2621602</a>. <a href=\"mailto:rodomartinez@uv.mx\">rodomartinez@uv.mx</a>, ORCID: <a href=\"https://orcid.org/0000-0001-7881-4598\">https://orcid.org/0000-0001-7881-4598</a> </p>

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<blockquote>\n

<h3><span>Por otro lado, la producción de vainilla está en continuo riesgo debido a la crisis climática. Sea cual sea el sistema de cultivo empleado, la vainilla del Totonacapan veracruzano se enfrenta a intensas sequías, al aumento de eventos climáticos extremos e impredecibles y a la proliferación de plagas y enfermedades en la región. Además, existe un problema histórico que no se ha podido resolver: el robo de la vainilla. Este hecho ha provocado el desánimo y el abandono del cultivo en una parte del sector productor. Por tanto, se requiere un esfuerzo coordinado para reforzar la normativa y promover la vigilancia desde los frentes legislativo, educativo, empresarial, social y productivo.   </span></h3>

\n</blockquote>

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		<title>La revolución silenciosa: inteligencia artificial, justicia social y cambio comunitario</title>
		<link>https://openscience.uniandes.edu.co/la-revolucion-silenciosa-inteligencia-artificial-justicia-social-y-cambio-comunitario/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[naturalezaysociedad@uniandes.edu.co]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 26 Aug 2025 20:09:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Número 13]]></category>
		<category><![CDATA[Diálogos - Naturaleza y Sociedad. Desafíos Medioambientales]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" src="https://naturalezaysociedad.blob.core.windows.net/dialogos/banner/nys_banner.jpg" alt=""></p>
<div><a href="https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/article/view/11669">Número 13 &#8211; Tema libre</a></div>
<h1>
<p><span>La revolución silenciosa: inteligencia artificial, justicia social y cambio comunitario</span></p>
</h1>
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</p>
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<h3>Sara Duque Ruíz</h3>
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<p>Escritora, investigadora y editora del artículo. Trabajadora Social de la Universidad de Antioquia. <a href="mailto:saraduqueruiz75@gmail.com">saraduqueruiz75@gmail.com</a>. ORCID: <a href="https://orcid.org/0009-0003-4182-3986">https://orcid.org/0009-0003-4182-3986</a></p>
</div>
<hr>
<div>
<p style="text-align: right;">“Las tecnologías no son inocentes: llevan las huellas dactilares de quienes detentan el poder”. <br />—Ruha Benjamin (2019).</p>
</div>
<div>
<h1>Introducción</h1>
<p>La pregunta no es si la IA transformará nuestras comunidades, sino en beneficio de quién. Por lo tanto, hablaremos de este fenómeno como una revolución silenciosa, pues el despliegue de sistemas algorítmicos no es notorio en un inicio: avanzan a través de protocolos, bases de datos y decisiones automatizadas que se infiltran en la vida cotidiana. Su “silencio” radica en que sus efectos se perciben como resultados “neutrales”, cuando en realidad reproducen o disputan relaciones históricas de poder.</p>
<p>Para desglosar estos conceptos, inicialmente delimitamos el marco teórico que articula justicia social, decolonialidad y ética algorítmica. Luego, se describe el caso de la auditoría ciudadana al Sisbén IV y se detallan las tensiones entre sesgo algorítmico y organización popular. Para dar paso a la discusión, se proponen cinco principios para una IA comunitaria y decolonial, para integrar hallazgos empíricos y debates teóricos. Finalmente, a modo de conclusión, se discuten las implicaciones de una IA en la que participen las comunidades y se cuestione la ética detrás de los procesos.</p>
<p>Metodológicamente, el análisis se aproxima a un enfoque hermenéutico (al interpretar cómo los discursos sobre la IA configuran sentidos de justicia y poder en América Latina) y crítico (al contrastar esos discursos con prácticas concretas mediante la auditoría al algoritmo del Sisbén IV entre 2021 y 2024). Se emplearon técnicas de análisis documental y análisis comparativo de datos públicos para identificar sesgos y evaluar respuestas institucionales. Esta triangulación permite evidenciar persistencias coloniales en los circuitos de datos y, a la vez, la posibilidad de reorientar la tecnología hacia el bien común mediante gobernanza participativa.</p>
</div>
<hr>
<div>
<h2><span>¿Por qué la IA no es neutral? Hacia una ética desde el Sur</span></h2>
<p>La seducción de la IA reside en su promesa de neutralidad. Sin embargo, las máquinas aprenden de datos anclados a estructuras de opresión (Benjamin, 2019; Noble, 2018). Por ejemplo, Buolamwini y Gebru (2018) ilustraron cómo los sistemas de reconocimiento facial fallan con mayor frecuencia en rostros racializados, fenómeno que Ruha Benjamin bautizó como <em>New Jim Code</em>. En América Latina, donde la brecha social es histórica, este <em>código</em> adquiere matices de colonialidad: los algoritmos no solo discriminan, sino que exportan criterios forjados lejos de los contextos que pretenden gobernar. La IA, por tanto, se convierte en el nuevo galeón de la extracción de valor cognitivo (Ricaurte, 2019).</p>
<p>Aceptar este diagnóstico implica repensar la ética. Los marcos globales, como los principios de la OCDE o las directrices de la Unesco, ofrecen referencias valiosas, pero a menudo parten de cosmologías eurocéntricas (Mignolo, 2011), es decir, visiones del mundo gestadas en la historia y la experiencia europea, que se presentan a sí mismas como universales. Desde el Sur Global se invoca otro prisma: la ética decolonial, que exige justicia cognitiva. Este concepto, acuñado por Boaventura de Sousa Santos (2014), parte de la convicción de que todos los pueblos poseen repertorios de conocimiento igualmente legítimos, desde la ciencia académica hasta la medicina tradicional o la jurisprudencia indígena, y que negar esa diversidad es una forma de injusticia. Por tanto, lograr justicia cognitiva implica redistribuir poder epistémico: cuestionar quién decide qué datos recopilar, cómo se interpretan y para qué fines se usan.</p>
</div>
<div>
<h2><span>Un ejemplo revelador: el algoritmo del Sisbén IV</span></h2>
<p>En 2021, Colombia puso en marcha el Sisbén IV<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><span>[1]</span></a>. El Sisbén combina una encuesta presencial que recoge datos sobre ingreso, condiciones de vivienda y acceso a servicios, con un modelo de puntaje que ordena a los hogares en grupos de menor a mayor vulnerabilidad. Ese puntaje determina la entrada a subsidios como salud, transferencias monetarias o becas educativas, de modo que el sistema se presenta como un mecanismo “técnico” para asignar recursos públicos con mayor precisión.</p>
<p>Sin embargo, una auditoría ciudadana liderada por colectivos afrodescendientes y organizaciones de derechos digitales reveló que el algoritmo de Sisbén IV penalizaba a familias de la región pacífica que carecían de recibos formales de servicios públicos, un requisito implícito en varias variables predictoras. La ausencia de esa documentación redujo su puntaje en promedio un 12 %, lo que limita su acceso a salud y educación (Smart, 2024).</p>
<p>Así, quedó demostrado que el sesgo no se encontraba solo en la programación, sino en la lógica de datos que invisibilizaba prácticas de economía informal (Smart, 2024). Al confrontar al Departamento Nacional de Planeación, los colectivos afrodescendientes y organizaciones de derechos digitales exigieron la apertura del código fuente, es decir, la publicación de las reglas de clasificación para permitir su auditoría externa y la reclasificación de variables desde una perspectiva intercultural (Colectivo EtniCidad, 2023). Tras varios meses de diálogo público, el Gobierno expidió la Resolución 1178 de 2023, que incorpora indicadores de pertenencia étnica y redes de cuidado comunitario en el Sisbén IV (DNP, 2023).</p>
<p>Este caso ilustra dos hallazgos clave. Primero, los algoritmos reproducen jerarquías cuando se alimentan con datos “colonizados”, es decir, basados en supuestos urbanos y formales que desatienden economías informales y modos de vida rurales. Y segundo, la movilización social puede reconfigurar la infraestructura de poder digital, y obliga a la aplicación de ajustes normativos y técnicos que amplían la justicia distributiva y epistémica (Benjamin, 2019).</p>
<p>La auditoría al Sisbén refleja un principio más amplio: sin soberanía de datos no hay justicia social en la era algorítmica. Dicha soberanía implica que las personas y colectivos tengan el derecho a gobernar todo el ciclo de vida de la información que les concierne, desde la recolección, almacenamiento, procesamiento y finalmente reutilización de sus datos, de acuerdo con sus valores, normas y prioridades (Kukutai y Taylor, 2016; Rainie <em>et al</em>., 2017). Este enfoque, originado en las luchas de los pueblos indígenas por controlar sus registros demográficos y territoriales, se ha ampliado para cuestionar que los datos de las comunidades queden cautivos en infraestructuras empresariales o estatales, que rara vez rinden cuentas a quienes generan esa información (Milan y Treré, 2019).</p>
<p>A esta reivindicación se suma la ciencia ciudadana, definida como la participación abierta del público en procesos científicos (Haklay, 2013). En la última década, han surgido plataformas donde las mismas comunidades entrenan modelos y curan bases de datos, lo que permite unificar el conocimiento local con técnicas de aprendizaje automático.</p>
<p>La relación entre soberanía de datos y ciencia ciudadana es sinérgica: la primera establece el marco ético-político, que garantiza que los datos permanezcan bajo control comunitario, mientras la segunda provee los métodos participativos que transforman esos datos en inteligencia colectiva. Esta sinergia promueve la participación ciudadana, en tanto convierte la IA en una herramienta de autodeterminación, capaz de redistribuir poder epistémico y disputar el monopolio de la predicción ambiental y social históricamente reservada a agencias estatales o corporativas.</p>
<p>Esta premisa lleva a pensar en la manera de poner la IA al servicio de la justicia social, mediante la convergencia de la soberanía de datos y la ciencia ciudadana. Para esto, es posible visibilizar la justicia en tres dimensiones, como propone Fraser (2000): distributiva, de reconocimiento y de representación.</p>
</div>
<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2025/08/Imagen_IA-1.png" alt="Dimensiones de justicia social aplicada a la IA"></p>
<div>
<p style="text-align: center;"><strong>Figura 1.</strong> Representación de las tres dimensiones de la justicia social —distributiva, de reconocimiento y de representación— propuestas por Fraser (2000) y su intersección en los sistemas de IA. Fuente: elaboración propia.</p>
</div>
<div>
<p>El uso de la IA transversaliza las tres a la vez:</p>
<ul>
<li><strong>Distributiva:</strong> ¿quién recibe beneficios o carga los costos de una decisión algorítmica?</li>
<li><strong>Reconocimiento:</strong> ¿qué identidades y saberes son validados en los datos?</li>
<li><strong>Representación:</strong> ¿quién participa en el diseño y la gobernanza del sistema?</li>
</ul>
<p>Otro caso que permite evaluar la magnitud del impacto de la inteligencia artificial es el proyecto comunitario Alerta de Mareas Rojas, en Cartagena (Colombia), producto de la iniciativa comunitaria. Revela cómo la tecnología puede apalancar la justicia social cuando se articula con saberes territoriales y procesos participativos. Este proyecto comunitario creado en 2022 por pescadores artesanales de Cartagena junto con la Universidad de Cartagena e INVEMAR<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><span>[2]</span></a>, integró sensores de bajo costo con redes neuronales para predecir floraciones algales (International Science Council, 2025). Gracias a estas alertas, las familias pesqueras evitan pérdidas de capturas, confirman sus saberes sobre el color y olor del agua, y participan en un comité que decide cada mejora que se implementa al sistema. Respecto a este caso de participación ciudadana a través de algoritmo, se pueden identificar las tres dimensiones de justicia:</p>
<ul>
<li><strong>Distributiva:</strong> las alertas tempranas protegen la pesca artesanal, principal sustento de los hogares, al evitar cierres imprevistos que solo beneficiarían a las grandes navieras<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><span>[3]</span></a>.</li>
<li><strong>Reconocimiento:</strong> el modelo incorpora indicadores cualitativos aportados por pescadores sobre cambios de color y olor del agua, para validad conocimiento local que no aparece en bases de datos oficiales.</li>
<li><strong>Representación:</strong> una mesa técnica comunitaria decide cómo y cuándo se recalibra el algoritmo, para garantizar que las comunidades costeras tengan voz y voto en la gobernanza de la plataforma.</li>
</ul>
<p>Si se compara el ejemplo anterior con el caso del Sisbén, la dimensión distributiva se hizo evidente en la asignación de subsidios. El reconocimiento falló al invisibilizar las situaciones sociales y económicas de las comunidades afro, y la representación comenzó a repararse cuando el colectivo ingresó a la mesa técnica. Estos hechos evidencian que la justicia algorítmica va más allá de eliminar sesgos aislados: exige articular la equidad distributiva, el reconocimiento intercultural y la participación democrática en el ciclo de vida de los datos. Por ello, se propone un enfoque comunitario y participativo que combine soberanía de datos, ciencia ciudadana y marcos de gobernanza ética para que la IA contribuya a la transformación social en lugar de reproducir desigualdades (Benjamin, 2019; Crawford, 2021).</p>
</div>
<div>
<h2><span>Principios para una IA decolonial y comunitaria</span></h2>
<p>A la luz de estas reflexiones, se proponen cinco principios concebidos como puntos de conversación que deben articularse en el uso de la IA en procesos sociales: participación vinculante, apertura deliberativa, cuidado ecosocial, redistribución de valor y educación crítica.</p>
<p>En primer lugar, la participación vinculante exige que todo sistema capaz de afectar derechos incorpore mesas comunitarias con poder de voto efectivo, derecho de veto y evaluación periódica. De este modo las comunidades son escuchadas para que puedan incidir materialmente en las decisiones, como la definición de objetivos, métricas y salvaguardas.</p>
<p>En segundo lugar, es necesario promover una apertura deliberativa, que hace referencia a la transparencia en los procesos, como ir más allá de la mera publicación del código, pues también implica liberar los datos y las métricas de desempeño, lo que asegura una rendición de cuentas completa y diferenciada.</p>
<p>Asimismo, el cuidado ecosocial procura alinear la IA con la mitigación climática y la protección de la vida humana y no humana. El término combina dos perspectivas: la ecológica, preservar los sistemas biofísicos que sostienen la vida; y la perspectiva social, que se ocupa de las relaciones de poder y la distribución de riesgos y beneficios (Benach y Muñoz, 2021; Krieger, 2012) para integrar parámetros ambientales y éticos en todo el ciclo de vida tecnológico.</p>
<p>Este enfoque se complementa con la redistribución de valor, que implica que las plataformas que se lucran de datos comunitarios deben constituir fondos que devuelvan beneficios económicos o sociales a las propias comunidades que generan dicha información.</p>
<p>Finalmente, estos principios solo serán sostenibles si se incorpora una educación crítica que, desde la escuela primaria, no solo enseñe alfabetización digital básica, sino también epistemología de datos, de manera que cualquier persona pueda interpelar un algoritmo con la misma solvencia con la que cuestiona un libro de texto, lo que podría garantizar una ciudadanía plenamente informada y empoderada frente a los sistemas sociotécnicos que configuran su vida cotidiana.</p>
<p>Estos principios están diseñados para las instituciones que inciden en las comunidades donde la IA se implementa; por ello, el Estado y los demás organismos públicos no pueden delegar la ética en simples “códigos de conducta” voluntarios. Se requieren marcos regulatorios, evaluaciones de impacto algorítmico <em>ex ante</em> y <em>ex post</em>, registros públicos de modelos y sanciones proporcionales. Actualmente, Brasil discute el Proyecto de Ley n.º 2338 de 2023<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><span>[4]</span></a>, que dota a la IA de un enfoque basado en derechos; la Unión Europea ha publicado el <em>Artificial Intelligence Act</em> en su Diario Oficial<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><span>[5]</span></a>; y Colombia, tras las controversias del Sisbén IV, abrió consultas sobre una Política Nacional de IA Ética que prevé un consejo ciudadano permanente<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><span>[6]</span></a>.</p>
<p>Estas experiencias demuestran que la regulación efectiva combina obligaciones jurídicas con participación social. Por esto al tratar el tema de la IA a espacios de conversación se sabe que el entusiasmo tecnológico o el rechazo visceral a la tecnología no bastan para plantearnos su uso e impacto. La IA puede amplificar las posibilidades cuando las comunidades son autoras de sus propios datos, pero también puede convertirse en una problemática si se desvincula de la participación social. Vale la pena recordar la advertencia realizada por Eubanks (2018): automatizar la desigualdad es más fácil que erradicarla.</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"><span></span></a></p>
</div>
<hr>
<div>
<h1><span>Conclusiones</span></h1>
<p>La “revolución silenciosa” consiste en decidir, de manera consciente y colectiva, cómo se espera que la inteligencia artificial moldee las vidas de las personas, al pretender que pase desapercibida y tome decisiones por nosotros, o si habrá participación activa para un uso ético de las nuevas tecnologías. Dentro de la discusión se planteó el favorecimiento de la justicia social, y por ello se propusieron cinco principios enlazados entre sí que podrían aportar a la conversación: la participación vinculante, que otorga a las comunidades poder real de decisión sobre cualquier sistema que afecte sus derechos; la apertura deliberativa, que exige transparencia plena no solo del código, sino también de los datos y las métricas de desempeño; el cuidado ecosocial, que alinea los objetivos algorítmicos con la protección de la vida humana y no humana; la redistribución de valor, mediante la cual las plataformas que obtienen beneficios de los datos comunitarios devuelven parte de esos beneficios a quienes los generan; y, finalmente, la educación crítica, que forma a la ciudadanía para interpelar y moldear la tecnología desde temprana edad. Estos principios muestran que la IA no es inevitablemente justa ni injusta: su impacto depende de las reglas y de los pactos sociales que la acompañan.</p>
<p>Esta mirada convoca a pensar si la inteligencia artificial, lejos de ser una solución neutral, se despliega como un territorio donde se entrelazan disputas éticas, políticas y epistémicas. Al observar el caso del Sisbén IV, se advierte cómo los algoritmos pueden profundizar asimetrías históricas cuando se alimentan de datos sesgados, pero también cómo pueden reorientarse cuando las comunidades reclaman voz y soberanía sobre su información. Ese punto de partida nos lleva a dialogar con la ética decolonial, el cuidado ecosocial y los principios de participación democrática, con la esperanza de articularlos en un marco que acompañe los futuros desarrollos tecnológicos.</p>
<p>Si algo queda claro es que los algoritmos, por sí mismos, ni perpetúan ni corrigen injusticias: son las relaciones y ausencias de poder las que determinan su trayectoria. De ahí que el compromiso ético no pueda limitarse a lineamientos abstractos ni a apelaciones a la transparencia, sino que deba encarnarse en procesos de deliberación colectiva, marcos regulatorios y prácticas de ciencia ciudadana que devuelvan la agencia a quienes históricamente han sido objeto, y no sujeto, de la mirada estadística.</p>
<p>La invitación final es, por tanto, a mantener abierto este proceso: a cuestionar cada métrica, cada dato y cada decisión de diseño desde la pregunta por la justicia, la memoria y la pluralidad de saberes. Si la IA ha de servir para imaginar futuros más dignos, necesitará nutrirse de pactos sociales que la excedan, de políticas que la interroguen y de comunidades que la escuchen y la transformen.</p>
<p>Se extiende entonces una invitación a promover la discusión más allá de estas páginas. Que cada línea de código lleve impresa la huella de un pacto social donde la justicia no sea un subproducto, sino la razón de ser de la innovación. Porque, al final, la IA será tan justa como lo sea la comunidad que la sueña, la diseña y la modera.</p>
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<div>
<h1>Referencias bibliográficas</h1>
<p>Benjamin, R. (2019). <em>Race after technology: Abolitionist tools for the New Jim Code</em>. Polity Press.</p>
<p>Buolamwini, J. y Gebru, T. (2018). Gender shades: Intersectional accuracy disparities in commercial gender classification. <em>Proceedings of Machine Learning Research</em>, <em>81</em>, 77-91. <a href="https://proceedings.mlr.press/v81/buolamwini18a/buolamwini18a.pdf">https://proceedings.mlr.press/v81/buolamwini18a/buolamwini18a.pdf</a></p>
<p>Castells, M. (2012). <em>Redes de indignación y esperanza: Movimientos sociales en la era de Internet</em>. Alianza Editorial.</p>
<p>Colectivo EtniCidad (2023, 22 de marzo). <em>Carta abierta al DNP sobre sesgos étnicos en el Sisbén IV</em>. <a href="https://colectivoetnicidad.org/sisben-iv">https://colectivoetnicidad.org/sisben-iv</a></p>
<p>Departamento Nacional de Planeación (2023). <em>Resolución 1178: Modificación de variables diferenciales en el Sisbén IV</em>.</p>
<p>de Sousa Santos, B. (2014). <em>Epistemologies of the South: Justice against epistemicide</em>. Routledge.</p>
<p>Dignum, V. (2019). <em>Responsible artificial intelligence: How to develop and use AI in a responsible way</em>. Springer. <a href="https://doi.org/10.1007/978-3-030-30371-6">https://doi.org/10.1007/978-3-030-30371-6</a></p>
<p>Eubanks, V. (2018). <em>Automating inequality: How high‑tech tools profile, police, and punish the poor</em>. St. Martin’s Press.</p>
<p>Floridi, L. (2023). <em>The ethics of artificial intelligence</em>. Oxford University Press. <a href="https://doi.org/10.1093/oso/9780198883098.001.0001">https://doi.org/10.1093/oso/9780198883098.001.0001</a>  </p>
<p>Fraser, N. (2000). Rethinking recognition. <em>New Left Review</em>, <em>3</em>, 107–120.</p>
<p>Haklay, M. (2013). Citizen science and volunteered geographic information: Overview and typology. En D. Sui, S. Elwood y M. Goodchild (Eds.), <em>Crowdsourcing geographic knowledge</em> (pp. 105–122). Springer. <a href="https://doi.org/10.1007/978-94-007-4587-2_7">https://doi.org/10.1007/978-94-007-4587-2_7</a></p>
<p>International Science Council (2025). <em>Artificial intelligence in Latin America: Case study Colombia</em>. International Science Council.</p>
<p>Kukutai, T. y Taylor, J. (Eds.) (2016). <em>Indigenous data sovereignty: Toward an agenda</em>. ANU Press. <a href="https://doi.org/10.22459/CAEPR38.11.2016">https://doi.org/10.22459/CAEPR38.11.2016</a></p>
<p>Milan, S. y  Treré, E. (2019). Big data from the South(s): Beyond data universalism. <em>Television &amp; New Media</em>, <em>20</em>(4), 319–335. <a href="https://doi.org/10.1177/1527476419837739">https://doi.org/10.1177/1527476419837739</a>  </p>
<p>Mignolo, W. D. (2011). <em>The darker side of Western modernity: Global futures, decolonial options</em>. Duke University Press.</p>
<p>Noble, S. U. (2018). <em>Algorithms of oppression: How search engines reinforce racism</em>. NYU Press. <a href="https://doi.org/10.2307/j.ctt1pwt9w5">https://doi.org/10.2307/j.ctt1pwt9w5</a> </p>
<p>Rainie, S. C., Schultz, J. L., Briggs, E., Riggs, P. y Palmanteer‑Holder, N. L. (2017). Data as strategic resource: Self‑determination and the data challenge for United States Indigenous nations. <em>International Indigenous Policy Journal</em>,<em> 8</em>(2), 1–29. <a href="https://doi.org/10.18584/iipj.2017.8.2.1">https://doi.org/10.18584/iipj.2017.8.2.1</a>  </p>
<p>Ricaurte, P. (2019). Data epistemologies, the coloniality of power, and resistance. <em>Television &amp; New Media</em>, <em>20</em>(4), 350–365. <a href="https://doi.org/10.1177/1527476419831640">https://doi.org/10.1177/1527476419831640</a></p>
<p>Smart, V. (2024). <em>Algorithmic discrimination in Latin American welfare states</em>. Carr Center Discussion Paper  24‑01. Harvard University. <a href="https://www.hks.harvard.edu/sites/default/files/2024-08/24_Smart_Final_01.pdf">https://www.hks.harvard.edu/sites/default/files/2024-08/24_Smart_Final_01.pdf</a></p>
<p>Stake, R. E. (1995). <em>The art of case study research</em>. Sage Publications.</p>
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<h2><span>Notas al pie</span></h2>
<p><a href="https://openscience.uniandes.edu.co/la-revolucion-silenciosa-inteligencia-artificial-justicia-social-y-cambio-comunitario/#_ftnref1" name="_ftn1"><span>[1]</span></a><span> Sistema de Identificación y Clasificación de Potenciales Beneficiarios de Programas Sociales en Colombia, la cuarta actualización de un instrumento creado en 1994 y administrado por el Departamento Nacional de Planeación (DNP).</span></p>
<p><a href="https://openscience.uniandes.edu.co/la-revolucion-silenciosa-inteligencia-artificial-justicia-social-y-cambio-comunitario/#_ftnref1" name="_ftn1"><span>[2]</span></a><span> </span>Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras, organización que administra los datos de investigación costera, vinculada al Ministerio de Ambiente de Colombia.</p>
<p><a href="https://openscience.uniandes.edu.co/la-revolucion-silenciosa-inteligencia-artificial-justicia-social-y-cambio-comunitario/#_ftnref2" name="_ftn2"><span>[3]</span></a><span> </span>Empresa que opera barcos para mover cargas o pasajeros por mar.</p>
<p><a href="https://openscience.uniandes.edu.co/la-revolucion-silenciosa-inteligencia-artificial-justicia-social-y-cambio-comunitario/#_ftnref1" name="_ftn1"><span>[4]</span></a><span> </span>Texto completo disponible en el portal del Senado Federal de Brasil: Projeto de Lei n.º 2338/2023 (Senado Federal, 2024).</p>
<p><a href="https://openscience.uniandes.edu.co/la-revolucion-silenciosa-inteligencia-artificial-justicia-social-y-cambio-comunitario/#_ftnref2" name="_ftn2"><span>[5]</span></a><span> </span>El<span> </span><em>Artificial Intelligence Act</em><span> </span>es el primer marco legal integral sobre IA del mundo, el cual es oficial y ha iniciado su calendario de aplicación obligatoria. Las organizaciones que desarrollen, comercialicen o utilicen IA en la UE —incluidas las construidas fuera de la UE que quieran operar en su mercado— deben empezar a evaluar sus sistemas bajo el enfoque de riesgo del AI Act y prepararse para demostrar cumplimiento dentro de los plazos señalados. Versión oficial del Regulation (EU) 2024/1689 —Artificial Intelligence Act— en el Diario Oficial de la Unión Europea (European Parliament &amp; Council, 2024).</p>
<p><a href="https://openscience.uniandes.edu.co/la-revolucion-silenciosa-inteligencia-artificial-justicia-social-y-cambio-comunitario/#_ftnref3" name="_ftn3"><span>[6]</span></a><span> </span>Documento CONPES 4144: Política Nacional de Inteligencia Artificial accesible en la página del Departamento Nacional de Planeación de Colombia (DNP, 2025).</p>
</div>
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<blockquote>
<p><span>La invitación final es, por tanto, a mantener abierto este proceso: a cuestionar cada métrica, cada dato y cada decisión de diseño desde la pregunta por la justicia, la memoria y la pluralidad de saberes. Si la IA ha de servir para imaginar futuros más dignos, necesitará nutrirse de pactos sociales que la excedan, de políticas que la interroguen y de comunidades que la escuchen y la transformen.</span></p>
</blockquote>
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<hr>
<p><a href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/deed.es"><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2022/12/CC_BY-NC-ND_icon-88x31-1.png" alt=" CC_BY-NC-ND"></a></p>
<h6>Estos contenidos están bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional</h6>
<p><span id="more-3621"></span><br />
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<p><span>La revoluci\u00f3n silenciosa: inteligencia artificial, justicia social y cambio comunitario<\/span><\/p>","margin":"small","margin_remove_bottom":false,"margin_remove_top":false,"title_color":"secondary","title_element":"h1","title_style":"heading-small"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

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<p><\/p>","margin":"default"},"name":"doi"},{"name":"Autor","type":"headline","props":{"block_align":"center","content":"Sara Duque Ru\u00edz","title_decoration":"bullet","title_element":"h3"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p>Escritora, investigadora y editora del art\u00edculo. Trabajadora Social de la Universidad de Antioquia. <a href=\"mailto:saraduqueruiz75@gmail.com\">saraduqueruiz75@gmail.com<\/a>. ORCID: <a href=\"https:\/\/orcid.org\/0009-0003-4182-3986\">https:\/\/orcid.org\/0009-0003-4182-3986<\/a><\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"},"name":"Biografia"},{"name":"Divider Style Default","type":"divider","props":{"divider_element":"hr"}}]}]},{"type":"row","props":{"margin":"large"},"children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m","width_medium":"1-1"},"children":[{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p style=\"text-align: right;\">\u201cLas tecnolog\u00edas no son inocentes: llevan las huellas dactilares de quienes detentan el poder\u201d. <br \/>\u2014Ruha\u202fBenjamin (2019).<\/p>","margin":"default","text_style":"lead"}}]}]}]},{"type":"section","props":{"image_position":"center-center","style":"default","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"","width":"default"},"children":[{"type":"row","props":{"width":"small"},"children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m"},"children":[{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","column_divider":false,"content":"

<h1>Introducci\u00f3n<\/h1>\n

<p>La pregunta no es si la IA transformar\u00e1 nuestras comunidades, sino en beneficio de qui\u00e9n. Por lo tanto, hablaremos de este fen\u00f3meno como una revoluci\u00f3n silenciosa, pues el despliegue de sistemas algor\u00edtmicos no es notorio en un inicio: avanzan a trav\u00e9s de protocolos, bases de datos y decisiones automatizadas que se infiltran en la vida cotidiana. Su \u201csilencio\u201d radica en que sus efectos se perciben como resultados \u201cneutrales\u201d, cuando en realidad reproducen o disputan relaciones hist\u00f3ricas de poder.<\/p>\n

<p>Para desglosar estos conceptos, inicialmente delimitamos el marco te\u00f3rico que articula justicia social, decolonialidad y \u00e9tica algor\u00edtmica. Luego, se describe el caso de la auditor\u00eda ciudadana al Sisb\u00e9n\u202fIV y se detallan las tensiones entre sesgo algor\u00edtmico y organizaci\u00f3n popular. Para dar paso a la discusi\u00f3n, se proponen cinco principios para una IA comunitaria y decolonial, para integrar hallazgos emp\u00edricos y debates te\u00f3ricos. Finalmente, a modo de conclusi\u00f3n, se discuten las implicaciones de una IA en la que participen las comunidades y se cuestione la \u00e9tica detr\u00e1s de los procesos.<\/p>\n

<p>Metodol\u00f3gicamente, el an\u00e1lisis se aproxima a un enfoque hermen\u00e9utico (al interpretar c\u00f3mo los discursos sobre la IA configuran sentidos de justicia y poder en Am\u00e9rica Latina) y cr\u00edtico (al contrastar esos discursos con pr\u00e1cticas concretas mediante la auditor\u00eda al algoritmo del Sisb\u00e9n\u202fIV entre 2021 y 2024). Se emplearon t\u00e9cnicas de an\u00e1lisis documental y an\u00e1lisis comparativo de datos p\u00fablicos para identificar sesgos y evaluar respuestas institucionales. Esta triangulaci\u00f3n permite evidenciar persistencias coloniales en los circuitos de datos y, a la vez, la posibilidad de reorientar la tecnolog\u00eda hacia el bien com\u00fan mediante gobernanza participativa.<\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"}},{"type":"divider","props":{"divider_element":"hr"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<h2><span>\u00bfPor qu\u00e9 la IA no es neutral? Hacia una \u00e9tica desde el Sur<\/span><\/h2>\n

<p>La seducci\u00f3n de la IA reside en su promesa de neutralidad. Sin embargo, las m\u00e1quinas aprenden de datos anclados a estructuras de opresi\u00f3n (Benjamin,\u202f2019; Noble,\u202f2018). Por ejemplo, Buolamwini y\u202fGebru (2018) ilustraron c\u00f3mo los sistemas de reconocimiento facial fallan con mayor frecuencia en rostros racializados, fen\u00f3meno que Ruha\u202fBenjamin bautiz\u00f3 como <em>New\u202fJim\u202fCode<\/em>. En Am\u00e9rica\u202fLatina, donde la brecha social es hist\u00f3rica, este <em>c\u00f3digo<\/em> adquiere matices de colonialidad: los algoritmos no solo discriminan, sino que exportan criterios forjados lejos de los contextos que pretenden gobernar. La IA, por tanto, se convierte en el nuevo gale\u00f3n de la extracci\u00f3n de valor cognitivo (Ricaurte,\u202f2019).<\/p>\n

<p>Aceptar este diagn\u00f3stico implica repensar la \u00e9tica. Los marcos globales, como los principios de la OCDE o las directrices de la Unesco, ofrecen referencias valiosas, pero a menudo parten de cosmolog\u00edas euroc\u00e9ntricas (Mignolo,\u202f2011), es decir, visiones del mundo gestadas en la historia y la experiencia europea, que se presentan a s\u00ed mismas como universales. Desde el Sur Global se invoca otro prisma: la \u00e9tica decolonial, que exige justicia cognitiva. Este concepto, acu\u00f1ado por Boaventura de\u202fSousa\u202fSantos (2014), parte de la convicci\u00f3n de que todos los pueblos poseen repertorios de conocimiento igualmente leg\u00edtimos, desde la ciencia acad\u00e9mica hasta la medicina tradicional o la jurisprudencia ind\u00edgena, y que negar esa diversidad es una forma de injusticia. Por tanto, lograr justicia cognitiva implica redistribuir poder epist\u00e9mico: cuestionar qui\u00e9n decide qu\u00e9 datos recopilar, c\u00f3mo se interpretan y para qu\u00e9 fines se usan.<\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<h2><span>Un ejemplo revelador: el algoritmo del Sisb\u00e9n\u202fIV<\/span><\/h2>\n

<p>En 2021, Colombia puso en marcha el\u202fSisb\u00e9n\u202fIV<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><span>[1]<\/span><\/a>. El Sisb\u00e9n combina una encuesta presencial que recoge datos sobre ingreso, condiciones de vivienda y acceso a servicios, con un modelo de puntaje que ordena a los hogares en grupos de menor a mayor vulnerabilidad. Ese puntaje determina la entrada a subsidios como salud, transferencias monetarias o becas educativas, de modo que el sistema se presenta como un mecanismo \u201ct\u00e9cnico\u201d para asignar recursos p\u00fablicos con mayor precisi\u00f3n.<\/p>\n

<p>Sin embargo, una auditor\u00eda ciudadana liderada por colectivos afrodescendientes y organizaciones de derechos digitales revel\u00f3 que el algoritmo de Sisb\u00e9n\u202fIV penalizaba a familias de la regi\u00f3n pac\u00edfica que carec\u00edan de recibos formales de servicios p\u00fablicos, un requisito impl\u00edcito en varias variables predictoras. La ausencia de esa documentaci\u00f3n redujo su puntaje en promedio un\u202f12\u00a0%, lo que limita su acceso a salud y educaci\u00f3n (Smart,\u202f2024).<\/p>\n

<p>As\u00ed, qued\u00f3 demostrado que el sesgo no se encontraba solo en la programaci\u00f3n, sino en la l\u00f3gica de datos que invisibilizaba pr\u00e1cticas de econom\u00eda informal (Smart,\u202f2024). Al confrontar al Departamento Nacional de Planeaci\u00f3n, los colectivos afrodescendientes y organizaciones de derechos digitales exigieron la apertura del c\u00f3digo fuente, es decir, la publicaci\u00f3n de las reglas de clasificaci\u00f3n para permitir su auditor\u00eda externa y la reclasificaci\u00f3n de variables desde una perspectiva intercultural (Colectivo\u202fEtniCidad,\u202f2023). Tras varios meses de di\u00e1logo p\u00fablico, el Gobierno expidi\u00f3 la Resoluci\u00f3n\u202f1178\u202fde\u202f2023, que incorpora indicadores de pertenencia \u00e9tnica y redes de cuidado comunitario en el Sisb\u00e9n\u202fIV (DNP,\u202f2023).<\/p>\n

<p>Este caso ilustra dos hallazgos clave. Primero, los algoritmos reproducen jerarqu\u00edas cuando se alimentan con datos \u201ccolonizados\u201d, es decir, basados en supuestos urbanos y formales que desatienden econom\u00edas informales y modos de vida rurales. Y segundo, la movilizaci\u00f3n social puede reconfigurar la infraestructura de poder digital, y obliga a la aplicaci\u00f3n de ajustes normativos y t\u00e9cnicos que ampl\u00edan la justicia distributiva y epist\u00e9mica (Benjamin,\u202f2019).<\/p>\n

<p>La auditor\u00eda al Sisb\u00e9n refleja un principio m\u00e1s amplio: sin soberan\u00eda de datos no hay justicia social en la era algor\u00edtmica. Dicha soberan\u00eda implica que las personas y colectivos tengan el derecho a gobernar todo el ciclo de vida de la informaci\u00f3n que les concierne, desde la recolecci\u00f3n, almacenamiento, procesamiento y finalmente reutilizaci\u00f3n de sus datos, de acuerdo con sus valores, normas y prioridades (Kukutai y\u202fTaylor,\u202f2016; Rainie\u202f<em>et\u202fal<\/em>.,\u202f2017). Este enfoque, originado en las luchas de los pueblos ind\u00edgenas por controlar sus registros demogr\u00e1ficos y territoriales, se ha ampliado para cuestionar que los datos de las comunidades queden cautivos en infraestructuras empresariales o estatales, que rara vez rinden cuentas a quienes generan esa informaci\u00f3n (Milan y\u202fTrer\u00e9,\u202f2019).<\/p>\n

<p>A esta reivindicaci\u00f3n se suma la ciencia ciudadana, definida como la participaci\u00f3n abierta del p\u00fablico en procesos cient\u00edficos (Haklay,\u202f2013). En la \u00faltima d\u00e9cada, han surgido plataformas donde las mismas comunidades entrenan modelos y curan bases de datos, lo que permite unificar el conocimiento local con t\u00e9cnicas de aprendizaje autom\u00e1tico.<\/p>\n

<p>La relaci\u00f3n entre soberan\u00eda de datos y ciencia ciudadana es sin\u00e9rgica: la primera establece el marco \u00e9tico-pol\u00edtico, que garantiza que los datos permanezcan bajo control comunitario, mientras la segunda provee los m\u00e9todos participativos que transforman esos datos en inteligencia colectiva. Esta sinergia promueve la participaci\u00f3n ciudadana, en tanto convierte la IA en una herramienta de autodeterminaci\u00f3n, capaz de redistribuir poder epist\u00e9mico y disputar el monopolio de la predicci\u00f3n ambiental y social hist\u00f3ricamente reservada a agencias estatales o corporativas.<\/p>\n

<p>Esta premisa lleva a pensar en la manera de poner la IA al servicio de la justicia social, mediante la convergencia de la soberan\u00eda de datos y la ciencia ciudadana. Para esto, es posible visibilizar la justicia en tres dimensiones, como propone Fraser (2000): distributiva, de reconocimiento y de representaci\u00f3n.<\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"}},{"type":"image","props":{"image":"wp-content\/uploads\/2025\/08\/Imagen_IA-1.png","image_alt":"Dimensiones de justicia social aplicada a la IA","image_loading":false,"image_svg_color":"emphasis","margin":"default"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p style=\"text-align: center;\"><strong>Figura 1.<\/strong> Representaci\u00f3n de las tres dimensiones de la justicia social \u2014distributiva, de reconocimiento y de representaci\u00f3n\u2014 propuestas por Fraser\u202f(2000) y su intersecci\u00f3n en los sistemas de IA. Fuente: elaboraci\u00f3n propia.<\/p>","margin":"default"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p>El uso de la IA transversaliza las tres a la vez:<\/p>\n

<ul>\n

<li><strong>Distributiva:<\/strong> \u00bfqui\u00e9n recibe beneficios o carga los costos de una decisi\u00f3n algor\u00edtmica?<\/li>\n

<li><strong>Reconocimiento:<\/strong> \u00bfqu\u00e9 identidades y saberes son validados en los datos?<\/li>\n

<li><strong>Representaci\u00f3n:<\/strong> \u00bfqui\u00e9n participa en el dise\u00f1o y la gobernanza del sistema?<\/li>\n<\/ul>\n

<p><\/p>\n

<p>Otro caso que permite evaluar la magnitud del impacto de la inteligencia artificial es el proyecto comunitario Alerta de Mareas Rojas, en Cartagena (Colombia), producto de la iniciativa comunitaria. Revela c\u00f3mo la tecnolog\u00eda puede apalancar la justicia social cuando se articula con saberes territoriales y procesos participativos. Este proyecto comunitario creado en 2022 por pescadores artesanales de Cartagena junto con la Universidad de Cartagena e INVEMAR<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><span>[2]<\/span><\/a>, integr\u00f3 sensores de bajo costo con redes neuronales para predecir floraciones algales (International Science Council,\u00a02025). Gracias a estas alertas, las familias pesqueras evitan p\u00e9rdidas de capturas, confirman sus saberes sobre el color y olor del agua, y participan en un comit\u00e9 que decide cada mejora que se implementa al sistema. Respecto a este caso de participaci\u00f3n ciudadana a trav\u00e9s de algoritmo, se pueden identificar las tres dimensiones de justicia:<\/p>\n

<ul>\n

<li><strong>Distributiva:<\/strong> las alertas tempranas protegen la pesca artesanal, principal sustento de los hogares, al evitar cierres imprevistos que solo beneficiar\u00edan a las grandes navieras<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><span>[3]<\/span><\/a>.<\/li>\n

<li><strong>Reconocimiento:<\/strong> el modelo incorpora indicadores cualitativos aportados por pescadores sobre cambios de color y olor del agua, para validad conocimiento local que no aparece en bases de datos oficiales.<\/li>\n

<li><strong>Representaci\u00f3n:<\/strong> una mesa t\u00e9cnica comunitaria decide c\u00f3mo y cu\u00e1ndo se recalibra el algoritmo, para garantizar que las comunidades costeras tengan voz y voto en la gobernanza de la plataforma.<\/li>\n<\/ul>\n

<p>Si se compara el ejemplo anterior con el caso del\u00a0Sisb\u00e9n, la dimensi\u00f3n distributiva se hizo evidente en la asignaci\u00f3n de subsidios. El reconocimiento fall\u00f3 al invisibilizar las situaciones sociales y econ\u00f3micas de las comunidades afro, y la representaci\u00f3n comenz\u00f3 a repararse cuando el colectivo ingres\u00f3 a la mesa t\u00e9cnica. Estos hechos evidencian que la justicia algor\u00edtmica va m\u00e1s all\u00e1 de eliminar sesgos aislados: exige articular la equidad distributiva, el reconocimiento intercultural y la participaci\u00f3n democr\u00e1tica en el ciclo de vida de los datos. Por ello, se propone un enfoque comunitario y participativo que combine soberan\u00eda de datos, ciencia ciudadana y marcos de gobernanza \u00e9tica para que la IA contribuya a la transformaci\u00f3n social en lugar de reproducir desigualdades (Benjamin,\u00a02019; Crawford,\u00a02021).<\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<h2><span>Principios para una IA decolonial y comunitaria<\/span><\/h2>\n

<p>A la luz de estas reflexiones, se proponen cinco principios concebidos como puntos de conversaci\u00f3n que deben articularse en el uso de la IA en procesos sociales: participaci\u00f3n vinculante, apertura deliberativa, cuidado ecosocial, redistribuci\u00f3n de valor y educaci\u00f3n cr\u00edtica.<\/p>\n

<p>En primer lugar, la participaci\u00f3n vinculante exige que todo sistema capaz de afectar derechos incorpore mesas comunitarias con poder de voto efectivo, derecho de veto y evaluaci\u00f3n peri\u00f3dica. De este modo las comunidades son escuchadas para que puedan incidir materialmente en las decisiones, como la definici\u00f3n de objetivos, m\u00e9tricas y salvaguardas.<\/p>\n

<p>En segundo lugar, es necesario promover una apertura deliberativa, que hace referencia a la transparencia en los procesos, como ir m\u00e1s all\u00e1 de la mera publicaci\u00f3n del c\u00f3digo, pues tambi\u00e9n implica liberar los datos y las m\u00e9tricas de desempe\u00f1o, lo que asegura una rendici\u00f3n de cuentas completa y diferenciada.<\/p>\n

<p>Asimismo, el cuidado ecosocial procura alinear la IA con la mitigaci\u00f3n clim\u00e1tica y la protecci\u00f3n de la vida humana y no humana. El t\u00e9rmino combina dos perspectivas: la ecol\u00f3gica, preservar los sistemas biof\u00edsicos que sostienen la vida; y la perspectiva social, que se ocupa de las relaciones de poder y la distribuci\u00f3n de riesgos y beneficios (Benach\u202fy\u202fMu\u00f1oz,\u202f2021; Krieger,\u202f2012) para integrar par\u00e1metros ambientales y \u00e9ticos en todo el ciclo de vida tecnol\u00f3gico.<\/p>\n

<p>Este enfoque se complementa con la redistribuci\u00f3n de valor, que implica que las plataformas que se lucran de datos comunitarios deben constituir fondos que devuelvan beneficios econ\u00f3micos o sociales a las propias comunidades que generan dicha informaci\u00f3n.<\/p>\n

<p>Finalmente, estos principios solo ser\u00e1n sostenibles si se incorpora una educaci\u00f3n cr\u00edtica que, desde la escuela primaria, no solo ense\u00f1e alfabetizaci\u00f3n digital b\u00e1sica, sino tambi\u00e9n epistemolog\u00eda de datos, de manera que cualquier persona pueda interpelar un algoritmo con la misma solvencia con la que cuestiona un libro de texto, lo que podr\u00eda garantizar una ciudadan\u00eda plenamente informada y empoderada frente a los sistemas sociot\u00e9cnicos que configuran su vida cotidiana.<\/p>\n

<p>Estos principios est\u00e1n dise\u00f1ados para las instituciones que inciden en las comunidades donde la IA se implementa; por ello, el\u00a0Estado y los dem\u00e1s organismos p\u00fablicos no pueden delegar la \u00e9tica en simples \u201cc\u00f3digos de conducta\u201d voluntarios. Se requieren marcos regulatorios, evaluaciones de impacto algor\u00edtmico <em>ex\u00a0ante<\/em> y <em>ex\u00a0post<\/em>, registros p\u00fablicos de modelos y sanciones proporcionales. Actualmente, Brasil discute el Proyecto de Ley\u00a0n.\u00ba\u00a02338 de 2023<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><span>[4]<\/span><\/a>, que dota a la IA de un enfoque basado en derechos; la Uni\u00f3n\u00a0Europea ha publicado el <em>Artificial Intelligence Act<\/em> en su Diario Oficial<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><span>[5]<\/span><\/a>; y Colombia, tras las controversias del Sisb\u00e9n\u00a0IV, abri\u00f3 consultas sobre una Pol\u00edtica Nacional de IA \u00c9tica que prev\u00e9 un consejo ciudadano permanente<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\"><span>[6]<\/span><\/a>.<\/p>\n

<p>Estas experiencias demuestran que la regulaci\u00f3n efectiva combina obligaciones jur\u00eddicas con participaci\u00f3n social. Por esto al tratar el tema de la IA a espacios de conversaci\u00f3n se sabe que el entusiasmo tecnol\u00f3gico o el rechazo visceral a la tecnolog\u00eda no bastan para plantearnos su uso e impacto. La IA puede amplificar las posibilidades cuando las comunidades son autoras de sus propios datos, pero tambi\u00e9n puede convertirse en una problem\u00e1tica si se desvincula de la participaci\u00f3n social. Vale la pena recordar la advertencia realizada por Eubanks (2018): automatizar la desigualdad es m\u00e1s f\u00e1cil que erradicarla.<\/p>\n

<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><span><\/span><\/a><\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"}},{"type":"divider","props":{"divider_element":"hr"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<h1><span>Conclusiones<\/span><\/h1>\n

<p>La \u201crevoluci\u00f3n silenciosa\u201d consiste en decidir, de manera consciente y colectiva, c\u00f3mo se espera que la inteligencia artificial moldee las vidas de las personas, al pretender que pase desapercibida y tome decisiones por nosotros, o si habr\u00e1 participaci\u00f3n activa para un uso \u00e9tico de las nuevas tecnolog\u00edas. Dentro de la discusi\u00f3n se plante\u00f3 el favorecimiento de la justicia social, y por ello se propusieron cinco principios enlazados entre s\u00ed que podr\u00edan aportar a la conversaci\u00f3n: la participaci\u00f3n vinculante, que otorga a las comunidades poder real de decisi\u00f3n sobre cualquier sistema que afecte sus derechos; la apertura deliberativa, que exige transparencia plena no solo del c\u00f3digo, sino tambi\u00e9n de los datos y las m\u00e9tricas de desempe\u00f1o; el cuidado ecosocial, que alinea los objetivos algor\u00edtmicos con la protecci\u00f3n de la vida humana y no humana; la redistribuci\u00f3n de valor, mediante la cual las plataformas que obtienen beneficios de los datos comunitarios devuelven parte de esos beneficios a quienes los generan; y, finalmente, la educaci\u00f3n cr\u00edtica, que forma a la ciudadan\u00eda para interpelar y moldear la tecnolog\u00eda desde temprana edad. Estos principios muestran que la IA no es inevitablemente justa ni injusta: su impacto depende de las reglas y de los pactos sociales que la acompa\u00f1an.<\/p>\n

<p>Esta mirada convoca a pensar si la inteligencia artificial, lejos de ser una soluci\u00f3n neutral, se despliega como un territorio donde se entrelazan disputas \u00e9ticas, pol\u00edticas y epist\u00e9micas. Al observar el caso del Sisb\u00e9n\u202fIV, se advierte c\u00f3mo los algoritmos pueden profundizar asimetr\u00edas hist\u00f3ricas cuando se alimentan de datos sesgados, pero tambi\u00e9n c\u00f3mo pueden reorientarse cuando las comunidades reclaman voz y soberan\u00eda sobre su informaci\u00f3n. Ese punto de partida nos lleva a dialogar con la \u00e9tica decolonial, el cuidado ecosocial y los principios de participaci\u00f3n democr\u00e1tica, con la esperanza de articularlos en un marco que acompa\u00f1e los futuros desarrollos tecnol\u00f3gicos.<\/p>\n

<p>Si algo queda claro es que los algoritmos, por s\u00ed mismos, ni perpet\u00faan ni corrigen injusticias: son las relaciones y ausencias de poder las que determinan su trayectoria. De ah\u00ed que el compromiso \u00e9tico no pueda limitarse a lineamientos abstractos ni a apelaciones a la transparencia, sino que deba encarnarse en procesos de deliberaci\u00f3n colectiva, marcos regulatorios y pr\u00e1cticas de ciencia ciudadana que devuelvan la agencia a quienes hist\u00f3ricamente han sido objeto, y no sujeto, de la mirada estad\u00edstica.<\/p>\n

<p>La invitaci\u00f3n final es, por tanto, a mantener abierto este proceso: a cuestionar cada m\u00e9trica, cada dato y cada decisi\u00f3n de dise\u00f1o desde la pregunta por la justicia, la memoria y la pluralidad de saberes. Si la IA ha de servir para imaginar futuros m\u00e1s dignos, necesitar\u00e1 nutrirse de pactos sociales que la excedan, de pol\u00edticas que la interroguen y de comunidades que la escuchen y la transformen.<\/p>\n

<p>Se extiende entonces una invitaci\u00f3n a promover la discusi\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de estas p\u00e1ginas. Que cada l\u00ednea de c\u00f3digo lleve impresa la huella de un pacto social donde la justicia no sea un subproducto, sino la raz\u00f3n de ser de la innovaci\u00f3n. Porque, al final, la IA ser\u00e1 tan justa como lo sea la comunidad que la sue\u00f1a, la dise\u00f1a y la modera.<\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<h1>Referencias bibliogr\u00e1ficas<\/h1>\n

<p>Benjamin,\u202fR.\u202f(2019). <em>Race after technology: Abolitionist tools for the New\u202fJim\u202fCode<\/em>. Polity Press.<\/p>\n

<p>Buolamwini,\u202fJ. y Gebru,\u202fT.\u202f(2018). Gender shades: Intersectional accuracy disparities in commercial gender classification. <em>Proceedings of Machine Learning Research<\/em>,\u202f<em>81<\/em>,\u202f77-91. <a href=\"https:\/\/proceedings.mlr.press\/v81\/buolamwini18a\/buolamwini18a.pdf\">https:\/\/proceedings.mlr.press\/v81\/buolamwini18a\/buolamwini18a.pdf<\/a><\/p>\n

<p>Castells,\u202fM.\u202f(2012). <em>Redes de indignaci\u00f3n y esperanza: Movimientos sociales en la era de Internet<\/em>. Alianza Editorial.<\/p>\n

<p>Colectivo\u202fEtniCidad\u202f(2023, 22\u202fde marzo). <em>Carta abierta al DNP sobre sesgos \u00e9tnicos en el Sisb\u00e9n\u202fIV<\/em>. <a href=\"https:\/\/colectivoetnicidad.org\/sisben-iv\">https:\/\/colectivoetnicidad.org\/sisben-iv<\/a><\/p>\n

<p>Departamento Nacional de Planeaci\u00f3n\u202f(2023). <em>Resoluci\u00f3n\u202f1178: Modificaci\u00f3n de variables diferenciales en el Sisb\u00e9n\u202fIV<\/em>.<\/p>\n

<p>de\u00a0Sousa\u00a0Santos,\u00a0B.\u00a0(2014). <em>Epistemologies of the South: Justice against epistemicide<\/em>. Routledge.<\/p>\n

<p>Dignum,\u202fV.\u202f(2019). <em>Responsible artificial intelligence: How to develop and use AI in a responsible way<\/em>. Springer. <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.1007\/978-3-030-30371-6\">https:\/\/doi.org\/10.1007\/978-3-030-30371-6<\/a><\/p>\n

<p>Eubanks,\u202fV.\u202f(2018). <em>Automating inequality: How high\u2011tech tools profile, police, and punish the poor<\/em>. St.\u202fMartin\u2019s Press.<\/p>\n

<p>Floridi,\u202fL.\u202f(2023). <em>The ethics of artificial intelligence<\/em>. Oxford University Press. <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.1093\/oso\/9780198883098.001.0001\">https:\/\/doi.org\/10.1093\/oso\/9780198883098.001.0001<\/a> \u00a0<\/p>\n

<p>Fraser,\u202fN.\u202f(2000). Rethinking recognition. <em>New Left Review<\/em>,\u202f<em>3<\/em>,\u202f107\u2013120.<\/p>\n

<p>Haklay,\u202fM.\u202f(2013). Citizen science and volunteered geographic information: Overview and typology. En D.\u202fSui, S.\u202fElwood y\u202fM.\u202fGoodchild (Eds.), <em>Crowdsourcing geographic knowledge<\/em> (pp.\u202f105\u2013122). Springer. <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.1007\/978-94-007-4587-2_7\">https:\/\/doi.org\/10.1007\/978-94-007-4587-2_7<\/a><\/p>\n

<p>International Science Council\u202f(2025). <em>Artificial intelligence in Latin America: Case study Colombia<\/em>. International Science Council.<\/p>\n

<p>Kukutai,\u202fT. y Taylor,\u202fJ.\u202f(Eds.)\u202f(2016). <em>Indigenous data sovereignty: Toward an agenda<\/em>. ANU\u202fPress. <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.22459\/CAEPR38.11.2016\">https:\/\/doi.org\/10.22459\/CAEPR38.11.2016<\/a><\/p>\n

<p>Milan,\u202fS. y \u202fTrer\u00e9,\u202fE.\u202f(2019). Big data from the South(s): Beyond data universalism. <em>Television &amp; New Media<\/em>,\u202f<em>20<\/em>(4),\u202f319\u2013335. <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.1177\/1527476419837739\">https:\/\/doi.org\/10.1177\/1527476419837739<\/a> \u00a0<\/p>\n

<p>Mignolo,\u202fW.\u202fD.\u202f(2011). <em>The darker side of Western modernity: Global futures, decolonial options<\/em>. Duke University Press.<\/p>\n

<p>Noble,\u202fS.\u202fU.\u202f(2018). <em>Algorithms of oppression: How search engines reinforce racism<\/em>. NYU Press. <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.2307\/j.ctt1pwt9w5\">https:\/\/doi.org\/10.2307\/j.ctt1pwt9w5<\/a>\u00a0<\/p>\n

<p>Rainie,\u202fS.\u202fC., Schultz,\u202fJ.\u202fL., Briggs,\u202fE., Riggs,\u202fP. y Palmanteer\u2011Holder,\u202fN.\u202fL.\u202f(2017). Data as strategic resource: Self\u2011determination and the data challenge for United States Indigenous nations. <em>International Indigenous Policy Journal<\/em>,<em>\u202f8<\/em>(2),\u202f1\u201329. <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.18584\/iipj.2017.8.2.1\">https:\/\/doi.org\/10.18584\/iipj.2017.8.2.1<\/a> \u00a0<\/p>\n

<p>Ricaurte,\u202fP.\u202f(2019). Data epistemologies, the coloniality of power, and resistance. <em>Television &amp; New Media<\/em>,\u202f<em>20<\/em>(4),\u202f350\u2013365. <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.1177\/1527476419831640\">https:\/\/doi.org\/10.1177\/1527476419831640<\/a><\/p>\n

<p>Smart,\u202fV.\u202f(2024). <em>Algorithmic discrimination in Latin American welfare states<\/em>. Carr\u202fCenter Discussion Paper\u202f 24\u201101. Harvard University. <a href=\"https:\/\/www.hks.harvard.edu\/sites\/default\/files\/2024-08\/24_Smart_Final_01.pdf\">https:\/\/www.hks.harvard.edu\/sites\/default\/files\/2024-08\/24_Smart_Final_01.pdf<\/a><\/p>\n

<p>Stake,\u202fR.\u202fE.\u202f(1995). <em>The art of case study research<\/em>. Sage Publications.<\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<h2><span>Notas al pie<\/span><\/h2>\n

<p><a href=\"https:\/\/openscience.uniandes.edu.co\/la-revolucion-silenciosa-inteligencia-artificial-justicia-social-y-cambio-comunitario\/#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><span>[1]<\/span><\/a><span>\u00a0Sistema de Identificaci\u00f3n y Clasificaci\u00f3n de Potenciales Beneficiarios de Programas Sociales en Colombia, la cuarta actualizaci\u00f3n de un instrumento creado en\u202f1994 y administrado por el Departamento Nacional de Planeaci\u00f3n (DNP).<\/span><\/p>\n

<p><a href=\"https:\/\/openscience.uniandes.edu.co\/la-revolucion-silenciosa-inteligencia-artificial-justicia-social-y-cambio-comunitario\/#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><span>[2]<\/span><\/a><span>\u00a0<\/span>Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras, organizaci\u00f3n que administra los datos de investigaci\u00f3n costera, vinculada al Ministerio de Ambiente de Colombia.<\/p>\n

<p><a href=\"https:\/\/openscience.uniandes.edu.co\/la-revolucion-silenciosa-inteligencia-artificial-justicia-social-y-cambio-comunitario\/#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><span>[3]<\/span><\/a><span>\u00a0<\/span>Empresa que opera barcos para mover cargas o pasajeros por mar.<\/p>\n

<p><a href=\"https:\/\/openscience.uniandes.edu.co\/la-revolucion-silenciosa-inteligencia-artificial-justicia-social-y-cambio-comunitario\/#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><span>[4]<\/span><\/a><span>\u00a0<\/span>Texto completo disponible en el portal del Senado Federal de Brasil: Projeto de Lei\u202fn.\u00ba\u202f2338\/2023 (Senado Federal, 2024).<\/p>\n

<p><a href=\"https:\/\/openscience.uniandes.edu.co\/la-revolucion-silenciosa-inteligencia-artificial-justicia-social-y-cambio-comunitario\/#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><span>[5]<\/span><\/a><span>\u00a0<\/span>El<span>\u00a0<\/span><em>Artificial Intelligence Act<\/em><span>\u00a0<\/span>es el primer marco legal integral sobre IA del mundo, el cual es oficial y ha iniciado su calendario de aplicaci\u00f3n obligatoria. Las organizaciones que desarrollen, comercialicen o utilicen IA en la UE \u2014incluidas las construidas fuera de la UE que quieran operar en su mercado\u2014 deben empezar a evaluar sus sistemas bajo el enfoque de riesgo del AI Act y prepararse para demostrar cumplimiento dentro de los plazos se\u00f1alados. Versi\u00f3n oficial del Regulation\u202f(EU)\u202f2024\/1689 \u2014Artificial Intelligence Act\u2014 en el Diario Oficial de la Uni\u00f3n Europea (European Parliament &amp; Council, 2024).<\/p>\n

<p><a href=\"https:\/\/openscience.uniandes.edu.co\/la-revolucion-silenciosa-inteligencia-artificial-justicia-social-y-cambio-comunitario\/#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><span>[6]<\/span><\/a><span>\u00a0<\/span>Documento CONPES\u202f4144: Pol\u00edtica Nacional de Inteligencia Artificial accesible en la p\u00e1gina del Departamento Nacional de Planeaci\u00f3n de Colombia (DNP, 2025).<\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"}}]}]}]},{"type":"section","props":{"image":"wp-content\/uploads\/2025\/08\/Adobe-Express-file-1.jpg","image_position":"center-center","image_size":"cover","media_blend_mode":"darken","media_overlay":"rgba(17, 24, 124, 0.73)","sticky":"reveal","style":"default","text_color":"light","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"","width":"expand"},"children":[{"type":"row","children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m"},"children":[{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<blockquote>\n

<p><span>La invitaci\u00f3n final es, por tanto, a mantener abierto este proceso: a cuestionar cada m\u00e9trica, cada dato y cada decisi\u00f3n de dise\u00f1o desde la pregunta por la justicia, la memoria y la pluralidad de saberes. Si la IA ha de servir para imaginar futuros m\u00e1s dignos, necesitar\u00e1 nutrirse de pactos sociales que la excedan, de pol\u00edticas que la interroguen y de comunidades que la escuchen y la transformen.<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n

<p><\/p>","margin":"default"}}]}],"props":{"width":"small"}}]},{"type":"section","props":{"image_position":"center-center","style":"default","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"","width":"default"},"children":[{"type":"row","children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m"},"children":[{"type":"divider","props":{"divider_element":"hr","margin":"xlarge","margin_remove_bottom":true}},{"type":"image","props":{"image":"wp-content\/uploads\/2022\/12\/CC_BY-NC-ND_icon-88x31-1.png","image_alt":" CC_BY-NC-ND","image_svg_color":"emphasis","link":"https:\/\/creativecommons.org\/licenses\/by-nc-nd\/4.0\/deed.es","margin":"medium","margin_remove_bottom":true,"text_align":"center"}},{"type":"headline","props":{"content":"Estos contenidos est\u00e1n bajo una Licencia Creative Commons Atribuci\u00f3n-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional","margin":"small","margin_remove_top":false,"text_align":"center","title_element":"h6"}}]}]}],"name":"Creative-commons"}],"version":"4.5.4"} --></p><p>The post <a href="https://openscience.uniandes.edu.co/la-revolucion-silenciosa-inteligencia-artificial-justicia-social-y-cambio-comunitario/">La revolución silenciosa: inteligencia artificial, justicia social y cambio comunitario</a> first appeared on <a href="https://openscience.uniandes.edu.co">Revistas Uniandes | Multimedia</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Sabores perdidos: una radiografía sobre el desperdicio de alimentos en Bogotá</title>
		<link>https://openscience.uniandes.edu.co/radiografia-sobre-el-desperdicio-de-alimentos-en-bogota/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[naturalezaysociedad@uniandes.edu.co]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 22 May 2025 16:42:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Número 12: Tema libre]]></category>
		<category><![CDATA[Diálogos - Naturaleza y Sociedad. Desafíos Medioambientales]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Número 12 &#8211; Tema libre Sabores perdidos: una radiografía sobre el desperdicio de alimentos en Bogotá https://doi.org/10.53010/nys.dia.08 Carlos Andrés Polanía Ramírez Estudiante de Narrativas Digitales de la Universidad de los Andes. Este reportaje lo realicé en el marco de la clase Noticia y Reportaje del Centro de Estudios en Periodismo (CEPER). Recientemente publiqué las crónicas [&#8230;]</p>
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<div><a href="https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/article/view/10922">Número 12 &#8211; Tema libre</a></div>
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<p><span>Sabores perdidos: una radiografía sobre el desperdicio de alimentos en Bogotá</span></p>
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<p><a href="https://doi.org/10.53010/nys.dia.08">https://doi.org/10.53010/nys.dia.08</a></p>
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<h3>Carlos Andrés Polanía Ramírez</h3>
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<p>Estudiante de Narrativas Digitales de la Universidad de los Andes. Este reportaje lo realicé en el marco de la clase Noticia y Reportaje del Centro de Estudios en Periodismo (CEPER). Recientemente publiqué las crónicas “El Dorado” (<a href="https://badac.uniandes.edu.co/el-dorado/">https://badac.uniandes.edu.co/el-dorado/</a><span>)</span> y “Franco &#8211; tirador” (<a href="https://badac.uniandes.edu.co/franco-tirador/">https://badac.uniandes.edu.co/franco-tirador/</a>) en el blog del Banco de Archivos Digitales de Artes de Colombia (BADAC) <a href="mailto:c.polaniar@uniandes.edu.co">c.polaniar@uniandes.edu.co</a></p>
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<p><span>La falta de una estrategia que permita la coordinación entre comerciantes, autoridades y bancos de alimentos impide que las acciones para reducir el desperdicio de alimentos en la plaza de mercado de Paloquemao tengan un impacto real, a pesar de la buena voluntad de algunos vendedores.</span></p>
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<p><span>“Las guayabas, los lulos y los bananos son los productos que más se desperdician, aunque intentamos regalar lo que podemos, a veces simplemente no hay a quién dárselos”, lamenta Álvaro Hernán Rincón, un vendedor de 62 años que lleva tres décadas trabajando en la plaza de Paloquemao. Toda una vida reflejada en las arrugas de su rostro y las canas de su cabello. Su camiseta descolorida y su delantal manchado reflejan el día a día de una labor en la que la pulcritud se convierte en un verdadero desafío por cuenta de la papa pastusa, la yuca y la mora.</span></p>
<p><span>En su puesto de seis metros cuadrados, iluminado por un destello tenue, ofrece a los compradores una experiencia sensorial única, no solo por los tonos de las frutas tropicales, sino también por los olores que lo rodean. Su puesto colinda con la zona de los saberes ancestrales, el pasillo de los yerbateros, donde la variedad de plantas medicinales activa el olfato de los transeúntes y le da un toque mágico a la atmósfera. La frescura de la manzanilla y la intensidad de la lavanda impregnan el ambiente, borrando el caótico olor de la urbe. </span></p>
<p><span>“Lo que no se vende, se va para los residuos”, menciona Rincón, quien enfrenta el mismo problema que algunos de sus colegas. En este, el segundo mercado más importante de Bogotá y uno de los más tradicionales del país, hasta el 20 % de los residuos orgánicos que llegan al centro de acopio cada mes son alimentos que se encuentran en buen estado, según declaraciones de Erika Cortez, coordinadora del Departamento de Gestión Ambiental de la plaza.</span></p>
<p><span>La funcionaria también menciona que en la plaza se generan mensualmente hasta 90 toneladas de residuos orgánicos. Es decir, el 20 % equivale a 18 toneladas de frutas y verduras desperdiciadas, lo que representa el peso de tres elefantes africanos machos adultos.</span></p>
<p><span>La situación se agrava al considerar la realidad de una ciudad donde la inseguridad alimentaria afecta a más de 1.1 millones de personas, lo que significa el 13 % de la población, según la <em>Evaluación de Seguridad Alimentaria 2024</em>, realizada por el Programa Mundial de Alimentos. Estos números revelan una paradoja: mientras una parte de los bogotanos enfrenta dificultades para acceder a alimentos nutritivos, una gran cantidad de productos se desperdician diariamente en lugares como la plaza de Paloquemao.</span></p>
<p><span>A pesar de la voluntad de algunos comerciantes por reducir el desperdicio, la falta de coordinación entre los diferentes actores dificulta el proceso de redistribución de alimentos. Esto provoca que los esfuerzos individuales de los vendedores no sean suficientes para generar un cambio real en la lucha contra el desperdicio alimentario. Sin un sistema colaborativo, las iniciativas aisladas carecen del impacto necesario para transformar esta problemática de manera significativa.</span></p>
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<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2025/05/Portadilla_figura1.jpg" alt="Plaza de mercado"></p>
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<p style="text-align: center;"><span><strong>Figura 1.</strong> Puesto de frutas y verduras. <em>Fuente: </em>fotografía tomada por Carlos Andrés Polanía Ramírez.</span></p>
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<p><span>Al consultarle a Erika Cortez sobre las estrategias implementadas para abordar este asunto, menciona la elaboración esporádica de campañas de sensibilización al comercio. Estas acciones están enfocadas en sensibilizar a los vendedores sobre la importancia de reducir el desperdicio de alimentos y fomentar prácticas más sostenibles. Cortez, quien es especialista en ambiente y desarrollo local, reconoce que la falta de una estrategia estructurada dificulta la efectividad de estas acciones, ya que no hay un compromiso permanente que respalde su implementación a mediano y largo plazo. </span></p>
<p><span>“Las plazas de mercado y las centrales de abastos son escenarios de intercambio entre los diferentes actores del sistema agroalimentario, contribuyendo a la garantía progresiva del derecho humano a la alimentación”, afirma Yazmín Aldana Holguín, especialista de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en Colombia. Ese intercambio que menciona Aldana no se limita a la transacción monetaria entre vendedor y comprador, sino que trasciende al aprovechamiento de cada alimento en función del bienestar social, una situación que no se cumple a cabalidad en Paloquemao debido al desperdicio.</span></p>
<p><span>Un caso contrario ocurre no muy lejos de allí. “En Corabastos, donde tantos comerciantes apoyan el banco de alimentos, tenemos nuestro lema: menos comida en los contenedores, más comida para nuestros comedores”, menciona el padre Daniel Saldarriaga, director del Banco de Alimentos de Bogotá, al referirse a la alianza de esta organización sin ánimo de lucro con la plaza más grande de Colombia. Ese compromiso con la donación de alimentos refleja una cultura de solidaridad que impacta positivamente en la lucha contra el hambre.</span></p>
<p><span>Es curioso que, a pesar de su potencial, Paloquemao no haya desarrollado alianzas como las que sí ha establecido Corabastos. Pero, ¿a qué se debe esta situación? En primer lugar, las directivas de la plaza no han definido un protocolo que permita a los comerciantes realizar donaciones, lo que dificulta una posible articulación con los bancos de alimentos. En segundo lugar, existe una falta de confianza en la capacidad de los bancos de alimentos, ya que algunos comerciantes temen que las donaciones no se distribuyan adecuadamente. Y, en tercer lugar, la desinformación, ya sea por la creencia de que existen restricciones legales para donar o por desconocimiento del impacto que estas colaboraciones pueden generar.</span></p>
<p><span>Entre tanto, en mayo del año pasado se anunció la conformación de la “Bancada de la Lucha contra el Hambre”, conformada por 14 concejales de diferentes sectores políticos, quienes han venido trabajando en normativas y acciones concretas para reducir el hambre en Bogotá. Entre estas se destaca el punto establecido en el <em>Plan Distrital de Desarrollo</em> para la creación de 50 comedores comunitarios, lo que significa un aumento sustancial, teniendo en cuenta que actualmente existen 115 en la ciudad. Precisamente en esta iniciativa, las plazas de mercado jugarían un rol fundamental, ya que la mayoría de los alimentos que distribuyen estos comedores provienen de sus donaciones.</span></p>
<p><span>“Hacemos un llamado urgente a trabajar en el acceso de los alimentos de una forma segura y digna para todos, a intensificar los esfuerzos en todos los frentes, comedores comunitarios, centros de abastecimiento y plazas de mercado, para reducir el desperdicio de alimentos”, menciona David Saavedra, uno de los integrantes de esta bancada. Y es que el desperdicio es una problemática significativa, en una ciudad donde el 28,4 % de los hogares se sentían preocupados por no tener suficientes alimentos, según el estudio </span><em>Inseguridad alimentaria a partir de la escala FIES &#8211; 2023,</em> realizado por el<span> DANE.</span></p>
<p><span>Saavedra destaca que una de las principales dificultades radica en la falta de infraestructura para apoyar la lucha contra el hambre en las plazas. Es decir, la ausencia de comedores comunitarios y bodegas para almacenar los alimentos donados dentro de los mismos mercados. En ese sentido, cobran relevancia acciones como la anunciada por Francisco Javier Salcedo, gerente de Corabastos, quien informó sobre la entrega de una bodega para el programa “Tardes de Bien-Estar”, que brinda alimentos a más de 400 niños y promueve un estilo de vida saludable en la primera infancia.</span></p>
<p><span>Esta iniciativa demuestra cómo una infraestructura adecuada puede optimizar el proceso de donación y convertirse en un elemento clave en la lucha contra el hambre. Así mismo, resalta la urgencia de que otras plazas y centros de acopio, como Paloquemao, adopten estas medidas para maximizar el aprovechamiento de los recursos disponibles. Implementar este modelo podría transformar la distribución de alimentos, garantizando que lleguen a quienes más los necesitan y contribuyendo al progreso de la comunidad.</span></p>
<p>Paloquemao es una plaza con cerca de 1 240 locales comerciales que recibe cada fin de semana un promedio de 22 000 visitantes, según cifras del líder de mercadeo Fernando Murillo. Un espacio donde la abundancia contrasta con el desperdicio debido a la ausencia de estrategias coordinadas entre comerciantes, directivas y bancos de alimentos. La solución no solo requiere un cambio de mentalidad, sino también un compromiso colectivo que trascienda las barreras comerciales y busque el bienestar social. La creación de alianzas que faciliten la donación podría transformar esta problemática en una gran oportunidad. Paloquemao, un lugar lleno de vida, colores y fragancias, un símbolo del patrimonio de la capital, pero también un recordatorio de que, en medio de la abundancia, hay muchos sabores perdidos.</p>
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<p><span>A pesar de la voluntad de algunos comerciantes por reducir el desperdicio, la falta de coordinación entre los diferentes actores dificulta el proceso de redistribución de alimentos. Esto provoca que los esfuerzos individuales de los vendedores no sean suficientes para generar un cambio real en la lucha contra el desperdicio alimentario. Sin un sistema colaborativo, las iniciativas aisladas carecen del impacto necesario para transformar esta problemática de manera significativa.</span></p>
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<h6>Estos contenidos están bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional</h6>
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<p><span>Sabores perdidos: una radiograf\u00eda sobre el desperdicio de alimentos en Bogot\u00e1<\/span><\/p>","margin":"small","margin_remove_bottom":false,"margin_remove_top":false,"title_element":"h1","title_style":"heading-small"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

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<p>Estudiante de Narrativas Digitales de la Universidad de los Andes. Este reportaje lo realic\u00e9 en el marco de la clase Noticia y Reportaje del Centro de Estudios en Periodismo (CEPER). Recientemente publiqu\u00e9 las cr\u00f3nicas \u201cEl Dorado\u201d (<a href=\"https:\/\/badac.uniandes.edu.co\/el-dorado\/\">https:\/\/badac.uniandes.edu.co\/el-dorado\/<\/a><span>)<\/span> y \u201cFranco - tirador\u201d (<a href=\"https:\/\/badac.uniandes.edu.co\/franco-tirador\/\">https:\/\/badac.uniandes.edu.co\/franco-tirador\/<\/a>) en el blog del Banco de Archivos Digitales de Artes de Colombia (BADAC) <a href=\"mailto:c.polaniar@uniandes.edu.co\">c.polaniar@uniandes.edu.co<\/a><\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"},"name":"Biografia"},{"name":"Divider Style Default","type":"divider","props":{"divider_element":"hr"}}]}]},{"type":"row","props":{"margin":"large"},"children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m","width_medium":"1-1"},"children":[{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p><span>La falta de una estrategia que permita la coordinaci\u00f3n entre comerciantes, autoridades y bancos de alimentos impide que las acciones para reducir el desperdicio de alimentos en la plaza de mercado de Paloquemao tengan un impacto real, a pesar de la buena voluntad de algunos vendedores.<\/span><\/p>","margin":"default","text_style":"lead"}}]}]}]},{"type":"section","props":{"image_position":"center-center","style":"default","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"","width":"default"},"children":[{"type":"row","props":{"width":"small"},"children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m"},"children":[{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","column_divider":false,"content":"

<p><span>\u201cLas guayabas, los lulos y los bananos son los productos que m\u00e1s se desperdician, aunque intentamos regalar lo que podemos, a veces simplemente no hay a qui\u00e9n d\u00e1rselos\u201d, lamenta \u00c1lvaro Hern\u00e1n Rinc\u00f3n, un vendedor de 62 a\u00f1os que lleva tres d\u00e9cadas trabajando en la plaza de Paloquemao. Toda una vida reflejada en las arrugas de su rostro y las canas de su cabello. Su camiseta descolorida y su delantal manchado reflejan el d\u00eda a d\u00eda de una labor en la que la pulcritud se convierte en un verdadero desaf\u00edo por cuenta de la papa pastusa, la yuca y la mora.<\/span><\/p>\n

<p><span>En su puesto de seis metros cuadrados, iluminado por un destello tenue, ofrece a los compradores una experiencia sensorial \u00fanica, no solo por los tonos de las frutas tropicales, sino tambi\u00e9n por los olores que lo rodean. Su puesto colinda con la zona de los saberes ancestrales, el pasillo de los yerbateros, donde la variedad de plantas medicinales activa el olfato de los transe\u00fantes y le da un toque m\u00e1gico a la atm\u00f3sfera. La frescura de la manzanilla y la intensidad de la lavanda impregnan el ambiente, borrando el ca\u00f3tico olor de la urbe. <\/span><\/p>\n

<p><span>\u201cLo que no se vende, se va para los residuos\u201d, menciona Rinc\u00f3n, quien enfrenta el mismo problema que algunos de sus colegas. En este, el segundo mercado m\u00e1s importante de Bogot\u00e1 y uno de los m\u00e1s tradicionales del pa\u00eds, hasta el 20\u00a0% de los residuos org\u00e1nicos que llegan al centro de acopio cada mes son alimentos que se encuentran en buen estado, seg\u00fan declaraciones de Erika Cortez, coordinadora del Departamento de Gesti\u00f3n Ambiental de la plaza.<\/span><\/p>\n

<p><span>La funcionaria tambi\u00e9n menciona que en la plaza se generan mensualmente hasta 90 toneladas de residuos org\u00e1nicos. Es decir, el 20\u00a0% equivale a 18 toneladas de frutas y verduras desperdiciadas, lo que representa el peso de tres elefantes africanos machos adultos.<\/span><\/p>\n

<p><span>La situaci\u00f3n se agrava al considerar la realidad de una ciudad donde la inseguridad alimentaria afecta a m\u00e1s de 1.1 millones de personas, lo que significa el 13\u00a0% de la poblaci\u00f3n, seg\u00fan la <em>Evaluaci\u00f3n de Seguridad Alimentaria 2024<\/em>, realizada por el Programa Mundial de Alimentos. Estos n\u00fameros revelan una paradoja: mientras una parte de los bogotanos enfrenta dificultades para acceder a alimentos nutritivos, una gran cantidad de productos se desperdician diariamente en lugares como la plaza de Paloquemao.<\/span><\/p>\n

<p><span>A pesar de la voluntad de algunos comerciantes por reducir el desperdicio, la falta de coordinaci\u00f3n entre los diferentes actores dificulta el proceso de redistribuci\u00f3n de alimentos. Esto provoca que los esfuerzos individuales de los vendedores no sean suficientes para generar un cambio real en la lucha contra el desperdicio alimentario. Sin un sistema colaborativo, las iniciativas aisladas carecen del impacto necesario para transformar esta problem\u00e1tica de manera significativa.<\/span><\/p>\n

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<p style=\"text-align: center;\"><span><strong>Figura 1.<\/strong> Puesto de frutas y verduras. <em>Fuente: <\/em>fotograf\u00eda tomada por Carlos Andr\u00e9s Polan\u00eda Ram\u00edrez.<\/span><\/p>","margin":"default"}},{"type":"divider","props":{"divider_element":"hr"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p><span>Al consultarle a Erika Cortez sobre las estrategias implementadas para abordar este asunto, menciona la elaboraci\u00f3n espor\u00e1dica de campa\u00f1as de sensibilizaci\u00f3n al comercio. Estas acciones est\u00e1n enfocadas en sensibilizar a los vendedores sobre la importancia de reducir el desperdicio de alimentos y fomentar pr\u00e1cticas m\u00e1s sostenibles. Cortez, quien es especialista en ambiente y desarrollo local, reconoce que la falta de una estrategia estructurada dificulta la efectividad de estas acciones, ya que no hay un compromiso permanente que respalde su implementaci\u00f3n a mediano y largo plazo. <\/span><\/p>\n

<p><span>\u201cLas plazas de mercado y las centrales de abastos son escenarios de intercambio entre los diferentes actores del sistema agroalimentario, contribuyendo a la garant\u00eda progresiva del derecho humano a la alimentaci\u00f3n\u201d, afirma Yazm\u00edn Aldana Holgu\u00edn, especialista de la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentaci\u00f3n (FAO) en Colombia. Ese intercambio que menciona Aldana no se limita a la transacci\u00f3n monetaria entre vendedor y comprador, sino que trasciende al aprovechamiento de cada alimento en funci\u00f3n del bienestar social, una situaci\u00f3n que no se cumple a cabalidad en Paloquemao debido al desperdicio.<\/span><\/p>\n

<p><span>Un caso contrario ocurre no muy lejos de all\u00ed. \u201cEn Corabastos, donde tantos comerciantes apoyan el banco de alimentos, tenemos nuestro lema: menos comida en los contenedores, m\u00e1s comida para nuestros comedores\u201d, menciona el padre Daniel Saldarriaga, director del Banco de Alimentos de Bogot\u00e1, al referirse a la alianza de esta organizaci\u00f3n sin \u00e1nimo de lucro con la plaza m\u00e1s grande de Colombia. Ese compromiso con la donaci\u00f3n de alimentos refleja una cultura de solidaridad que impacta positivamente en la lucha contra el hambre.<\/span><\/p>\n

<p><span>Es curioso que, a pesar de su potencial, Paloquemao no haya desarrollado alianzas como las que s\u00ed ha establecido Corabastos. Pero, \u00bfa qu\u00e9 se debe esta situaci\u00f3n? En primer lugar, las directivas de la plaza no han definido un protocolo que permita a los comerciantes realizar donaciones, lo que dificulta una posible articulaci\u00f3n con los bancos de alimentos. En segundo lugar, existe una falta de confianza en la capacidad de los bancos de alimentos, ya que algunos comerciantes temen que las donaciones no se distribuyan adecuadamente. Y, en tercer lugar, la desinformaci\u00f3n, ya sea por la creencia de que existen restricciones legales para donar o por desconocimiento del impacto que estas colaboraciones pueden generar.<\/span><\/p>\n

<p><span>Entre tanto, en mayo del a\u00f1o pasado se anunci\u00f3 la conformaci\u00f3n de la \u201cBancada de la Lucha contra el Hambre\u201d, conformada por 14 concejales de diferentes sectores pol\u00edticos, quienes han venido trabajando en normativas y acciones concretas para reducir el hambre en Bogot\u00e1. Entre estas se destaca el punto establecido en el <em>Plan Distrital de Desarrollo<\/em> para la creaci\u00f3n de 50 comedores comunitarios, lo que significa un aumento sustancial, teniendo en cuenta que actualmente existen 115 en la ciudad. Precisamente en esta iniciativa, las plazas de mercado jugar\u00edan un rol fundamental, ya que la mayor\u00eda de los alimentos que distribuyen estos comedores provienen de sus donaciones.<\/span><\/p>\n

<p><span>\u201cHacemos un llamado urgente a trabajar en el acceso de los alimentos de una forma segura y digna para todos, a intensificar los esfuerzos en todos los frentes, comedores comunitarios, centros de abastecimiento y plazas de mercado, para reducir el desperdicio de alimentos\u201d, menciona David Saavedra, uno de los integrantes de esta bancada. Y es que el desperdicio es una problem\u00e1tica significativa, en una ciudad donde el 28,4\u00a0% de los hogares se sent\u00edan preocupados por no tener suficientes alimentos, seg\u00fan el estudio <\/span><em>Inseguridad alimentaria a partir de la escala FIES - 2023,<\/em> realizado por el<span> DANE.<\/span><\/p>\n

<p><span>Saavedra destaca que una de las principales dificultades radica en la falta de infraestructura para apoyar la lucha contra el hambre en las plazas. Es decir, la ausencia de comedores comunitarios y bodegas para almacenar los alimentos donados dentro de los mismos mercados. En ese sentido, cobran relevancia acciones como la anunciada por Francisco Javier Salcedo, gerente de Corabastos, quien inform\u00f3 sobre la entrega de una bodega para el programa \u201cTardes de Bien-Estar\u201d, que brinda alimentos a m\u00e1s de 400 ni\u00f1os y promueve un estilo de vida saludable en la primera infancia.<\/span><\/p>\n

<p><span>Esta iniciativa demuestra c\u00f3mo una infraestructura adecuada puede optimizar el proceso de donaci\u00f3n y convertirse en un elemento clave en la lucha contra el hambre. As\u00ed mismo, resalta la urgencia de que otras plazas y centros de acopio, como Paloquemao, adopten estas medidas para maximizar el aprovechamiento de los recursos disponibles. Implementar este modelo podr\u00eda transformar la distribuci\u00f3n de alimentos, garantizando que lleguen a quienes m\u00e1s los necesitan y contribuyendo al progreso de la comunidad.<\/span><\/p>\n

<p>Paloquemao es una plaza con cerca de 1 240 locales comerciales que recibe cada fin de semana un promedio de 22\u00a0000 visitantes, seg\u00fan cifras del l\u00edder de mercadeo Fernando Murillo. Un espacio donde la abundancia contrasta con el desperdicio debido a la ausencia de estrategias coordinadas entre comerciantes, directivas y bancos de alimentos. La soluci\u00f3n no solo requiere un cambio de mentalidad, sino tambi\u00e9n un compromiso colectivo que trascienda las barreras comerciales y busque el bienestar social. La creaci\u00f3n de alianzas que faciliten la donaci\u00f3n podr\u00eda transformar esta problem\u00e1tica en una gran oportunidad. Paloquemao, un lugar lleno de vida, colores y fragancias, un s\u00edmbolo del patrimonio de la capital, pero tambi\u00e9n un recordatorio de que, en medio de la abundancia, hay muchos sabores perdidos.<\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"}}]}]}]},{"type":"section","props":{"image":"wp-content\/uploads\/2025\/05\/Portadilla_figura1.jpg","image_position":"center-center","image_size":"cover","media_blend_mode":"darken","media_overlay":"rgba(124, 56, 17, 0.73)","sticky":"reveal","style":"default","text_color":"light","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"","width":"expand"},"children":[{"type":"row","children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m"},"children":[{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

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<p><span>A pesar de la voluntad de algunos comerciantes por reducir el desperdicio, la falta de coordinaci\u00f3n entre los diferentes actores dificulta el proceso de redistribuci\u00f3n de alimentos. Esto provoca que los esfuerzos individuales de los vendedores no sean suficientes para generar un cambio real en la lucha contra el desperdicio alimentario. Sin un sistema colaborativo, las iniciativas aisladas carecen del impacto necesario para transformar esta problem\u00e1tica de manera significativa.<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n

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		<title>El conocimiento tradicional del paisaje en comunidades indígenas mexicanas</title>
		<link>https://openscience.uniandes.edu.co/el-conocimiento-tradicional-del-paisaje-en-comunidades-indigenas-mexicanas/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[naturalezaysociedad@uniandes.edu.co]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 22 Apr 2025 02:11:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Especial: Día de la Madre Tierra]]></category>
		<category><![CDATA[Número 12: Tema libre]]></category>
		<category><![CDATA[Diálogos - Naturaleza y Sociedad. Desafíos Medioambientales]]></category>
		<category><![CDATA[conocimiento indígena]]></category>
		<category><![CDATA[comunidades campesinas]]></category>
		<category><![CDATA[conocimiento local]]></category>
		<category><![CDATA[etnoecología]]></category>
		<category><![CDATA[ambiente]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Tema libre &#8211; Especial Día de la Madre Tierra El conocimiento tradicional del paisaje en comunidades indígenas mexicanas https://doi.org/10.53010/nys.dia.07 Gerardo Bocco Investigador titular del Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental de la Universidad Nacional Autónoma de México (campus Morelia). Es geógrafo y especialista en geomorfología aplicada a cuestiones ambientales, con énfasis en el paisaje de [&#8230;]</p>
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<div><a href="https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/article/view/10867">Tema libre &#8211; Especial Día de la Madre Tierra</a></div>
<h1>
<p><span>El conocimiento tradicional del paisaje en comunidades indígenas mexicanas</span></p>
</h1>
<div>
<p class="DOI"><span lang="ES"><a href="https://doi.org/10.53010/nys.dia.07">https://doi.org/10.53010/nys.dia.07</a><o:p></o:p></span></p>
</div>
<h3>Gerardo Bocco</h3>
<div>
<p>Investigador titular del Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental de la Universidad Nacional Autónoma de México (campus Morelia). Es geógrafo y especialista en geomorfología aplicada a cuestiones ambientales, con énfasis en el paisaje de pequeñas localidades rurales. Este trabajo se deriva de sus experiencias en campo, en comunidades nahuas, purépechas y mixtecas.</p>
</div>
<hr>
<div>
<h1>Introducción</h1>
<p>En comparación con la labor académica en etnobotánica y etnoecología (y parcialmente en etnopedología), la investigación en conocimiento tradicional del paisaje es sustancialmente menor. Lo anterior puede constatarse en el importante número de publicaciones, así como en la existencia de varias sociedades científicas que se abocan a temas etnobiológicos en sentido amplio (etnobotánicos, etnozoológicos, entre otros). Se ha argumentado que esta diferencia se explicaría por varias razones. En primer lugar, por la fortaleza académica de las áreas de conocimiento en botánica, ecología y en sus aproximaciones al estudio del ambiente. En segundo lugar, porque se ha reconocido que la noción de paisaje es intrínsecamente más compleja que la de cualquier organismo, tal como el caso de una planta o animal. En tercer lugar, y si se tratara de denominaciones en idioma local, la detección y nomenclaturas en torno a paisaje hace aún más compleja la documentación y traducción en el contexto del denominado diálogo de saberes. Los sistemas y taxonomías biológicas están establecidas a nivel universal desde hace siglos; en tanto, por contraste, los sistemas clasificatorios del paisaje, incluyendo aquellos del terreno en los que se despliegan, no resultan fácilmente generalizables y pueden ser controversiales o confusos. Tal es el caso de una elevación, que podría denominarse sierra, serranía o lomerío, dependiendo del contexto en el que se usa. En cambio, una especie de pino recibirá la misma denominación en cuanto a género y especie independientemente del contexto.</p>
<p>En esta reflexión se hará énfasis en la complejidad que encierra el abordaje del conocimiento tradicional, local y, por lo general, indígena, sobre el paisaje. En primer lugar, se revisa de manera sintética este concepto y los enfoques que animaron su estudio. Luego se consideran los aportes al tema desde el conocimiento tradicional, con algún énfasis en las formas del terreno o geoformas presentes en el paisaje de que se trate. Finalmente, se proponen conclusiones y sugerencias para otros estudios, en especial, desde la geografía ambiental, campo emergente que se propone contribuir a cerrar la brecha entre la geografía física y humana<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><span>[1]</span></a>.</p>
</p>
</div>
<div>
<h1><span>El paisaje: riqueza y complejidad. La importancia del terreno y las geoformas</span></h1>
</p>
</div>
<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2025/04/Foto1.jpg" alt="Terrazas agrícolas "></p>
<div>
<p style="text-align: center;"><strong>Foto 1. </strong>Terrazas agrícolas bajo diversos usos del suelo en laderas cercanas al Lago Titicaca, Bolivia. Prácticas milenarias basadas en conocimiento tradicional del paisaje. <strong>Fuente:</strong> fotografía tomada por el autor.</p>
</div>
<div>
<p>Tradicionalmente, el paisaje se ha definido, de manera laxa, como una porción del espacio (bien terreno, bien territorio) que puede ser percibida y reconocida por un observador. Una propiedad esencial que siempre se ha destacado es su carácter integral, es decir, que comprende componentes tanto biofísicos como sociales y culturales. De tal manera que elementos tales como el terreno y los suelos, la cubierta vegetal y el uso del suelo, idealmente, deben ser estudiados de manera interdisciplinaria. Lo anterior permite la comprensión de la aptitud o capacidad productiva de una porción de terreno desde la perspectiva del conocimiento local ambiental.</p>
<p>Sin embargo, en la práctica, ha sido difícil respetar estas aproximaciones y, en cambio, se ha parcelado el estudio de paisaje. Así, se han adoptado, por un lado, visiones ecológicas y físicogeográficas y, por otro, aproximaciones desde la geografía cultural y la antropología social. En el primer caso, se hace énfasis en los aspectos biofísicos, mientras que, en el segundo, en los sociales y culturales, comúnmente sin establecer vínculos coherentes, complementarios, entre ambas visiones.</p>
<p>Desde la geografía ambiental resulta pertinente examinar las ventajas y limitaciones de la ruptura entre la dicotomía naturaleza y cultura. Así, se ha retenido lo espacial como dimensión esencial e insustituible en el concepto de paisaje. En este sentido, se han adoptado dos formas de concebir el espacio. Por un lado, el espacio en tanto superficie continua, cuyas posibles homogeneidades y discontinuidades pueden ser detectadas y delimitadas mediante el análisis estadístico de sus variables. Por otro, el espacio concebido como una entidad estratificable en unidades ambientales relativamente homogéneas desde una o más variables explicativas a partir de la delimitación realizada por un intérprete, sea un productor local o un técnico externo a una comunidad.</p>
<p>El terreno constituye la base sobre la que se despliega un paisaje. Las aproximaciones desde el estudio de sus formas son variadas, lo cual explica, en parte, la falta del reconocimiento de su posible generalidad. Las geoformas pueden clasificarse, por su origen o expresión topográfica, desde los siguientes enfoques:</p>
<ul>
<li>Morfoestructural (morfolitológico o morfotectónico), para destacar la influencia del tipo de roca o fuerza desde el interior de la corteza que las originaron.</li>
<li>Morfoclimático, para destacar la naturaleza de los ambientes bioclimáticos que las modelaron, en el pasado y el presente.</li>
<li>Morfodinámico, para señalar las características de los procesos denudatorios<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><span>[2]</span></a> actuales, tales como la erosión hídrica o eólica, o gravitatorios, como podrían ser los deslizamientos o derrumbes.</li>
<li>Morfográfico (formas de las laderas) y mofométrico (geometría de las laderas), de índole descriptiva de la expresión topográfica en el terreno, independientemente de su génesis.</li>
</ul>
<p>Para propósitos prácticos, como en el caso de los estudios de suelos, cubierta y uso del terreno y del paisaje, se suele recurrir a este último enfoque, con alguna consideración de las características bioclimáticas actuales. A tal efecto, se puede hacer uso de dos sistemas clasificatorios de alcance general, a dos escalas espaciales (o niveles de resolución)<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><span>[3]</span></a>. Para el nivel de reconocimiento regional, y en particular a partir de su morfometría, las clases propuestas son: montaña (alta o baja), lomerío (alto o bajo), altiplanicie, valle, sistema de transición o de piedemonte y planicie. Para el nivel detallado, se reconoce la noción de toposecuencia, desde las porciones elevadas hasta el nivel de base: cima, ladera (divisible en clases de acuerdo con la inclinación de su pendiente), ladera de piedemonte y planicie acumulativa (nivel de base).</p>
</p>
<p>Estas clases permiten estratificar el espacio y proponer unidades básicas para la delimitación de las unidades, utilizando aproximaciones bien de vegetación (por su estructura arbórea, arbustiva o herbácea) o bien de uso del suelo (agropecuario, forestal o asentamiento humano e infraestructura). Este tipo de metodología permite comprender las características generales del terreno y paisaje desde el punto de vista técnico y, desde allí, aproximarse a la sabiduría campesina o conocimiento tradicional.</p>
</p>
</div>
<div>
<h1><span lang="ES">El conocimiento tradicional del paisaje mexicano y la noción “tierra”<o:p></o:p></span></h1>
</div>
<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2025/04/Foto2.jpg" alt=""></p>
<div>
<p><strong>Foto 2. </strong>Terraza agrícola en valle en la Mixteca Alta, Oaxaca, México. Cultivo de maíz de temporal (de secano, en milpa tradicional), arado con yunta de bueyes. Las terrazas antiguas en esa zona fueron datadas en al menos 2 500 años. <strong>Fuente:</strong> fotografía tomada por el autor.</p>
</div>
<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2025/04/Foto3.jpg" alt=""></p>
<div>
<p><strong>Foto 3. </strong>Valle fluvial ubicado en la cuenca alta del río Pilcomayo, Bolivia. El lecho menor, con escurrimiento; el lecho mayor, ambos lados, muestra depósitos de cauce. Al centro y al fondo, flanqueado por laderas, un abanico aluvial (triangular) converge sobre el curso.<strong>  Fuente:</strong> fotografía tomada por el autor.</p>
</div>
<div>
<p>Los estudios etnobotánicos, que a su vez nutren a los etnoecológicos y, en ciertos casos, a los etnopedológicos (también denominados etnoedafológicos), reconocen una trayectoria de al menos siete décadas. En buena medida, se ha debido al liderazgo impartido por destacados estudiosos tales como Alfredo Barrera y Efraím Hernández-Xolocotzi. En tanto, los trabajos relacionados con el conocimiento tradicional del paisaje, bajo diversas denominaciones, empezaron a publicarse en la década de 1980. Sin duda, antecedidos por reflexiones desde la agronomía y la edafología, que también nutrieron los posteriores trabajos en agroecología, bajo la influencia de excelentes científicos, tales como el ya mencionado Hernández-Xolocotzi.</p>
<p>Esta labor pionera encuentra un fértil entorno para su desarrollo en la Universidad Autónoma de Chapingo y en el Colegio de Posgraduados. El trabajo de Carlos Ortiz-Solorio y colaboradores desde los 80, a partir de su docencia e investigación edafológicas, se orienta hacia el conocimiento local en terreno, suelos y taxonomía; y su aptitud en el manejo agrícola tradicional. Es desde esta perspectiva que, primero, contribuyen a una clasificación mesoamericana de suelos, en colaboración con Bárbara Williams y, segundo, formulan el concepto y operan en la práctica una clasificación de “tierras”, es decir, entidades integrales desde la visión campesina. Para ello, utilizan técnicas de coinvestigación o investigación participativa en campo que permiten recopilar y documentar el conocimiento tradicional heredado en forma oral a través de las generaciones.</p>
<p>Es destacable el uso del término “tierra”, en el que se reconocen dos vertientes. En primer lugar, su uso coloquial en el medio rural mexicano hace referencia a una unidad integral, tanto de suelos y cuerpo natural, como del terreno y de las condiciones ambientales en los que se desarrollan. Asimismo, a las condiciones sociales y económicas bajo las cuales se manejan según su aptitud productiva. Estas características proporcionan un carácter dinámico a la noción de tierra y por lo tanto a su conocimiento tradicional.</p>
<p>En segundo lugar, al ser el concepto tierra una traducción casi literal del término <em>land</em>, se ha utilizado a nivel global por diversos organismos de Naciones Unidas para muchos de sus programas de apoyo a la agricultura y el ordenamiento del territorio. Además, se encuentra en la raíz del concepto paisaje en lenguas anglosajonas (<em>landscape</em>, por ejemplo).  De tal manera que la noción tierra encierra una excelente aproximación a un objeto integrado para la investigación, tanto científica convencional, como tradicional. Es decir, se encuentra en el centro de la noción de conocimiento tradicional del paisaje en México. En otras palabras, es un término comprensible, y bajo el mismo significado, tanto para un campesino como para un académico estudioso del terreno, los suelos o la agricultura.</p>
<p>La noción tierra es esencial y por lo tanto ha recibido reconocimiento literal en diversos idiomas indígenas, tal como <em>lu’um</em> en maya yucateco, <em>tlalli</em> en náhuatl o <em>echeri</em> en purépecha. La riqueza de estas denominaciones es destacada por Pulido Secundino y Bocco (2016) para el caso de <em>echeri</em> en la comunidad de Comachuén, en la meseta Purépecha<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><span>[4]</span></a>. En su interpretación, Pulido, cuya lengua materna es el purépecha, señala que la raíz <em>echeri</em> designa, de manera escalonada y articulada, las siguientes categorías: planeta tierra, mundo; territorio, tierra, predio o parcela; terreno, suelo; suelo, polvo, lodo.</p>
<p>A modo de ejemplo, se presentan aquí algunos estudios de caso que permiten precisar el alcance de los conceptos tierra y paisaje descritos arriba. Ortiz y Gutiérrez (2001), en su trabajo en una comunidad otomí en el estado de Hidalgo, centro de México, documentan la diferenciación indígena de tres niveles de tierras<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><span>[5]</span></a>. A partir de un nivel general, diferencian las de labor de las de no-labor (por salinidad) sólo utilizadas para romeritos<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><span>[6]</span></a>, e incluye un uso agrícola preferido para cada clase (tabla 1).</p>
<p><strong>Tabla 1.</strong> Tierras de labor (en español y otomí) y uso agrícola preferido para cada clase. Fuente: adaptado de Ortiz y Gutiérrez (2001).</p>
<table width="100%">
<tbody>
<tr>
<td width="35%">
<p><strong>Clase de tierra de labor (español)</strong></p>
</td>
<td width="34%">
<p><strong>Clase de tierra de labor (otomí)</strong></p>
</td>
<td width="30%">
<p><strong>Uso agrícola documentado</strong></p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="35%">
<p>Lama</p>
</td>
<td width="34%">
<p><em>Pehai</em></p>
</td>
<td width="30%">
<p>Maíz, alfalfa, trigo y cebada</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="35%">
<p>Arenosa</p>
</td>
<td width="34%">
<p><em>´Bomuhai</em></p>
</td>
<td width="30%">
<p>Hortalizas</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="35%">
<p>Blanca</p>
</td>
<td width="34%">
<p><em>T´axhai</em></p>
</td>
<td width="30%">
<p>Maíz, alfalfa y maguey</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="35%">
<p>Tepetate</p>
</td>
<td width="34%">
<p><em>Xidohai</em></p>
</td>
<td width="30%">
<p>Jitomate y chile</p>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>En otro estudio, los mismos autores describen tres niveles jerárquicos y una nomenclatura de las clases de tierras (en español y náhuatl) en una comunidad matlatzinca en el Estado de México<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><span>[7]</span></a>. Como en el caso anterior, el primer nivel es general (en este caso, denominado la tierra de todos); el segundo nivel diferencia las tierras de labor de las de no-labor; y el tercer nivel incluye las clases reconocidas y denominadas por los campesinos: dos clases de tierras negras, una amarilla, una arenosa, una chinampa<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><span>[8]</span></a> y una de no-labor. En ambos casos, su orientación preponderante es hacia la etnoedafología, en tanto uno de los caminos posibles para los trabajos sobre clases campesinas de tierra.</p>
<p>Desde una perspectiva etnogeográfica en Comachuén, Pulido formula el concepto de unidades de paisaje locales (UPL) para aludir a las unidades de diferenciación del territorio en función de rasgos fisiográficos y de localización altitudinal. Asimismo, define clases de tierra locales (CTL) a partir de criterios ambientales y de calidad de uso (ver una síntesis, que incluye la nomenclatura en purépecha, representada en figura 1). Pulido precisa que las UPL se reconocen a partir de tres variables: 1) geoformas propiamente dichas acompañadas de sus propiedades ambientales, 2) clases de tierra locales (aptitud) y 3) por parajes. Estos últimos, denominados con un nombre de lugar o topónimo, es decir, un nombre propio, único, y que por lo tanto no pertenece a una clase (tabla 1). En general, la noción de paraje no se documenta en este tipo de estudios. Pero al igual que la palabra “tierra”, este es un término muy utilizado en zonas campesinas en México y otros países de América Latina. Dependiendo de cómo y para qué se utilice, dicha denominación cumple un papel muy importante en los territorios bajo agricultura tradicional para aludir tanto a pertenencia (apego) como a delimitación del territorio.</p>
</p>
</div>
<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2025/04/Figura1.png" alt="Exposición tiburones-007"></p>
<div>
<p><strong>Figura 1.</strong> Perfil fisiográfico y principales geoformas identificadas desde el conocimiento local en Comachuén, meseta Purépecha, Michoacán. Fuente: tomado de Pulido y Bocco (2016). Se usa con autorización de la revista <em>Investigaciones Geográficas</em>.</p>
</div>
<div>
<p>En estos ejemplos se presenta la documentación, a partir del trabajo de campo participativo, de las categorías campesinas derivadas del conocimiento tradicional de sus tierras, y se incluyen propiedades de sus suelos y la capacidad productiva de los mismos. Todos ellos encierran, en el marco de una cuidada sencillez, una gran complejidad, conocimiento y sabiduría local.</p>
</div>
<blockquote>
<p><span>«Es destacable el uso del término “tierra”, en el que se reconocen dos vertientes. En primer lugar, su uso coloquial en el medio rural mexicano hace referencia a una unidad integral, tanto de suelos y cuerpo natural, como del terreno y de las condiciones ambientales en los que se desarrollan. Asimismo, a las condiciones sociales y económicas bajo las cuales se manejan según su aptitud productiva. Estas características proporcionan un carácter dinámico a la noción de tierra y por lo tanto a su conocimiento tradicional».</span></p>
</blockquote>
<hr>
<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2025/04/Foto4.png" alt="Sierra y planicie en región preandina"></p>
<div>
<p style="text-align: center;"><strong>Foto 4.</strong> Sierra y planicie en región preandina, en el noroeste de la Argentina, bajo clima templado con lluvias en verano. Al fondo, sobre la sierra, cubierta de matorral; sobre la planicie, un mosaico agrícola de temporal, parcelas en descanso, y cubierta vegetal remanente de tipo arbustivo/arbóreo. <strong>Fuente</strong>: fotografía tomada e intervenida por el autor.</p>
</div>
<div>
<h2><strong>Conclusiones para el debate</strong></h2>
</div>
<div>
<p>En este texto se han presentado de manera concisa algunos argumentos sobre el conocimiento tradicional del paisaje como una modalidad del conocimiento tradicional ambiental en zonas campesinas o indígenas. El trabajo se concentra en México por tratarse de un territorio de gran diversidad cultural y geográfica. Entonces, es un caso ideal para abordar el tema desde la geografía ambiental. Sin duda, la bibliografía internacional ofrece un sinnúmero de estudios igualmente valiosos.</p>
<p>Hay algunos temas que merecen un comentario final y tal vez alguna sugerencia para posteriores estudios más amplios. Un tópico que ha destacado entre muchos interesados en el tema es la necesidad (o no) de validar este conocimiento o sabiduría por parte de la ciencia convencional. Más allá del criticismo que ha emergido por considerar este requerimiento como inconveniente o innecesaria, cabe señalar dos cuestiones. La primera es que el conocimiento tradicional no es estático sino extremadamente dinámico, tal cual el caso en cualquier dominio de la cultura. La segunda sugiere que este dinamismo suele estar acompañado de un diálogo entre diferentes modalidades del conocimiento, entre la sabiduría y la ciencia convencional, construyéndose así una ciencia híbrida, transdisciplinaria, al calor del diálogo de saberes en diferentes ambientes de trabajo, comunitarios, académicos y técnicos.</p>
<p>Otro tema que se toca sólo de manera tangencial en este trabajo es la dimensión práctica del conocimiento tradicional del paisaje. Desde hace al menos 40 años, un nutrido sector académico en ciencias naturales, sociales e ingenierías, no sólo ha aceptado la solidez del conocimiento tradicional. Además, ha postulado que, en la mayor parte de los casos, los planes y programas de conservación de recursos y ordenamientos territoriales en zonas campesinas, no pueden prescindir del aporte de este conocimiento tanto para definir los problemas como para proponer soluciones viables.</p>
<p>No hemos abordado aquí el tema de la cartografía campesina, que se realiza mediante métodos tales como la etnografía para alimentar sistemas de información geográfica participativos (SIG-P). Sin embargo, son un corolario a los argumentos esgrimidos, en especial a partir de los estudios de caso reseñados. Se trata de herramientas muy poderosas, pero que deben basarse en técnicas igualmente sólidas de recopilación y documentación del conocimiento, en especial si la información se presenta en idioma local.</p>
<p>Por otro lado, la etnoedafología o etnopedología sólo se ha incluido de manera superficial, en el marco de los sistemas campesinos de tierra. Sin embargo, el corpus ofrecido por esta disciplina es abundante y de gran solidez. Sus especialistas han desentrañado indicios contenidos en pinturas y documentos tanto prehispánicos en lenguas indígenas, como en el español de la colonia temprana. Además, han contribuido de manera sustantiva al fortalecimiento de planes y programas de conservación de suelos y control de su degradación.</p>
<p>De igual manera, sólo se ha mencionado, sin profundizar en el tema, el enfoque etnogeográfico, que alberga al etnopaisajístico, poco conocido en el medio académico mexicano, pero que puede ser útil para fundamentar la integralidad y la dimensión espacial del conocimiento del paisaje. Muy cercano al mismo, y tampoco de uso común en agronomía o geografía, es el enfoque etnofisiográfico, más cercano a la geografía cognitiva y a la lingüística.</p>
<p>Para concluir, es necesario enfatizar que el tema que nos ocupa merece atención por parte de una multiplicidad de actores, académicos y comunitarios. Se trata de herramientas muy poderosas para comprender dimensiones ambientales específicas. Asimismo, sería conveniente que el enfoque etnoecológico, tan común en nuestro medio, pueda ser contrastado y enriquecido con los señalamientos contenidos en este texto.</p>
</div>
<div>
<h1><span>Agradecimientos</span></h1>
</p>
</div>
<div>
<p>El trabajo se realizó en el marco del proyecto DGAPA “América Latina y la historia ambiental: tramas intelectuales, redes y actores en el Antropoceno. 1940-2020”. Me gustaría hacer unos agradecimientos para las personas y entidades que posibilitaron este documento. En primer lugar, agradezco la eficiencia y cordialidad en el trabajo editorial de los colegas de la Universidad de los Andes (Colombia) y, en especial, los comentarios críticos de los revisores. Reconozco la labor de la maestra Raquel González García, a cargo del Centro de Documentación del CIGA, mi entidad académica, por su apoyo en la búsqueda de bibliografía. En especial, agradezco los conocimientos que generosamente me han trasmitido el Dr. Juan Pulido Secundino, durante ya un par de décadas, y el maestro Israel Hernández López, los últimos años, en el contexto de nuestra colaboración y amistad. Ambos hablantes de sus lenguas maternas (purépecha y chinanteco respectivamente) han influido de manera sustantiva en mi visión y sensibilidad en torno al conocimiento tradicional del paisaje.</p>
</div>
<div>
<h2><strong>Notas de página</strong></h2>
</div>
<div>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Por ello, se incluyen una serie de sugerencias bibliográficas que podrían ser del interés de los lectores al final de este texto, para invitar a la profundización de los temas que se tratan aquí. De ser preciso, pueden ser solicitadas en formato digital al autor del artículo.</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[2]</a>Este término hace referencia a la erosión o desplazamientos de materia sólida a causa de fenómenos naturales como lluvias, heladas o vientos viertes.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[3]</a>Según la propuesta de Zinck (2016), mencionado en las sugerencias bibliográficas al final del artículo, en el formato PDF. </p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[4]</a> El pueblo purépecha habla variantes pertenecientes a la familia lingüística tarasca. Se encuentran en el estado de Michoacán, en la región norcentral de la entidad. Esta área se ubica entre los 1 600 y 2 600 m s. n. m. y se le denomina P’orhépecheo o Purhépecherhu, que significa “lugar donde viven los p’urhé”. Para mayor información consultar: <a href="https://atlas.inpi.gob.mx/purhepecha-etnografia/">https://atlas.inpi.gob.mx/purhepecha-etnografia/</a></p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[5]</a> Los otomíes del estado de Hidalgo se autodenominan hñähñü. Para mayor información consultar: https://sic.gob.mx/ficha.php </p>
<p><a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[6]</a> El romerito —Suaeda torreyana S. Watson— es una planta arbustiva que forma parte de la variedad de los quelites. Su nombre deriva del náhuatl quilitl, que significa “hierba comestible”. Es muy resistente a la salinidad en suelos; constituye un platillo tradicional de la gastronomía mexicana. Para mayor información consultar: https://www.mexicodesconocido.com.mx/romeritos.html </p>
<p><a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><span>[7]</span></a> Matlatzinca es el término con que los mexicas designaron a este pueblo. En náhuatl, lengua de los mexicas, significa «los señores de la red» o «los que hacen redes”. Para mayor información consultar la página web del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI): <a href="https://www.gob.mx/inpi">https://www.gob.mx/inpi</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[8]</a> La palabra chinampa, proviene del náhuatl <em>chinampan</em> o “en la cerca de cañas”. La chinampa es un método de cultivo que se utilizaba por los mexicas para ampliar el territorio en lagos y lagunas del Valle de México y en las que cultivaban flores y verduras. Para mayor información consultar: <a href="https://www.gob.mx/agricultura/es/articulos/la-agricultura-en-chinampas">https://www.gob.mx/agricultura/es/articulos/la-agricultura-en-chinampas</a></p>
</div>
<hr>
<p><a href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/deed.es"><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2022/12/CC_BY-NC-ND_icon-88x31-1.png" alt=" CC_BY-NC-ND"></a></p>
<h6>Estos contenidos están bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional</h6>
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<p><span>El conocimiento tradicional del paisaje en comunidades ind\u00edgenas mexicanas<\/span><\/p>","margin":"small","margin_remove_bottom":false,"margin_remove_top":false,"title_color":"emphasis","title_decoration":"divider","title_element":"h1","title_style":"heading-small"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p class=\"DOI\"><span lang=\"ES\"><a href=\"https:\/\/doi.org\/10.53010\/nys.dia.07\">https:\/\/doi.org\/10.53010\/nys.dia.07<\/a><o:p><\/o:p><\/span><\/p>","margin":"default"},"name":"doi"},{"name":"Autor","type":"headline","props":{"block_align":"center","content":"Gerardo Bocco","title_decoration":"bullet","title_element":"h3"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p>Investigador titular del Centro de Investigaciones en Geograf\u00eda Ambiental de la Universidad Nacional Aut\u00f3noma de M\u00e9xico (campus Morelia). Es ge\u00f3grafo y especialista en geomorfolog\u00eda aplicada a cuestiones ambientales, con \u00e9nfasis en el paisaje de peque\u00f1as localidades rurales. Este trabajo se deriva de sus experiencias en campo, en comunidades nahuas, pur\u00e9pechas y mixtecas.<\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"},"name":"Biografia"},{"name":"Divider Style Default","type":"divider","props":{"divider_element":"hr"}}]}]},{"type":"row","props":{"margin":"large"},"children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m","width_medium":"1-1"},"children":[{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<h1>Introducci\u00f3n<\/h1>\n

<p>En comparaci\u00f3n con la labor acad\u00e9mica en etnobot\u00e1nica y etnoecolog\u00eda (y parcialmente en etnopedolog\u00eda), la investigaci\u00f3n en conocimiento tradicional del paisaje es sustancialmente menor. Lo anterior puede constatarse en el importante n\u00famero de publicaciones, as\u00ed como en la existencia de varias sociedades cient\u00edficas que se abocan a temas etnobiol\u00f3gicos en sentido amplio (etnobot\u00e1nicos, etnozool\u00f3gicos, entre otros). Se ha argumentado que esta diferencia se explicar\u00eda por varias razones. En primer lugar, por la fortaleza acad\u00e9mica de las \u00e1reas de conocimiento en bot\u00e1nica, ecolog\u00eda y en sus aproximaciones al estudio del ambiente. En segundo lugar, porque se ha reconocido que la noci\u00f3n de paisaje es intr\u00ednsecamente m\u00e1s compleja que la de cualquier organismo, tal como el caso de una planta o animal. En tercer lugar, y si se tratara de denominaciones en idioma local, la detecci\u00f3n y nomenclaturas en torno a paisaje hace a\u00fan m\u00e1s compleja la documentaci\u00f3n y traducci\u00f3n en el contexto del denominado di\u00e1logo de saberes. Los sistemas y taxonom\u00edas biol\u00f3gicas est\u00e1n establecidas a nivel universal desde hace siglos; en tanto, por contraste, los sistemas clasificatorios del paisaje, incluyendo aquellos del terreno en los que se despliegan, no resultan f\u00e1cilmente generalizables y pueden ser controversiales o confusos. Tal es el caso de una elevaci\u00f3n, que podr\u00eda denominarse sierra, serran\u00eda o lomer\u00edo, dependiendo del contexto en el que se usa. En cambio, una especie de pino recibir\u00e1 la misma denominaci\u00f3n en cuanto a g\u00e9nero y especie independientemente del contexto.<\/p>\n

<p>En esta reflexi\u00f3n se har\u00e1 \u00e9nfasis en la complejidad que encierra el abordaje del conocimiento tradicional, local y, por lo general, ind\u00edgena, sobre el paisaje. En primer lugar, se revisa de manera sint\u00e9tica este concepto y los enfoques que animaron su estudio. Luego se consideran los aportes al tema desde el conocimiento tradicional, con alg\u00fan \u00e9nfasis en las formas del terreno o geoformas presentes en el paisaje de que se trate. Finalmente, se proponen conclusiones y sugerencias para otros estudios, en especial, desde la geograf\u00eda ambiental, campo emergente que se propone contribuir a cerrar la brecha entre la geograf\u00eda f\u00edsica y humana<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><span>[1]<\/span><\/a>.<\/p>\n

<p><\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"}}]}]}]},{"type":"section","props":{"image_position":"center-center","style":"default","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"","width":"small"},"children":[{"type":"row","children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m"},"children":[{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<h1><span>El paisaje: riqueza y complejidad. La importancia del terreno y las geoformas<\/span><\/h1>\n

<p><\/p>","margin":"default"}},{"type":"image","props":{"image":"wp-content\/uploads\/2025\/04\/Foto1.jpg","image_alt":"Terrazas agr\u00edcolas ","image_svg_color":"emphasis","margin":"remove-vertical"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p style=\"text-align: center;\"><strong>Foto 1. <\/strong>Terrazas agr\u00edcolas bajo diversos usos del suelo en laderas cercanas al Lago Titicaca, Bolivia. Pr\u00e1cticas milenarias basadas en conocimiento tradicional del paisaje. <strong>Fuente:<\/strong> fotograf\u00eda tomada por el autor.<\/p>","margin":"default"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p>Tradicionalmente, el paisaje se ha definido, de manera laxa, como una porci\u00f3n del espacio (bien terreno, bien territorio) que puede ser percibida y reconocida por un observador. Una propiedad esencial que siempre se ha destacado es su car\u00e1cter integral, es decir, que comprende componentes tanto biof\u00edsicos como sociales y culturales. De tal manera que elementos tales como el terreno y los suelos, la cubierta vegetal y el uso del suelo, idealmente, deben ser estudiados de manera interdisciplinaria. Lo anterior permite la comprensi\u00f3n de la aptitud o capacidad productiva de una porci\u00f3n de terreno desde la perspectiva del conocimiento local ambiental.<\/p>\n

<p>Sin embargo, en la pr\u00e1ctica, ha sido dif\u00edcil respetar estas aproximaciones y, en cambio, se ha parcelado el estudio de paisaje. As\u00ed, se han adoptado, por un lado, visiones ecol\u00f3gicas y f\u00edsicogeogr\u00e1ficas y, por otro, aproximaciones desde la geograf\u00eda cultural y la antropolog\u00eda social. En el primer caso, se hace \u00e9nfasis en los aspectos biof\u00edsicos, mientras que, en el segundo, en los sociales y culturales, com\u00fanmente sin establecer v\u00ednculos coherentes, complementarios, entre ambas visiones.<\/p>\n

<p>Desde la geograf\u00eda ambiental resulta pertinente examinar las ventajas y limitaciones de la ruptura entre la dicotom\u00eda naturaleza y cultura. As\u00ed, se ha retenido lo espacial como dimensi\u00f3n esencial e insustituible en el concepto de paisaje. En este sentido, se han adoptado dos formas de concebir el espacio. Por un lado, el espacio en tanto superficie continua, cuyas posibles homogeneidades y discontinuidades pueden ser detectadas y delimitadas mediante el an\u00e1lisis estad\u00edstico de sus variables. Por otro, el espacio concebido como una entidad estratificable en unidades ambientales relativamente homog\u00e9neas desde una o m\u00e1s variables explicativas a partir de la delimitaci\u00f3n realizada por un int\u00e9rprete, sea un productor local o un t\u00e9cnico externo a una comunidad.<\/p>\n

<p>El terreno constituye la base sobre la que se despliega un paisaje. Las aproximaciones desde el estudio de sus formas son variadas, lo cual explica, en parte, la falta del reconocimiento de su posible generalidad. Las geoformas pueden clasificarse, por su origen o expresi\u00f3n topogr\u00e1fica, desde los siguientes enfoques:<\/p>\n

<ul>\n

<li>Morfoestructural (morfolitol\u00f3gico o morfotect\u00f3nico), para destacar la influencia del tipo de roca o fuerza desde el interior de la corteza que las originaron.<\/li>\n

<li>Morfoclim\u00e1tico, para destacar la naturaleza de los ambientes bioclim\u00e1ticos que las modelaron, en el pasado y el presente.<\/li>\n

<li>Morfodin\u00e1mico, para se\u00f1alar las caracter\u00edsticas de los procesos denudatorios<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><span>[2]<\/span><\/a> actuales, tales como la erosi\u00f3n h\u00eddrica o e\u00f3lica, o gravitatorios, como podr\u00edan ser los deslizamientos o derrumbes.<\/li>\n

<li>Morfogr\u00e1fico (formas de las laderas) y mofom\u00e9trico (geometr\u00eda de las laderas), de \u00edndole descriptiva de la expresi\u00f3n topogr\u00e1fica en el terreno, independientemente de su g\u00e9nesis.<\/li>\n<\/ul>\n

<p><\/p>\n

<p>Para prop\u00f3sitos pr\u00e1cticos, como en el caso de los estudios de suelos, cubierta y uso del terreno y del paisaje, se suele recurrir a este \u00faltimo enfoque, con alguna consideraci\u00f3n de las caracter\u00edsticas bioclim\u00e1ticas actuales. A tal efecto, se puede hacer uso de dos sistemas clasificatorios de alcance general, a dos escalas espaciales (o niveles de resoluci\u00f3n)<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><span>[3]<\/span><\/a>. Para el nivel de reconocimiento regional, y en particular a partir de su morfometr\u00eda, las clases propuestas son: monta\u00f1a (alta o baja), lomer\u00edo (alto o bajo), altiplanicie, valle, sistema de transici\u00f3n o de piedemonte y planicie. Para el nivel detallado, se reconoce la noci\u00f3n de toposecuencia, desde las porciones elevadas hasta el nivel de base: cima, ladera (divisible en clases de acuerdo con la inclinaci\u00f3n de su pendiente), ladera de piedemonte y planicie acumulativa (nivel de base).<\/p>\n

<p><\/p>\n

<p>Estas clases permiten estratificar el espacio y proponer unidades b\u00e1sicas para la delimitaci\u00f3n de las unidades, utilizando aproximaciones bien de vegetaci\u00f3n (por su estructura arb\u00f3rea, arbustiva o herb\u00e1cea) o bien de uso del suelo (agropecuario, forestal o asentamiento humano e infraestructura). Este tipo de metodolog\u00eda permite comprender las caracter\u00edsticas generales del terreno y paisaje desde el punto de vista t\u00e9cnico y, desde all\u00ed, aproximarse a la sabidur\u00eda campesina o conocimiento tradicional.<\/p>\n

<p><\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"}}]}]}]},{"type":"section","props":{"image_position":"center-center","style":"default","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"","width":"large"},"children":[{"type":"row","props":{"width":"small"},"children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m"},"children":[{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<h1><span lang=\"ES\">El conocimiento tradicional del paisaje mexicano y la noci\u00f3n \u201ctierra\u201d<o:p><\/o:p><\/span><\/h1>","margin":"default"}}]}]},{"type":"row","props":{"layout":"1-2,1-2"},"children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m","width_medium":"1-2"},"children":[{"type":"image","props":{"image":"wp-content\/uploads\/2025\/04\/Foto2.jpg","image_svg_color":"emphasis","margin":"default"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p><strong>Foto 2. <\/strong>Terraza agr\u00edcola en valle en la Mixteca Alta, Oaxaca, M\u00e9xico. Cultivo de ma\u00edz de temporal (de secano, en milpa tradicional), arado con yunta de bueyes. Las terrazas antiguas en esa zona fueron datadas en al menos 2\u00a0500 a\u00f1os. <strong>Fuente:<\/strong> fotograf\u00eda tomada por el autor.<\/p>","margin":"default"}}]},{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m","width_medium":"1-2"},"children":[{"type":"image","props":{"image":"wp-content\/uploads\/2025\/04\/Foto3.jpg","image_svg_color":"emphasis","margin":"default"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p><strong>Foto 3. <\/strong>Valle fluvial ubicado en la cuenca alta del r\u00edo Pilcomayo, Bolivia. El lecho menor, con escurrimiento; el lecho mayor, ambos lados, muestra dep\u00f3sitos de cauce. Al centro y al fondo, flanqueado por laderas, un abanico aluvial (triangular) converge sobre el curso.<strong> \u00a0Fuente:<\/strong> fotograf\u00eda tomada por el autor.<\/p>","margin":"default"}}]}]},{"type":"row","props":{"width":"small"},"children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m"},"children":[{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p>Los estudios etnobot\u00e1nicos, que a su vez nutren a los etnoecol\u00f3gicos y, en ciertos casos, a los etnopedol\u00f3gicos (tambi\u00e9n denominados etnoedafol\u00f3gicos), reconocen una trayectoria de al menos siete d\u00e9cadas. En buena medida, se ha debido al liderazgo impartido por destacados estudiosos tales como Alfredo Barrera y Efra\u00edm Hern\u00e1ndez-Xolocotzi. En tanto, los trabajos relacionados con el conocimiento tradicional del paisaje, bajo diversas denominaciones, empezaron a publicarse en la d\u00e9cada de 1980. Sin duda, antecedidos por reflexiones desde la agronom\u00eda y la edafolog\u00eda, que tambi\u00e9n nutrieron los posteriores trabajos en agroecolog\u00eda, bajo la influencia de excelentes cient\u00edficos, tales como el ya mencionado Hern\u00e1ndez-Xolocotzi.<\/p>\n

<p>Esta labor pionera encuentra un f\u00e9rtil entorno para su desarrollo en la Universidad Aut\u00f3noma de Chapingo y en el Colegio de Posgraduados. El trabajo de Carlos Ortiz-Solorio y colaboradores desde los 80, a partir de su docencia e investigaci\u00f3n edafol\u00f3gicas, se orienta hacia el conocimiento local en terreno, suelos y taxonom\u00eda; y su aptitud en el manejo agr\u00edcola tradicional. Es desde esta perspectiva que, primero, contribuyen a una clasificaci\u00f3n mesoamericana de suelos, en colaboraci\u00f3n con B\u00e1rbara Williams y, segundo, formulan el concepto y operan en la pr\u00e1ctica una clasificaci\u00f3n de \u201ctierras\u201d, es decir, entidades integrales desde la visi\u00f3n campesina. Para ello, utilizan t\u00e9cnicas de coinvestigaci\u00f3n o investigaci\u00f3n participativa en campo que permiten recopilar y documentar el conocimiento tradicional heredado en forma oral a trav\u00e9s de las generaciones.<\/p>\n

<p>Es destacable el uso del t\u00e9rmino \u201ctierra\u201d, en el que se reconocen dos vertientes. En primer lugar, su uso coloquial en el medio rural mexicano hace referencia a una unidad integral, tanto de suelos y cuerpo natural, como del terreno y de las condiciones ambientales en los que se desarrollan. Asimismo, a las condiciones sociales y econ\u00f3micas bajo las cuales se manejan seg\u00fan su aptitud productiva. Estas caracter\u00edsticas proporcionan un car\u00e1cter din\u00e1mico a la noci\u00f3n de tierra y por lo tanto a su conocimiento tradicional.<\/p>\n

<p>En segundo lugar, al ser el concepto tierra una traducci\u00f3n casi literal del t\u00e9rmino <em>land<\/em>, se ha utilizado a nivel global por diversos organismos de Naciones Unidas para muchos de sus programas de apoyo a la agricultura y el ordenamiento del territorio. Adem\u00e1s, se encuentra en la ra\u00edz del concepto paisaje en lenguas anglosajonas (<em>landscape<\/em>, por ejemplo).\u00a0 De tal manera que la noci\u00f3n tierra encierra una excelente aproximaci\u00f3n a un objeto integrado para la investigaci\u00f3n, tanto cient\u00edfica convencional, como tradicional. Es decir, se encuentra en el centro de la noci\u00f3n de conocimiento tradicional del paisaje en M\u00e9xico. En otras palabras, es un t\u00e9rmino comprensible, y bajo el mismo significado, tanto para un campesino como para un acad\u00e9mico estudioso del terreno, los suelos o la agricultura.<\/p>\n

<p>La noci\u00f3n tierra es esencial y por lo tanto ha recibido reconocimiento literal en diversos idiomas ind\u00edgenas, tal como <em>lu\u2019um<\/em> en maya yucateco, <em>tlalli<\/em> en n\u00e1huatl o <em>echeri<\/em> en pur\u00e9pecha. La riqueza de estas denominaciones es destacada por Pulido Secundino y Bocco (2016) para el caso de <em>echeri<\/em> en la comunidad de Comachu\u00e9n, en la meseta Pur\u00e9pecha<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><span>[4]<\/span><\/a>. En su interpretaci\u00f3n, Pulido, cuya lengua materna es el pur\u00e9pecha, se\u00f1ala que la ra\u00edz <em>echeri<\/em> designa, de manera escalonada y articulada, las siguientes categor\u00edas: planeta tierra, mundo; territorio, tierra, predio o parcela; terreno, suelo; suelo, polvo, lodo.<\/p>\n

<p>A modo de ejemplo, se presentan aqu\u00ed algunos estudios de caso que permiten precisar el alcance de los conceptos tierra y paisaje descritos arriba. Ortiz y Guti\u00e9rrez (2001), en su trabajo en una comunidad otom\u00ed en el estado de Hidalgo, centro de M\u00e9xico, documentan la diferenciaci\u00f3n ind\u00edgena de tres niveles de tierras<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><span>[5]<\/span><\/a>. A partir de un nivel general, diferencian las de labor de las de no-labor (por salinidad) s\u00f3lo utilizadas para romeritos<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\"><span>[6]<\/span><\/a>, e incluye un uso agr\u00edcola preferido para cada clase (tabla 1).<\/p>\n

<p><strong>Tabla 1.<\/strong> Tierras de labor (en espa\u00f1ol y otom\u00ed) y uso agr\u00edcola preferido para cada clase. Fuente: adaptado de Ortiz y Guti\u00e9rrez (2001).<\/p>\n

<table width=\"100%\">\n

<tbody>\n

<tr>\n

<td width=\"35%\">\n

<p><strong>Clase de tierra de labor (espa\u00f1ol)<\/strong><\/p>\n<\/td>\n

<td width=\"34%\">\n

<p><strong>Clase de tierra de labor (otom\u00ed)<\/strong><\/p>\n<\/td>\n

<td width=\"30%\">\n

<p><strong>Uso agr\u00edcola documentado<\/strong><\/p>\n<\/td>\n<\/tr>\n

<tr>\n

<td width=\"35%\">\n

<p>Lama<\/p>\n<\/td>\n

<td width=\"34%\">\n

<p><em>Pehai<\/em><\/p>\n<\/td>\n

<td width=\"30%\">\n

<p>Ma\u00edz, alfalfa, trigo y cebada<\/p>\n<\/td>\n<\/tr>\n

<tr>\n

<td width=\"35%\">\n

<p>Arenosa<\/p>\n<\/td>\n

<td width=\"34%\">\n

<p><em>\u00b4Bomuhai<\/em><\/p>\n<\/td>\n

<td width=\"30%\">\n

<p>Hortalizas<\/p>\n<\/td>\n<\/tr>\n

<tr>\n

<td width=\"35%\">\n

<p>Blanca<\/p>\n<\/td>\n

<td width=\"34%\">\n

<p><em>T\u00b4axhai<\/em><\/p>\n<\/td>\n

<td width=\"30%\">\n

<p>Ma\u00edz, alfalfa y maguey<\/p>\n<\/td>\n<\/tr>\n

<tr>\n

<td width=\"35%\">\n

<p>Tepetate<\/p>\n<\/td>\n

<td width=\"34%\">\n

<p><em>Xidohai<\/em><\/p>\n<\/td>\n

<td width=\"30%\">\n

<p>Jitomate y chile<\/p>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n

<p>En otro estudio, los mismos autores describen tres niveles jer\u00e1rquicos y una nomenclatura de las clases de tierras (en espa\u00f1ol y n\u00e1huatl) en una comunidad matlatzinca en el Estado de M\u00e9xico<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><span>[7]<\/span><\/a>. Como en el caso anterior, el primer nivel es general (en este caso, denominado la tierra de todos); el segundo nivel diferencia las tierras de labor de las de no-labor; y el tercer nivel incluye las clases reconocidas y denominadas por los campesinos: dos clases de tierras negras, una amarilla, una arenosa, una chinampa<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><span>[8]<\/span><\/a> y una de no-labor. En ambos casos, su orientaci\u00f3n preponderante es hacia la etnoedafolog\u00eda, en tanto uno de los caminos posibles para los trabajos sobre clases campesinas de tierra.<\/p>\n

<p>Desde una perspectiva etnogeogr\u00e1fica en Comachu\u00e9n, Pulido formula el concepto de unidades de paisaje locales (UPL) para aludir a las unidades de diferenciaci\u00f3n del territorio en funci\u00f3n de rasgos fisiogr\u00e1ficos y de localizaci\u00f3n altitudinal. Asimismo, define clases de tierra locales (CTL) a partir de criterios ambientales y de calidad de uso (ver una s\u00edntesis, que incluye la nomenclatura en pur\u00e9pecha, representada en figura 1). Pulido precisa que las UPL se reconocen a partir de tres variables: 1) geoformas propiamente dichas acompa\u00f1adas de sus propiedades ambientales, 2) clases de tierra locales (aptitud) y 3) por parajes. Estos \u00faltimos, denominados con un nombre de lugar o top\u00f3nimo, es decir, un nombre propio, \u00fanico, y que por lo tanto no pertenece a una clase (tabla 1). En general, la noci\u00f3n de paraje no se documenta en este tipo de estudios. Pero al igual que la palabra \u201ctierra\u201d, este es un t\u00e9rmino muy utilizado en zonas campesinas en M\u00e9xico y otros pa\u00edses de Am\u00e9rica Latina. Dependiendo de c\u00f3mo y para qu\u00e9 se utilice, dicha denominaci\u00f3n cumple un papel muy importante en los territorios bajo agricultura tradicional para aludir tanto a pertenencia (apego) como a delimitaci\u00f3n del territorio.<\/p>\n

<p><\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"}},{"type":"image","props":{"image":"wp-content\/uploads\/2025\/04\/Figura1.png","image_alt":"Exposici\u00f3n tiburones-007","image_svg_color":"emphasis","margin":"default"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p><strong>Figura 1.<\/strong> Perfil fisiogr\u00e1fico y principales geoformas identificadas desde el conocimiento local en Comachu\u00e9n, meseta Pur\u00e9pecha, Michoac\u00e1n. Fuente: tomado de Pulido y Bocco (2016). Se usa con autorizaci\u00f3n de la revista <em>Investigaciones Geogr\u00e1ficas<\/em>.<\/p>","margin":"default"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p>En estos ejemplos se presenta la documentaci\u00f3n, a partir del trabajo de campo participativo, de las categor\u00edas campesinas derivadas del conocimiento tradicional de sus tierras, y se incluyen propiedades de sus suelos y la capacidad productiva de los mismos. Todos ellos encierran, en el marco de una cuidada sencillez, una gran complejidad, conocimiento y sabidur\u00eda local.<\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"}},{"type":"quotation","props":{"content":"

<p><span>\"Es destacable el uso del t\u00e9rmino \u201ctierra\u201d, en el que se reconocen dos vertientes. En primer lugar, su uso coloquial en el medio rural mexicano hace referencia a una unidad integral, tanto de suelos y cuerpo natural, como del terreno y de las condiciones ambientales en los que se desarrollan. Asimismo, a las condiciones sociales y econ\u00f3micas bajo las cuales se manejan seg\u00fan su aptitud productiva. Estas caracter\u00edsticas proporcionan un car\u00e1cter din\u00e1mico a la noci\u00f3n de tierra y por lo tanto a su conocimiento tradicional\".<\/span><\/p>"}},{"type":"divider","props":{"divider_element":"hr","divider_style":"icon"}}]}]}]},{"type":"section","props":{"image_position":"center-center","style":"default","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"","width":"default"},"children":[{"type":"row","props":{"width":"small"},"children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m"},"children":[{"type":"image","props":{"image":"wp-content\/uploads\/2025\/04\/Foto4.png","image_alt":"Sierra y planicie en regi\u00f3n preandina","image_svg_color":"emphasis","margin":"default"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p style=\"text-align: center;\"><strong>Foto 4.<\/strong> Sierra y planicie en regi\u00f3n preandina, en el noroeste de la Argentina, bajo clima templado con lluvias en verano. Al fondo, sobre la sierra, cubierta de matorral; sobre la planicie, un mosaico agr\u00edcola de temporal, parcelas en descanso, y cubierta vegetal remanente de tipo arbustivo\/arb\u00f3reo.\u00a0<strong>Fuente<\/strong>: fotograf\u00eda tomada e intervenida por el autor.<\/p>","margin":"default"}}]}]}]},{"type":"section","props":{"image":"wp-content\/uploads\/2025\/04\/Foto1.jpg","image_position":"center-center","image_size":"cover","media_blend_mode":"darken","media_overlay":"rgba(17, 44, 124, 0.61)","sticky":"reveal","style":"default","text_color":"light","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"","width":"expand"},"children":[{"type":"row","children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m"},"children":[{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<h2><strong>Conclusiones para el debate<\/strong><\/h2>","margin":"default"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p>En este texto se han presentado de manera concisa algunos argumentos sobre el conocimiento tradicional del paisaje como una modalidad del conocimiento tradicional ambiental en zonas campesinas o ind\u00edgenas. El trabajo se concentra en M\u00e9xico por tratarse de un territorio de gran diversidad cultural y geogr\u00e1fica. Entonces, es un caso ideal para abordar el tema desde la geograf\u00eda ambiental. Sin duda, la bibliograf\u00eda internacional ofrece un sinn\u00famero de estudios igualmente valiosos.<\/p>\n

<p>Hay algunos temas que merecen un comentario final y tal vez alguna sugerencia para posteriores estudios m\u00e1s amplios. Un t\u00f3pico que ha destacado entre muchos interesados en el tema es la necesidad (o no) de validar este conocimiento o sabidur\u00eda por parte de la ciencia convencional. M\u00e1s all\u00e1 del criticismo que ha emergido por considerar este requerimiento como inconveniente o innecesaria, cabe se\u00f1alar dos cuestiones. La primera es que el conocimiento tradicional no es est\u00e1tico sino extremadamente din\u00e1mico, tal cual el caso en cualquier dominio de la cultura. La segunda sugiere que este dinamismo suele estar acompa\u00f1ado de un di\u00e1logo entre diferentes modalidades del conocimiento, entre la sabidur\u00eda y la ciencia convencional, construy\u00e9ndose as\u00ed una ciencia h\u00edbrida, transdisciplinaria, al calor del di\u00e1logo de saberes en diferentes ambientes de trabajo, comunitarios, acad\u00e9micos y t\u00e9cnicos.<\/p>\n

<p>Otro tema que se toca s\u00f3lo de manera tangencial en este trabajo es la dimensi\u00f3n pr\u00e1ctica del conocimiento tradicional del paisaje. Desde hace al menos 40 a\u00f1os, un nutrido sector acad\u00e9mico en ciencias naturales, sociales e ingenier\u00edas, no s\u00f3lo ha aceptado la solidez del conocimiento tradicional. Adem\u00e1s, ha postulado que, en la mayor parte de los casos, los planes y programas de conservaci\u00f3n de recursos y ordenamientos territoriales en zonas campesinas, no pueden prescindir del aporte de este conocimiento tanto para definir los problemas como para proponer soluciones viables.<\/p>\n

<p>No hemos abordado aqu\u00ed el tema de la cartograf\u00eda campesina, que se realiza mediante m\u00e9todos tales como la etnograf\u00eda para alimentar sistemas de informaci\u00f3n geogr\u00e1fica participativos (SIG-P). Sin embargo, son un corolario a los argumentos esgrimidos, en especial a partir de los estudios de caso rese\u00f1ados. Se trata de herramientas muy poderosas, pero que deben basarse en t\u00e9cnicas igualmente s\u00f3lidas de recopilaci\u00f3n y documentaci\u00f3n del conocimiento, en especial si la informaci\u00f3n se presenta en idioma local.<\/p>\n

<p>Por otro lado, la etnoedafolog\u00eda o etnopedolog\u00eda s\u00f3lo se ha incluido de manera superficial, en el marco de los sistemas campesinos de tierra. Sin embargo, el corpus ofrecido por esta disciplina es abundante y de gran solidez. Sus especialistas han desentra\u00f1ado indicios contenidos en pinturas y documentos tanto prehisp\u00e1nicos en lenguas ind\u00edgenas, como en el espa\u00f1ol de la colonia temprana. Adem\u00e1s, han contribuido de manera sustantiva al fortalecimiento de planes y programas de conservaci\u00f3n de suelos y control de su degradaci\u00f3n.<\/p>\n

<p>De igual manera, s\u00f3lo se ha mencionado, sin profundizar en el tema, el enfoque etnogeogr\u00e1fico, que alberga al etnopaisaj\u00edstico, poco conocido en el medio acad\u00e9mico mexicano, pero que puede ser \u00fatil para fundamentar la integralidad y la dimensi\u00f3n espacial del conocimiento del paisaje. Muy cercano al mismo, y tampoco de uso com\u00fan en agronom\u00eda o geograf\u00eda, es el enfoque etnofisiogr\u00e1fico, m\u00e1s cercano a la geograf\u00eda cognitiva y a la ling\u00fc\u00edstica.<\/p>\n

<p>Para concluir, es necesario enfatizar que el tema que nos ocupa merece atenci\u00f3n por parte de una multiplicidad de actores, acad\u00e9micos y comunitarios. Se trata de herramientas muy poderosas para comprender dimensiones ambientales espec\u00edficas. Asimismo, ser\u00eda conveniente que el enfoque etnoecol\u00f3gico, tan com\u00fan en nuestro medio, pueda ser contrastado y enriquecido con los se\u00f1alamientos contenidos en este texto.<\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"}}]}],"props":{"width":"small"}}]},{"type":"section","props":{"image_position":"center-center","style":"default","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"","width":"small"},"children":[{"type":"row","children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m"},"children":[{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<h1><span>Agradecimientos<\/span><\/h1>\n

<p><\/p>","margin":"default"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p>El trabajo se realiz\u00f3 en el marco del proyecto DGAPA \u201cAm\u00e9rica Latina y la historia ambiental: tramas intelectuales, redes y actores en el Antropoceno. 1940-2020\u201d. Me gustar\u00eda hacer unos agradecimientos para las personas y entidades que posibilitaron este documento. En primer lugar, agradezco la eficiencia y cordialidad en el trabajo editorial de los colegas de la Universidad de los Andes (Colombia) y, en especial, los comentarios cr\u00edticos de los revisores. Reconozco la labor de la maestra Raquel Gonz\u00e1lez Garc\u00eda, a cargo del Centro de Documentaci\u00f3n del CIGA, mi entidad acad\u00e9mica, por su apoyo en la b\u00fasqueda de bibliograf\u00eda. En especial, agradezco los conocimientos que generosamente me han trasmitido el Dr. Juan Pulido Secundino, durante ya un par de d\u00e9cadas, y el maestro Israel Hern\u00e1ndez L\u00f3pez, los \u00faltimos a\u00f1os, en el contexto de nuestra colaboraci\u00f3n y amistad. Ambos hablantes de sus lenguas maternas (pur\u00e9pecha y chinanteco respectivamente) han influido de manera sustantiva en mi visi\u00f3n y sensibilidad en torno al conocimiento tradicional del paisaje.<\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"}}]}]}]},{"type":"section","props":{"image_position":"center-center","style":"default","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"middle","width":"default"},"children":[{"type":"row","children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m"},"children":[{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<h2><strong>Notas de p\u00e1gina<\/strong><\/h2>","margin":"default"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a>\u00a0Por ello, se incluyen una serie de sugerencias bibliogr\u00e1ficas que podr\u00edan ser del inter\u00e9s de los lectores al final de este texto, para invitar a la profundizaci\u00f3n de los temas que se tratan aqu\u00ed. De ser preciso, pueden ser solicitadas en formato digital al autor del art\u00edculo.<\/p>\n

<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[2]<\/a>Este t\u00e9rmino hace referencia a la erosi\u00f3n o desplazamientos de materia s\u00f3lida a causa de fen\u00f3menos naturales como lluvias, heladas o vientos viertes.<\/p>\n

<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[3]<\/a>Seg\u00fan la propuesta de Zinck (2016), mencionado en las sugerencias bibliogr\u00e1ficas al final del art\u00edculo, en el formato PDF.\u00a0<\/p>\n

<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[4]<\/a> El pueblo pur\u00e9pecha habla variantes pertenecientes a la familia ling\u00fc\u00edstica tarasca. Se encuentran en el estado de Michoac\u00e1n, en la regi\u00f3n norcentral de la entidad. Esta \u00e1rea se ubica entre los 1\u00a0600 y 2\u00a0600 m s. n. m. y se le denomina P\u2019orh\u00e9pecheo o Purh\u00e9pecherhu, que significa \u201clugar donde viven los p\u2019urh\u00e9\u201d. Para mayor informaci\u00f3n consultar:\u00a0<a href=\"https:\/\/atlas.inpi.gob.mx\/purhepecha-etnografia\/\">https:\/\/atlas.inpi.gob.mx\/purhepecha-etnografia\/<\/a><\/p>\n

<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[5]<\/a> Los otom\u00edes del estado de Hidalgo se autodenominan h\u00f1\u00e4h\u00f1\u00fc. Para mayor informaci\u00f3n consultar: https:\/\/sic.gob.mx\/ficha.php\u00a0<\/p>\n

<p><a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[6]<\/a>\u00a0El romerito \u2014Suaeda torreyana S. Watson\u2014 es una planta arbustiva que forma parte de la variedad de los quelites. Su nombre deriva del n\u00e1huatl quilitl, que significa \u201chierba comestible\u201d. Es muy resistente a la salinidad en suelos; constituye un platillo tradicional de la gastronom\u00eda mexicana. Para mayor informaci\u00f3n consultar: https:\/\/www.mexicodesconocido.com.mx\/romeritos.html\u00a0<\/p>\n

<p><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><span>[7]<\/span><\/a> Matlatzinca es el t\u00e9rmino con que los mexicas designaron a este pueblo. En n\u00e1huatl, lengua de los mexicas, significa \"los se\u00f1ores de la red\" o \"los que hacen redes\u201d. Para mayor informaci\u00f3n consultar la p\u00e1gina web del Instituto Nacional de los Pueblos Ind\u00edgenas (INPI):\u00a0<a href=\"https:\/\/www.gob.mx\/inpi\">https:\/\/www.gob.mx\/inpi<\/a>.<\/p>\n

<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[8]<\/a> La palabra chinampa, proviene del n\u00e1huatl\u00a0<em>chinampan<\/em>\u00a0o \u201cen la cerca de ca\u00f1as\u201d. La chinampa es un m\u00e9todo de cultivo que se utilizaba por los mexicas para ampliar el territorio en lagos y lagunas del Valle de M\u00e9xico y en las que cultivaban flores y verduras. Para mayor informaci\u00f3n consultar:\u00a0<a href=\"https:\/\/www.gob.mx\/agricultura\/es\/articulos\/la-agricultura-en-chinampas\">https:\/\/www.gob.mx\/agricultura\/es\/articulos\/la-agricultura-en-chinampas<\/a><\/p>","margin":"default"}}]}]}]},{"type":"section","props":{"image_position":"center-center","style":"default","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"","width":"default"},"children":[{"type":"row","children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m"},"children":[{"type":"divider","props":{"divider_element":"hr","margin":"xlarge","margin_remove_bottom":true}},{"type":"image","props":{"image":"wp-content\/uploads\/2022\/12\/CC_BY-NC-ND_icon-88x31-1.png","image_alt":" CC_BY-NC-ND","image_svg_color":"emphasis","link":"https:\/\/creativecommons.org\/licenses\/by-nc-nd\/4.0\/deed.es","margin":"medium","margin_remove_bottom":true,"text_align":"center"}},{"type":"headline","props":{"content":"Estos contenidos est\u00e1n bajo una Licencia Creative Commons Atribuci\u00f3n-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional","margin":"small","margin_remove_top":false,"text_align":"center","title_element":"h6"}}]}]}],"name":"Creative-commons"}],"version":"4.5.4"} --></p><p>The post <a href="https://openscience.uniandes.edu.co/el-conocimiento-tradicional-del-paisaje-en-comunidades-indigenas-mexicanas/">El conocimiento tradicional del paisaje en comunidades indígenas mexicanas</a> first appeared on <a href="https://openscience.uniandes.edu.co">Revistas Uniandes | Multimedia</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Prueba</title>
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		<dc:creator><![CDATA[revistas@uniandes.edu.co]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 01 Apr 2025 16:46:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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<p><span id="more-3363"></span><br />
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		<title>El papel actual de la mujer en el desarrollo de la ciencia</title>
		<link>https://openscience.uniandes.edu.co/nys-dia-06/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[naturalezaysociedad@uniandes.edu.co]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Mar 2025 20:10:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Especial: Día Internacional de la Mujer]]></category>
		<category><![CDATA[Diálogos - Naturaleza y Sociedad. Desafíos Medioambientales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Especial Día Internacional de la Mujer El papel actual de la mujer en el desarrollo de la ciencia Una mirada desde mi experiencia Silvia Restrepo Bióloga de la Universidad de los Andes (Bogotá, Colombia), Maestra en biología molecular y celular y Doctora en Fitopatología, ambos de la Universidad Pierre y Marie Curie (Paris, Francia). Actualmente [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" src="https://naturalezaysociedad.blob.core.windows.net/dialogos/banner/nys_banner.jpg" alt=""></p>
<h5><a href="https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/article/view/11112">Especial Día Internacional de la Mujer</a></h5>
<h1>
<p><span>El papel actual de la mujer en el desarrollo de la ciencia</span></p>
</h1>
<div>
<h1><span>Una mirada desde mi experiencia</span></h1>
</div>
<h3>Silvia Restrepo</h3>
<div>
<p>Bióloga de la Universidad de los Andes (Bogotá, Colombia), Maestra en biología molecular y celular y Doctora en Fitopatología, ambos de la Universidad Pierre y Marie Curie (Paris, Francia). Actualmente es presidenta del Boyce Thompson Institute, en Ithaca, Nueva York. <a href="mailto:sr96@cornell.edu">sr96@cornell.edu</a></p>
<p><a href="https://doi.org/10.53010/nys.dia.06">https://doi.org/10.53010/nys.dia.06 </a></p>
</div>
<div>
<p><span>En este ensayo, Silvia Restrepo reflexiona sobre el papel de la mujer en la ciencia, destacando los desafíos históricos y actuales que enfrentan las mujeres en este campo. A partir de su experiencia personal como presidenta del </span><em>Boyce Thompson Institute,</em><span> Silvia aborda la importancia de la diversidad en los equipos científicos y profesionales, argumentando que la inclusión de mujeres es crucial para la innovación y el éxito. Critica las políticas que buscan eliminar las iniciativas de diversidad, equidad e inclusión, y propone en su lugar impedir acciones negativas que perpetúen la discriminación. Además, sugiere acciones concretas para visibilizar el trabajo de las científicas y fomentar modelos a seguir para las niñas y jóvenes interesadas en la ciencia.</span></p>
</div>
<div>
<p>Este 8 de marzo conmemoramos el Día Internacional de la mujer en medio de un año particularmente turbulento. Guerras, cambios políticos inesperados, y otros acontecimientos hacen que el 2025 se proyecte como un año que nos obligará a replantearnos muchas creencias que considerábamos el camino hacia el futuro.</p>
<p>Hace más de un año me mudé a los Estados Unidos a asumir el cargo de presidenta del Boyce Thompson Institute (BTI)<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><span>[1]</span></a>, un instituto sin ánimo de lucro afiliado a la Universidad de Cornell. El 20 de enero de este año se posesionó el nuevo presidente de ese país y con tan solo un mes y 10 días en el cargo nos ha bombardeado con órdenes ejecutivas de todo sabor y color. Una de las ordenes que nos afecta directamente hoy está relacionada con suprimir las iniciativas de diversidad, equidad e inclusión en las entidades federales.</p>
<p>Estas iniciativas tienen como objetivo el asegurar que las poblaciones, insuficientemente representadas, tengan oportunidades de ejercer labores de interés. Este es el caso de las mujeres que representan una minoría en las ciencias, hecho causado por temas históricos, idiosincrasias particulares de algunos países, machismos, y muchas otras razones.</p>
<p>¿Debemos preocuparnos? ¿Aumentará esta orden ejecutiva del presidente Trump la inequidad de género en las ciencias? Muchos dirán que no, especialmente aquellos que han estudiado el efecto de las llamadas acciones afirmativas, esas políticas públicas que buscan mejorar la igualdad de oportunidades para grupos sociales que han sido discriminados. Muchos economistas, expertos en el tema, indican que estas medidas afirmativas no garantizan un efecto inmediato en el cierre de la brecha, y en muchos casos, no logran revertir la discriminación hacia grupos poblacionales. Aunque los altos costos de estas políticas no deberían preocuparnos si estuviéramos seguros de su eficacia, estas medidas pueden vulnerar los derechos fundamentales de terceros con capacidades o importancia jerárquica equivalentes. De hecho, estas acciones afirmativas son también llamadas “discriminaciones positivas”.</p>
<p>¿Entonces en qué quedamos, debemos trabajar afirmativamente para lograr la equidad de género, o nuestras acciones podrían tener un efecto contrario al deseado? Incluso, en este momento, podríamos retroceder un paso más atrás y preguntarnos: ¿por qué debemos preocuparnos por la representación de las mujeres en las ciencias?</p>
<p>Como lo comenté en los párrafos anteriores, históricamente han existido acciones afirmativas en contra de la participación de las mujeres en ciencias. En mi opinión, la acción principal ha sido la creencia machista, de que cada género debe ejercer una profesión específica, suponiendo una incapacidad de las mujeres de entender las ciencias naturales, físicas y exactas. Esta creencia se ha transmitido de generación en generación, permeando los sistemas educativos y la sociedad en general. Una podría pensar que hoy en día no se repiten estos comportamientos en las familias del siglo XXI. Sin embargo, hasta hace poco, cuando aún me desempeñaba como docente en la Universidad de los Andes, observé a algunos padres de estudiantes obligar a sus hijos a inscribirse en ciertas carreras, no porque aseguraran un futuro laboral estable, sino porque no eran adecuadas para hombres o mujeres. Este comportamiento ha tenido, a lo largo de los años, una consecuencia importante: la ausencia de modelos a seguir. A pesar de tener mujeres como Marie Curie, única persona ganadora de dos premios Nobel, las niñas en el mundo, especialmente en los países en vía de desarrollo, no tienen esos modelos que les muestren que sí es posible una vida como científicas.</p>
<p>Como bióloga, estoy completamente convencida de que la diversidad en todos los ámbitos, ya sean equipos en espacios profesionales o deportivos, asegura el éxito. No es casualidad que las poblaciones de animales, hongos, plantas, o cualquier organismo vivo con alta diversidad genética sean las que, con mayor probabilidad, resisten y sobreviven situaciones o ambientes adversos. La diversidad es la responsable de la resiliencia colectiva.</p>
<p>Hace dos años, la decana de la Facultad de Administración, Veneta Andonova, me invitó a traducir el pensamiento evolutivo para administradores y miembros de juntas directivas de empresas privadas. Al principio me paralicé: ¿qué podían tener en común las teorías de Darwin con un grupo de personas que se reúnen tres o cuatro veces al año para evaluar si la empresa va por buen camino? Pero rápidamente lo entendí, pues el mensaje no era diferente de lo que yo había aprendido, estudiado y ejercido en mi carrera científica. La diversidad de pensamientos en las juntas directivas y a lo largo de toda la empresa es el motor de la innovación. Sin esa diversidad de pensamientos, sin aceptar ideas que aparentemente no tienen nada que ver con un plan estratégico, la empresa no puede reaccionar ante cambios en el mercado o en la sociedad.</p>
<p>Es esa diversidad la que debemos proteger, la que surge cuando hombres y mujeres trabajan juntos y se respetan mutuamente. Sí, somos diferentes y pensamos diferente, y es justamente por eso que, colectivamente, podemos reaccionar mejor ante cualquier situación, como, por ejemplo, resolver un problema científico complejo. Podemos entonces afirmar que sí debemos hacer algo para que nuestros espacios científicos no les cierren las puertas a las mujeres. Quiero resaltar que este último planteamiento es un poco diferente a decir que debemos pensar en implementar acciones afirmativas; propongo, en cambio, impedir acciones negativas. A continuación, expongo algunas iniciativas que todas las personas, y en particular las mujeres, podemos realizar en esta dirección.</p>
<p>En primer lugar, debemos ser más activas en la divulgación de nuestro quehacer científico. En paralelo a nuestro deber de publicar los hallazgos científicos en revistas especializadas, debemos hacer visible nuestro esfuerzo como científicas y en lenguajes que sean entendidos por todas las personas. También podemos ayudar a divulgar los perfiles de mujeres exitosas en ciencias, como un mensaje claro de que sí se puede. Cuanto más cercanos sean los modelos a la realidad de una aspirante científica, más claro será el mensaje de las posibilidades. Nuestro reto es transmitir a nuestro entorno que no hay carreras profesionales exclusivas de género. De entorno en entorno, podemos cambiar leyendas urbanas y comportamientos sesgados o machistas.</p>
</div>
<div>
<p>Como lo mencioné al inicio de este escrito, llevo un poco más de un año en la presidencia del BTI en Estados Unidos. Este es, quizás, el último trabajo de mi carrera. Tal vez por esta razón, ahora más que nunca, aplico mis creencias con más fervor. He reforzado el equipo de comunicaciones para que se divulgue el trabajo de nuestras científicas. Vamos a abrir una convocatoria para asistentes postdoctorales internacionales (la internacionalización contribuye a la diversidad que tanto defendí en los párrafos anteriores). Finalmente, estamos en la labor de revisar todas las políticas para detectar cualquier sesgo o señal equivocada.</p>
<p>Conmemoremos juntos este Día Internacional de la Mujer comprometiéndonos a respetar a todas las personas que piensan diferente, e interrogándonos qué podemos hacer, en nuestro día a día, para que no se le cierren las posibilidades a las niñas que quieren ser mujeres científicas exitosas.</p>
</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"><span>[1]</span></a> Página web: <a href="https://btiscience.org/">https://btiscience.org/</a></p>
</div>
<div>
<blockquote>
<p><span>«Como bióloga, estoy completamente convencida de que la diversidad en todos los ámbitos, ya sean equipos en espacios profesionales o deportivos, asegura el éxito. No es casualidad que las poblaciones de animales, hongos, plantas, o cualquier organismo vivo con alta diversidad genética sean las que, con mayor probabilidad, resisten y sobreviven situaciones o ambientes adversos. La diversidad es la responsable de la resiliencia colectiva».</span></p>
</blockquote>
</div>
<hr>
<p><a href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/deed.es"><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2022/12/CC_BY-NC-ND_icon-88x31-1.png" alt=" CC_BY-NC-ND"></a></p>
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<p><span>El papel actual de la mujer en el desarrollo de la ciencia<\/span><\/p>","margin_remove_bottom":false,"margin_remove_top":true,"title_element":"h1","title_style":"heading-medium"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<h1><span>Una mirada desde mi experiencia<\/span><\/h1>","margin":"default"}},{"name":"Headline Decoration Bullet","type":"headline","props":{"block_align":"center","content":"Silvia Restrepo","title_decoration":"bullet","title_element":"h3"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p>Bi\u00f3loga de la Universidad de los Andes (Bogot\u00e1, Colombia), Maestra en biolog\u00eda molecular y celular y Doctora en Fitopatolog\u00eda, ambos de la Universidad Pierre y Marie Curie (Paris, Francia). Actualmente es presidenta del Boyce Thompson Institute, en Ithaca, Nueva York. <a href=\"mailto:sr96@cornell.edu\">sr96@cornell.edu<\/a><\/p>\n

<p><a href=\"https:\/\/doi.org\/10.53010\/nys.dia.06\">https:\/\/doi.org\/10.53010\/nys.dia.06\u00a0<\/a><\/p>","margin":"default"}}]}]},{"type":"row","children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m"},"children":[{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p><span>En este ensayo, Silvia Restrepo reflexiona sobre el papel de la mujer en la ciencia, destacando los desaf\u00edos hist\u00f3ricos y actuales que enfrentan las mujeres en este campo. A partir de su experiencia personal como presidenta del\u00a0<\/span><em>Boyce Thompson Institute,<\/em><span>\u00a0Silvia aborda la importancia de la diversidad en los equipos cient\u00edficos y profesionales, argumentando que la inclusi\u00f3n de mujeres es crucial para la innovaci\u00f3n y el \u00e9xito. Critica las pol\u00edticas que buscan eliminar las iniciativas de diversidad, equidad e inclusi\u00f3n, y propone en su lugar impedir acciones negativas que perpet\u00faen la discriminaci\u00f3n. Adem\u00e1s, sugiere acciones concretas para visibilizar el trabajo de las cient\u00edficas y fomentar modelos a seguir para las ni\u00f1as y j\u00f3venes interesadas en la ciencia.<\/span><\/p>","margin":"default"}}]}]}]},{"name":"Terms","type":"section","props":{"image_position":"center-center","style":"default","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"","width":"small"},"children":[{"type":"row","props":{"margin":"large"},"children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m","width_medium":"1-1"},"children":[{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p>Este 8 de marzo conmemoramos el D\u00eda Internacional de la mujer en medio de un a\u00f1o particularmente turbulento. Guerras, cambios pol\u00edticos inesperados, y otros acontecimientos hacen que el 2025 se proyecte como un a\u00f1o que nos obligar\u00e1 a replantearnos muchas creencias que consider\u00e1bamos el camino hacia el futuro.<\/p>\n

<p>Hace m\u00e1s de un a\u00f1o me mud\u00e9 a los Estados Unidos a asumir el cargo de presidenta del Boyce Thompson Institute (BTI)<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><span>[1]<\/span><\/a>, un instituto sin \u00e1nimo de lucro afiliado a la Universidad de Cornell. El 20 de enero de este a\u00f1o se posesion\u00f3 el nuevo presidente de ese pa\u00eds y con tan solo un mes y 10 d\u00edas en el cargo nos ha bombardeado con \u00f3rdenes ejecutivas de todo sabor y color. Una de las ordenes que nos afecta directamente hoy est\u00e1 relacionada con suprimir las iniciativas de diversidad, equidad e inclusi\u00f3n en las entidades federales.<\/p>\n

<p>Estas iniciativas tienen como objetivo el asegurar que las poblaciones, insuficientemente representadas, tengan oportunidades de ejercer labores de inter\u00e9s. Este es el caso de las mujeres que representan una minor\u00eda en las ciencias, hecho causado por temas hist\u00f3ricos, idiosincrasias particulares de algunos pa\u00edses, machismos, y muchas otras razones.<\/p>\n

<p>\u00bfDebemos preocuparnos? \u00bfAumentar\u00e1 esta orden ejecutiva del presidente Trump la inequidad de g\u00e9nero en las ciencias? Muchos dir\u00e1n que no, especialmente aquellos que han estudiado el efecto de las llamadas acciones afirmativas, esas pol\u00edticas p\u00fablicas que buscan mejorar la igualdad de oportunidades para grupos sociales que han sido discriminados. Muchos economistas, expertos en el tema, indican que estas medidas afirmativas no garantizan un efecto inmediato en el cierre de la brecha, y en muchos casos, no logran revertir la discriminaci\u00f3n hacia grupos poblacionales. Aunque los altos costos de estas pol\u00edticas no deber\u00edan preocuparnos si estuvi\u00e9ramos seguros de su eficacia, estas medidas pueden vulnerar los derechos fundamentales de terceros con capacidades o importancia jer\u00e1rquica equivalentes. De hecho, estas acciones afirmativas son tambi\u00e9n llamadas \u201cdiscriminaciones positivas\u201d.<\/p>\n

<p>\u00bfEntonces en qu\u00e9 quedamos, debemos trabajar afirmativamente para lograr la equidad de g\u00e9nero, o nuestras acciones podr\u00edan tener un efecto contrario al deseado? Incluso, en este momento, podr\u00edamos retroceder un paso m\u00e1s atr\u00e1s y preguntarnos: \u00bfpor qu\u00e9 debemos preocuparnos por la representaci\u00f3n de las mujeres en las ciencias?<\/p>\n

<p>Como lo coment\u00e9 en los p\u00e1rrafos anteriores, hist\u00f3ricamente han existido acciones afirmativas en contra de la participaci\u00f3n de las mujeres en ciencias. En mi opini\u00f3n, la acci\u00f3n principal ha sido la creencia machista, de que cada g\u00e9nero debe ejercer una profesi\u00f3n espec\u00edfica, suponiendo una incapacidad de las mujeres de entender las ciencias naturales, f\u00edsicas y exactas. Esta creencia se ha transmitido de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, permeando los sistemas educativos y la sociedad en general. Una podr\u00eda pensar que hoy en d\u00eda no se repiten estos comportamientos en las familias del siglo XXI. Sin embargo, hasta hace poco, cuando a\u00fan me desempe\u00f1aba como docente en la Universidad de los Andes, observ\u00e9 a algunos padres de estudiantes obligar a sus hijos a inscribirse en ciertas carreras, no porque aseguraran un futuro laboral estable, sino porque no eran adecuadas para hombres o mujeres. Este comportamiento ha tenido, a lo largo de los a\u00f1os, una consecuencia importante: la ausencia de modelos a seguir. A pesar de tener mujeres como Marie Curie, \u00fanica persona ganadora de dos premios Nobel, las ni\u00f1as en el mundo, especialmente en los pa\u00edses en v\u00eda de desarrollo, no tienen esos modelos que les muestren que s\u00ed es posible una vida como cient\u00edficas.<\/p>\n

<p>Como bi\u00f3loga, estoy completamente convencida de que la diversidad en todos los \u00e1mbitos, ya sean equipos en espacios profesionales o deportivos, asegura el \u00e9xito. No es casualidad que las poblaciones de animales, hongos, plantas, o cualquier organismo vivo con alta diversidad gen\u00e9tica sean las que, con mayor probabilidad, resisten y sobreviven situaciones o ambientes adversos. La diversidad es la responsable de la resiliencia colectiva.<\/p>\n

<p>Hace dos a\u00f1os, la decana de la Facultad de Administraci\u00f3n, Veneta Andonova, me invit\u00f3 a traducir el pensamiento evolutivo para administradores y miembros de juntas directivas de empresas privadas. Al principio me paralic\u00e9: \u00bfqu\u00e9 pod\u00edan tener en com\u00fan las teor\u00edas de Darwin con un grupo de personas que se re\u00fanen tres o cuatro veces al a\u00f1o para evaluar si la empresa va por buen camino? Pero r\u00e1pidamente lo entend\u00ed, pues el mensaje no era diferente de lo que yo hab\u00eda aprendido, estudiado y ejercido en mi carrera cient\u00edfica. La diversidad de pensamientos en las juntas directivas y a lo largo de toda la empresa es el motor de la innovaci\u00f3n. Sin esa diversidad de pensamientos, sin aceptar ideas que aparentemente no tienen nada que ver con un plan estrat\u00e9gico, la empresa no puede reaccionar ante cambios en el mercado o en la sociedad.<\/p>\n

<p>Es esa diversidad la que debemos proteger, la que surge cuando hombres y mujeres trabajan juntos y se respetan mutuamente. S\u00ed, somos diferentes y pensamos diferente, y es justamente por eso que, colectivamente, podemos reaccionar mejor ante cualquier situaci\u00f3n, como, por ejemplo, resolver un problema cient\u00edfico complejo. Podemos entonces afirmar que s\u00ed debemos hacer algo para que nuestros espacios cient\u00edficos no les cierren las puertas a las mujeres. Quiero resaltar que este \u00faltimo planteamiento es un poco diferente a decir que debemos pensar en implementar acciones afirmativas; propongo, en cambio, impedir acciones negativas. A continuaci\u00f3n, expongo algunas iniciativas que todas las personas, y en particular las mujeres, podemos realizar en esta direcci\u00f3n.<\/p>\n

<p>En primer lugar, debemos ser m\u00e1s activas en la divulgaci\u00f3n de nuestro quehacer cient\u00edfico. En paralelo a nuestro deber de publicar los hallazgos cient\u00edficos en revistas especializadas, debemos hacer visible nuestro esfuerzo como cient\u00edficas y en lenguajes que sean entendidos por todas las personas. Tambi\u00e9n podemos ayudar a divulgar los perfiles de mujeres exitosas en ciencias, como un mensaje claro de que s\u00ed se puede. Cuanto m\u00e1s cercanos sean los modelos a la realidad de una aspirante cient\u00edfica, m\u00e1s claro ser\u00e1 el mensaje de las posibilidades. Nuestro reto es transmitir a nuestro entorno que no hay carreras profesionales exclusivas de g\u00e9nero. De entorno en entorno, podemos cambiar leyendas urbanas y comportamientos sesgados o machistas.<\/p>","margin":"default"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p>Como lo mencion\u00e9 al inicio de este escrito, llevo un poco m\u00e1s de un a\u00f1o en la presidencia del BTI en Estados Unidos. Este es, quiz\u00e1s, el \u00faltimo trabajo de mi carrera. Tal vez por esta raz\u00f3n, ahora m\u00e1s que nunca, aplico mis creencias con m\u00e1s fervor. He reforzado el equipo de comunicaciones para que se divulgue el trabajo de nuestras cient\u00edficas. Vamos a abrir una convocatoria para asistentes postdoctorales internacionales (la internacionalizaci\u00f3n contribuye a la diversidad que tanto defend\u00ed en los p\u00e1rrafos anteriores). Finalmente, estamos en la labor de revisar todas las pol\u00edticas para detectar cualquier sesgo o se\u00f1al equivocada.<\/p>\n

<p>Conmemoremos juntos este D\u00eda Internacional de la Mujer comprometi\u00e9ndonos a respetar a todas las personas que piensan diferente, e interrog\u00e1ndonos qu\u00e9 podemos hacer, en nuestro d\u00eda a d\u00eda, para que no se le cierren las posibilidades a las ni\u00f1as que quieren ser mujeres cient\u00edficas exitosas.<\/p>\n

<p><\/p>\n

<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><span>[1]<\/span><\/a> P\u00e1gina web: <a href=\"https:\/\/btiscience.org\/\">https:\/\/btiscience.org\/<\/a><\/p>","margin":"default"}}]}]}]},{"type":"section","props":{"image":"wp-content\/uploads\/2025\/03\/mujeres-diversas.png","image_position":"center-center","image_size":"cover","media_blend_mode":"darken","media_overlay":"rgba(17, 44, 124, 0)","sticky":"reveal","style":"default","text_color":"light","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"","width":"expand"},"children":[{"type":"row","children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m"},"children":[{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

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<p><span>\"Como bi\u00f3loga, estoy completamente convencida de que la diversidad en todos los \u00e1mbitos, ya sean equipos en espacios profesionales o deportivos, asegura el \u00e9xito. No es casualidad que las poblaciones de animales, hongos, plantas, o cualquier organismo vivo con alta diversidad gen\u00e9tica sean las que, con mayor probabilidad, resisten y sobreviven situaciones o ambientes adversos. La diversidad es la responsable de la resiliencia colectiva\".<\/span><\/p>\n<\/blockquote>","dropcap":false,"margin":"default","text_color":"emphasis"}}]}],"props":{"width":"small"}}]},{"type":"section","props":{"image_position":"center-center","style":"default","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"","width":"default"},"children":[{"type":"row","children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m"},"children":[{"type":"divider","props":{"divider_element":"hr","margin":"xlarge","margin_remove_bottom":true}},{"type":"image","props":{"image":"wp-content\/uploads\/2022\/12\/CC_BY-NC-ND_icon-88x31-1.png","image_alt":" CC_BY-NC-ND","image_svg_color":"emphasis","link":"https:\/\/creativecommons.org\/licenses\/by-nc-nd\/4.0\/deed.es","margin":"medium","margin_remove_bottom":true,"text_align":"center"}},{"type":"headline","props":{"content":"Estos contenidos est\u00e1n bajo una Licencia Creative Commons Atribuci\u00f3n-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional","margin":"small","margin_remove_top":false,"text_align":"center","title_element":"h6"}}]}]}],"name":"Creative-commons"}],"version":"4.5.4"} --></p><p>The post <a href="https://openscience.uniandes.edu.co/nys-dia-06/">El papel actual de la mujer en el desarrollo de la ciencia</a> first appeared on <a href="https://openscience.uniandes.edu.co">Revistas Uniandes | Multimedia</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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