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	<title>Número 14: Tema libre - Revistas Uniandes | Multimedia</title>
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	<description>Espacio dirigido a audiencias diversas: académicos, comunidades, docentes, estudiantes. La tipología de contenidos es amplia: entrevista, ponencia, artículo breve de reflexión, documento de trabajo, resultados parciales de una investigación, ensayo fotográfico,  entre otros.</description>
	<lastBuildDate>Thu, 12 Mar 2026 21:46:47 +0000</lastBuildDate>
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		<title>Emociones y sensaciones frente al cambio climático: una mirada desde las artes y las nuevas tecnologías</title>
		<link>https://openscience.uniandes.edu.co/emociones-cambio-climatico-artes-tecnologia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[revistas@uniandes.edu.co]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 Mar 2026 21:46:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Diálogos - Naturaleza y Sociedad. Desafíos Medioambientales]]></category>
		<category><![CDATA[Horizontes | Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología]]></category>
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		<category><![CDATA[Número 14: Tema libre]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>"Emociones y sensaciones frente al cambio climático: una mirada desde las artes y las nuevas tecnologías" es un acercamiento en el que analizamos cómo las artes y las nuevas tecnologías se unen para humanizar los datos sobre las transformaciones del clima y poder ir más allá de las catastróficas estadísticas. Es tiempo de dejar de ver el cambio climático como un problema lejano y empezar a conectar con este a través de nuevas sensibilidades.</p>
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<h1>
<p><strong>Emociones y sensaciones frente al cambio climático: una mirada desde las artes y las nuevas tecnologías</strong></p>
</h1>
<div>
<p><strong>Jeice Hernández</strong>, Universidad Santo Tomás, Bogotá, Colombia</p>
</div>
<div>
<p><em>Naturaleza y Sociedad. Desafíos Medioambientales<br /><span>Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología</span></em></p>
</div>
<p><iframe src="https://www.youtube.com/watch?v=bDaMdaUC8Fs&#038;t=20s"></iframe></p>
<div>
<p><strong>Resumen: </strong>desde mediados del siglo XX las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza han tenido un cambio profundo. El impacto que ejercemos sobre otras formas de vida y las respuestas del planeta ante nuestra presencia han creado intereses y preocupaciones en la sociedad. En especial, ha emergido un temor frente a los fenómenos actuales del cambio climático, que parecen amenazar la existencia de la vida misma: la elevación de temperaturas, los estragos causados por las tormentas, la desaparición de especies, la escasez de alimentos, las recias sequías e inundaciones, entre otros. En tal sentido, esta problemática ha dejado de ser un asunto de solo unos pocos científicos y políticos, ahora lo es también de muchos habitantes del planeta, entre quienes genera zozobra emocional. ¿Cómo se puede salvar la Tierra para las futuras generaciones? Las advertencias alrededor del cambio climático y los llamados a mitigarlo parecen inundar las redes sociales y ocupan las agendas de muchos países y organizaciones ambientales.</p>
<p>Los esfuerzos científicos, sociales y culturales han buscado nuevas aproximaciones a esta problemática, las cuales proponen alternativas sostenibles para los modos como habitamos el mundo y apelan a sensibilizar a las personas por medio de emociones para crear una conciencia global responsable y solidaria. <em>Emociones y sensaciones frente al cambio climático: una mirada desde las artes y las nuevas tecnologías</em> es un acercamiento distinto que pretende generar conciencia frente de las transformaciones que sufre el planeta. Aquí se articulan la ciencia, la tecnología y las artes para comprender el cambio climático más allá de los eventos y los datos, con el fin de humanizarlos. Es una exploración de las emociones y las sensaciones y de cómo estas pueden contribuir a una transformación necesaria.</p>
<p><strong>Palabras clave:</strong> artes, cambio climático, educación ambiental, emociones, humanización de datos, inteligencia artificial, naturaleza-cultura, nuevas tecnologías.</p>
</div>
<hr>
<div>
<p><strong>Coproducción audiovisual </strong></p>
<p><strong>Vicerrectoría de Investigación y Creación – Revistas Uniandes </strong></p>
<p><strong>Luis Carlos Castro Ramírez </strong>– editor,<em> Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología</em>, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes, Colombia<strong> </strong></p>
<p><strong>Cristian Yasser Martínez Rodríguez </strong>– editor,<em> Naturaleza y Sociedad. Desafíos Medioambientales</em>, Vicerrectoría de Investigación y Creación, Universidad de los Andes, Colombia</p>
</div>
<hr>
<h1><span>En conexión&#8230;</span></h1>
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        <a href="https://doi.org/10.53010/nys.dia.12">Leer el artículo</a>
    </p>
</p>
<hr>
<p><a href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/deed.es"><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2022/12/CC_BY-NC-ND_icon-88x31-1.png" alt=" CC_BY-NC-ND"></a></p>
<h6>Estos contenidos están bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional</h6>
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<p><strong>Resumen: </strong>desde mediados del siglo XX las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza han tenido un cambio profundo. El impacto que ejercemos sobre otras formas de vida y las respuestas del planeta ante nuestra presencia han creado intereses y preocupaciones en la sociedad. En especial, ha emergido un temor frente a los fenómenos actuales del cambio climático, que parecen amenazar la existencia de la vida misma: la elevación de temperaturas, los estragos causados por las tormentas, la desaparición de especies, la escasez de alimentos, las recias sequías e inundaciones, entre otros. En tal sentido, esta problemática ha dejado de ser un asunto de solo unos pocos científicos y políticos, ahora lo es también de muchos habitantes del planeta, entre quienes genera zozobra emocional. ¿Cómo se puede salvar la Tierra para las futuras generaciones? Las advertencias alrededor del cambio climático y los llamados a mitigarlo parecen inundar las redes sociales y ocupan las agendas de muchos países y organizaciones ambientales.</p>

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<p>Los esfuerzos científicos, sociales y culturales han buscado nuevas aproximaciones a esta problemática, las cuales proponen alternativas sostenibles para los modos como habitamos el mundo y apelan a sensibilizar a las personas por medio de emociones para crear una conciencia global responsable y solidaria. <em>Emociones y sensaciones frente al cambio climático: una mirada desde las artes y las nuevas tecnologías</em> es un acercamiento distinto que pretende generar conciencia frente de las transformaciones que sufre el planeta. Aquí se articulan la ciencia, la tecnología y las artes para comprender el cambio climático más allá de los eventos y los datos, con el fin de humanizarlos. Es una exploración de las emociones y las sensaciones y de cómo estas pueden contribuir a una transformación necesaria.</p>

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<p><strong>Palabras clave:</strong> artes, cambio climático, educación ambiental, emociones, humanización de datos, inteligencia artificial, naturaleza-cultura, nuevas tecnologías.</p>

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<p><strong>Coproducción audiovisual </strong></p>

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<p><strong>Vicerrectoría de Investigación y Creación – Revistas Uniandes </strong></p>

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<p><strong>Luis Carlos Castro Ramírez </strong>– editor,<em> Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología</em>, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes, Colombia<strong> </strong></p>

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<p><strong>Cristian Yasser Martínez Rodríguez </strong>– editor,<em> Naturaleza y Sociedad. Desafíos Medioambientales</em>, Vicerrectoría de Investigación y Creación, Universidad de los Andes, Colombia</p>

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			</item>
		<item>
		<title>Arte, color y experiencia climática en la era de los datos</title>
		<link>https://openscience.uniandes.edu.co/arte-color-experiencia-climatica/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[naturalezaysociedad@uniandes.edu.co]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 Feb 2026 21:25:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Diálogos - Naturaleza y Sociedad. Desafíos Medioambientales]]></category>
		<category><![CDATA[Número 14: Tema libre]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Este texto explora las formas en que el arte y el uso del color ayudan a comunicar el cambio climático de una manera más cercana y comprensible a las personas.</p>
<p>The post <a href="https://openscience.uniandes.edu.co/arte-color-experiencia-climatica/">Arte, color y experiencia climática en la era de los datos</a> first appeared on <a href="https://openscience.uniandes.edu.co">Revistas Uniandes | Multimedia</a>.</p>]]></description>
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<div>
<h3><a href="https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/issue/view/759">Número 14 &#8211; Tema libre</a></h3>
</div>
<h1>
<p>Visualizar lo invisible: arte, color y experiencia climática en la era de los datos</p>
</h1>
<div>
<p><a href="https://doi.org/10.53010/nys.dia.12">https://doi.org/10.53010/nys.dia.12</a></p>
</p>
</div>
<h3>Jeice Dayanna Hernández Contreras</h3>
<div>
<p>Universidad Santo Tomás (Colombia)</p>
</div>
<hr>
<div>
<h4>Este texto explora las formas en que el arte y el uso del color ayudan a comunicar el cambio climático de una manera más cercana y comprensible a las personas. A través del análisis de distintas obras de arte y proyectos de visualización, se muestra la transformación de datos científicos y fenómenos ambientales complejos en experiencias visuales que apelan a los sentidos y a las emociones. El color, más allá de cumplir una función estética, se presenta como una herramienta clave para conectar la información climática con la experiencia humana y facilitar su comprensión. Estas formas de representación permiten que las personas entiendan, de manera más cercana y cotidiana las afectaciones en el clima y, así mismo, reflexionen sobre sus consecuencias. En un contexto donde la inteligencia artificial y los datos son el centro de la información, el texto resalta la importancia del arte como un puente entre la información científica y la experiencia cotidiana. De esta forma, contribuye a una comunicación del cambio climático más clara, sensible y significativa.</h4>
</p>
</div>
<div>
<h4>Este artículo hace parte del proyecto: Emociones y sensaciones frente al cambio climático: una mirada desde las artes y las nuevas tecnologías, coproducción audiovisual realizado por las revistas <a href="https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/index"><em>Naturaleza y Sociedad. Desafíos Medioambientales</em></a>, y <a href="https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/antipoda"><em>Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología</em></a>; financiado por la Vicerrectoría de Investigación y Creación de la Universidad de los Andes. </h4>
<h4>Enlace al video: <a href="https://www.youtube.com/watch?v=bDaMdaUC8Fs">https://www.youtube.com/watch?v=bDaMdaUC8Fs </a></h4>
</p>
</div>
<p><iframe src="https://www.youtube.com/watch?v=bDaMdaUC8Fs"></iframe></p>
<div>
<hr />
<h1>Introducción: el desafío de hacer visible la crisis climática</h1>
</div>
<div>
<p>El cambio climático y su impacto en la naturaleza constituye uno de los mayores desafíos contemporáneos para la humanidad, no solo por la magnitud de sus impactos ambientales, sociales y económicos, sino también por la dificultad de comunicar sus efectos de manera comprensible y significativa para amplios sectores de la sociedad. A pesar de la creciente producción de información científica, informes técnicos y visualizaciones estadísticas, persiste una brecha entre el conocimiento experto sobre el fenómeno y la percepción cotidiana de sus consecuencias. Esta brecha no es únicamente informativa, sino profundamente perceptual, emocional y cultural, lo que genera una desconexión con la información y cómo la asumimos en nuestra realidad.</p>
<p>El arte, concebido como una forma de expresión inherente al ser humano, desempeña un papel fundamental en la visualización de este tipo de información, ya que permite establecer conexiones perceptuales, emocionales y culturales directas. Esta idea, retomada por Bentz (2020), señala que el arte no solo facilita la comprensión de fenómenos complejos como el cambio climático, sino que también crea espacios de aprendizaje más profundos y transformadores, capaces de generar nuevas metáforas, significados e imágenes que fomentan una implicación crítica y emocional con el problema. De este modo, el arte contribuye a suplir una de las principales falencias de los datos contemporáneos al dotarlos de sentido, pues trasciende la lógica exclusivamente matemática y propone una comprensión sistémica y situada mediada por los sentidos.</p>
<p>Esta capacidad posibilita la comunicación de ideas, conceptos y datos estadísticos complejos a través de elementos visuales, táctiles y sonoros que conectan con la experiencia humana. Además, se promueve la comprensión de la información, la visibilización de sus consecuencias y la generación de respuestas críticas. En este sentido, el arte evidencia su mayor potencial frente a los desafíos actuales y explica por qué, en la era de la inteligencia artificial, la búsqueda del entendimiento de los datos desde lo humano se convierte en un aspecto esencial.</p>
<p>Gran parte de los datos asociados al cambio climático operan en escalas temporales y geográficas que exceden la experiencia directa de las personas: promedios de temperatura global, proyecciones a varias décadas, modelos climáticos complejos o índices abstractos de riesgo ambiental. En este contexto, el cambio climático se percibe con frecuencia como un problema distante, abstracto o ajeno, lo que contribuye a la inacción social. Frente a este escenario, surge la necesidad de visualizar lo invisible, es decir, traducir procesos complejos e intangibles en lenguajes capaces de activar comprensión, empatía y reflexión crítica.</p>
<p>El arte contemporáneo ha asumido, desde hace varias décadas, un rol central en el proceso de mediación entre ciencia, naturaleza y sociedad. A diferencia de los enfoques estrictamente informativos, las prácticas artísticas exploran dimensiones sensibles, simbólicas y emocionales que permiten reconfigurar la relación entre los datos climáticos y la experiencia humana. La temperatura, el color, la escala, el sonido y el movimiento se configuran como herramientas operativas y recursos sensibles que permiten convertir datos abstractos en experiencias perceptibles.</p>
<p>Por otro lado, la inteligencia artificial aplicada a la visualización cartográfica, junto con el uso del color como representación de la incertidumbre, se emplea como un medio para comunicar el porcentaje de la población que percibe una afectación ambiental, transformando la información cuantitativa en una experiencia visual significativa. Este tipo de datos cualitativos resultan esenciales para la toma de decisiones y comprender las reacciones de la población ante este tipo de información, lo que permite analizar cómo estos datos son asumidos e interpretados. En particular, el uso del color y sus propiedades emergen como un lenguaje privilegiado para articular información, emoción y significado, funcionando como un elemento sémico (transmisor de significado) capaz de conectar lo cuantitativo con lo afectivo.</p>
<p>Desde esta perspectiva, el color se presenta como una herramienta fundamental para la humanización de los datos. A partir de su capacidad semiótica, el color funciona como un modo de significación visual, es decir, un sistema en el que se producen y comunican significados culturalmente compartidos. Como plantean Kress y van Leeuwen (2002), el color no actúa únicamente como un atributo estético, sino como un recurso semiótico que posee una gramática propia y que participa activamente en la construcción de sentido dentro de las imágenes. En este marco, el uso del color permite generar cartografías visibles que facilitan la comunicación sobre la manera en que las personas perciben fenómenos complejos como el cambio climático de forma más directa. Al estar asociado a significados, emociones y experiencias aprendidas socialmente, el color se convierte en un medio de comunicación eficaz para representar sensaciones y datos intangibles que difícilmente podrían expresarse solo mediante valores numéricos.</p>
<p>Con el fin de ofrecer un panorama más amplio sobre el papel del color y la creación de arte para dar una aproximación sobre el cambio climático y sus efectos medioambientales, este texto se estructura en dos ejes principales: El primero aborda la relación entre arte y clima, analizando prácticas artísticas contemporáneas que utilizan el color y la experiencia sensorial para hacer visibles procesos ambientales complejos. El segundo eje se centra en el arte de datos y, especialmente, en la visualización basada en la percepción como alternativa para la humanización cromática de las cifras. Se propone la cartografía cromática como una estrategia de visualización relacionada con el color, y además, se evidencia el manejo consciente del color para establecer referencias sensoriales y conexiones sémicas que facilitan la comprensión de fenómenos ambientales de manera mucho más completa.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><span>[1]</span></a></p>
</div>
<div>
<hr />
<h1>Cartografía cromática como mecanismo de visualización de datos</h1>
</div>
<div>
<p>La cartografía cromática se entiende, como una estrategia de visualización que traduce datos cuantitativos y cualitativos en configuraciones de color diseñadas para comunicar percepciones, emociones y significados asociados a un territorio o fenómeno específico. A diferencia de las visualizaciones tradicionales que priorizan la representación numérica, la cartografía cromática enfatiza la dimensión sensible del dato, permitiendo una lectura perceptual y afectiva de la información.</p>
<p>Para comprender su alcance, es necesario diferenciarla de otros tipos de representación visual. Una imagen monocromática se caracteriza por el uso de un solo color variando únicamente sus valores de luminosidad, saturación o intensidad al generar <span>una paleta cromática limitada o neutral —frecuentemente asociada a diagramas de barras o gráficos estadísticos— cuyo objetivo principal es la claridad cuantitativa y la precisión numérica. En contraste, una imagen divergente emplea colores sin una lógica semántica o relacional definida, lo que puede generar impacto visual, pero también ambigüedad interpretativa.</span></p>
<p>La cartografía cromática se sitúa entre estos dos extremos, al proponer un uso del color controlado y semánticamente articulado, donde las tonalidades, saturaciones y contrastes responden a significados culturalmente aprendidos y a datos específicos. De este modo, el color actúa como un mediador entre información y experiencia. Esta estrategia facilita la comprensión sobre la manera en que las personas perciben y sienten fenómenos como el cambio climático.</p>
<p>Un ejemplo representativo sobre el color, como elemento plástico y estético con capacidad comunicativa que puede facilitar una mayor aproximación a la comprensión de fenómenos climáticos y medioambientales, es el ejercicio de cartografía cromática con ayuda de la inteligencia artificial, realizado sobre el municipio de Chía, Cundinamarca (Colombia). Esta cartografía se construyó a partir de datos provenientes de diversas investigaciones realizadas principalmente por la Secretaría de Medio Ambiente, la Alcaldía de Chía y la Universidad Militar Nueva Granada, relacionadas con la preocupación de la población frente a los efectos del cambio climático, la transformación del paisaje y la gestión de residuos sólidos. La cartografía convirtió dicha información en gamas tonales asociadas social y culturalmente a sentimientos de incertidumbre y tranquilidad.</p>
<p>Esta traducción cromática organiza la información de manera visual y activa una lectura sensible del dato y permite comprender la configuración de las percepciones colectivas en relación con el entorno y sus transformaciones. Al final, se estableció una tabla cromática en la que se podía identificar y relacionar fácilmente cuatro conceptos: la incertidumbre, la seguridad, la tranquilidad y el medio ambiente. Esto reconocía, según los porcentajes generados por las investigaciones antes mencionadas, la cantidad de personas dentro de este territorio con mayor incertidumbre sobre este tema (figura 1). En este caso, la cartografía cromática, en articulación con herramientas de inteligencia artificial, ofrece un contexto más situado y comprensible sobre las percepciones ciudadanas frente a problemáticas ambientales específicas.</p>
</div>
<hr>
<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2026/02/caso-chia-5.png" alt="Humanización de datos mediante cartografía cromática de la percepción de los habitantes de Chía, Cundinamarca (Colombia), frente al cambio climático"></p>
<div>
<p style="text-align: center;"><strong>Figura 1.</strong> Humanización de datos mediante cartografía cromática de la percepción de los habitantes de Chía, Cundinamarca (Colombia), frente al cambio climático. <em>Fuente:</em> elaboración propia con apoyo de inteligencia artificial Chat GPT 5.2 (2025). El resultado visual no corresponde a una única instrucción (<em>prompt</em>) aislada, sino a la depuración gradual de instrucciones textuales desarrolladas a lo largo de varias interacciones, incorporando datos, correcciones y decisiones curatoriales.</p>
</div>
<hr>
<div>
<p>De esta forma, la propuesta de humanización cromática no se presenta de forma aislada frente a información cuantitativa o “datos duros”, sino como un recurso complementario para ampliar su comprensión. Por ejemplo, en un estudio aplicamos una encuesta a 60 participantes en la que compararon tres modalidades de visualización: (1) un diagrama de barras (imagen monocromática), (2) una imagen con colores aleatorios (imagen divergente) y (3) la cartografía cromática (imagen emocional o sensorial). Los resultados mostraron que el diagrama de barras obtuvo la mayor puntuación en claridad interpretativa, mientras que la cartografía cromática destacó en comprensión general del mensaje, impacto emocional y preferencia global. Esto sugiere que las visualizaciones cromáticas controladas y diseñadas para comunicar y visualizar datos específicos complementan y dan sentido a la información, con la finalidad de generar cercanía experiencial al dato cuantitativo, sin reemplazar la lectura numérica (tabla 1).</p>
</div>
<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2026/03/Captura-de-pantalla-2026-03-05-a-las-10.04.54-a.m.png" alt="TABLA"></p>
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<p style="text-align: center;"><strong>Tabla 1.</strong> Resultados de la encuesta realizada a 60 personas para establecer la claridad interpretativa, capacidad de recordación, comprensión del impacto emocional y preferencia de la imagen, comparando tres tipos de imagen una monocromática (imagen de barras), otra de color divergente (diagrama de líneas con colores aleatorios) y la cartografía cromática (imagen sensorial). La media corresponde al valor promedio obtenido a partir de las respuestas de los participantes para cada variable evaluada. El color de los recuadros permite identificar patrones de comportamiento perceptivo, al cumplir una función analítica y comparativa. Cada color señala, de manera visual, el tipo de respuesta predominante en relación con la variable evaluada: los tonos más claros o neutros indican valores asociados a percepciones de claridad, neutralidad o bajo impacto emocional. Los tonos intermedios señalan respuestas mixtas o percepciones ambivalentes. Los tonos más saturados o intensos destacan las variables donde se registró mayor impacto emocional, preferencia o conexión con el mensaje. Fuente: elaboración propia.</p>
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<p>Los datos evidencian que el manejo tanto de datos duros como sensibles permite un entendimiento más profundo y contribuye a incentivar la toma de acción o la búsqueda de posibles respuestas frente a lo presentado.</p>
<p>En este contexto, el color funciona como un puente que ayuda a que el problema se entienda y se sienta más cercano. Al comunicar desde un nivel más intuitivo —incluso antes de las palabras— el color permite que personas con distintos conocimientos científicos se acerquen al significado de la visualización sin necesidad de entender datos técnicos complejos. Esta facilidad para percibir y comprender lo que se muestra es clave para que la comunicación sobre el cambio climático se aproxime a más personas y tenga un mayor impacto social.</p>
<p>Asimismo, el uso del color plantea interrogantes éticos sobre la responsabilidad del diseñador o artista al representar información sensible. La elección cromática no debe ser neutral: puede intensificar la percepción de urgencia, minimizar riesgos o generar interpretaciones sesgadas. Reconocer el carácter semiótico y emocional del color implica asumir una postura crítica frente a su uso, especialmente en contextos de alta relevancia social como el cambio climático.</p>
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<h1><span lang="ES">Arte y clima: entre la representación y la experiencia<o:p></o:p></span></h1>
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<p>Históricamente, la relación entre arte y naturaleza ha sido un campo fértil de exploración simbólica y estética. Sin embargo, en el arte contemporáneo, esta relación se reconfigura desde una perspectiva crítica que reconoce la intervención humana sobre los ecosistemas y las consecuencias del modelo de desarrollo industrial. Se presentan entonces corrientes o practicas artísticas contemporáneas como el ecoarte, el arte ambiental y el <em>climate change art</em> <span>que más allá de representar paisajes naturales, problematizan los vínculos entre la sociedad, la tecnología y el medio ambiente.</span></p>
<p>A diferencia de la ilustración científica o de la cartografía tradicional, muchas obras de arte climático operan desde la experiencia sensorial directa. Desde esta perspectiva se busca generar una pequeña vivencia de la problemática a tratar, como puede ser el impacto del cambio climático,  para lograr una conexión que permita visualizarla desde los sentimientos.</p>
<p>En este caso, vale la pena resaltar como ejemplo paradigmático la obra <em>Ice Watch</em><a href="#_ftn2" name="_ftnref1"><span>[2]</span></a> (2014–2018) de Olafur Eliasson, en colaboración con el geólogo Minik Rosing. En esta intervención, grandes bloques de hielo desprendidos de glaciares de Groenlandia son instalados en espacios urbanos como Londres o París. El espectador puede tocar el hielo, observar su textura, ver su color blanquecino tornarse translúcido y presenciar su derretimiento progresivo. Aunque la obra se basa en datos científicos sobre el deshielo polar, estos no se presentan de forma explícita. Son el color del hielo, su transformación visual y su desaparición gradual los que comunica la urgencia del problema. El blanco, tradicionalmente asociado a pureza o estabilidad, se vuelve frágil, efímero y amenazado.  </p>
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<p><iframe src="https://www.youtube.com/watch?v=Tpe4o9_n8AM"></iframe></p>
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<p>Otro ejemplo que articula de manera precisa arte, tecnología y naturaleza desde un enfoque contemporáneo, se manifiesta en el trabajo de Biersteker (2021), cuyas obras fundamentan el uso de datos científicos para evidenciar, de forma sensible y situada, los efectos de la actividad humana sobre los ecosistemas. En proyectos como <em>WITHER x UNESCO – A Slice of Rainforest Disappearing at The Amazon Deforestation Rate</em><a href="#_ftn3" name="_ftnref2"><span>[3]</span></a>, Biersteker traduce información científica sobre la deforestación amazónica en una experiencia visual y material que permite observar, en tiempo real, la desaparición progresiva de los bosques húmedos.</p>
<p>La obra se basa en datos oficiales sobre las tasas de deforestación, que determinan el ritmo de transformación del material expuesto. Este proceso no se representa de manera simbólica ni ilustrativa, sino que se materializa a través de un sistema tecnológico que controla las condiciones de la pieza, lo que evidencia el deterioro del objeto a medida que los datos avanzan. En este contexto, la tecnología actúa como un mediador entre la información científica y la experiencia perceptiva del espectador, haciendo visible un proceso ambiental que, aunque constante, suele permanecer fuera del campo de percepción cotidiana.</p>
<p>El uso de las características propias del color resulta esencial en esta propuesta. A medida que el material se degrada, se observa una transición cromática que va de lo opaco a lo translúcido. De esta forma se puede ver la pérdida progresiva de densidad, humedad y vitalidad del ecosistema representado. Además de cumplir con una función estética, esta transformación cromática actúa como un indicador sensible del impacto ambiental, al facilitar una lectura inmediata del proceso de deterioro sin necesidad de recurrir a gráficos o cifras explícitas.</p>
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<p><iframe src="https://www.youtube.com/watch?v=GCXGGg3DlYw&#038;t=12s"></iframe></p>
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<p>Desde estas aproximaciones se refuerza la idea de que el color, en el arte ambiental contemporáneo, opera como un lenguaje semiótico capaz de traducir la complejidad de los datos científicos en experiencias perceptivas significativas. En las visualizaciones donde se une tecnología, arte y ambiente, el color no actúa como un recurso ornamental, sino como un mediador que hace visible el impacto humano sobre la naturaleza, y se articula información, emoción y memoria cultural.</p>
<p>Esta capacidad de transitar entre lo cuantitativo y lo cualitativo permite la visualización de fenómenos como el cambio climático o los efectos devastadores del hombre sobre la naturaleza. Al ser percibidos de forma directa, dejan de ser lejanos o abstractos, pues se manifiestan de forma tangible y comprensible para el espectador a través del arte. En este sentido, el color se configura como un traductor emocional del dato que no reemplaza la información científica, sino que la resignifica desde una dimensión sensible. Aporta a una comprensión más profunda de la crisis ambiental y a la construcción de una conciencia crítica frente a sus consecuencias.</p>
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<h1><span lang="ES">Arte de datos y visualización climática<o:p></o:p></span></h1>
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<p>En las últimas décadas, el cruce entre arte, tecnología y datos ha dado lugar a prácticas híbridas que combinan análisis científico y expresión artística. El denominado arte de datos (<em>data art</em>) utiliza grandes volúmenes de información como materia prima para crear piezas visuales, sonoras o interactivas que reinterpretan los datos desde una perspectiva crítica y estética. En el contexto climático, estas prácticas permiten abordar el problema desde nuevas narrativas visuales que superan la rigidez de los gráficos tradicionales. En lugar de tablas o diagramas, los datos se materializan en formas orgánicas, paisajes visuales o instalaciones inmersivas, donde el color cumple un papel estructural.</p>
<p>En esta línea se inscribe la propuesta generada por la empresa ARTDATA <em>Emotional Mapping of Climate Change: Humanizing Data through Color and AI</em>, que articula arte de datos, visualización climática e inteligencia artificial, con el objetivo de traducir información científica y social en experiencias y percepciones de carácter sensible. El proyecto se basa en el análisis de datos cualitativos relacionados con emociones y apreciaciones sociales frente al cambio climático, recolectados a partir de discursos en redes sociales, encuestas, informes institucionales y estudios académicos. Estos datos son procesados mediante metodologías de <em>sentiment analysis</em> y procesamiento del lenguaje natural para ser posteriormente traducidos, a través del color, en manchas cromáticas que conforman una cartografía global de sensaciones.</p>
<p>Este proceso permite el tránsito del dato complejo al dato visual y de lo análogo a lo digital. Facilita una lectura perceptiva y emocional del fenómeno climático. En el caso de la figura 1 ―mencionada anteriormente―, la imagen se obtuvo a partir de un proceso de creación desde lo análogo a lo digital. Como se observa en la figura 2A, la construcción análoga se realiza por medio de notas y la generación de patrones que responden a cada uno de los sentimientos que se buscan visualizar.  Posteriormente, se traducen en manchas distribuidas en el espacio cuya ubicación, espacio y tamaño están determinados por datos científicos que relacionan porcentaje y ubicación por lugar. Dichas manchas se estructuran a partir de líneas características que luego se combinan en capas para integrar los distintos sentimientos representados. El resultado final es un mapa que es digitalizado para mostrar la percepción de los efectos del cambio climático a lo largo del tiempo (figura 2B).</p>
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<p>        <img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2026/02/porceso-2ARTDATA-1-rotated.jpg" alt="Proceso análogo ARTDATA"></p>
<h3>2A. Proceso análogo ARTDATA</h3>
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<p>        <img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2026/02/proceso-11ARTDATA-rotated.jpg" alt="Proceso analógico ARTDATA"></p>
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<p>        <img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2026/02/Emotional-Mapping-of-Climate-Change.jpg" alt="Emotional Mapping of Climate Change"></p>
<h3>2B. Imagen final digital</h3>
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<p style="text-align: center;"><strong>Figuras 2A-B. </strong><em>Emotional Mapping of Climate Change</em>: proceso análogo (2A) e imagen final digital (2B) para cartografía cromática global de percepciones y emociones asociadas al cambio climático. <strong>Fuente: </strong>Imagen tomada del proyecto <em>Emotional Mapping of Climate Change: Humanizing Data through Color and AI</em>, proyecto de investigación-creación no publicado (Hernández y Córdoba, 2025).</p>
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<p>En este caso, las emociones —como ansiedad, miedo, tristeza, ira, ecoansiedad o sensación de impotencia— se transforman en métricas cuantificables que permiten su posterior traducción visual. A diferencia de las visualizaciones convencionales, la propuesta prioriza el uso del color como lenguaje central para construir cartografías emocionales dinámicas, en las que las variaciones cromáticas, las formas y los efectos visuales encarnan el impacto y la percepción del cambio climático en distintos territorios. De este modo, el color no solo representa información, sino que carga con el peso emocional de las comunidades afectadas, al convertir los datos climáticos en narrativas visuales inmersivas que buscan facilitar la comprensión, generar empatía y activar una reflexión crítica frente a la crisis ambiental.</p>
<p>El enfoque del color como elemento sémico para mostrar cambios de temperatura o percepción ha sido retomado y ampliado por numerosos artistas que integran sensores, algoritmos y visualización generativa para construir narrativas climáticas dinámicas. En estas propuestas, el color evoluciona en el tiempo, pues trasciende de representar un dato concreto y estático, a responder a datos en tiempo real o a simulaciones de futuros posibles. El resultado es una experiencia visual que enfatiza la dimensión temporal del cambio climático, se hace visible su carácter procesual y acumulativo.</p>
<p>Esta visualización permite transformar datos abstractos en una experiencia perceptible que desplaza el concepto de representación informativa hacia una comprensión situada y vivencial del fenómeno. Al mostrar el paso del tiempo, la obra interpela al conocimiento y a la experiencia sensible donde se conectan habilidades como la percepción, la interpretación y la afectividad. Las visualizaciones participan activamente en la disputa por el sentido del dato y en la configuración de regímenes de verdad en contextos contemporáneos (Becerra <em>et al</em>., 2026).</p>
<p>Uno de los aportes más relevantes del arte climático contemporáneo es la incorporación explícita de la dimensión emocional en la comunicación ambiental. Mientras que la ciencia tiende a operar desde la objetividad y la neutralidad, el arte reconoce que las emociones juegan un papel central en la percepción del riesgo y en la toma de decisiones. Aunque los datos aportan información precisa en términos de porcentajes y magnitudes, no logran traducir en su totalidad la experiencia vivida del fenómeno. La ansiedad climática, el miedo, la culpa o la sensación de impotencia constituyen experiencias compartidas que rara vez aparecen representadas en informes técnicos, pero que resultan fundamentales para comprender cómo las personas viven el cambio climático en su cotidianidad. En este sentido, el arte permite hacer visible este plano subjetivo, a través de colores, formas y atmósferas visuales, ampliando la capacidad de sensibilización y comprensión del fenómeno ambiental (Sommer y Klöckner, 2021).</p>
<p>En este sentido, los elementos artísticos como la textura, la línea o el color se convierten en un vehículo de empatía. Por ejemplo, el uso de las características propias del color —tono, saturación y luminosidad (o valor)— permiten generar cromáticas saturadas, contrastes abruptos o tonalidades apagadas que informan y transmiten estados anímicos colectivos. Al experimentar estas visualizaciones, las personas, además de los datos externos, reconocen emociones propias y ajenas, en una experiencia compartida sobre la crisis climática.</p>
<p>Desde esta perspectiva, el color se consolida como un elemento relacional, capaz de articular percepción, emoción y sentido, al operar de manera intertextual, activa y transversal dentro de las imágenes (Hernández, 2024). Su uso estratégico dentro de las visualizaciones climáticas activa procesos de identificación y reconocimiento que trascienden la lectura descriptiva e informativa, situando al espectador dentro de una experiencia de comunicación más amplia donde los datos adquieren una dimensión social y afectiva. En este sentido, el color estructura la narrativa visual, y actúa como un mediador simbólico que conecta la experiencia estética con problemáticas éticas y sociales.</p>
<p>Además, esta activación perceptiva y afectiva sitúa al color como un operador de sentido y vehículo emocional donde se refuerza su rol como puente entre datos, cultura y sociedad tal y como lo evidencian Hernández y Oliveros (2023). Lejos de reducir la complejidad del fenómeno, la visualización de datos vinculada al cambio climático a través del color permite integrar dicha complejidad en una narrativa visual que refleja la multiplicidad de experiencias humanas frente al cambio climático. En este marco, la articulación entre arte y ciencia posibilita formas de comunicación más sensibles y comprensivas, capaces de traducir datos científicos en experiencias visuales que favorecen la empatía y la comprensión pública del cambio climático (Lustig <em>et al</em>., 2025).</p>
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<h1><span lang="ES">Conclusiones: el color como puente entre datos, arte y sociedad<o:p></o:p></span></h1>
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<p>Cuando el cambio climático se comunica únicamente a través de cifras y reportes técnicos, suele percibirse como un problema lejano y difícil de asimilar. Frente a esto, el color permite traducir los datos en experiencias perceptibles, al visibilizar dimensiones cualitativas que normalmente permanecen abstractas. Más que un recurso visual atractivo, el color actúa como un lenguaje que facilita comprender qué representan realmente los datos y cómo se relacionan con la vida cotidiana. Las experiencias revisadas muestran que una lectura completa del dato no depende solo de la razón, sino también de la percepción, ya que emociones, contextos y territorios influyen en la forma en que la información es interpretada. Desde esta perspectiva, es posible humanizar los datos al tomarlos como un sistema complejo que puede ser simplificado para el espectador desde los propios elementos artísticos. De esta forma, y sin perder información, pueden volverse comprensibles, cuestionables y útiles para pensar críticamente y actuar frente a los cambios que afectan a la naturaleza.</p>
<p>Desde esta mirada, el arte ofrece una gran variedad de posibilidades para poder mostrar y comunicar temas complejos que atañen a problemas sociales. Se abre una ventana desde la interdisciplinariedad a nuevas posibilidades y se genera un puente de comunicación distinto, más holístico y cohesionado. La visualización cromática contribuye a tomar decisiones y emprender acciones de manera más informada, al relacionar los datos con sus consecuencias sensibles. Se favorece a una lectura crítica frente a la gran cantidad de seudodatos y representaciones manipuladas que circulan con facilidad especialmente en entornos digitales, ya que la percepción es uno de los elementos clave al leer las imágenes, textos o datos. Por lo tanto, la incorporación de la dimensión sensible en la lectura de datos y la toma de decisiones alrededor de los mismos, así como el trabajo con los datos desde la percepción y el contexto, permite identificar con mayor claridad cuando una visualización está basada en información sólida y datos concretos y cuando, por el contrario, simplifica, exagera o distorsiona la realidad.</p>
<p>El uso consciente del color y de estrategias sensibles exige que los datos mantengan coherencia  con la experiencia situada que representan. Este enfoque permite distinguir entre imágenes visualmente impactantes pero carentes de sustento, y aquellas narrativas visuales que además de apelar a la emoción, se apoyan en una base informativa sólida. De este modo, al integrar datos cualitativos y cuantitativos, la visualización cumple una función informativa y también fomenta una lectura critica orientada a cuestionar, comparar y discernir entre información fundamentada y construcciones visuales que no reflejan de manera fiel la complejidad de los fenómenos que intentan representar.</p>
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<h1><span lang="ES">Referencias bibliográficas<o:p></o:p></span></h1>
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<p>Proponemos estas fuentes para que las personas interesadas en el tema puedan profundizar sus conocimientos frente a la relación entre el arte, la ciencia y las maneras en las que se comunica el cambio climático.</p>
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<h2><span lang="ES">Listado de referencias<o:p></o:p></span></h2>
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<p>Bentz, J. (2020). Learning About Climate Change In, With and Through Art. <em>Climatic Change, 16</em>2(3), 1595–1612. <a href="https://doi.org/10.1007/s10584-020-02804-4">https://doi.org/10.1007/s10584-020-02804-4</a></p>
<p>Biersteker, T. (2021). <em>WITHER – A Slice of Rainforest Disappearing at the Amazon Deforestation Rate</em> [Obra digital]. <a href="https://thijsbiersteker.com/wither-2021?utm_source=chatgpt.com">https://thijsbiersteker.com/wither-2021</a></p>
<p>Becerra, J., Hernández, J. y Rodriguez, J. (2026). Data Wars. The Struggle Between Factual Data and Pseudodata in Western Society. <em>International Review of Sociology</em>. Publicación anticipada. <a href="https://doi.org/10.1080/03906701.2025.2608791">https://doi.org/10.1080/03906701.2025.2608791</a>.</p>
<p>Hernández, J. y Córdoba, C. (2025). <em>Emotional Mapping of Climate Change: Humanizing Data through Color and AI </em>[Proyecto de investigación-creación no publicado]. ARTDATA.</p>
<p>Hernández, J.D. (2024). <em>El color intertextual, activo y transversal en la ilustración de cuentos clásicos: una mirada artístico-práctica a Blancanieves y Alicia en el País de las Maravillas a lo largo de los siglos XIX y XX</em>. [Tesis doctoral, Universitat Politècnica de València]. <a href="https://doi.org/10.4995/Thesis/10251/213916">https://doi.org/10.4995/Thesis/10251/213916</a></p>
<p>Hernandez, J. y Oliveros Aya, C. (2023). El color en los cuentos de hadas y los derechos humanos: la transversalidad del color detrás de la narrativa de Alicia y Blancanieves. <em>Novum Jus</em>, <em>17</em>(2), 301–328.  <a href="https://novumjus.ucatolica.edu.co/article/view/5219">https://novumjus.ucatolica.edu.co/article/view/5219</a></p>
<p>Lustig, A. R., Crimmins, A. R., Snyder, M. O., Tanner, L. y van Coller, I. (2025). Bringing Art and Science Together to Address Climate Change.<em> Climatic Change, 178</em>(3), 47. <a href="https://doi.org/10.1007/s10584-025-03861-3">https://doi.org/10.1007/s10584-025-03861-3</a></p>
<p>Sommer, K. y Klöckner, C. A. (2021). Does Activist Art have the Capacity to Raise Awareness in Audiences? —A study on Climate Change Art at the ArtCOP21 Event in Paris. <em>Psychology of Aesthetics, Creativity, and the Arts</em>, <em>15</em>(1), 60–75. <a href="https://doi.org/10.1037/aca0000247">https://doi.org/10.1037/aca0000247</a></p>
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<h2><span lang="ES">Fuentes sugeridas para consulta<o:p></o:p></span></h2>
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<p>Hernández, J. (2023). El color como elemento sémico y narrativo de características políticas y socioculturales en la ilustración de cuentos clásicos. <em>Cultura Latinoamericana</em>, <em>1</em>(37), 194–207. <a href="https://editorial.ucatolica.edu.co/index.php/RevClat/article/view/5441">https://editorial.ucatolica.edu.co/index.php/RevClat/article/view/5441</a></p>
<p>Hernández, J. (2023). <em>Características graficas del color en la elaboración de propuestas creativas</em> [documento de trabajo]. Grupo de investigación Imagen, Diseño y Sociedad, Comunidad de Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad Santo Tomás.  <a href="http://hdl.handle.net/11634/50955">http://hdl.handle.net/11634/50955</a></p>
<p>Kress, G. y van Leeuwen, T.. (2002). Colour as a Semiotic Mode: Notes for a Grammar of Colour.<em> Visual Communication</em>, <em>1</em>(3), 343–368. <a href="https://doi.org/10.1177/147035720200100306">https://doi.org/10.1177/147035720200100306</a></p>
<p>Kennedy, H., Hill, R. L., Allen, W. y Kirk, A. (2016). Engaging with (Big) Data Visualizations: Factors that Affect Engagement and Resulting New Definitions of Effectiveness. <em>First Monday</em>, <em>21</em>(11). <a href="https://doi.org/10.5210/fm.v21i11.6389">https://doi.org/10.5210/fm.v21i11.6389</a></p>
<p>Lupi, G. (2017). <em>Data Humanism: My Manifesto for a New Data World</em>. <a href="http://giorgialupi.com/data-humanism-my-manifesto-for-a-new-data-wold">http://giorgialupi.com/data-humanism-my-manifesto-for-a-new-data-wold</a></p>
<p>Luna Pereira, H. O., Rueda Vera, G. y Avendaño Castro, W. R. (2021). Jóvenes universitarios frente al cambio climático: percepciones, representaciones y acciones<em>. Boletín REDIPE, 10</em>(9), 199–222. <a href="https://revista.redipe.org/index.php/1/article/view/1437">https://revista.redipe.org/index.php/1/article/view/1437</a></p>
<p>Guerrero del Cueto, M. (2023). El papel del diseño en la percepción de visualizaciones de datos: Fundamentos teóricos y conceptuales. <em>I+Diseño. Revista Científico-Académica Internacional De Innovación, Investigación Y Desarrollo En Diseño</em>, <em>18</em>, 23–36. <a href="https://doi.org/10.24310/idiseo.18.2023.17867">https://doi.org/10.24310/idiseo.18.2023.17867</a></p>
<p>Muñoz-Pico, H. P. y León, B. (2024). El sesgo de atención a las imágenes del cambio climático y su incidencia en el compromiso ciudadano<em>. Palabra Clave, 27</em>(4), e2745. <a href="https://doi.org/10.5294/pacla.2024.27.4.5">https://doi.org/10.5294/pacla.2024.27.4.5</a></p>
<p>Rea, N. (2018, 11 de diciembre). Olafur Eliasson’s Ice Watch London: The World’s Most Dramatic Climate-Change Installation. <em>Artnet News</em>. <a href="https://news.artnet.com/art-world/olafur-eliasson-ice-watch-london-1416811">https://news.artnet.com/art-world/olafur-eliasson-ice-watch-london-1416811</a></p>
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<h2><span lang="ES">Notas al pie<o:p></o:p></span></h2>
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<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Es importante aclarar que el color se establece primero desde un plano sensorial: se genera desde los estímulos visuales mediante la recepción de la luz, lo que  provoca distintas sensaciones (tensión, calidez, entre otras), que son interpretadas culturalmente y relacionadas con experiencias personales, contextos socio-culturales o simbólicos, y se conectan con sentimientos como tranquilidad, incertidumbre, alerta o inquietud.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn1">[2]</a><em>Ice Watch</em>, instalación de Olafur Eliasson en Londres. <a href="https://olafureliasson.net/artwork/ice-watch-2014/">https://olafureliasson.net/artwork/ice-watch-2014/</a></p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[3]</a> La obra se puede visualizar en la página web del artista: <a href="https://thijsbiersteker.com/wither-2021">https://thijsbiersteker.com/wither-2021</a></p>
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<h1><span lang="ES">Sobre este artículo de Diálogos<o:p></o:p></span></h1>
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<p>Manuscrito preparado para <em>Diálogos</em>, en el marco de la propuesta de coproducción audiovisual “<strong>Emociones y sensaciones frente al cambio climático: una mirada desde las artes y las nuevas tecnologías</strong>”, desarrollada por <a href="https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/index"><em>Naturaleza y Sociedad. Desafíos Medioambientales</em></a> y <a href="https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/antipoda"><em>Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología</em></a>. Este proyecto contó con apoyo financiero de la convocatoria “Nuevos formatos de comunicación científica” de Revistas Uniandes y la Vicerrectoría de Investigación y Creación de la Universidad de los Andes (Colombia).</p>
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<h2><span lang="ES">Declaración de uso de inteligencia artificial generativa<o:p></o:p></span></h2>
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<p>La autora del artículo declara que ha empleado inteligencia artificial generativa para hacer revisión de estilo en el texto, así como para la generación de la figura 1. Para la redacción, se utilizó ChatGPT 5.2. y el <em>prompt </em>aplicado fue el siguiente: <em>revisa la redacción y estilo de este texto, sin cambiar la idea o proponer una nueva. Quiero que permanezca la idea original, solo con cambios de redacción si es necesario.</em></p>
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<h2><span lang="ES">Sobre la autora<o:p></o:p></span></h2>
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<p><strong>Jeice Dayanna Hernández Contreras</strong>: PhD en Arte: Investigación y Producción. Docente investigadora del programa de Diseño de la Facultad de Comunicación y Creación de la Universidad Santo Tomás de Bogotá. Líneas de investigación: Visualización y humanización de datos, análisis de la imagen y color, diseño para la transformación social. Últimas publicaciones: Becerra, J., Hernández, J. y Rodríguez, J. (2026). Data wars. The Struggle Between Factual Data and Pseudodata in Western Society. <em>International Review of Sociology</em>, 1-15. <a href="https://doi.org/10.1080/03906701.2025.2608791">https://doi.org/10.1080/03906701.2025.2608791</a>;  Hernandez, J. y Oliveros Aya, C. (2023). El color en los cuentos de hadas y los derechos humanos: la transversalidad del color detrás de la narrativa de Alicia y Blancanieves. <em>Novum Jus</em>, <em>17</em>(2), 301–328. <a href="https://doi.org/10.14718/NovumJus.2023.17.2.12">https://doi.org/10.14718/NovumJus.2023.17.2.12</a>.   <a href="mailto:jeiceh@gmail.com">jeiceh@gmail.com</a> &#8211; <a href="mailto:jeicehernandez@usta.edu.co">jeicehernandez@usta.edu.co</a> ORCID: <a href="https://orcid.org/0000-0002-1486-1333">https://orcid.org/0000-0002-1486-1333</a></p>
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<p><span>Cuando el cambio climático se comunica únicamente a través de cifras y reportes técnicos, suele percibirse como un problema lejano y difícil de asimilar. Frente a esto, el color permite traducir los datos en experiencias perceptibles, al visibilizar dimensiones cualitativas que normalmente permanecen abstractas. Más que un recurso visual atractivo, el color actúa como un lenguaje que facilita comprender qué representan realmente los datos y cómo se relacionan con la vida cotidiana. </span></p>
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<p><a href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/deed.es"><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2022/12/CC_BY-NC-ND_icon-88x31-1.png" alt=" CC_BY-NC-ND"></a></p>
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<h3><a href=\"https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/issue/view/759\">Número 14 - Tema libre</a></h3>

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<p>Visualizar lo invisible: arte, color y experiencia climática en la era de los datos</p>

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<p><a href=\"https://doi.org/10.53010/nys.dia.12\">https://doi.org/10.53010/nys.dia.12</a></p>

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<p>Universidad Santo Tomás (Colombia)</p>

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<h4>Este texto explora las formas en que el arte y el uso del color ayudan a comunicar el cambio climático de una manera más cercana y comprensible a las personas. A través del análisis de distintas obras de arte y proyectos de visualización, se muestra la transformación de datos científicos y fenómenos ambientales complejos en experiencias visuales que apelan a los sentidos y a las emociones. El color, más allá de cumplir una función estética, se presenta como una herramienta clave para conectar la información climática con la experiencia humana y facilitar su comprensión. Estas formas de representación permiten que las personas entiendan, de manera más cercana y cotidiana las afectaciones en el clima y, así mismo, reflexionen sobre sus consecuencias. En un contexto donde la inteligencia artificial y los datos son el centro de la información, el texto resalta la importancia del arte como un puente entre la información científica y la experiencia cotidiana. De esta forma, contribuye a una comunicación del cambio climático más clara, sensible y significativa.</h4>

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<h4>Este artículo hace parte del proyecto: Emociones y sensaciones frente al cambio climático: una mirada desde las artes y las nuevas tecnologías, coproducción audiovisual realizado por las revistas <a href=\"https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/index\"><em>Naturaleza y Sociedad. Desafíos Medioambientales</em></a>, y <a href=\"https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/antipoda\"><em>Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología</em></a>; financiado por la Vicerrectoría de Investigación y Creación de la Universidad de los Andes. </h4>

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<h4>Enlace al video: <a href=\"https://www.youtube.com/watch?v=bDaMdaUC8Fs\">https://www.youtube.com/watch?v=bDaMdaUC8Fs </a></h4>

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<h1>Introducción: el desafío de hacer visible la crisis climática</h1>

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<p>El cambio climático y su impacto en la naturaleza constituye uno de los mayores desafíos contemporáneos para la humanidad, no solo por la magnitud de sus impactos ambientales, sociales y económicos, sino también por la dificultad de comunicar sus efectos de manera comprensible y significativa para amplios sectores de la sociedad. A pesar de la creciente producción de información científica, informes técnicos y visualizaciones estadísticas, persiste una brecha entre el conocimiento experto sobre el fenómeno y la percepción cotidiana de sus consecuencias. Esta brecha no es únicamente informativa, sino profundamente perceptual, emocional y cultural, lo que genera una desconexión con la información y cómo la asumimos en nuestra realidad.</p>

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<p>El arte, concebido como una forma de expresión inherente al ser humano, desempeña un papel fundamental en la visualización de este tipo de información, ya que permite establecer conexiones perceptuales, emocionales y culturales directas. Esta idea, retomada por Bentz (2020), señala que el arte no solo facilita la comprensión de fenómenos complejos como el cambio climático, sino que también crea espacios de aprendizaje más profundos y transformadores, capaces de generar nuevas metáforas, significados e imágenes que fomentan una implicación crítica y emocional con el problema. De este modo, el arte contribuye a suplir una de las principales falencias de los datos contemporáneos al dotarlos de sentido, pues trasciende la lógica exclusivamente matemática y propone una comprensión sistémica y situada mediada por los sentidos.</p>

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<p>Esta capacidad posibilita la comunicación de ideas, conceptos y datos estadísticos complejos a través de elementos visuales, táctiles y sonoros que conectan con la experiencia humana. Además, se promueve la comprensión de la información, la visibilización de sus consecuencias y la generación de respuestas críticas. En este sentido, el arte evidencia su mayor potencial frente a los desafíos actuales y explica por qué, en la era de la inteligencia artificial, la búsqueda del entendimiento de los datos desde lo humano se convierte en un aspecto esencial.</p>

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<p>Gran parte de los datos asociados al cambio climático operan en escalas temporales y geográficas que exceden la experiencia directa de las personas: promedios de temperatura global, proyecciones a varias décadas, modelos climáticos complejos o índices abstractos de riesgo ambiental. En este contexto, el cambio climático se percibe con frecuencia como un problema distante, abstracto o ajeno, lo que contribuye a la inacción social. Frente a este escenario, surge la necesidad de visualizar lo invisible, es decir, traducir procesos complejos e intangibles en lenguajes capaces de activar comprensión, empatía y reflexión crítica.</p>

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<p>El arte contemporáneo ha asumido, desde hace varias décadas, un rol central en el proceso de mediación entre ciencia, naturaleza y sociedad. A diferencia de los enfoques estrictamente informativos, las prácticas artísticas exploran dimensiones sensibles, simbólicas y emocionales que permiten reconfigurar la relación entre los datos climáticos y la experiencia humana. La temperatura, el color, la escala, el sonido y el movimiento se configuran como herramientas operativas y recursos sensibles que permiten convertir datos abstractos en experiencias perceptibles.</p>

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<p>Por otro lado, la inteligencia artificial aplicada a la visualización cartográfica, junto con el uso del color como representación de la incertidumbre, se emplea como un medio para comunicar el porcentaje de la población que percibe una afectación ambiental, transformando la información cuantitativa en una experiencia visual significativa. Este tipo de datos cualitativos resultan esenciales para la toma de decisiones y comprender las reacciones de la población ante este tipo de información, lo que permite analizar cómo estos datos son asumidos e interpretados. En particular, el uso del color y sus propiedades emergen como un lenguaje privilegiado para articular información, emoción y significado, funcionando como un elemento sémico (transmisor de significado) capaz de conectar lo cuantitativo con lo afectivo.</p>

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<p>Desde esta perspectiva, el color se presenta como una herramienta fundamental para la humanización de los datos. A partir de su capacidad semiótica, el color funciona como un modo de significación visual, es decir, un sistema en el que se producen y comunican significados culturalmente compartidos. Como plantean Kress y van Leeuwen (2002), el color no actúa únicamente como un atributo estético, sino como un recurso semiótico que posee una gramática propia y que participa activamente en la construcción de sentido dentro de las imágenes. En este marco, el uso del color permite generar cartografías visibles que facilitan la comunicación sobre la manera en que las personas perciben fenómenos complejos como el cambio climático de forma más directa. Al estar asociado a significados, emociones y experiencias aprendidas socialmente, el color se convierte en un medio de comunicación eficaz para representar sensaciones y datos intangibles que difícilmente podrían expresarse solo mediante valores numéricos.</p>

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<p>Con el fin de ofrecer un panorama más amplio sobre el papel del color y la creación de arte para dar una aproximación sobre el cambio climático y sus efectos medioambientales, este texto se estructura en dos ejes principales: El primero aborda la relación entre arte y clima, analizando prácticas artísticas contemporáneas que utilizan el color y la experiencia sensorial para hacer visibles procesos ambientales complejos. El segundo eje se centra en el arte de datos y, especialmente, en la visualización basada en la percepción como alternativa para la humanización cromática de las cifras. Se propone la cartografía cromática como una estrategia de visualización relacionada con el color, y además, se evidencia el manejo consciente del color para establecer referencias sensoriales y conexiones sémicas que facilitan la comprensión de fenómenos ambientales de manera mucho más completa.<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><span>[1]</span></a></p>

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<h1>Cartografía cromática como mecanismo de visualización de datos</h1>

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<p>La cartografía cromática se entiende, como una estrategia de visualización que traduce datos cuantitativos y cualitativos en configuraciones de color diseñadas para comunicar percepciones, emociones y significados asociados a un territorio o fenómeno específico. A diferencia de las visualizaciones tradicionales que priorizan la representación numérica, la cartografía cromática enfatiza la dimensión sensible del dato, permitiendo una lectura perceptual y afectiva de la información.</p>

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<p>Para comprender su alcance, es necesario diferenciarla de otros tipos de representación visual. Una imagen monocromática se caracteriza por el uso de un solo color variando únicamente sus valores de luminosidad, saturación o intensidad al generar <span>una paleta cromática limitada o neutral —frecuentemente asociada a diagramas de barras o gráficos estadísticos— cuyo objetivo principal es la claridad cuantitativa y la precisión numérica. En contraste, una imagen divergente emplea colores sin una lógica semántica o relacional definida, lo que puede generar impacto visual, pero también ambigüedad interpretativa.</span></p>

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<p>La cartografía cromática se sitúa entre estos dos extremos, al proponer un uso del color controlado y semánticamente articulado, donde las tonalidades, saturaciones y contrastes responden a significados culturalmente aprendidos y a datos específicos. De este modo, el color actúa como un mediador entre información y experiencia. Esta estrategia facilita la comprensión sobre la manera en que las personas perciben y sienten fenómenos como el cambio climático.</p>

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<p>Un ejemplo representativo sobre el color, como elemento plástico y estético con capacidad comunicativa que puede facilitar una mayor aproximación a la comprensión de fenómenos climáticos y medioambientales, es el ejercicio de cartografía cromática con ayuda de la inteligencia artificial, realizado sobre el municipio de Chía, Cundinamarca (Colombia). Esta cartografía se construyó a partir de datos provenientes de diversas investigaciones realizadas principalmente por la Secretaría de Medio Ambiente, la Alcaldía de Chía y la Universidad Militar Nueva Granada, relacionadas con la preocupación de la población frente a los efectos del cambio climático, la transformación del paisaje y la gestión de residuos sólidos. La cartografía convirtió dicha información en gamas tonales asociadas social y culturalmente a sentimientos de incertidumbre y tranquilidad.</p>

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<p>Esta traducción cromática organiza la información de manera visual y activa una lectura sensible del dato y permite comprender la configuración de las percepciones colectivas en relación con el entorno y sus transformaciones. Al final, se estableció una tabla cromática en la que se podía identificar y relacionar fácilmente cuatro conceptos: la incertidumbre, la seguridad, la tranquilidad y el medio ambiente. Esto reconocía, según los porcentajes generados por las investigaciones antes mencionadas, la cantidad de personas dentro de este territorio con mayor incertidumbre sobre este tema (figura 1). En este caso, la cartografía cromática, en articulación con herramientas de inteligencia artificial, ofrece un contexto más situado y comprensible sobre las percepciones ciudadanas frente a problemáticas ambientales específicas.</p>

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<p style=\"text-align: center;\"><strong>Figura 1.</strong> Humanización de datos mediante cartografía cromática de la percepción de los habitantes de Chía, Cundinamarca (Colombia), frente al cambio climático. <em>Fuente:</em> elaboración propia con apoyo de inteligencia artificial Chat GPT 5.2 (2025). El resultado visual no corresponde a una única instrucción (<em>prompt</em>) aislada, sino a la depuración gradual de instrucciones textuales desarrolladas a lo largo de varias interacciones, incorporando datos, correcciones y decisiones curatoriales.</p>

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<p>De esta forma, la propuesta de humanización cromática no se presenta de forma aislada frente a información cuantitativa o “datos duros”, sino como un recurso complementario para ampliar su comprensión. Por ejemplo, en un estudio aplicamos una encuesta a 60 participantes en la que compararon tres modalidades de visualización: (1) un diagrama de barras (imagen monocromática), (2) una imagen con colores aleatorios (imagen divergente) y (3) la cartografía cromática (imagen emocional o sensorial). Los resultados mostraron que el diagrama de barras obtuvo la mayor puntuación en claridad interpretativa, mientras que la cartografía cromática destacó en comprensión general del mensaje, impacto emocional y preferencia global. Esto sugiere que las visualizaciones cromáticas controladas y diseñadas para comunicar y visualizar datos específicos complementan y dan sentido a la información, con la finalidad de generar cercanía experiencial al dato cuantitativo, sin reemplazar la lectura numérica (tabla 1).</p>

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<p style=\"text-align: center;\"><strong>Tabla 1.</strong> Resultados de la encuesta realizada a 60 personas para establecer la claridad interpretativa, capacidad de recordación, comprensión del impacto emocional y preferencia de la imagen, comparando tres tipos de imagen una monocromática (imagen de barras), otra de color divergente (diagrama de líneas con colores aleatorios) y la cartografía cromática (imagen sensorial). La media corresponde al valor promedio obtenido a partir de las respuestas de los participantes para cada variable evaluada. El color de los recuadros permite identificar patrones de comportamiento perceptivo, al cumplir una función analítica y comparativa. Cada color señala, de manera visual, el tipo de respuesta predominante en relación con la variable evaluada: los tonos más claros o neutros indican valores asociados a percepciones de claridad, neutralidad o bajo impacto emocional. Los tonos intermedios señalan respuestas mixtas o percepciones ambivalentes. Los tonos más saturados o intensos destacan las variables donde se registró mayor impacto emocional, preferencia o conexión con el mensaje. Fuente: elaboración propia.</p>

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<p>Los datos evidencian que el manejo tanto de datos duros como sensibles permite un entendimiento más profundo y contribuye a incentivar la toma de acción o la búsqueda de posibles respuestas frente a lo presentado.</p>

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<p>En este contexto, el color funciona como un puente que ayuda a que el problema se entienda y se sienta más cercano. Al comunicar desde un nivel más intuitivo —incluso antes de las palabras— el color permite que personas con distintos conocimientos científicos se acerquen al significado de la visualización sin necesidad de entender datos técnicos complejos. Esta facilidad para percibir y comprender lo que se muestra es clave para que la comunicación sobre el cambio climático se aproxime a más personas y tenga un mayor impacto social.</p>

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<p>Asimismo, el uso del color plantea interrogantes éticos sobre la responsabilidad del diseñador o artista al representar información sensible. La elección cromática no debe ser neutral: puede intensificar la percepción de urgencia, minimizar riesgos o generar interpretaciones sesgadas. Reconocer el carácter semiótico y emocional del color implica asumir una postura crítica frente a su uso, especialmente en contextos de alta relevancia social como el cambio climático.</p>

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<h1><span lang=\"ES\">Arte y clima: entre la representación y la experiencia<o:p></o:p></span></h1>

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<p>Históricamente, la relación entre arte y naturaleza ha sido un campo fértil de exploración simbólica y estética. Sin embargo, en el arte contemporáneo, esta relación se reconfigura desde una perspectiva crítica que reconoce la intervención humana sobre los ecosistemas y las consecuencias del modelo de desarrollo industrial. Se presentan entonces corrientes o practicas artísticas contemporáneas como el ecoarte, el arte ambiental y el <em>climate change art</em> <span>que más allá de representar paisajes naturales, problematizan los vínculos entre la sociedad, la tecnología y el medio ambiente.</span></p>

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<p>A diferencia de la ilustración científica o de la cartografía tradicional, muchas obras de arte climático operan desde la experiencia sensorial directa. Desde esta perspectiva se busca generar una pequeña vivencia de la problemática a tratar, como puede ser el impacto del cambio climático,  para lograr una conexión que permita visualizarla desde los sentimientos.</p>

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<p>En este caso, vale la pena resaltar como ejemplo paradigmático la obra <em>Ice Watch</em><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref1\"><span>[2]</span></a> (2014–2018) de Olafur Eliasson, en colaboración con el geólogo Minik Rosing. En esta intervención, grandes bloques de hielo desprendidos de glaciares de Groenlandia son instalados en espacios urbanos como Londres o París. El espectador puede tocar el hielo, observar su textura, ver su color blanquecino tornarse translúcido y presenciar su derretimiento progresivo. Aunque la obra se basa en datos científicos sobre el deshielo polar, estos no se presentan de forma explícita. Son el color del hielo, su transformación visual y su desaparición gradual los que comunica la urgencia del problema. El blanco, tradicionalmente asociado a pureza o estabilidad, se vuelve frágil, efímero y amenazado.  </p>

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<p>Otro ejemplo que articula de manera precisa arte, tecnología y naturaleza desde un enfoque contemporáneo, se manifiesta en el trabajo de Biersteker (2021), cuyas obras fundamentan el uso de datos científicos para evidenciar, de forma sensible y situada, los efectos de la actividad humana sobre los ecosistemas. En proyectos como <em>WITHER x UNESCO – A Slice of Rainforest Disappearing at The Amazon Deforestation Rate</em><a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref2\"><span>[3]</span></a>, Biersteker traduce información científica sobre la deforestación amazónica en una experiencia visual y material que permite observar, en tiempo real, la desaparición progresiva de los bosques húmedos.</p>

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<p>La obra se basa en datos oficiales sobre las tasas de deforestación, que determinan el ritmo de transformación del material expuesto. Este proceso no se representa de manera simbólica ni ilustrativa, sino que se materializa a través de un sistema tecnológico que controla las condiciones de la pieza, lo que evidencia el deterioro del objeto a medida que los datos avanzan. En este contexto, la tecnología actúa como un mediador entre la información científica y la experiencia perceptiva del espectador, haciendo visible un proceso ambiental que, aunque constante, suele permanecer fuera del campo de percepción cotidiana.</p>

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<p>El uso de las características propias del color resulta esencial en esta propuesta. A medida que el material se degrada, se observa una transición cromática que va de lo opaco a lo translúcido. De esta forma se puede ver la pérdida progresiva de densidad, humedad y vitalidad del ecosistema representado. Además de cumplir con una función estética, esta transformación cromática actúa como un indicador sensible del impacto ambiental, al facilitar una lectura inmediata del proceso de deterioro sin necesidad de recurrir a gráficos o cifras explícitas.</p>

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<p>Desde estas aproximaciones se refuerza la idea de que el color, en el arte ambiental contemporáneo, opera como un lenguaje semiótico capaz de traducir la complejidad de los datos científicos en experiencias perceptivas significativas. En las visualizaciones donde se une tecnología, arte y ambiente, el color no actúa como un recurso ornamental, sino como un mediador que hace visible el impacto humano sobre la naturaleza, y se articula información, emoción y memoria cultural.</p>

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<p>Esta capacidad de transitar entre lo cuantitativo y lo cualitativo permite la visualización de fenómenos como el cambio climático o los efectos devastadores del hombre sobre la naturaleza. Al ser percibidos de forma directa, dejan de ser lejanos o abstractos, pues se manifiestan de forma tangible y comprensible para el espectador a través del arte. En este sentido, el color se configura como un traductor emocional del dato que no reemplaza la información científica, sino que la resignifica desde una dimensión sensible. Aporta a una comprensión más profunda de la crisis ambiental y a la construcción de una conciencia crítica frente a sus consecuencias.</p>

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<h1><span lang=\"ES\">Arte de datos y visualización climática<o:p></o:p></span></h1>

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<p>En las últimas décadas, el cruce entre arte, tecnología y datos ha dado lugar a prácticas híbridas que combinan análisis científico y expresión artística. El denominado arte de datos (<em>data art</em>) utiliza grandes volúmenes de información como materia prima para crear piezas visuales, sonoras o interactivas que reinterpretan los datos desde una perspectiva crítica y estética. En el contexto climático, estas prácticas permiten abordar el problema desde nuevas narrativas visuales que superan la rigidez de los gráficos tradicionales. En lugar de tablas o diagramas, los datos se materializan en formas orgánicas, paisajes visuales o instalaciones inmersivas, donde el color cumple un papel estructural.</p>

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<p>En esta línea se inscribe la propuesta generada por la empresa ARTDATA <em>Emotional Mapping of Climate Change: Humanizing Data through Color and AI</em>, que articula arte de datos, visualización climática e inteligencia artificial, con el objetivo de traducir información científica y social en experiencias y percepciones de carácter sensible. El proyecto se basa en el análisis de datos cualitativos relacionados con emociones y apreciaciones sociales frente al cambio climático, recolectados a partir de discursos en redes sociales, encuestas, informes institucionales y estudios académicos. Estos datos son procesados mediante metodologías de <em>sentiment analysis</em> y procesamiento del lenguaje natural para ser posteriormente traducidos, a través del color, en manchas cromáticas que conforman una cartografía global de sensaciones.</p>

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<p>Este proceso permite el tránsito del dato complejo al dato visual y de lo análogo a lo digital. Facilita una lectura perceptiva y emocional del fenómeno climático. En el caso de la figura 1 ―mencionada anteriormente―, la imagen se obtuvo a partir de un proceso de creación desde lo análogo a lo digital. Como se observa en la figura 2A, la construcción análoga se realiza por medio de notas y la generación de patrones que responden a cada uno de los sentimientos que se buscan visualizar.  Posteriormente, se traducen en manchas distribuidas en el espacio cuya ubicación, espacio y tamaño están determinados por datos científicos que relacionan porcentaje y ubicación por lugar. Dichas manchas se estructuran a partir de líneas características que luego se combinan en capas para integrar los distintos sentimientos representados. El resultado final es un mapa que es digitalizado para mostrar la percepción de los efectos del cambio climático a lo largo del tiempo (figura 2B).</p>

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<p style=\"text-align: center;\"><strong>Figuras 2A-B. </strong><em>Emotional Mapping of Climate Change</em>: proceso análogo (2A) e imagen final digital (2B) para cartografía cromática global de percepciones y emociones asociadas al cambio climático. <strong>Fuente: </strong>Imagen tomada del proyecto <em>Emotional Mapping of Climate Change: Humanizing Data through Color and AI</em>, proyecto de investigación-creación no publicado (Hernández y Córdoba, 2025).</p>

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<p>En este caso, las emociones —como ansiedad, miedo, tristeza, ira, ecoansiedad o sensación de impotencia— se transforman en métricas cuantificables que permiten su posterior traducción visual. A diferencia de las visualizaciones convencionales, la propuesta prioriza el uso del color como lenguaje central para construir cartografías emocionales dinámicas, en las que las variaciones cromáticas, las formas y los efectos visuales encarnan el impacto y la percepción del cambio climático en distintos territorios. De este modo, el color no solo representa información, sino que carga con el peso emocional de las comunidades afectadas, al convertir los datos climáticos en narrativas visuales inmersivas que buscan facilitar la comprensión, generar empatía y activar una reflexión crítica frente a la crisis ambiental.</p>

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<p>El enfoque del color como elemento sémico para mostrar cambios de temperatura o percepción ha sido retomado y ampliado por numerosos artistas que integran sensores, algoritmos y visualización generativa para construir narrativas climáticas dinámicas. En estas propuestas, el color evoluciona en el tiempo, pues trasciende de representar un dato concreto y estático, a responder a datos en tiempo real o a simulaciones de futuros posibles. El resultado es una experiencia visual que enfatiza la dimensión temporal del cambio climático, se hace visible su carácter procesual y acumulativo.</p>

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<p>Esta visualización permite transformar datos abstractos en una experiencia perceptible que desplaza el concepto de representación informativa hacia una comprensión situada y vivencial del fenómeno. Al mostrar el paso del tiempo, la obra interpela al conocimiento y a la experiencia sensible donde se conectan habilidades como la percepción, la interpretación y la afectividad. Las visualizaciones participan activamente en la disputa por el sentido del dato y en la configuración de regímenes de verdad en contextos contemporáneos (Becerra <em>et al</em>., 2026).</p>

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<p>Uno de los aportes más relevantes del arte climático contemporáneo es la incorporación explícita de la dimensión emocional en la comunicación ambiental. Mientras que la ciencia tiende a operar desde la objetividad y la neutralidad, el arte reconoce que las emociones juegan un papel central en la percepción del riesgo y en la toma de decisiones. Aunque los datos aportan información precisa en términos de porcentajes y magnitudes, no logran traducir en su totalidad la experiencia vivida del fenómeno. La ansiedad climática, el miedo, la culpa o la sensación de impotencia constituyen experiencias compartidas que rara vez aparecen representadas en informes técnicos, pero que resultan fundamentales para comprender cómo las personas viven el cambio climático en su cotidianidad. En este sentido, el arte permite hacer visible este plano subjetivo, a través de colores, formas y atmósferas visuales, ampliando la capacidad de sensibilización y comprensión del fenómeno ambiental (Sommer y Klöckner, 2021).</p>

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<p>En este sentido, los elementos artísticos como la textura, la línea o el color se convierten en un vehículo de empatía. Por ejemplo, el uso de las características propias del color —tono, saturación y luminosidad (o valor)— permiten generar cromáticas saturadas, contrastes abruptos o tonalidades apagadas que informan y transmiten estados anímicos colectivos. Al experimentar estas visualizaciones, las personas, además de los datos externos, reconocen emociones propias y ajenas, en una experiencia compartida sobre la crisis climática.</p>

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<p>Desde esta perspectiva, el color se consolida como un elemento relacional, capaz de articular percepción, emoción y sentido, al operar de manera intertextual, activa y transversal dentro de las imágenes (Hernández, 2024). Su uso estratégico dentro de las visualizaciones climáticas activa procesos de identificación y reconocimiento que trascienden la lectura descriptiva e informativa, situando al espectador dentro de una experiencia de comunicación más amplia donde los datos adquieren una dimensión social y afectiva. En este sentido, el color estructura la narrativa visual, y actúa como un mediador simbólico que conecta la experiencia estética con problemáticas éticas y sociales.</p>

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<p>Además, esta activación perceptiva y afectiva sitúa al color como un operador de sentido y vehículo emocional donde se refuerza su rol como puente entre datos, cultura y sociedad tal y como lo evidencian Hernández y Oliveros (2023). Lejos de reducir la complejidad del fenómeno, la visualización de datos vinculada al cambio climático a través del color permite integrar dicha complejidad en una narrativa visual que refleja la multiplicidad de experiencias humanas frente al cambio climático. En este marco, la articulación entre arte y ciencia posibilita formas de comunicación más sensibles y comprensivas, capaces de traducir datos científicos en experiencias visuales que favorecen la empatía y la comprensión pública del cambio climático (Lustig <em>et al</em>., 2025).</p>

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<hr />

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<h1><span lang=\"ES\">Conclusiones: el color como puente entre datos, arte y sociedad<o:p></o:p></span></h1>

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<p>Cuando el cambio climático se comunica únicamente a través de cifras y reportes técnicos, suele percibirse como un problema lejano y difícil de asimilar. Frente a esto, el color permite traducir los datos en experiencias perceptibles, al visibilizar dimensiones cualitativas que normalmente permanecen abstractas. Más que un recurso visual atractivo, el color actúa como un lenguaje que facilita comprender qué representan realmente los datos y cómo se relacionan con la vida cotidiana. Las experiencias revisadas muestran que una lectura completa del dato no depende solo de la razón, sino también de la percepción, ya que emociones, contextos y territorios influyen en la forma en que la información es interpretada. Desde esta perspectiva, es posible humanizar los datos al tomarlos como un sistema complejo que puede ser simplificado para el espectador desde los propios elementos artísticos. De esta forma, y sin perder información, pueden volverse comprensibles, cuestionables y útiles para pensar críticamente y actuar frente a los cambios que afectan a la naturaleza.</p>

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<p>Desde esta mirada, el arte ofrece una gran variedad de posibilidades para poder mostrar y comunicar temas complejos que atañen a problemas sociales. Se abre una ventana desde la interdisciplinariedad a nuevas posibilidades y se genera un puente de comunicación distinto, más holístico y cohesionado. La visualización cromática contribuye a tomar decisiones y emprender acciones de manera más informada, al relacionar los datos con sus consecuencias sensibles. Se favorece a una lectura crítica frente a la gran cantidad de seudodatos y representaciones manipuladas que circulan con facilidad especialmente en entornos digitales, ya que la percepción es uno de los elementos clave al leer las imágenes, textos o datos. Por lo tanto, la incorporación de la dimensión sensible en la lectura de datos y la toma de decisiones alrededor de los mismos, así como el trabajo con los datos desde la percepción y el contexto, permite identificar con mayor claridad cuando una visualización está basada en información sólida y datos concretos y cuando, por el contrario, simplifica, exagera o distorsiona la realidad.</p>

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<p>El uso consciente del color y de estrategias sensibles exige que los datos mantengan coherencia  con la experiencia situada que representan. Este enfoque permite distinguir entre imágenes visualmente impactantes pero carentes de sustento, y aquellas narrativas visuales que además de apelar a la emoción, se apoyan en una base informativa sólida. De este modo, al integrar datos cualitativos y cuantitativos, la visualización cumple una función informativa y también fomenta una lectura critica orientada a cuestionar, comparar y discernir entre información fundamentada y construcciones visuales que no reflejan de manera fiel la complejidad de los fenómenos que intentan representar.</p>

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<h1><span lang=\"ES\">Referencias bibliográficas<o:p></o:p></span></h1>

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<p>Proponemos estas fuentes para que las personas interesadas en el tema puedan profundizar sus conocimientos frente a la relación entre el arte, la ciencia y las maneras en las que se comunica el cambio climático.</p>

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<h2><span lang=\"ES\">Listado de referencias<o:p></o:p></span></h2>

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<p>Bentz, J. (2020). Learning About Climate Change In, With and Through Art. <em>Climatic Change, 16</em>2(3), 1595–1612. <a href=\"https://doi.org/10.1007/s10584-020-02804-4\">https://doi.org/10.1007/s10584-020-02804-4</a></p>

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<p>Biersteker, T. (2021). <em>WITHER – A Slice of Rainforest Disappearing at the Amazon Deforestation Rate</em> [Obra digital]. <a href=\"https://thijsbiersteker.com/wither-2021?utm_source=chatgpt.com\">https://thijsbiersteker.com/wither-2021</a></p>

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<p>Becerra, J., Hernández, J. y Rodriguez, J. (2026). Data Wars. The Struggle Between Factual Data and Pseudodata in Western Society. <em>International Review of Sociology</em>. Publicación anticipada. <a href=\"https://doi.org/10.1080/03906701.2025.2608791\">https://doi.org/10.1080/03906701.2025.2608791</a>.</p>

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<p>Hernández, J. y Córdoba, C. (2025). <em>Emotional Mapping of Climate Change: Humanizing Data through Color and AI </em>[Proyecto de investigación-creación no publicado]. ARTDATA.</p>

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<p>Hernández, J.D. (2024). <em>El color intertextual, activo y transversal en la ilustración de cuentos clásicos: una mirada artístico-práctica a Blancanieves y Alicia en el País de las Maravillas a lo largo de los siglos XIX y XX</em>. [Tesis doctoral, Universitat Politècnica de València]. <a href=\"https://doi.org/10.4995/Thesis/10251/213916\">https://doi.org/10.4995/Thesis/10251/213916</a></p>

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<p>Hernandez, J. y Oliveros Aya, C. (2023). El color en los cuentos de hadas y los derechos humanos: la transversalidad del color detrás de la narrativa de Alicia y Blancanieves. <em>Novum Jus</em>, <em>17</em>(2), 301–328.  <a href=\"https://novumjus.ucatolica.edu.co/article/view/5219\">https://novumjus.ucatolica.edu.co/article/view/5219</a></p>

\n

<p>Lustig, A. R., Crimmins, A. R., Snyder, M. O., Tanner, L. y van Coller, I. (2025). Bringing Art and Science Together to Address Climate Change.<em> Climatic Change, 178</em>(3), 47. <a href=\"https://doi.org/10.1007/s10584-025-03861-3\">https://doi.org/10.1007/s10584-025-03861-3</a></p>

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<p>Sommer, K. y Klöckner, C. A. (2021). Does Activist Art have the Capacity to Raise Awareness in Audiences? —A study on Climate Change Art at the ArtCOP21 Event in Paris. <em>Psychology of Aesthetics, Creativity, and the Arts</em>, <em>15</em>(1), 60–75. <a href=\"https://doi.org/10.1037/aca0000247\">https://doi.org/10.1037/aca0000247</a></p>

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<h2><span lang=\"ES\">Fuentes sugeridas para consulta<o:p></o:p></span></h2>

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<p>Hernández, J. (2023). El color como elemento sémico y narrativo de características políticas y socioculturales en la ilustración de cuentos clásicos. <em>Cultura Latinoamericana</em>, <em>1</em>(37), 194–207. <a href=\"https://editorial.ucatolica.edu.co/index.php/RevClat/article/view/5441\">https://editorial.ucatolica.edu.co/index.php/RevClat/article/view/5441</a></p>

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<p>Hernández, J. (2023). <em>Características graficas del color en la elaboración de propuestas creativas</em> [documento de trabajo]. Grupo de investigación Imagen, Diseño y Sociedad, Comunidad de Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad Santo Tomás.  <a href=\"http://hdl.handle.net/11634/50955\">http://hdl.handle.net/11634/50955</a></p>

\n

<p>Kress, G. y van Leeuwen, T.. (2002). Colour as a Semiotic Mode: Notes for a Grammar of Colour.<em> Visual Communication</em>, <em>1</em>(3), 343–368. <a href=\"https://doi.org/10.1177/147035720200100306\">https://doi.org/10.1177/147035720200100306</a></p>

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<p>Kennedy, H., Hill, R. L., Allen, W. y Kirk, A. (2016). Engaging with (Big) Data Visualizations: Factors that Affect Engagement and Resulting New Definitions of Effectiveness. <em>First Monday</em>, <em>21</em>(11). <a href=\"https://doi.org/10.5210/fm.v21i11.6389\">https://doi.org/10.5210/fm.v21i11.6389</a></p>

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<p>Lupi, G. (2017). <em>Data Humanism: My Manifesto for a New Data World</em>. <a href=\"http://giorgialupi.com/data-humanism-my-manifesto-for-a-new-data-wold\">http://giorgialupi.com/data-humanism-my-manifesto-for-a-new-data-wold</a></p>

\n

<p>Luna Pereira, H. O., Rueda Vera, G. y Avendaño Castro, W. R. (2021). Jóvenes universitarios frente al cambio climático: percepciones, representaciones y acciones<em>. Boletín REDIPE, 10</em>(9), 199–222. <a href=\"https://revista.redipe.org/index.php/1/article/view/1437\">https://revista.redipe.org/index.php/1/article/view/1437</a></p>

\n

<p>Guerrero del Cueto, M. (2023). El papel del diseño en la percepción de visualizaciones de datos: Fundamentos teóricos y conceptuales. <em>I+Diseño. Revista Científico-Académica Internacional De Innovación, Investigación Y Desarrollo En Diseño</em>, <em>18</em>, 23–36. <a href=\"https://doi.org/10.24310/idiseo.18.2023.17867\">https://doi.org/10.24310/idiseo.18.2023.17867</a></p>

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<p>Muñoz-Pico, H. P. y León, B. (2024). El sesgo de atención a las imágenes del cambio climático y su incidencia en el compromiso ciudadano<em>. Palabra Clave, 27</em>(4), e2745. <a href=\"https://doi.org/10.5294/pacla.2024.27.4.5\">https://doi.org/10.5294/pacla.2024.27.4.5</a></p>

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<p>Rea, N. (2018, 11 de diciembre). Olafur Eliasson’s Ice Watch London: The World’s Most Dramatic Climate-Change Installation. <em>Artnet News</em>. <a href=\"https://news.artnet.com/art-world/olafur-eliasson-ice-watch-london-1416811\">https://news.artnet.com/art-world/olafur-eliasson-ice-watch-london-1416811</a></p>

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<h2><span lang=\"ES\">Notas al pie<o:p></o:p></span></h2>

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<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]</a> Es importante aclarar que el color se establece primero desde un plano sensorial: se genera desde los estímulos visuales mediante la recepción de la luz, lo que  provoca distintas sensaciones (tensión, calidez, entre otras), que son interpretadas culturalmente y relacionadas con experiencias personales, contextos socio-culturales o simbólicos, y se conectan con sentimientos como tranquilidad, incertidumbre, alerta o inquietud.</p>

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<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn1\">[2]</a><em>Ice Watch</em>, instalación de Olafur Eliasson en Londres. <a href=\"https://olafureliasson.net/artwork/ice-watch-2014/\">https://olafureliasson.net/artwork/ice-watch-2014/</a></p>

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<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[3]</a> La obra se puede visualizar en la página web del artista: <a href=\"https://thijsbiersteker.com/wither-2021\">https://thijsbiersteker.com/wither-2021</a></p>

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<h1><span lang=\"ES\">Sobre este artículo de Diálogos<o:p></o:p></span></h1>

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<p>Manuscrito preparado para <em>Diálogos</em>, en el marco de la propuesta de coproducción audiovisual “<strong>Emociones y sensaciones frente al cambio climático: una mirada desde las artes y las nuevas tecnologías</strong>”, desarrollada por <a href=\"https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/index\"><em>Naturaleza y Sociedad. Desafíos Medioambientales</em></a> y <a href=\"https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/antipoda\"><em>Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología</em></a>. Este proyecto contó con apoyo financiero de la convocatoria “Nuevos formatos de comunicación científica” de Revistas Uniandes y la Vicerrectoría de Investigación y Creación de la Universidad de los Andes (Colombia).</p>

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<h2><span lang=\"ES\">Declaración de uso de inteligencia artificial generativa<o:p></o:p></span></h2>

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<p>La autora del artículo declara que ha empleado inteligencia artificial generativa para hacer revisión de estilo en el texto, así como para la generación de la figura 1. Para la redacción, se utilizó ChatGPT 5.2. y el <em>prompt </em>aplicado fue el siguiente: <em>revisa la redacción y estilo de este texto, sin cambiar la idea o proponer una nueva. Quiero que permanezca la idea original, solo con cambios de redacción si es necesario.</em></p>

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<h2><span lang=\"ES\">Sobre la autora<o:p></o:p></span></h2>

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<p><strong>Jeice Dayanna Hernández Contreras</strong>: PhD en Arte: Investigación y Producción. Docente investigadora del programa de Diseño de la Facultad de Comunicación y Creación de la Universidad Santo Tomás de Bogotá. Líneas de investigación: Visualización y humanización de datos, análisis de la imagen y color, diseño para la transformación social. Últimas publicaciones: Becerra, J., Hernández, J. y Rodríguez, J. (2026). Data wars. The Struggle Between Factual Data and Pseudodata in Western Society. <em>International Review of Sociology</em>, 1-15. <a href=\"https://doi.org/10.1080/03906701.2025.2608791\">https://doi.org/10.1080/03906701.2025.2608791</a>;  Hernandez, J. y Oliveros Aya, C. (2023). El color en los cuentos de hadas y los derechos humanos: la transversalidad del color detrás de la narrativa de Alicia y Blancanieves. <em>Novum Jus</em>, <em>17</em>(2), 301–328. <a href=\"https://doi.org/10.14718/NovumJus.2023.17.2.12\">https://doi.org/10.14718/NovumJus.2023.17.2.12</a>.   <a href=\"mailto:jeiceh@gmail.com\">jeiceh@gmail.com</a> - <a href=\"mailto:jeicehernandez@usta.edu.co\">jeicehernandez@usta.edu.co</a> ORCID: <a href=\"https://orcid.org/0000-0002-1486-1333\">https://orcid.org/0000-0002-1486-1333</a></p>

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<blockquote>\n

<p><span>Cuando el cambio climático se comunica únicamente a través de cifras y reportes técnicos, suele percibirse como un problema lejano y difícil de asimilar. Frente a esto, el color permite traducir los datos en experiencias perceptibles, al visibilizar dimensiones cualitativas que normalmente permanecen abstractas. Más que un recurso visual atractivo, el color actúa como un lenguaje que facilita comprender qué representan realmente los datos y cómo se relacionan con la vida cotidiana. </span></p>

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		<title>Cultivos de vainilla tradicional para la restauración del paisaje totonaca veracruzano</title>
		<link>https://openscience.uniandes.edu.co/cultivos-de-vainilla-tradicional-para-la-restauracion-del-paisaje-totonaca-veracruzano/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[naturalezaysociedad@uniandes.edu.co]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 21 Jan 2026 19:54:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Diálogos - Naturaleza y Sociedad. Desafíos Medioambientales]]></category>
		<category><![CDATA[Número 14: Tema libre]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Número 14 &#8211; Tema libre Cultivos de vainilla tradicional para la restauración del paisaje totonaca veracruzano https://doi.org/10.53010/nys.dia.10 Abril Velasco Murguía, Evodia Silva Rivera, Noé Velázquez Rosas y Rodolfo Martínez Mota Investigadores del Centro de Investigaciones Tropicales de la Universidad Veracruzana (México) La vainilla es un símbolo de la identidad del pueblo totonaca veracruzano. Esta región [&#8230;]</p>
<p>The post <a href="https://openscience.uniandes.edu.co/cultivos-de-vainilla-tradicional-para-la-restauracion-del-paisaje-totonaca-veracruzano/">Cultivos de vainilla tradicional para la restauración del paisaje totonaca veracruzano</a> first appeared on <a href="https://openscience.uniandes.edu.co">Revistas Uniandes | Multimedia</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" src="https://naturalezaysociedad.blob.core.windows.net/dialogos/banner/nys_banner.jpg" alt=""></p>
<div><a href="https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/issue/view/759">Número 14 &#8211; Tema libre</a></div>
<h1>
<p><span>Cultivos de vainilla tradicional para la restauración del paisaje totonaca veracruzano</span></p>
</h1>
<div>
<p><a href="https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/article/view/12503">https://doi.org/10.53010/nys.dia.10</a></p>
</p>
</div>
<h3>Abril Velasco Murguía, Evodia Silva Rivera, Noé Velázquez Rosas y Rodolfo Martínez Mota</h3>
<div>
<p>Investigadores del Centro de Investigaciones Tropicales de la Universidad Veracruzana (México)</p>
</div>
<hr>
<div>
<h3><strong>La vainilla es un símbolo de la identidad del pueblo totonaca veracruzano. Esta región es considerada como el centro de origen de su cultivo, un elemento biocultural de México poco conocido. Los conocimientos empíricos en los que se basa su aprovechamiento se remontan a la época prehispánica. No obstante, fue a finales del siglo XVIII cuando estas prácticas se manifestaron en sistemas agroforestales conocidos por los totonacas como vainillales tradicionales. Estos conocimientos se han perdido con el paso del tiempo. Consideramos necesario revalorizar el saber local que persiste en la memoria de algunas familias productoras del sistema tradicional de cultivo de vainilla, ya que posee características que podrían contribuir a la restauración del paisaje biocultural y, por ende, a mitigar los efectos de la crisis socioambiental a escala local y regional. </strong></h3>
</div>
<div>
<h1><span lang="ES">Una aproximación al vainillal tradicional del pasado<o:p></o:p></span></h1>
</div>
<div>
<p>Entre 1930 y 1969, el cultivo de vainilla representó una de las principales actividades económicas de las familias totonacas asentadas en Papantla (Chenaut, 2010; Soto-Arenas, 2006). Para estas personas el vainillal tradicional posee un gran valor sentimental, pues les evoca recuerdos personales. Además, era un espacio de enseñanza y convivencia familiar en el que se reproducían valores como la reciprocidad, a través de la ayuda mutua, conocida como “mano vuelta”. Asimismo, se promovía el respeto y cuidado de la naturaleza mediante rituales y ofrendas a <em>Kiwikgolo</em>, el señor del monte.</p>
<p>El vainillal tradicional se compone de árboles de distintas especies, principalmente nativas, que sirven de soporte a las plantas de vainilla. Anteriormente este sistema incluía la rotación de cultivos de milpa<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a> y vainilla, favoreciendo procesos ecológicos que mantenían un paisaje heterogéneo, como la sucesión secundaria. Además, podían distinguirse selvas maduras, vegetación en distintas etapas de sucesión, pastizales y otros cultivos comerciales (Cayetano y Del Amo, 2011; Toledo <em>et al</em>., 1994, 2003). El conocimiento sobre los ciclos de estos sistemas se transmitía de generación en generación mediante la enseñanza práctica y la tradición oral.</p>
<p>En la memoria colectiva, el vainillal tradicional se establecía a través de dos rutas distintivas. Una de ellas comenzaba con la roza, tumba y quema de al menos una hectárea de selva para sembrar milpa. La milpa (<em>katukuxtu</em>) se desarrollaba durante dos o hasta cuatro años y, a mitad de este periodo, se dejaban crecer algunos árboles nativos de especies variadas. Cuando estos alcanzaban una altura aproximada de 1.5 metros y proporcionaban sombra, abandonaban la milpa y establecían el vainillal. Esta ruta se desarrollaba en el pasado.</p>
<p>En la otra ruta, se podaban árboles en un fragmento de selva o vegetación secundaria y en ellos sembraban vainilla. Lo hacían plantando dos o tres esquejes de unos 80 cm al pie de cada árbol, empleando hojarasca o ramas troceadas de los árboles como sustrato. Las plantas se heredaban de los padres o abuelos, y en pocos casos provenían de ejemplares silvestres que encontraban en la selva o en los tarrales (<em>Guadua aculeata</em>). En este sistema, las plantas de vainilla producían la mayor cantidad de flores y vainas hasta el tercer año de siembra. Esta última ruta es la que se mantiene vigente en la actualidad.</p>
<p>Algunas personas señalan que el vainillal tradicional (<em>kaxanatni</em>) del pasado, requería poco mantenimiento, y algunos recuerdan que podía permanecer en pie entre 10 y 30 años. Era importante manejar la sombra y la ventilación, así como reemplazar las plantas de vainilla que lo necesitaran. En algunos casos, tras abandonar el cultivo, dejaban largos periodos de descanso para que la vegetación se regenerara de forma natural (acahual o <em>kamagkataman</em>) o hasta que se formaran selvas (monte alto o <em>kalankakiwin</em>), como se observa en la figura 1a (Cayetano y Del Amo, 2011; Medellín, 1993, Toledo <em>et al</em>.,1994).</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> La milpa es un policultivo que se compone de variedades locales de maíz, frijol y calabaza, entre otras especies.     </p>
</div>
<hr>
<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2026/01/Figura1.jpg" alt="Ciclo para el establecimiento del vainillal tradicional"></p>
<div>
<p style="text-align: center;"><span><strong>Figura 1.</strong> Ciclo para el establecimiento del vainillal tradicional: a) en el pasado y b) actualmente. Fuente: Adaptado de Medellín-Morales (1993).</span></p>
</div>
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<p>Así, en el pasado, cada familia campesina poseía al menos un vainillal en producción, una milpa que pronto se convertiría en vainillal y un terreno con vegetación secundaria y/o selva. Este sistema les permitía obtener beneficios en diferentes periodos: a corto plazo, de los productos de la milpa; a mediano plazo, de la cosecha de vainilla y, a largo plazo, de las especies maderables. En el vainillal tradicional no se utilizaban agroquímicos ni riego, y la humedad dependía de la sombra y de las condiciones ambientales regionales. Las hierbas se cortaban con machete para evitar que plagas y enfermedades afectaran a las plantas del cultivo. Cada vainillal tenía una composición única que dependía del entorno circundante y del conocimiento de cada familia.</p>
<p>No obstante, podían distinguirse dos grandes variaciones en la estructura de los vainillales. La primera es quizá la más antigua, ya que se realizaba un manejo mínimo para mantener la vainilla adaptada a las condiciones de la selva, donde crecía sobre árboles nativos. Los árboles más altos proporcionaban sombra alta y los más bajos daban tanto sombra baja como soporte a las plantas de vainilla; a estos últimos se les denomina tutores. Se conservaba gran parte del dosel original de la selva, aunque se podaban ramas para reducir la sombra y ventilar el cultivo. La vainilla se dejaba crecer en lo alto de los árboles tutores, sus flores se polinizaban manualmente y las vainas eran cosechadas con escaleras de bambú o andamios. Algunas personas definen a este sistema como rústico, porque mantenía la conformación natural de los árboles (figura 2a). Esta estructura dio origen a otra forma de organizar los vainillales, en la que todos los árboles daban sombra y soporte a las plantas de vainilla. Se podaban las copas de los árboles para regular la cantidad de sombra y su altura. Las guías de vainilla se mantenían a una altura baja para facilitar la polinización manual y la cosecha de vainas (figura 2b).</p>
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<p style="text-align: center;"><span>En el vainillal tradicional no se utilizaban agroquímicos ni riego, y la humedad dependía de la sombra y de las condiciones ambientales regionales. Las hierbas se cortaban con machete para evitar que plagas y enfermedades afectaran a las plantas del cultivo. Cada vainillal tenía una composición única que dependía del entorno circundante y del conocimiento de cada familia.</span></p>
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<h1><span lang="ES">Beneficios ecológicos de los vainillales tradicionales <o:p></o:p></span></h1>
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<p>El sistema tradicional es eficiente en el uso del agua y en el aporte de materia orgánica al suelo. Además, perdura durante largos periodos de tiempo y optimiza el espacio y los recursos. Contribuye a regular el microclima regional junto con los fragmentos de vegetación. Al mantenerse la cobertura arbórea de la selva, también se conservan los ciclos biogeoquímicos y las múltiples interacciones ecológicas naturales (Soto-Arenas, 2006). También favorece a los animales dispersores de semillas y a los polinizadores.  </p>
<p>Velázquez-Rosas <em>et al</em>. (2025) demostraron que los vainillales tradicionales pueden tener un número similar de árboles y arbustos que los fragmentos de selva. Las plantas leñosas encontradas en los cultivos tradicionales son multiusos: hasta el 50 % se utiliza como madera, leña, alimento y para la construcción. Estos sistemas agroforestales resguardan entre cuatro y cinco veces más especies que otros sistemas productivos de vainilla, como los asociados a cítricos o a sistemas semitecnificados con un número reducido de especies de árboles tutores. Además, preservan la heterogeneidad y la conectividad del paisaje, lo que favorece la conservación de la biodiversidad local y la capacidad de regeneración del ecosistema (Soto-Arenas, 2006; Toledo <em>et al</em>., 1994, 2003). Antes era posible encontrar venados, jabalíes, martuchas (<em>Potos flavus</em>), pumas, entre otras especies asociadas a estos cultivos. En resumen, todas estas características del sistema tradicional contribuyen a mantener un paisaje productivo y resiliente (Toledo <em>et al</em>., 2003).</p>
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<h1><span lang="ES">Estado actual de los vainillales tradicionales <o:p></o:p></span></h1>
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<p>En la actualidad, son pocas las personas que tienen vainillales tradicionales (fotografía 1 y figura 2c), mediante vegetación secundaria o fragmentos de selva de menos de un cuarto de hectárea. En otros casos, debido a la avanzada edad de las personas productoras, y a los robos, se ha optado por establecer pequeños huertos de traspatio de menos de 500 m<sup>2</sup>. En ambos casos, se favorece o elimina la presencia de algunos árboles nativos y se introducen otros de importancia comercial. Dichos árboles sirven de soporte a las vainillas, que se podan para regular su altura. Esta forma de cultivo es una muestra de resistencia cultural, ya que adapta las antiguas estrategias de cultivo al contexto social y ambiental actual. Algunas personas consideran que ya no es posible encontrar vainilla silvestre en los fragmentos de selva. Por otro lado, están conscientes de varios factores que afectan los cultivos tradicionales. Por ejemplo, la frecuencia de las lluvias ha cambiado. Las altas temperaturas se han intensificado durante el período de fructificación de la vainilla; lo que ha aumentado las sequías y ha hecho necesario regar las plantas. Sin embargo, la infraestructura inadecuada y el agua clorada complican los cuidados.</p>
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<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2026/01/Vainillal-tradicional-1-scaled.jpg" alt="Vainillal tradicional actual"></p>
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<p class="Imagen" style="text-align: center;"><span lang="ES">Fotografía 1. Vainillal tradicional actual. Fuente: Noé Velázquez Rosas.<o:p></o:p></span></p>
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<h1><span lang="ES">Transformaciones del vainillal tradicional<o:p></o:p></span></h1>
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<p>Hasta fines de los años sesenta, el sistema tradicional era la única forma de producir vainilla en la región. La mayoría de las familias tenía al menos una hectárea de vainilla, por lo que gran parte del paisaje estaba cubierto por vainillales tradicionales. Sin embargo, poco a poco se han abandonado los cultivos por diversas razones, como los robos, las heladas y la caída del precio. En la actualidad, el paisaje está dominado por monocultivos de cítricos, pastizales para ganado y por la industria petrolera (Ellis y Martínez, 2010). Este cambio en el uso del suelo ha contribuido a que la selva se reduzca a pequeños fragmentos, lo que afecta la biodiversidad y altera el régimen climático.</p>
<p>Las personas que continúan cultivando el vainillal tradicional son principalmente abuelos y abuelas que resguardan este conocimiento. Las personas jóvenes han emigrado a las ciudades, lo que limita la posibilidad de aprender los valores y saberes de sus padres y abuelos para reproducir este sistema de cultivo. En conjunto, dichas circunstancias ponen en riesgo los conocimientos ecológicos tradicionales.</p>
<p>Bajo la lógica reduccionista de la producción industrializada, el vainillal tradicional ya no forma parte del sistema de rotación de cultivos y, en consecuencia, la capacidad regenerativa de la vegetación se ha reducido (Figura 1b). La mayoría de los productores emplean sistemas de cultivo intensivos, poco diversificados, y cultural y ecológicamente simplificados. Su objetivo es maximizar la producción y las ganancias. En los sistemas semitecnificados se utilizan agroquímicos con cierta frecuencia y se requieren insumos externos (figura 2d). En estos sistemas, la vainilla crece asociada a una o dos especies de árboles que le sirven de soporte y le dan sombra; principalmente naranjos (<em>Citrus sinensis</em>), cocuites (<em>Gliricidia sepium</em>), y pichocos (<em>Erythrina americana</em>). En los sistemas tecnificados (figura 2e), tutores vivos o muertos sostienen a la planta de vainilla bajo malla sombra.</p>
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<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2026/01/Figura2.jpg" alt="Estructura del vainillal"></p>
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<p class="Imagen" style="text-align: center;"><span lang="ES">Figura 2. Estructura del vainillal: a) tradicional más antiguo, b) tradicional del pasado, c) tradicional actual, d) semi-tecnificado y e) tecnificado bajo malla sombra. Fuente: adaptado de Medellín-Morales (1993).<o:p></o:p></span></p>
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<p>Por otro lado, la producción de vainilla está en continuo riesgo debido a la crisis climática. Sea cual sea el sistema de cultivo empleado, la vainilla del Totonacapan veracruzano se enfrenta a intensas sequías, al aumento de eventos climáticos extremos e impredecibles y a la proliferación de plagas y enfermedades en la región. Además, existe un problema histórico que no se ha podido resolver: el robo de la vainilla. Este hecho ha provocado el desánimo y el abandono del cultivo en una parte del sector productor. Por tanto, se requiere un esfuerzo coordinado para reforzar la normativa y promover la vigilancia desde los frentes legislativo, educativo, empresarial, social y productivo.    </p>
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<h1><span lang="ES">Los vainillales tradicionales: una alternativa para recuperar el paisaje biocultural totonaca<o:p></o:p></span></h1>
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<p>El vainillal tradicional y sus ciclos de descanso, en los que se desarrolla vegetación secundaria y selvas, ofrecen importantes beneficios ecológicos, culturales y económicos tanto a mediano como a largo plazo. Los principios de estos sistemas agroforestales podrían contribuir a la recuperación de la cobertura forestal, a la retención del agua y a la protección de la biodiversidad regional. Por ello, generar una estrategia basada en este sistema podría ser una alternativa situada en el contexto sociocultural. Además, permitiría revitalizar el conocimiento asociado al vainillal tradicional, a restaurar el paisaje biocultural del Totonacapan y a mejorar la calidad de vida de sus habitantes.</p>
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<h3><span lang="ES">Agradecimientos<o:p></o:p></span></h3>
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<p>Agradecemos a la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI) por la beca otorgada para llevar a cabo esta investigación de estancia posdoctoral y por la financiación del proyecto Ciencia de Frontera 2023 &#8211; solicitud número CF-2023-G-559, titulado: “Los agroecosistemas tradicionales como promotores de diversidad microbiana de las abejas nativas del Totonacapan”, gracias al cual se pudo realizar parte del trabajo de campo. También agradecemos a las personas productoras de vainilla tradicional del municipio de Papantla por su disposición para participar en las entrevistas y para realizar los muestreos en sus vainillales tradicionales.</p>
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<h2><span lang="ES">Referencias<o:p></o:p></span></h2>
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<p>Cayetano, L. M. y Del Amo-Rodríguez, S. (2011). Paisaje, memoria y cultura. Una trilogía para la conservación y el bienestar de las comunidades totonacas. En F. de J. Reyes Escutia y S. Barrasa García (coords.), <em>Saberes ambientales campesinos: Cultura y naturaleza en comunidades indígenas y mestizas de México</em> (pp. 97–136). Universidad Autónoma de Puebla. <a href="https://hdl.handle.net/20.500.12753/881">https://hdl.handle.net/20.500.12753/881</a> </p>
<p>Chenaut, V. (2010). Los totonacas de Veracruz: Población, cultura y sociedad. En R. Córdova (coord. del tomo 3) y E. Florescano y J. Ortiz Escamilla (coord. gral.), <em>Atlas del patrimonio natural, histórico y cultural de Veracruz: v. 3. Patrimonio cultural</em> (pp. 45–66). Gobierno del Estado de Veracruz; Comisión del Estado de Veracruz para la Conmemoración de la Independencia Nacional y la Revolución Mexicana; Universidad Veracruzana.</p>
<p>Ellis, E. A. y Martínez-Bello, M. (2010). Vegetación y uso de suelo. En G. Benítez-Badillo y C. Welsh Rodríguez (coords. del tomo 1) y E. Florescano y J. Ortiz Escamilla (coord. gral.), <em>Atlas del patrimonio natural, histórico y cultural de Veracruz: v. 1. Patrimonio natural</em> (pp. 203–226). Gobierno del Estado de Veracruz; Comisión del Estado de Veracruz para la Conmemoración de la Independencia Nacional y la Revolución Mexicana; Universidad Veracruzana.</p>
<p>Medellín-Morales, S.G. (1993). Cultivo y proceso de producción tradicional de la vainilla (Vanilla planifolia Andrews = ORCHIDACEAE) en una comunidad totonaca, Veracruz, México. <em>BIOTAM</em>, <em>5</em>(3), 25-38.</p>
<p>Soto-Arenas, M. A. (2006). La vainilla: retos y perspectivas de su cultivo. <em>Biodiversitas</em>, 66, 1-9.</p>
<p>Toledo, V. M., Ortiz-Espejel, B. y Medellín-Morales, S. (1994). Biodiversity Islands in a Sea of Pastureland: Indigenous Resource Management in the Humid Tropics of Mexico. <em>Etnoecológica</em>, <em>2</em>(3), 37-49.</p>
<p>Toledo, V. M., Ortiz-Espejel, Cortés, L., Moguel, P.  y Ordoñez, M. D. J. (2003). The Multiple Use of Tropical Forests by Indigenous Peoples in Mexico: a Case of Adaptive Management. <em>Conservation Ecology</em>, <em>7</em>(3), 9. <a href="http://www.consecol.org/vol7/iss3/art9">http://www.consecol.org/vol7/iss3/art9</a></p>
<p>Velázquez-Rosas, N., Sinaca-Colin, S., Vázquez-Domínguez, G., Velasco-Murguía, A., Silva-Rivera, E., Ruiz-Guerra, B., Friedrich, F. L., Cortés-Galindo, R., Armenta-Montero, S. y Martínez-Mota, R. (2025). Importance Of Traditional Vanilla Cultivation In The Conservation Of Plant Diversity In Tropical Forests In Northern Veracruz, Mexico. <em>Sustainability, 17</em>(6), 2598. <a href="https://doi.org/10.3390/su17062598">https://doi.org/10.3390/su17062598</a></p>
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<h2>Sobre los autores</h2>
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<p><strong>Abril Velasco Murguía.</strong> Doctora en Ciencias en Conservación y Aprovechamiento de Recursos Naturales por el CIIDIR-Oaxaca del IPN. Actualmente es investigadora posdoctoral en el CITRO-UV donde estudia el vainillal tradicional como alternativa para la restauración del paisaje biocultural totonaca en Veracruz. Contribución: Conceptualización, investigación y redacción. Últimas dos publicaciones: Velasquez-Rosas, N., Sinaca, S., Vázquez-Domínguez, G., Velasco-Murguía, A., Silva-Rivera, E., Ruíz-Guerra, B., Levi, F., Cortés, R., Armenta-Moreno, S. y Martínez-Mota, R. (2025). Importance of Traditional Vanilla Cultivation in the Conservation of Plant Diversity in Tropical Forest in Northern Veracruz, Mexico. <em>Sustainability</em>, <em>17</em>(6), 1-19. <a href="https://doi.org/10.3390/su17062598">https://doi.org/10.3390/su17062598</a>;  Trujillo-Argueta, S., del Castillo, R. y Velasco-Murguía, A. (2022). Testing the effectiveness of rbc La DNA-barcoding for species discriminatin in tropical montan cloud forest vascular plants (Oaxaca, Mexico) using BLAST, genetic distance, and tree-based methods. <em>PeerJ</em>, <em>10</em>. <a href="https://doi.org/10.7717/peerj.13771">https://doi.org/10.7717/peerj.13771</a>. <a href="mailto:abrvelasco@uv.mx">abrvelasco@uv.mx</a> ORCID: <a href="https://orcid.org/0000-0003-1485-494X">https://orcid.org/0000-0003-1485-494X</a></p>
<p><strong>Evodia Silva Rivera.</strong> Doctora en Estudios del Desarrollo por la Universidad de East Anglia en Reino Unido. Actualmente es académica del CITRO-UV y su investigación se enfoca en conservación, educación y sistemas socioecológicos con organizaciones y grupos originarios. Contribución: revisión, edición y adquisición de financiamiento. Últimas publicaciones: Velázquez, N., Zepeda, J., Silva, E., Martínez, R. y Vázquez, G. (2025). <em>La conservación de la diversidad biológica y cultural: perspectivas en diálogo</em>. Universidad Veracruzana, Dirección Editorial. DOI: <a href="mailto:10.25009/uv.2621992">10.25009/uv.2621992</a>; Ciprés-Chávez, A., Paradowska, K., Moreno-Casasola, P. y Silva-Rivera, E. (2025). El escenario socioecológico del sistema lagunar costero de Mandinga, Veracruz, México: problemas y conflictos en torno a la conservación ante el avance inmobiliario. <em>Revista Kawsaypacha: Sociedad Y Medio Ambiente</em>, <em>16</em>. <a href="https://doi.org/10.18800/kawsaypacha.202502.D014">https://doi.org/10.18800/kawsaypacha.202502.D014</a>. <a href="mailto:evsilva@uv.mx">evsilva@uv.mx</a>  ORCID: <a href="https://orcid.org/0000-0001-8371-0996">https://orcid.org/0000-0001-8371-0996</a></p>
<p><strong>Noé Velázquez Rosas.</strong> Doctor en Ciencias por el Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente es académico del CITRO-UV y su investigación se enfoca en ecofisiología vegetal y diversidad funcional de bosques tropicales, así como en el estudio de la diversidad biocultural del trópico. Contribución: Investigación, redacción, revisión, edición y adquisición de financiamiento. Últimas publicaciones: Fuentes-Romero, E., García, N., Sedov, S., López-Binnqüist, C. y Velázquez-Rosas, N. (2025). Carbon storage in mountain cloud forest communities, Jalpan de Serra, Querétaro, México. <em>Carbon Balance Manage</em>, <em>20</em>(41). <a href="https://doi.org/10.1186/s13021-025-00324-1">https://doi.org/10.1186/s13021-025-00324-1</a>; Velázquez, N., Zepeda, J., Silva, E. y Martínez, R. y Vázquez, G. (2025). <em>La conservación de la diversidad biológica y cultural: perspectivas en diálogo</em>. Universidad Veracruzana, Dirección Editorial. DOI: <a href="mailto:10.25009/uv.2621992">10.25009/uv.2621992</a>. <a href="mailto:novelazquez@uv.mx">novelazquez@uv.mx</a> ORCID: <a href="https://orcid.org/0000-0002-8420-1066">https://orcid.org/0000-0002-8420-1066</a></p>
<p><strong>Rodolfo Martínez Mota.</strong> Doctor en Antropología Biológica por la Universidad de Illinois, Estados Unidos. Actualmente es académico del CITRO-UV donde desarrolla investigaciones sobre ecología microbiana y salud de animales silvestres. Contribución: Revisión y adquisición de financiamiento. Últimas publicaciones: Velázquez, N., Zepeda, J., Silva, E., Martínez, R., Vázquez, G. (2025). <em>La conservación de la diversidad biológica y cultural: perspectivas en diálogo</em>. Universidad Veracruzana, Dirección Editorial. DOI: <a href="mailto:10.25009/uv.2621992">10.25009/uv.2621992</a>; Vázquez, G.; Silva, E., Hernández, A., Martínez, R., Velázquez, N. y Hinojosa, I. (2025). <em>Conoce a las abejas nativas de Totonacapan, Veracruz</em>. Universidad Veracruzana, Dirección Editorial. DOI: <a href="https://simehbucket.s3.amazonaws.com/miscfiles/qcyt2025-9786072621602-conoce-a-las-abejas_cm3d7h4r.pdf">10.25009/uv.2621602</a>. <a href="mailto:rodomartinez@uv.mx">rodomartinez@uv.mx</a>, ORCID: <a href="https://orcid.org/0000-0001-7881-4598">https://orcid.org/0000-0001-7881-4598</a> </p>
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<h3><span>Por otro lado, la producción de vainilla está en continuo riesgo debido a la crisis climática. Sea cual sea el sistema de cultivo empleado, la vainilla del Totonacapan veracruzano se enfrenta a intensas sequías, al aumento de eventos climáticos extremos e impredecibles y a la proliferación de plagas y enfermedades en la región. Además, existe un problema histórico que no se ha podido resolver: el robo de la vainilla. Este hecho ha provocado el desánimo y el abandono del cultivo en una parte del sector productor. Por tanto, se requiere un esfuerzo coordinado para reforzar la normativa y promover la vigilancia desde los frentes legislativo, educativo, empresarial, social y productivo.   </span></h3>
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<p><a href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/deed.es"><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2022/12/CC_BY-NC-ND_icon-88x31-1.png" alt=" CC_BY-NC-ND"></a></p>
<h6>Estos contenidos están bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional</h6>
<p><span id="more-3652"></span><br />
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<p><span>Cultivos de vainilla tradicional para la restauración del paisaje totonaca veracruzano</span></p>

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<p><a href=\"https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/article/view/12503\">https://doi.org/10.53010/nys.dia.10</a></p>

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<p>Investigadores del Centro de Investigaciones Tropicales de la Universidad Veracruzana (México)</p>

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<h3><strong>La vainilla es un símbolo de la identidad del pueblo totonaca veracruzano. Esta región es considerada como el centro de origen de su cultivo, un elemento biocultural de México poco conocido. Los conocimientos empíricos en los que se basa su aprovechamiento se remontan a la época prehispánica. No obstante, fue a finales del siglo XVIII cuando estas prácticas se manifestaron en sistemas agroforestales conocidos por los totonacas como vainillales tradicionales. Estos conocimientos se han perdido con el paso del tiempo. Consideramos necesario revalorizar el saber local que persiste en la memoria de algunas familias productoras del sistema tradicional de cultivo de vainilla, ya que posee características que podrían contribuir a la restauración del paisaje biocultural y, por ende, a mitigar los efectos de la crisis socioambiental a escala local y regional. </strong></h3>

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<h1><span lang=\"ES\">Una aproximación al vainillal tradicional del pasado<o:p></o:p></span></h1>

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<p>Entre 1930 y 1969, el cultivo de vainilla representó una de las principales actividades económicas de las familias totonacas asentadas en Papantla (Chenaut, 2010; Soto-Arenas, 2006). Para estas personas el vainillal tradicional posee un gran valor sentimental, pues les evoca recuerdos personales. Además, era un espacio de enseñanza y convivencia familiar en el que se reproducían valores como la reciprocidad, a través de la ayuda mutua, conocida como “mano vuelta”. Asimismo, se promovía el respeto y cuidado de la naturaleza mediante rituales y ofrendas a <em>Kiwikgolo</em>, el señor del monte.</p>

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<p>El vainillal tradicional se compone de árboles de distintas especies, principalmente nativas, que sirven de soporte a las plantas de vainilla. Anteriormente este sistema incluía la rotación de cultivos de milpa<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]</a> y vainilla, favoreciendo procesos ecológicos que mantenían un paisaje heterogéneo, como la sucesión secundaria. Además, podían distinguirse selvas maduras, vegetación en distintas etapas de sucesión, pastizales y otros cultivos comerciales (Cayetano y Del Amo, 2011; Toledo <em>et al</em>., 1994, 2003). El conocimiento sobre los ciclos de estos sistemas se transmitía de generación en generación mediante la enseñanza práctica y la tradición oral.</p>

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<p>En la memoria colectiva, el vainillal tradicional se establecía a través de dos rutas distintivas. Una de ellas comenzaba con la roza, tumba y quema de al menos una hectárea de selva para sembrar milpa. La milpa (<em>katukuxtu</em>) se desarrollaba durante dos o hasta cuatro años y, a mitad de este periodo, se dejaban crecer algunos árboles nativos de especies variadas. Cuando estos alcanzaban una altura aproximada de 1.5 metros y proporcionaban sombra, abandonaban la milpa y establecían el vainillal. Esta ruta se desarrollaba en el pasado.</p>

\n

<p>En la otra ruta, se podaban árboles en un fragmento de selva o vegetación secundaria y en ellos sembraban vainilla. Lo hacían plantando dos o tres esquejes de unos 80 cm al pie de cada árbol, empleando hojarasca o ramas troceadas de los árboles como sustrato. Las plantas se heredaban de los padres o abuelos, y en pocos casos provenían de ejemplares silvestres que encontraban en la selva o en los tarrales (<em>Guadua aculeata</em>). En este sistema, las plantas de vainilla producían la mayor cantidad de flores y vainas hasta el tercer año de siembra. Esta última ruta es la que se mantiene vigente en la actualidad.</p>

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<p>Algunas personas señalan que el vainillal tradicional (<em>kaxanatni</em>) del pasado, requería poco mantenimiento, y algunos recuerdan que podía permanecer en pie entre 10 y 30 años. Era importante manejar la sombra y la ventilación, así como reemplazar las plantas de vainilla que lo necesitaran. En algunos casos, tras abandonar el cultivo, dejaban largos periodos de descanso para que la vegetación se regenerara de forma natural (acahual o <em>kamagkataman</em>) o hasta que se formaran selvas (monte alto o <em>kalankakiwin</em>), como se observa en la figura 1a (Cayetano y Del Amo, 2011; Medellín, 1993, Toledo <em>et al</em>.,1994).</p>

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<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]</a> La milpa es un policultivo que se compone de variedades locales de maíz, frijol y calabaza, entre otras especies.     </p>

","dropcap":true,"margin_bottom":"default","margin_top":"default","text_color":"emphasis"}},{"type":"divider","props":{"divider_element":"hr"}},{"type":"image","props":{"image":"wp-content/uploads/2026/01/Figura1.jpg","image_alt":"Ciclo para el establecimiento del vainillal tradicional","image_svg_color":"emphasis","margin_bottom":"default","margin_top":"default"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p style=\"text-align: center;\"><span><strong>Figura 1.</strong> Ciclo para el establecimiento del vainillal tradicional: a) en el pasado y b) actualmente. Fuente: Adaptado de Medellín-Morales (1993).</span></p>

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<p>Así, en el pasado, cada familia campesina poseía al menos un vainillal en producción, una milpa que pronto se convertiría en vainillal y un terreno con vegetación secundaria y/o selva. Este sistema les permitía obtener beneficios en diferentes periodos: a corto plazo, de los productos de la milpa; a mediano plazo, de la cosecha de vainilla y, a largo plazo, de las especies maderables. En el vainillal tradicional no se utilizaban agroquímicos ni riego, y la humedad dependía de la sombra y de las condiciones ambientales regionales. Las hierbas se cortaban con machete para evitar que plagas y enfermedades afectaran a las plantas del cultivo. Cada vainillal tenía una composición única que dependía del entorno circundante y del conocimiento de cada familia.</p>

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<p>No obstante, podían distinguirse dos grandes variaciones en la estructura de los vainillales. La primera es quizá la más antigua, ya que se realizaba un manejo mínimo para mantener la vainilla adaptada a las condiciones de la selva, donde crecía sobre árboles nativos. Los árboles más altos proporcionaban sombra alta y los más bajos daban tanto sombra baja como soporte a las plantas de vainilla; a estos últimos se les denomina tutores. Se conservaba gran parte del dosel original de la selva, aunque se podaban ramas para reducir la sombra y ventilar el cultivo. La vainilla se dejaba crecer en lo alto de los árboles tutores, sus flores se polinizaban manualmente y las vainas eran cosechadas con escaleras de bambú o andamios. Algunas personas definen a este sistema como rústico, porque mantenía la conformación natural de los árboles (figura 2a). Esta estructura dio origen a otra forma de organizar los vainillales, en la que todos los árboles daban sombra y soporte a las plantas de vainilla. Se podaban las copas de los árboles para regular la cantidad de sombra y su altura. Las guías de vainilla se mantenían a una altura baja para facilitar la polinización manual y la cosecha de vainas (figura 2b).</p>

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<p style=\"text-align: center;\"><span>En el vainillal tradicional no se utilizaban agroquímicos ni riego, y la humedad dependía de la sombra y de las condiciones ambientales regionales. Las hierbas se cortaban con machete para evitar que plagas y enfermedades afectaran a las plantas del cultivo. Cada vainillal tenía una composición única que dependía del entorno circundante y del conocimiento de cada familia.</span></p>

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<h1><span lang=\"ES\">Beneficios ecológicos de los vainillales tradicionales <o:p></o:p></span></h1>

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<p>El sistema tradicional es eficiente en el uso del agua y en el aporte de materia orgánica al suelo. Además, perdura durante largos periodos de tiempo y optimiza el espacio y los recursos. Contribuye a regular el microclima regional junto con los fragmentos de vegetación. Al mantenerse la cobertura arbórea de la selva, también se conservan los ciclos biogeoquímicos y las múltiples interacciones ecológicas naturales (Soto-Arenas, 2006). También favorece a los animales dispersores de semillas y a los polinizadores.  </p>

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<p>Velázquez-Rosas <em>et al</em>. (2025) demostraron que los vainillales tradicionales pueden tener un número similar de árboles y arbustos que los fragmentos de selva. Las plantas leñosas encontradas en los cultivos tradicionales son multiusos: hasta el 50 % se utiliza como madera, leña, alimento y para la construcción. Estos sistemas agroforestales resguardan entre cuatro y cinco veces más especies que otros sistemas productivos de vainilla, como los asociados a cítricos o a sistemas semitecnificados con un número reducido de especies de árboles tutores. Además, preservan la heterogeneidad y la conectividad del paisaje, lo que favorece la conservación de la biodiversidad local y la capacidad de regeneración del ecosistema (Soto-Arenas, 2006; Toledo <em>et al</em>., 1994, 2003). Antes era posible encontrar venados, jabalíes, martuchas (<em>Potos flavus</em>), pumas, entre otras especies asociadas a estos cultivos. En resumen, todas estas características del sistema tradicional contribuyen a mantener un paisaje productivo y resiliente (Toledo <em>et al</em>., 2003).</p>

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<h1><span lang=\"ES\">Estado actual de los vainillales tradicionales <o:p></o:p></span></h1>

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<p>En la actualidad, son pocas las personas que tienen vainillales tradicionales (fotografía 1 y figura 2c), mediante vegetación secundaria o fragmentos de selva de menos de un cuarto de hectárea. En otros casos, debido a la avanzada edad de las personas productoras, y a los robos, se ha optado por establecer pequeños huertos de traspatio de menos de 500 m<sup>2</sup>. En ambos casos, se favorece o elimina la presencia de algunos árboles nativos y se introducen otros de importancia comercial. Dichos árboles sirven de soporte a las vainillas, que se podan para regular su altura. Esta forma de cultivo es una muestra de resistencia cultural, ya que adapta las antiguas estrategias de cultivo al contexto social y ambiental actual. Algunas personas consideran que ya no es posible encontrar vainilla silvestre en los fragmentos de selva. Por otro lado, están conscientes de varios factores que afectan los cultivos tradicionales. Por ejemplo, la frecuencia de las lluvias ha cambiado. Las altas temperaturas se han intensificado durante el período de fructificación de la vainilla; lo que ha aumentado las sequías y ha hecho necesario regar las plantas. Sin embargo, la infraestructura inadecuada y el agua clorada complican los cuidados.</p>

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<p class=\"Imagen\" style=\"text-align: center;\"><span lang=\"ES\">Fotografía 1. Vainillal tradicional actual. Fuente: Noé Velázquez Rosas.<o:p></o:p></span></p>

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<h1><span lang=\"ES\">Transformaciones del vainillal tradicional<o:p></o:p></span></h1>

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<p>Hasta fines de los años sesenta, el sistema tradicional era la única forma de producir vainilla en la región. La mayoría de las familias tenía al menos una hectárea de vainilla, por lo que gran parte del paisaje estaba cubierto por vainillales tradicionales. Sin embargo, poco a poco se han abandonado los cultivos por diversas razones, como los robos, las heladas y la caída del precio. En la actualidad, el paisaje está dominado por monocultivos de cítricos, pastizales para ganado y por la industria petrolera (Ellis y Martínez, 2010). Este cambio en el uso del suelo ha contribuido a que la selva se reduzca a pequeños fragmentos, lo que afecta la biodiversidad y altera el régimen climático.</p>

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<p>Las personas que continúan cultivando el vainillal tradicional son principalmente abuelos y abuelas que resguardan este conocimiento. Las personas jóvenes han emigrado a las ciudades, lo que limita la posibilidad de aprender los valores y saberes de sus padres y abuelos para reproducir este sistema de cultivo. En conjunto, dichas circunstancias ponen en riesgo los conocimientos ecológicos tradicionales.</p>

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<p>Bajo la lógica reduccionista de la producción industrializada, el vainillal tradicional ya no forma parte del sistema de rotación de cultivos y, en consecuencia, la capacidad regenerativa de la vegetación se ha reducido (Figura 1b). La mayoría de los productores emplean sistemas de cultivo intensivos, poco diversificados, y cultural y ecológicamente simplificados. Su objetivo es maximizar la producción y las ganancias. En los sistemas semitecnificados se utilizan agroquímicos con cierta frecuencia y se requieren insumos externos (figura 2d). En estos sistemas, la vainilla crece asociada a una o dos especies de árboles que le sirven de soporte y le dan sombra; principalmente naranjos (<em>Citrus sinensis</em>), cocuites (<em>Gliricidia sepium</em>), y pichocos (<em>Erythrina americana</em>). En los sistemas tecnificados (figura 2e), tutores vivos o muertos sostienen a la planta de vainilla bajo malla sombra.</p>

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<p class=\"Imagen\" style=\"text-align: center;\"><span lang=\"ES\">Figura 2. Estructura del vainillal: a) tradicional más antiguo, b) tradicional del pasado, c) tradicional actual, d) semi-tecnificado y e) tecnificado bajo malla sombra. Fuente: adaptado de Medellín-Morales (1993).<o:p></o:p></span></p>

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<p class=\"Imagen\">

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<p>Por otro lado, la producción de vainilla está en continuo riesgo debido a la crisis climática. Sea cual sea el sistema de cultivo empleado, la vainilla del Totonacapan veracruzano se enfrenta a intensas sequías, al aumento de eventos climáticos extremos e impredecibles y a la proliferación de plagas y enfermedades en la región. Además, existe un problema histórico que no se ha podido resolver: el robo de la vainilla. Este hecho ha provocado el desánimo y el abandono del cultivo en una parte del sector productor. Por tanto, se requiere un esfuerzo coordinado para reforzar la normativa y promover la vigilancia desde los frentes legislativo, educativo, empresarial, social y productivo.    </p>

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<p class=\"Imagen\">

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<h1><span lang=\"ES\">Los vainillales tradicionales: una alternativa para recuperar el paisaje biocultural totonaca<o:p></o:p></span></h1>

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<p>El vainillal tradicional y sus ciclos de descanso, en los que se desarrolla vegetación secundaria y selvas, ofrecen importantes beneficios ecológicos, culturales y económicos tanto a mediano como a largo plazo. Los principios de estos sistemas agroforestales podrían contribuir a la recuperación de la cobertura forestal, a la retención del agua y a la protección de la biodiversidad regional. Por ello, generar una estrategia basada en este sistema podría ser una alternativa situada en el contexto sociocultural. Además, permitiría revitalizar el conocimiento asociado al vainillal tradicional, a restaurar el paisaje biocultural del Totonacapan y a mejorar la calidad de vida de sus habitantes.</p>

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<p class=\"Imagen\">

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<h3><span lang=\"ES\">Agradecimientos<o:p></o:p></span></h3>

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<p>Agradecemos a la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI) por la beca otorgada para llevar a cabo esta investigación de estancia posdoctoral y por la financiación del proyecto Ciencia de Frontera 2023 - solicitud número CF-2023-G-559, titulado: “Los agroecosistemas tradicionales como promotores de diversidad microbiana de las abejas nativas del Totonacapan”, gracias al cual se pudo realizar parte del trabajo de campo. También agradecemos a las personas productoras de vainilla tradicional del municipio de Papantla por su disposición para participar en las entrevistas y para realizar los muestreos en sus vainillales tradicionales.</p>

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<p class=\"Imagen\">

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<h2><span lang=\"ES\">Referencias<o:p></o:p></span></h2>

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<p>Cayetano, L. M. y Del Amo-Rodríguez, S. (2011). Paisaje, memoria y cultura. Una trilogía para la conservación y el bienestar de las comunidades totonacas. En F. de J. Reyes Escutia y S. Barrasa García (coords.), <em>Saberes ambientales campesinos: Cultura y naturaleza en comunidades indígenas y mestizas de México</em> (pp. 97–136). Universidad Autónoma de Puebla. <a href=\"https://hdl.handle.net/20.500.12753/881\">https://hdl.handle.net/20.500.12753/881</a> </p>

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<p>Chenaut, V. (2010). Los totonacas de Veracruz: Población, cultura y sociedad. En R. Córdova (coord. del tomo 3) y E. Florescano y J. Ortiz Escamilla (coord. gral.), <em>Atlas del patrimonio natural, histórico y cultural de Veracruz: v. 3. Patrimonio cultural</em> (pp. 45–66). Gobierno del Estado de Veracruz; Comisión del Estado de Veracruz para la Conmemoración de la Independencia Nacional y la Revolución Mexicana; Universidad Veracruzana.</p>

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<p>Ellis, E. A. y Martínez-Bello, M. (2010). Vegetación y uso de suelo. En G. Benítez-Badillo y C. Welsh Rodríguez (coords. del tomo 1) y E. Florescano y J. Ortiz Escamilla (coord. gral.), <em>Atlas del patrimonio natural, histórico y cultural de Veracruz: v. 1. Patrimonio natural</em> (pp. 203–226). Gobierno del Estado de Veracruz; Comisión del Estado de Veracruz para la Conmemoración de la Independencia Nacional y la Revolución Mexicana; Universidad Veracruzana.</p>

\n

<p>Medellín-Morales, S.G. (1993). Cultivo y proceso de producción tradicional de la vainilla (Vanilla planifolia Andrews = ORCHIDACEAE) en una comunidad totonaca, Veracruz, México. <em>BIOTAM</em>, <em>5</em>(3), 25-38.</p>

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<p>Soto-Arenas, M. A. (2006). La vainilla: retos y perspectivas de su cultivo. <em>Biodiversitas</em>, 66, 1-9.</p>

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<p>Toledo, V. M., Ortiz-Espejel, B. y Medellín-Morales, S. (1994). Biodiversity Islands in a Sea of Pastureland: Indigenous Resource Management in the Humid Tropics of Mexico. <em>Etnoecológica</em>, <em>2</em>(3), 37-49.</p>

\n

<p>Toledo, V. M., Ortiz-Espejel, Cortés, L., Moguel, P.  y Ordoñez, M. D. J. (2003). The Multiple Use of Tropical Forests by Indigenous Peoples in Mexico: a Case of Adaptive Management. <em>Conservation Ecology</em>, <em>7</em>(3), 9. <a href=\"http://www.consecol.org/vol7/iss3/art9\">http://www.consecol.org/vol7/iss3/art9</a></p>

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<p>Velázquez-Rosas, N., Sinaca-Colin, S., Vázquez-Domínguez, G., Velasco-Murguía, A., Silva-Rivera, E., Ruiz-Guerra, B., Friedrich, F. L., Cortés-Galindo, R., Armenta-Montero, S. y Martínez-Mota, R. (2025). Importance Of Traditional Vanilla Cultivation In The Conservation Of Plant Diversity In Tropical Forests In Northern Veracruz, Mexico. <em>Sustainability, 17</em>(6), 2598. <a href=\"https://doi.org/10.3390/su17062598\">https://doi.org/10.3390/su17062598</a></p>

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<h2>Sobre los autores</h2>

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<p><strong>Abril Velasco Murguía.</strong> Doctora en Ciencias en Conservación y Aprovechamiento de Recursos Naturales por el CIIDIR-Oaxaca del IPN. Actualmente es investigadora posdoctoral en el CITRO-UV donde estudia el vainillal tradicional como alternativa para la restauración del paisaje biocultural totonaca en Veracruz. Contribución: Conceptualización, investigación y redacción. Últimas dos publicaciones: Velasquez-Rosas, N., Sinaca, S., Vázquez-Domínguez, G., Velasco-Murguía, A., Silva-Rivera, E., Ruíz-Guerra, B., Levi, F., Cortés, R., Armenta-Moreno, S. y Martínez-Mota, R. (2025). Importance of Traditional Vanilla Cultivation in the Conservation of Plant Diversity in Tropical Forest in Northern Veracruz, Mexico. <em>Sustainability</em>, <em>17</em>(6), 1-19. <a href=\"https://doi.org/10.3390/su17062598\">https://doi.org/10.3390/su17062598</a>;  Trujillo-Argueta, S., del Castillo, R. y Velasco-Murguía, A. (2022). Testing the effectiveness of rbc La DNA-barcoding for species discriminatin in tropical montan cloud forest vascular plants (Oaxaca, Mexico) using BLAST, genetic distance, and tree-based methods. <em>PeerJ</em>, <em>10</em>. <a href=\"https://doi.org/10.7717/peerj.13771\">https://doi.org/10.7717/peerj.13771</a>. <a href=\"mailto:abrvelasco@uv.mx\">abrvelasco@uv.mx</a> ORCID: <a href=\"https://orcid.org/0000-0003-1485-494X\">https://orcid.org/0000-0003-1485-494X</a></p>

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<p><strong>Evodia Silva Rivera.</strong> Doctora en Estudios del Desarrollo por la Universidad de East Anglia en Reino Unido. Actualmente es académica del CITRO-UV y su investigación se enfoca en conservación, educación y sistemas socioecológicos con organizaciones y grupos originarios. Contribución: revisión, edición y adquisición de financiamiento. Últimas publicaciones: Velázquez, N., Zepeda, J., Silva, E., Martínez, R. y Vázquez, G. (2025). <em>La conservación de la diversidad biológica y cultural: perspectivas en diálogo</em>. Universidad Veracruzana, Dirección Editorial. DOI: <a href=\"mailto:10.25009/uv.2621992\">10.25009/uv.2621992</a>; Ciprés-Chávez, A., Paradowska, K., Moreno-Casasola, P. y Silva-Rivera, E. (2025). El escenario socioecológico del sistema lagunar costero de Mandinga, Veracruz, México: problemas y conflictos en torno a la conservación ante el avance inmobiliario. <em>Revista Kawsaypacha: Sociedad Y Medio Ambiente</em>, <em>16</em>. <a href=\"https://doi.org/10.18800/kawsaypacha.202502.D014\">https://doi.org/10.18800/kawsaypacha.202502.D014</a>. <a href=\"mailto:evsilva@uv.mx\">evsilva@uv.mx</a>  ORCID: <a href=\"https://orcid.org/0000-0001-8371-0996\">https://orcid.org/0000-0001-8371-0996</a></p>

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<p><strong>Noé Velázquez Rosas.</strong> Doctor en Ciencias por el Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente es académico del CITRO-UV y su investigación se enfoca en ecofisiología vegetal y diversidad funcional de bosques tropicales, así como en el estudio de la diversidad biocultural del trópico. Contribución: Investigación, redacción, revisión, edición y adquisición de financiamiento. Últimas publicaciones: Fuentes-Romero, E., García, N., Sedov, S., López-Binnqüist, C. y Velázquez-Rosas, N. (2025). Carbon storage in mountain cloud forest communities, Jalpan de Serra, Querétaro, México. <em>Carbon Balance Manage</em>, <em>20</em>(41). <a href=\"https://doi.org/10.1186/s13021-025-00324-1\">https://doi.org/10.1186/s13021-025-00324-1</a>; Velázquez, N., Zepeda, J., Silva, E. y Martínez, R. y Vázquez, G. (2025). <em>La conservación de la diversidad biológica y cultural: perspectivas en diálogo</em>. Universidad Veracruzana, Dirección Editorial. DOI: <a href=\"mailto:10.25009/uv.2621992\">10.25009/uv.2621992</a>. <a href=\"mailto:novelazquez@uv.mx\">novelazquez@uv.mx</a> ORCID: <a href=\"https://orcid.org/0000-0002-8420-1066\">https://orcid.org/0000-0002-8420-1066</a></p>

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<p><strong>Rodolfo Martínez Mota.</strong> Doctor en Antropología Biológica por la Universidad de Illinois, Estados Unidos. Actualmente es académico del CITRO-UV donde desarrolla investigaciones sobre ecología microbiana y salud de animales silvestres. Contribución: Revisión y adquisición de financiamiento. Últimas publicaciones: Velázquez, N., Zepeda, J., Silva, E., Martínez, R., Vázquez, G. (2025). <em>La conservación de la diversidad biológica y cultural: perspectivas en diálogo</em>. Universidad Veracruzana, Dirección Editorial. DOI: <a href=\"mailto:10.25009/uv.2621992\">10.25009/uv.2621992</a>; Vázquez, G.; Silva, E., Hernández, A., Martínez, R., Velázquez, N. y Hinojosa, I. (2025). <em>Conoce a las abejas nativas de Totonacapan, Veracruz</em>. Universidad Veracruzana, Dirección Editorial. DOI: <a href=\"https://simehbucket.s3.amazonaws.com/miscfiles/qcyt2025-9786072621602-conoce-a-las-abejas_cm3d7h4r.pdf\">10.25009/uv.2621602</a>. <a href=\"mailto:rodomartinez@uv.mx\">rodomartinez@uv.mx</a>, ORCID: <a href=\"https://orcid.org/0000-0001-7881-4598\">https://orcid.org/0000-0001-7881-4598</a> </p>

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<blockquote>\n

<h3><span>Por otro lado, la producción de vainilla está en continuo riesgo debido a la crisis climática. Sea cual sea el sistema de cultivo empleado, la vainilla del Totonacapan veracruzano se enfrenta a intensas sequías, al aumento de eventos climáticos extremos e impredecibles y a la proliferación de plagas y enfermedades en la región. Además, existe un problema histórico que no se ha podido resolver: el robo de la vainilla. Este hecho ha provocado el desánimo y el abandono del cultivo en una parte del sector productor. Por tanto, se requiere un esfuerzo coordinado para reforzar la normativa y promover la vigilancia desde los frentes legislativo, educativo, empresarial, social y productivo.   </span></h3>

\n</blockquote>

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