<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Número 12: Tema libre - Revistas Uniandes | Multimedia</title>
	<atom:link href="https://openscience.uniandes.edu.co/category/dialogos/numero-12-tema-libre/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://openscience.uniandes.edu.co</link>
	<description>Espacio dirigido a audiencias diversas: académicos, comunidades, docentes, estudiantes. La tipología de contenidos es amplia: entrevista, ponencia, artículo breve de reflexión, documento de trabajo, resultados parciales de una investigación, ensayo fotográfico,  entre otros.</description>
	<lastBuildDate>Wed, 21 Jan 2026 20:03:19 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=6.9.4</generator>
	<item>
		<title>Sabores perdidos: una radiografía sobre el desperdicio de alimentos en Bogotá</title>
		<link>https://openscience.uniandes.edu.co/radiografia-sobre-el-desperdicio-de-alimentos-en-bogota/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[naturalezaysociedad@uniandes.edu.co]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 22 May 2025 16:42:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Diálogos - Naturaleza y Sociedad. Desafíos Medioambientales]]></category>
		<category><![CDATA[Número 12: Tema libre]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://openscience.uniandes.edu.co/?p=3601</guid>

					<description><![CDATA[<p>Número 12 &#8211; Tema libre Sabores perdidos: una radiografía sobre el desperdicio de alimentos en Bogotá https://doi.org/10.53010/nys.dia.08 Carlos Andrés Polanía Ramírez Estudiante de Narrativas Digitales de la Universidad de los Andes. Este reportaje lo realicé en el marco de la clase Noticia y Reportaje del Centro de Estudios en Periodismo (CEPER). Recientemente publiqué las crónicas [&#8230;]</p>
<p>The post <a href="https://openscience.uniandes.edu.co/radiografia-sobre-el-desperdicio-de-alimentos-en-bogota/">Sabores perdidos: una radiografía sobre el desperdicio de alimentos en Bogotá</a> first appeared on <a href="https://openscience.uniandes.edu.co">Revistas Uniandes | Multimedia</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" src="https://naturalezaysociedad.blob.core.windows.net/dialogos/banner/nys_banner.jpg" alt=""></p>
<div><a href="https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/article/view/10922">Número 12 &#8211; Tema libre</a></div>
<h1>
<p><span>Sabores perdidos: una radiografía sobre el desperdicio de alimentos en Bogotá</span></p>
</h1>
<div>
<p><a href="https://doi.org/10.53010/nys.dia.08">https://doi.org/10.53010/nys.dia.08</a></p>
</p>
</div>
<h3>Carlos Andrés Polanía Ramírez</h3>
<div>
<p>Estudiante de Narrativas Digitales de la Universidad de los Andes. Este reportaje lo realicé en el marco de la clase Noticia y Reportaje del Centro de Estudios en Periodismo (CEPER). Recientemente publiqué las crónicas “El Dorado” (<a href="https://badac.uniandes.edu.co/el-dorado/">https://badac.uniandes.edu.co/el-dorado/</a><span>)</span> y “Franco &#8211; tirador” (<a href="https://badac.uniandes.edu.co/franco-tirador/">https://badac.uniandes.edu.co/franco-tirador/</a>) en el blog del Banco de Archivos Digitales de Artes de Colombia (BADAC) <a href="mailto:c.polaniar@uniandes.edu.co">c.polaniar@uniandes.edu.co</a></p>
</div>
<hr>
<div>
<p><span>La falta de una estrategia que permita la coordinación entre comerciantes, autoridades y bancos de alimentos impide que las acciones para reducir el desperdicio de alimentos en la plaza de mercado de Paloquemao tengan un impacto real, a pesar de la buena voluntad de algunos vendedores.</span></p>
</div>
<div>
<p><span>“Las guayabas, los lulos y los bananos son los productos que más se desperdician, aunque intentamos regalar lo que podemos, a veces simplemente no hay a quién dárselos”, lamenta Álvaro Hernán Rincón, un vendedor de 62 años que lleva tres décadas trabajando en la plaza de Paloquemao. Toda una vida reflejada en las arrugas de su rostro y las canas de su cabello. Su camiseta descolorida y su delantal manchado reflejan el día a día de una labor en la que la pulcritud se convierte en un verdadero desafío por cuenta de la papa pastusa, la yuca y la mora.</span></p>
<p><span>En su puesto de seis metros cuadrados, iluminado por un destello tenue, ofrece a los compradores una experiencia sensorial única, no solo por los tonos de las frutas tropicales, sino también por los olores que lo rodean. Su puesto colinda con la zona de los saberes ancestrales, el pasillo de los yerbateros, donde la variedad de plantas medicinales activa el olfato de los transeúntes y le da un toque mágico a la atmósfera. La frescura de la manzanilla y la intensidad de la lavanda impregnan el ambiente, borrando el caótico olor de la urbe. </span></p>
<p><span>“Lo que no se vende, se va para los residuos”, menciona Rincón, quien enfrenta el mismo problema que algunos de sus colegas. En este, el segundo mercado más importante de Bogotá y uno de los más tradicionales del país, hasta el 20 % de los residuos orgánicos que llegan al centro de acopio cada mes son alimentos que se encuentran en buen estado, según declaraciones de Erika Cortez, coordinadora del Departamento de Gestión Ambiental de la plaza.</span></p>
<p><span>La funcionaria también menciona que en la plaza se generan mensualmente hasta 90 toneladas de residuos orgánicos. Es decir, el 20 % equivale a 18 toneladas de frutas y verduras desperdiciadas, lo que representa el peso de tres elefantes africanos machos adultos.</span></p>
<p><span>La situación se agrava al considerar la realidad de una ciudad donde la inseguridad alimentaria afecta a más de 1.1 millones de personas, lo que significa el 13 % de la población, según la <em>Evaluación de Seguridad Alimentaria 2024</em>, realizada por el Programa Mundial de Alimentos. Estos números revelan una paradoja: mientras una parte de los bogotanos enfrenta dificultades para acceder a alimentos nutritivos, una gran cantidad de productos se desperdician diariamente en lugares como la plaza de Paloquemao.</span></p>
<p><span>A pesar de la voluntad de algunos comerciantes por reducir el desperdicio, la falta de coordinación entre los diferentes actores dificulta el proceso de redistribución de alimentos. Esto provoca que los esfuerzos individuales de los vendedores no sean suficientes para generar un cambio real en la lucha contra el desperdicio alimentario. Sin un sistema colaborativo, las iniciativas aisladas carecen del impacto necesario para transformar esta problemática de manera significativa.</span></p>
</p>
</div>
<hr>
<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2025/05/Portadilla_figura1.jpg" alt="Plaza de mercado"></p>
<div>
<p style="text-align: center;"><span><strong>Figura 1.</strong> Puesto de frutas y verduras. <em>Fuente: </em>fotografía tomada por Carlos Andrés Polanía Ramírez.</span></p>
</div>
<hr>
<div>
<p><span>Al consultarle a Erika Cortez sobre las estrategias implementadas para abordar este asunto, menciona la elaboración esporádica de campañas de sensibilización al comercio. Estas acciones están enfocadas en sensibilizar a los vendedores sobre la importancia de reducir el desperdicio de alimentos y fomentar prácticas más sostenibles. Cortez, quien es especialista en ambiente y desarrollo local, reconoce que la falta de una estrategia estructurada dificulta la efectividad de estas acciones, ya que no hay un compromiso permanente que respalde su implementación a mediano y largo plazo. </span></p>
<p><span>“Las plazas de mercado y las centrales de abastos son escenarios de intercambio entre los diferentes actores del sistema agroalimentario, contribuyendo a la garantía progresiva del derecho humano a la alimentación”, afirma Yazmín Aldana Holguín, especialista de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en Colombia. Ese intercambio que menciona Aldana no se limita a la transacción monetaria entre vendedor y comprador, sino que trasciende al aprovechamiento de cada alimento en función del bienestar social, una situación que no se cumple a cabalidad en Paloquemao debido al desperdicio.</span></p>
<p><span>Un caso contrario ocurre no muy lejos de allí. “En Corabastos, donde tantos comerciantes apoyan el banco de alimentos, tenemos nuestro lema: menos comida en los contenedores, más comida para nuestros comedores”, menciona el padre Daniel Saldarriaga, director del Banco de Alimentos de Bogotá, al referirse a la alianza de esta organización sin ánimo de lucro con la plaza más grande de Colombia. Ese compromiso con la donación de alimentos refleja una cultura de solidaridad que impacta positivamente en la lucha contra el hambre.</span></p>
<p><span>Es curioso que, a pesar de su potencial, Paloquemao no haya desarrollado alianzas como las que sí ha establecido Corabastos. Pero, ¿a qué se debe esta situación? En primer lugar, las directivas de la plaza no han definido un protocolo que permita a los comerciantes realizar donaciones, lo que dificulta una posible articulación con los bancos de alimentos. En segundo lugar, existe una falta de confianza en la capacidad de los bancos de alimentos, ya que algunos comerciantes temen que las donaciones no se distribuyan adecuadamente. Y, en tercer lugar, la desinformación, ya sea por la creencia de que existen restricciones legales para donar o por desconocimiento del impacto que estas colaboraciones pueden generar.</span></p>
<p><span>Entre tanto, en mayo del año pasado se anunció la conformación de la “Bancada de la Lucha contra el Hambre”, conformada por 14 concejales de diferentes sectores políticos, quienes han venido trabajando en normativas y acciones concretas para reducir el hambre en Bogotá. Entre estas se destaca el punto establecido en el <em>Plan Distrital de Desarrollo</em> para la creación de 50 comedores comunitarios, lo que significa un aumento sustancial, teniendo en cuenta que actualmente existen 115 en la ciudad. Precisamente en esta iniciativa, las plazas de mercado jugarían un rol fundamental, ya que la mayoría de los alimentos que distribuyen estos comedores provienen de sus donaciones.</span></p>
<p><span>“Hacemos un llamado urgente a trabajar en el acceso de los alimentos de una forma segura y digna para todos, a intensificar los esfuerzos en todos los frentes, comedores comunitarios, centros de abastecimiento y plazas de mercado, para reducir el desperdicio de alimentos”, menciona David Saavedra, uno de los integrantes de esta bancada. Y es que el desperdicio es una problemática significativa, en una ciudad donde el 28,4 % de los hogares se sentían preocupados por no tener suficientes alimentos, según el estudio </span><em>Inseguridad alimentaria a partir de la escala FIES &#8211; 2023,</em> realizado por el<span> DANE.</span></p>
<p><span>Saavedra destaca que una de las principales dificultades radica en la falta de infraestructura para apoyar la lucha contra el hambre en las plazas. Es decir, la ausencia de comedores comunitarios y bodegas para almacenar los alimentos donados dentro de los mismos mercados. En ese sentido, cobran relevancia acciones como la anunciada por Francisco Javier Salcedo, gerente de Corabastos, quien informó sobre la entrega de una bodega para el programa “Tardes de Bien-Estar”, que brinda alimentos a más de 400 niños y promueve un estilo de vida saludable en la primera infancia.</span></p>
<p><span>Esta iniciativa demuestra cómo una infraestructura adecuada puede optimizar el proceso de donación y convertirse en un elemento clave en la lucha contra el hambre. Así mismo, resalta la urgencia de que otras plazas y centros de acopio, como Paloquemao, adopten estas medidas para maximizar el aprovechamiento de los recursos disponibles. Implementar este modelo podría transformar la distribución de alimentos, garantizando que lleguen a quienes más los necesitan y contribuyendo al progreso de la comunidad.</span></p>
<p>Paloquemao es una plaza con cerca de 1 240 locales comerciales que recibe cada fin de semana un promedio de 22 000 visitantes, según cifras del líder de mercadeo Fernando Murillo. Un espacio donde la abundancia contrasta con el desperdicio debido a la ausencia de estrategias coordinadas entre comerciantes, directivas y bancos de alimentos. La solución no solo requiere un cambio de mentalidad, sino también un compromiso colectivo que trascienda las barreras comerciales y busque el bienestar social. La creación de alianzas que faciliten la donación podría transformar esta problemática en una gran oportunidad. Paloquemao, un lugar lleno de vida, colores y fragancias, un símbolo del patrimonio de la capital, pero también un recordatorio de que, en medio de la abundancia, hay muchos sabores perdidos.</p>
</div>
<div>
<blockquote>
<p><span>A pesar de la voluntad de algunos comerciantes por reducir el desperdicio, la falta de coordinación entre los diferentes actores dificulta el proceso de redistribución de alimentos. Esto provoca que los esfuerzos individuales de los vendedores no sean suficientes para generar un cambio real en la lucha contra el desperdicio alimentario. Sin un sistema colaborativo, las iniciativas aisladas carecen del impacto necesario para transformar esta problemática de manera significativa.</span></p>
</blockquote>
</div>
<hr>
<p><a href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/deed.es"><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2022/12/CC_BY-NC-ND_icon-88x31-1.png" alt=" CC_BY-NC-ND"></a></p>
<h6>Estos contenidos están bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional</h6>
<p><span id="more-3601"></span><br />
<!-- {"type":"layout","children":[{"name":"Hero","type":"section","props":{"image_position":"center-center","padding_remove_top":true,"style":"default","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"","width":""},"children":[{"type":"row","children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m","width_medium":"1-1"},"children":[{"type":"image","props":{"image":"https:\/\/naturalezaysociedad.blob.core.windows.net\/dialogos\/banner\/nys_banner.jpg","image_loading":true,"image_svg_color":"emphasis","image_width":"2560","margin":""}}]}]}]},{"name":"Terms","type":"section","props":{"image":"wp-content\/uploads\/2025\/05\/iStock-1455804378-1-scaled.jpg","image_effect":"fixed","image_position":"center-center","image_size":"cover","media_background":"#E7B278","media_blend_mode":"multiply","media_overlay":"rgba(215, 186, 168, 0.34)","style":"default","text_color":"light","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"","width":"small"},"children":[{"type":"row","children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m","width_medium":"1-1"},"children":[{"name":"Headline Decoration Line Center","type":"headline","props":{"block_align":"center","content":"","text_align":"center","title_decoration":"line","title_element":"h5"}},{"type":"headline","props":{"content":"<a href=\"https:\/\/revistas.uniandes.edu.co\/index.php\/nys\/article\/view\/10922\">N\u00famero 12 - Tema libre<\/a>","margin_remove_bottom":true,"title_color":"emphasis","title_decoration":"line","title_element":"div","title_style":"h5"},"name":"Titulo revista"},{"name":"Art\u00edculo","type":"headline","props":{"content":"

<p><span>Sabores perdidos: una radiograf\u00eda sobre el desperdicio de alimentos en Bogot\u00e1<\/span><\/p>","margin":"small","margin_remove_bottom":false,"margin_remove_top":false,"title_element":"h1","title_style":"heading-small"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p><a href=\"https:\/\/doi.org\/10.53010\/nys.dia.08\">https:\/\/doi.org\/10.53010\/nys.dia.08<\/a><\/p>\n

<p><\/p>","margin":"default"},"name":"doi"},{"name":"Autor","type":"headline","props":{"block_align":"center","content":"Carlos Andr\u00e9s Polan\u00eda Ram\u00edrez","title_decoration":"bullet","title_element":"h3"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p>Estudiante de Narrativas Digitales de la Universidad de los Andes. Este reportaje lo realic\u00e9 en el marco de la clase Noticia y Reportaje del Centro de Estudios en Periodismo (CEPER). Recientemente publiqu\u00e9 las cr\u00f3nicas \u201cEl Dorado\u201d (<a href=\"https:\/\/badac.uniandes.edu.co\/el-dorado\/\">https:\/\/badac.uniandes.edu.co\/el-dorado\/<\/a><span>)<\/span> y \u201cFranco - tirador\u201d (<a href=\"https:\/\/badac.uniandes.edu.co\/franco-tirador\/\">https:\/\/badac.uniandes.edu.co\/franco-tirador\/<\/a>) en el blog del Banco de Archivos Digitales de Artes de Colombia (BADAC) <a href=\"mailto:c.polaniar@uniandes.edu.co\">c.polaniar@uniandes.edu.co<\/a><\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"},"name":"Biografia"},{"name":"Divider Style Default","type":"divider","props":{"divider_element":"hr"}}]}]},{"type":"row","props":{"margin":"large"},"children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m","width_medium":"1-1"},"children":[{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p><span>La falta de una estrategia que permita la coordinaci\u00f3n entre comerciantes, autoridades y bancos de alimentos impide que las acciones para reducir el desperdicio de alimentos en la plaza de mercado de Paloquemao tengan un impacto real, a pesar de la buena voluntad de algunos vendedores.<\/span><\/p>","margin":"default","text_style":"lead"}}]}]}]},{"type":"section","props":{"image_position":"center-center","style":"default","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"","width":"default"},"children":[{"type":"row","props":{"width":"small"},"children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m"},"children":[{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","column_divider":false,"content":"

<p><span>\u201cLas guayabas, los lulos y los bananos son los productos que m\u00e1s se desperdician, aunque intentamos regalar lo que podemos, a veces simplemente no hay a qui\u00e9n d\u00e1rselos\u201d, lamenta \u00c1lvaro Hern\u00e1n Rinc\u00f3n, un vendedor de 62 a\u00f1os que lleva tres d\u00e9cadas trabajando en la plaza de Paloquemao. Toda una vida reflejada en las arrugas de su rostro y las canas de su cabello. Su camiseta descolorida y su delantal manchado reflejan el d\u00eda a d\u00eda de una labor en la que la pulcritud se convierte en un verdadero desaf\u00edo por cuenta de la papa pastusa, la yuca y la mora.<\/span><\/p>\n

<p><span>En su puesto de seis metros cuadrados, iluminado por un destello tenue, ofrece a los compradores una experiencia sensorial \u00fanica, no solo por los tonos de las frutas tropicales, sino tambi\u00e9n por los olores que lo rodean. Su puesto colinda con la zona de los saberes ancestrales, el pasillo de los yerbateros, donde la variedad de plantas medicinales activa el olfato de los transe\u00fantes y le da un toque m\u00e1gico a la atm\u00f3sfera. La frescura de la manzanilla y la intensidad de la lavanda impregnan el ambiente, borrando el ca\u00f3tico olor de la urbe. <\/span><\/p>\n

<p><span>\u201cLo que no se vende, se va para los residuos\u201d, menciona Rinc\u00f3n, quien enfrenta el mismo problema que algunos de sus colegas. En este, el segundo mercado m\u00e1s importante de Bogot\u00e1 y uno de los m\u00e1s tradicionales del pa\u00eds, hasta el 20\u00a0% de los residuos org\u00e1nicos que llegan al centro de acopio cada mes son alimentos que se encuentran en buen estado, seg\u00fan declaraciones de Erika Cortez, coordinadora del Departamento de Gesti\u00f3n Ambiental de la plaza.<\/span><\/p>\n

<p><span>La funcionaria tambi\u00e9n menciona que en la plaza se generan mensualmente hasta 90 toneladas de residuos org\u00e1nicos. Es decir, el 20\u00a0% equivale a 18 toneladas de frutas y verduras desperdiciadas, lo que representa el peso de tres elefantes africanos machos adultos.<\/span><\/p>\n

<p><span>La situaci\u00f3n se agrava al considerar la realidad de una ciudad donde la inseguridad alimentaria afecta a m\u00e1s de 1.1 millones de personas, lo que significa el 13\u00a0% de la poblaci\u00f3n, seg\u00fan la <em>Evaluaci\u00f3n de Seguridad Alimentaria 2024<\/em>, realizada por el Programa Mundial de Alimentos. Estos n\u00fameros revelan una paradoja: mientras una parte de los bogotanos enfrenta dificultades para acceder a alimentos nutritivos, una gran cantidad de productos se desperdician diariamente en lugares como la plaza de Paloquemao.<\/span><\/p>\n

<p><span>A pesar de la voluntad de algunos comerciantes por reducir el desperdicio, la falta de coordinaci\u00f3n entre los diferentes actores dificulta el proceso de redistribuci\u00f3n de alimentos. Esto provoca que los esfuerzos individuales de los vendedores no sean suficientes para generar un cambio real en la lucha contra el desperdicio alimentario. Sin un sistema colaborativo, las iniciativas aisladas carecen del impacto necesario para transformar esta problem\u00e1tica de manera significativa.<\/span><\/p>\n

<p><\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"}},{"type":"divider","props":{"divider_element":"hr"}},{"type":"image","props":{"image":"wp-content\/uploads\/2025\/05\/Portadilla_figura1.jpg","image_alt":"Plaza de mercado","image_svg_color":"emphasis","margin":"default"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p style=\"text-align: center;\"><span><strong>Figura 1.<\/strong> Puesto de frutas y verduras. <em>Fuente: <\/em>fotograf\u00eda tomada por Carlos Andr\u00e9s Polan\u00eda Ram\u00edrez.<\/span><\/p>","margin":"default"}},{"type":"divider","props":{"divider_element":"hr"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p><span>Al consultarle a Erika Cortez sobre las estrategias implementadas para abordar este asunto, menciona la elaboraci\u00f3n espor\u00e1dica de campa\u00f1as de sensibilizaci\u00f3n al comercio. Estas acciones est\u00e1n enfocadas en sensibilizar a los vendedores sobre la importancia de reducir el desperdicio de alimentos y fomentar pr\u00e1cticas m\u00e1s sostenibles. Cortez, quien es especialista en ambiente y desarrollo local, reconoce que la falta de una estrategia estructurada dificulta la efectividad de estas acciones, ya que no hay un compromiso permanente que respalde su implementaci\u00f3n a mediano y largo plazo. <\/span><\/p>\n

<p><span>\u201cLas plazas de mercado y las centrales de abastos son escenarios de intercambio entre los diferentes actores del sistema agroalimentario, contribuyendo a la garant\u00eda progresiva del derecho humano a la alimentaci\u00f3n\u201d, afirma Yazm\u00edn Aldana Holgu\u00edn, especialista de la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentaci\u00f3n (FAO) en Colombia. Ese intercambio que menciona Aldana no se limita a la transacci\u00f3n monetaria entre vendedor y comprador, sino que trasciende al aprovechamiento de cada alimento en funci\u00f3n del bienestar social, una situaci\u00f3n que no se cumple a cabalidad en Paloquemao debido al desperdicio.<\/span><\/p>\n

<p><span>Un caso contrario ocurre no muy lejos de all\u00ed. \u201cEn Corabastos, donde tantos comerciantes apoyan el banco de alimentos, tenemos nuestro lema: menos comida en los contenedores, m\u00e1s comida para nuestros comedores\u201d, menciona el padre Daniel Saldarriaga, director del Banco de Alimentos de Bogot\u00e1, al referirse a la alianza de esta organizaci\u00f3n sin \u00e1nimo de lucro con la plaza m\u00e1s grande de Colombia. Ese compromiso con la donaci\u00f3n de alimentos refleja una cultura de solidaridad que impacta positivamente en la lucha contra el hambre.<\/span><\/p>\n

<p><span>Es curioso que, a pesar de su potencial, Paloquemao no haya desarrollado alianzas como las que s\u00ed ha establecido Corabastos. Pero, \u00bfa qu\u00e9 se debe esta situaci\u00f3n? En primer lugar, las directivas de la plaza no han definido un protocolo que permita a los comerciantes realizar donaciones, lo que dificulta una posible articulaci\u00f3n con los bancos de alimentos. En segundo lugar, existe una falta de confianza en la capacidad de los bancos de alimentos, ya que algunos comerciantes temen que las donaciones no se distribuyan adecuadamente. Y, en tercer lugar, la desinformaci\u00f3n, ya sea por la creencia de que existen restricciones legales para donar o por desconocimiento del impacto que estas colaboraciones pueden generar.<\/span><\/p>\n

<p><span>Entre tanto, en mayo del a\u00f1o pasado se anunci\u00f3 la conformaci\u00f3n de la \u201cBancada de la Lucha contra el Hambre\u201d, conformada por 14 concejales de diferentes sectores pol\u00edticos, quienes han venido trabajando en normativas y acciones concretas para reducir el hambre en Bogot\u00e1. Entre estas se destaca el punto establecido en el <em>Plan Distrital de Desarrollo<\/em> para la creaci\u00f3n de 50 comedores comunitarios, lo que significa un aumento sustancial, teniendo en cuenta que actualmente existen 115 en la ciudad. Precisamente en esta iniciativa, las plazas de mercado jugar\u00edan un rol fundamental, ya que la mayor\u00eda de los alimentos que distribuyen estos comedores provienen de sus donaciones.<\/span><\/p>\n

<p><span>\u201cHacemos un llamado urgente a trabajar en el acceso de los alimentos de una forma segura y digna para todos, a intensificar los esfuerzos en todos los frentes, comedores comunitarios, centros de abastecimiento y plazas de mercado, para reducir el desperdicio de alimentos\u201d, menciona David Saavedra, uno de los integrantes de esta bancada. Y es que el desperdicio es una problem\u00e1tica significativa, en una ciudad donde el 28,4\u00a0% de los hogares se sent\u00edan preocupados por no tener suficientes alimentos, seg\u00fan el estudio <\/span><em>Inseguridad alimentaria a partir de la escala FIES - 2023,<\/em> realizado por el<span> DANE.<\/span><\/p>\n

<p><span>Saavedra destaca que una de las principales dificultades radica en la falta de infraestructura para apoyar la lucha contra el hambre en las plazas. Es decir, la ausencia de comedores comunitarios y bodegas para almacenar los alimentos donados dentro de los mismos mercados. En ese sentido, cobran relevancia acciones como la anunciada por Francisco Javier Salcedo, gerente de Corabastos, quien inform\u00f3 sobre la entrega de una bodega para el programa \u201cTardes de Bien-Estar\u201d, que brinda alimentos a m\u00e1s de 400 ni\u00f1os y promueve un estilo de vida saludable en la primera infancia.<\/span><\/p>\n

<p><span>Esta iniciativa demuestra c\u00f3mo una infraestructura adecuada puede optimizar el proceso de donaci\u00f3n y convertirse en un elemento clave en la lucha contra el hambre. As\u00ed mismo, resalta la urgencia de que otras plazas y centros de acopio, como Paloquemao, adopten estas medidas para maximizar el aprovechamiento de los recursos disponibles. Implementar este modelo podr\u00eda transformar la distribuci\u00f3n de alimentos, garantizando que lleguen a quienes m\u00e1s los necesitan y contribuyendo al progreso de la comunidad.<\/span><\/p>\n

<p>Paloquemao es una plaza con cerca de 1 240 locales comerciales que recibe cada fin de semana un promedio de 22\u00a0000 visitantes, seg\u00fan cifras del l\u00edder de mercadeo Fernando Murillo. Un espacio donde la abundancia contrasta con el desperdicio debido a la ausencia de estrategias coordinadas entre comerciantes, directivas y bancos de alimentos. La soluci\u00f3n no solo requiere un cambio de mentalidad, sino tambi\u00e9n un compromiso colectivo que trascienda las barreras comerciales y busque el bienestar social. La creaci\u00f3n de alianzas que faciliten la donaci\u00f3n podr\u00eda transformar esta problem\u00e1tica en una gran oportunidad. Paloquemao, un lugar lleno de vida, colores y fragancias, un s\u00edmbolo del patrimonio de la capital, pero tambi\u00e9n un recordatorio de que, en medio de la abundancia, hay muchos sabores perdidos.<\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"}}]}]}]},{"type":"section","props":{"image":"wp-content\/uploads\/2025\/05\/Portadilla_figura1.jpg","image_position":"center-center","image_size":"cover","media_blend_mode":"darken","media_overlay":"rgba(124, 56, 17, 0.73)","sticky":"reveal","style":"default","text_color":"light","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"","width":"expand"},"children":[{"type":"row","children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m"},"children":[{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<blockquote>\n

<p><span>A pesar de la voluntad de algunos comerciantes por reducir el desperdicio, la falta de coordinaci\u00f3n entre los diferentes actores dificulta el proceso de redistribuci\u00f3n de alimentos. Esto provoca que los esfuerzos individuales de los vendedores no sean suficientes para generar un cambio real en la lucha contra el desperdicio alimentario. Sin un sistema colaborativo, las iniciativas aisladas carecen del impacto necesario para transformar esta problem\u00e1tica de manera significativa.<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n

<p><\/p>","margin":"default"}}]}],"props":{"width":"small"}}]},{"type":"section","props":{"image_position":"center-center","style":"default","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"","width":"default"},"children":[{"type":"row","children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m"},"children":[{"type":"divider","props":{"divider_element":"hr","margin":"xlarge","margin_remove_bottom":true}},{"type":"image","props":{"image":"wp-content\/uploads\/2022\/12\/CC_BY-NC-ND_icon-88x31-1.png","image_alt":" CC_BY-NC-ND","image_svg_color":"emphasis","link":"https:\/\/creativecommons.org\/licenses\/by-nc-nd\/4.0\/deed.es","margin":"medium","margin_remove_bottom":true,"text_align":"center"}},{"type":"headline","props":{"content":"Estos contenidos est\u00e1n bajo una Licencia Creative Commons Atribuci\u00f3n-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional","margin":"small","margin_remove_top":false,"text_align":"center","title_element":"h6"}}]}]}],"name":"Creative-commons"}],"version":"4.5.4"} --></p><p>The post <a href="https://openscience.uniandes.edu.co/radiografia-sobre-el-desperdicio-de-alimentos-en-bogota/">Sabores perdidos: una radiografía sobre el desperdicio de alimentos en Bogotá</a> first appeared on <a href="https://openscience.uniandes.edu.co">Revistas Uniandes | Multimedia</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El conocimiento tradicional del paisaje en comunidades indígenas mexicanas</title>
		<link>https://openscience.uniandes.edu.co/el-conocimiento-tradicional-del-paisaje-en-comunidades-indigenas-mexicanas/</link>
					<comments>https://openscience.uniandes.edu.co/el-conocimiento-tradicional-del-paisaje-en-comunidades-indigenas-mexicanas/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[naturalezaysociedad@uniandes.edu.co]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 22 Apr 2025 02:11:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Diálogos - Naturaleza y Sociedad. Desafíos Medioambientales]]></category>
		<category><![CDATA[Número 12: Tema libre]]></category>
		<category><![CDATA[Especial: Día de la Madre Tierra]]></category>
		<category><![CDATA[ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[etnoecología]]></category>
		<category><![CDATA[conocimiento local]]></category>
		<category><![CDATA[comunidades campesinas]]></category>
		<category><![CDATA[conocimiento indígena]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://openscience.uniandes.edu.co/?p=3583</guid>

					<description><![CDATA[<p>Tema libre &#8211; Especial Día de la Madre Tierra El conocimiento tradicional del paisaje en comunidades indígenas mexicanas https://doi.org/10.53010/nys.dia.07 Gerardo Bocco Investigador titular del Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental de la Universidad Nacional Autónoma de México (campus Morelia). Es geógrafo y especialista en geomorfología aplicada a cuestiones ambientales, con énfasis en el paisaje de [&#8230;]</p>
<p>The post <a href="https://openscience.uniandes.edu.co/el-conocimiento-tradicional-del-paisaje-en-comunidades-indigenas-mexicanas/">El conocimiento tradicional del paisaje en comunidades indígenas mexicanas</a> first appeared on <a href="https://openscience.uniandes.edu.co">Revistas Uniandes | Multimedia</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" src="https://naturalezaysociedad.blob.core.windows.net/dialogos/banner/nys_banner.jpg" alt=""></p>
<div><a href="https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/nys/article/view/10867">Tema libre &#8211; Especial Día de la Madre Tierra</a></div>
<h1>
<p><span>El conocimiento tradicional del paisaje en comunidades indígenas mexicanas</span></p>
</h1>
<div>
<p class="DOI"><span lang="ES"><a href="https://doi.org/10.53010/nys.dia.07">https://doi.org/10.53010/nys.dia.07</a><o:p></o:p></span></p>
</div>
<h3>Gerardo Bocco</h3>
<div>
<p>Investigador titular del Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental de la Universidad Nacional Autónoma de México (campus Morelia). Es geógrafo y especialista en geomorfología aplicada a cuestiones ambientales, con énfasis en el paisaje de pequeñas localidades rurales. Este trabajo se deriva de sus experiencias en campo, en comunidades nahuas, purépechas y mixtecas.</p>
</div>
<hr>
<div>
<h1>Introducción</h1>
<p>En comparación con la labor académica en etnobotánica y etnoecología (y parcialmente en etnopedología), la investigación en conocimiento tradicional del paisaje es sustancialmente menor. Lo anterior puede constatarse en el importante número de publicaciones, así como en la existencia de varias sociedades científicas que se abocan a temas etnobiológicos en sentido amplio (etnobotánicos, etnozoológicos, entre otros). Se ha argumentado que esta diferencia se explicaría por varias razones. En primer lugar, por la fortaleza académica de las áreas de conocimiento en botánica, ecología y en sus aproximaciones al estudio del ambiente. En segundo lugar, porque se ha reconocido que la noción de paisaje es intrínsecamente más compleja que la de cualquier organismo, tal como el caso de una planta o animal. En tercer lugar, y si se tratara de denominaciones en idioma local, la detección y nomenclaturas en torno a paisaje hace aún más compleja la documentación y traducción en el contexto del denominado diálogo de saberes. Los sistemas y taxonomías biológicas están establecidas a nivel universal desde hace siglos; en tanto, por contraste, los sistemas clasificatorios del paisaje, incluyendo aquellos del terreno en los que se despliegan, no resultan fácilmente generalizables y pueden ser controversiales o confusos. Tal es el caso de una elevación, que podría denominarse sierra, serranía o lomerío, dependiendo del contexto en el que se usa. En cambio, una especie de pino recibirá la misma denominación en cuanto a género y especie independientemente del contexto.</p>
<p>En esta reflexión se hará énfasis en la complejidad que encierra el abordaje del conocimiento tradicional, local y, por lo general, indígena, sobre el paisaje. En primer lugar, se revisa de manera sintética este concepto y los enfoques que animaron su estudio. Luego se consideran los aportes al tema desde el conocimiento tradicional, con algún énfasis en las formas del terreno o geoformas presentes en el paisaje de que se trate. Finalmente, se proponen conclusiones y sugerencias para otros estudios, en especial, desde la geografía ambiental, campo emergente que se propone contribuir a cerrar la brecha entre la geografía física y humana<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><span>[1]</span></a>.</p>
</p>
</div>
<div>
<h1><span>El paisaje: riqueza y complejidad. La importancia del terreno y las geoformas</span></h1>
</p>
</div>
<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2025/04/Foto1.jpg" alt="Terrazas agrícolas "></p>
<div>
<p style="text-align: center;"><strong>Foto 1. </strong>Terrazas agrícolas bajo diversos usos del suelo en laderas cercanas al Lago Titicaca, Bolivia. Prácticas milenarias basadas en conocimiento tradicional del paisaje. <strong>Fuente:</strong> fotografía tomada por el autor.</p>
</div>
<div>
<p>Tradicionalmente, el paisaje se ha definido, de manera laxa, como una porción del espacio (bien terreno, bien territorio) que puede ser percibida y reconocida por un observador. Una propiedad esencial que siempre se ha destacado es su carácter integral, es decir, que comprende componentes tanto biofísicos como sociales y culturales. De tal manera que elementos tales como el terreno y los suelos, la cubierta vegetal y el uso del suelo, idealmente, deben ser estudiados de manera interdisciplinaria. Lo anterior permite la comprensión de la aptitud o capacidad productiva de una porción de terreno desde la perspectiva del conocimiento local ambiental.</p>
<p>Sin embargo, en la práctica, ha sido difícil respetar estas aproximaciones y, en cambio, se ha parcelado el estudio de paisaje. Así, se han adoptado, por un lado, visiones ecológicas y físicogeográficas y, por otro, aproximaciones desde la geografía cultural y la antropología social. En el primer caso, se hace énfasis en los aspectos biofísicos, mientras que, en el segundo, en los sociales y culturales, comúnmente sin establecer vínculos coherentes, complementarios, entre ambas visiones.</p>
<p>Desde la geografía ambiental resulta pertinente examinar las ventajas y limitaciones de la ruptura entre la dicotomía naturaleza y cultura. Así, se ha retenido lo espacial como dimensión esencial e insustituible en el concepto de paisaje. En este sentido, se han adoptado dos formas de concebir el espacio. Por un lado, el espacio en tanto superficie continua, cuyas posibles homogeneidades y discontinuidades pueden ser detectadas y delimitadas mediante el análisis estadístico de sus variables. Por otro, el espacio concebido como una entidad estratificable en unidades ambientales relativamente homogéneas desde una o más variables explicativas a partir de la delimitación realizada por un intérprete, sea un productor local o un técnico externo a una comunidad.</p>
<p>El terreno constituye la base sobre la que se despliega un paisaje. Las aproximaciones desde el estudio de sus formas son variadas, lo cual explica, en parte, la falta del reconocimiento de su posible generalidad. Las geoformas pueden clasificarse, por su origen o expresión topográfica, desde los siguientes enfoques:</p>
<ul>
<li>Morfoestructural (morfolitológico o morfotectónico), para destacar la influencia del tipo de roca o fuerza desde el interior de la corteza que las originaron.</li>
<li>Morfoclimático, para destacar la naturaleza de los ambientes bioclimáticos que las modelaron, en el pasado y el presente.</li>
<li>Morfodinámico, para señalar las características de los procesos denudatorios<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><span>[2]</span></a> actuales, tales como la erosión hídrica o eólica, o gravitatorios, como podrían ser los deslizamientos o derrumbes.</li>
<li>Morfográfico (formas de las laderas) y mofométrico (geometría de las laderas), de índole descriptiva de la expresión topográfica en el terreno, independientemente de su génesis.</li>
</ul>
<p>Para propósitos prácticos, como en el caso de los estudios de suelos, cubierta y uso del terreno y del paisaje, se suele recurrir a este último enfoque, con alguna consideración de las características bioclimáticas actuales. A tal efecto, se puede hacer uso de dos sistemas clasificatorios de alcance general, a dos escalas espaciales (o niveles de resolución)<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><span>[3]</span></a>. Para el nivel de reconocimiento regional, y en particular a partir de su morfometría, las clases propuestas son: montaña (alta o baja), lomerío (alto o bajo), altiplanicie, valle, sistema de transición o de piedemonte y planicie. Para el nivel detallado, se reconoce la noción de toposecuencia, desde las porciones elevadas hasta el nivel de base: cima, ladera (divisible en clases de acuerdo con la inclinación de su pendiente), ladera de piedemonte y planicie acumulativa (nivel de base).</p>
</p>
<p>Estas clases permiten estratificar el espacio y proponer unidades básicas para la delimitación de las unidades, utilizando aproximaciones bien de vegetación (por su estructura arbórea, arbustiva o herbácea) o bien de uso del suelo (agropecuario, forestal o asentamiento humano e infraestructura). Este tipo de metodología permite comprender las características generales del terreno y paisaje desde el punto de vista técnico y, desde allí, aproximarse a la sabiduría campesina o conocimiento tradicional.</p>
</p>
</div>
<div>
<h1><span lang="ES">El conocimiento tradicional del paisaje mexicano y la noción “tierra”<o:p></o:p></span></h1>
</div>
<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2025/04/Foto2.jpg" alt=""></p>
<div>
<p><strong>Foto 2. </strong>Terraza agrícola en valle en la Mixteca Alta, Oaxaca, México. Cultivo de maíz de temporal (de secano, en milpa tradicional), arado con yunta de bueyes. Las terrazas antiguas en esa zona fueron datadas en al menos 2 500 años. <strong>Fuente:</strong> fotografía tomada por el autor.</p>
</div>
<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2025/04/Foto3.jpg" alt=""></p>
<div>
<p><strong>Foto 3. </strong>Valle fluvial ubicado en la cuenca alta del río Pilcomayo, Bolivia. El lecho menor, con escurrimiento; el lecho mayor, ambos lados, muestra depósitos de cauce. Al centro y al fondo, flanqueado por laderas, un abanico aluvial (triangular) converge sobre el curso.<strong>  Fuente:</strong> fotografía tomada por el autor.</p>
</div>
<div>
<p>Los estudios etnobotánicos, que a su vez nutren a los etnoecológicos y, en ciertos casos, a los etnopedológicos (también denominados etnoedafológicos), reconocen una trayectoria de al menos siete décadas. En buena medida, se ha debido al liderazgo impartido por destacados estudiosos tales como Alfredo Barrera y Efraím Hernández-Xolocotzi. En tanto, los trabajos relacionados con el conocimiento tradicional del paisaje, bajo diversas denominaciones, empezaron a publicarse en la década de 1980. Sin duda, antecedidos por reflexiones desde la agronomía y la edafología, que también nutrieron los posteriores trabajos en agroecología, bajo la influencia de excelentes científicos, tales como el ya mencionado Hernández-Xolocotzi.</p>
<p>Esta labor pionera encuentra un fértil entorno para su desarrollo en la Universidad Autónoma de Chapingo y en el Colegio de Posgraduados. El trabajo de Carlos Ortiz-Solorio y colaboradores desde los 80, a partir de su docencia e investigación edafológicas, se orienta hacia el conocimiento local en terreno, suelos y taxonomía; y su aptitud en el manejo agrícola tradicional. Es desde esta perspectiva que, primero, contribuyen a una clasificación mesoamericana de suelos, en colaboración con Bárbara Williams y, segundo, formulan el concepto y operan en la práctica una clasificación de “tierras”, es decir, entidades integrales desde la visión campesina. Para ello, utilizan técnicas de coinvestigación o investigación participativa en campo que permiten recopilar y documentar el conocimiento tradicional heredado en forma oral a través de las generaciones.</p>
<p>Es destacable el uso del término “tierra”, en el que se reconocen dos vertientes. En primer lugar, su uso coloquial en el medio rural mexicano hace referencia a una unidad integral, tanto de suelos y cuerpo natural, como del terreno y de las condiciones ambientales en los que se desarrollan. Asimismo, a las condiciones sociales y económicas bajo las cuales se manejan según su aptitud productiva. Estas características proporcionan un carácter dinámico a la noción de tierra y por lo tanto a su conocimiento tradicional.</p>
<p>En segundo lugar, al ser el concepto tierra una traducción casi literal del término <em>land</em>, se ha utilizado a nivel global por diversos organismos de Naciones Unidas para muchos de sus programas de apoyo a la agricultura y el ordenamiento del territorio. Además, se encuentra en la raíz del concepto paisaje en lenguas anglosajonas (<em>landscape</em>, por ejemplo).  De tal manera que la noción tierra encierra una excelente aproximación a un objeto integrado para la investigación, tanto científica convencional, como tradicional. Es decir, se encuentra en el centro de la noción de conocimiento tradicional del paisaje en México. En otras palabras, es un término comprensible, y bajo el mismo significado, tanto para un campesino como para un académico estudioso del terreno, los suelos o la agricultura.</p>
<p>La noción tierra es esencial y por lo tanto ha recibido reconocimiento literal en diversos idiomas indígenas, tal como <em>lu’um</em> en maya yucateco, <em>tlalli</em> en náhuatl o <em>echeri</em> en purépecha. La riqueza de estas denominaciones es destacada por Pulido Secundino y Bocco (2016) para el caso de <em>echeri</em> en la comunidad de Comachuén, en la meseta Purépecha<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><span>[4]</span></a>. En su interpretación, Pulido, cuya lengua materna es el purépecha, señala que la raíz <em>echeri</em> designa, de manera escalonada y articulada, las siguientes categorías: planeta tierra, mundo; territorio, tierra, predio o parcela; terreno, suelo; suelo, polvo, lodo.</p>
<p>A modo de ejemplo, se presentan aquí algunos estudios de caso que permiten precisar el alcance de los conceptos tierra y paisaje descritos arriba. Ortiz y Gutiérrez (2001), en su trabajo en una comunidad otomí en el estado de Hidalgo, centro de México, documentan la diferenciación indígena de tres niveles de tierras<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><span>[5]</span></a>. A partir de un nivel general, diferencian las de labor de las de no-labor (por salinidad) sólo utilizadas para romeritos<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><span>[6]</span></a>, e incluye un uso agrícola preferido para cada clase (tabla 1).</p>
<p><strong>Tabla 1.</strong> Tierras de labor (en español y otomí) y uso agrícola preferido para cada clase. Fuente: adaptado de Ortiz y Gutiérrez (2001).</p>
<table width="100%">
<tbody>
<tr>
<td width="35%">
<p><strong>Clase de tierra de labor (español)</strong></p>
</td>
<td width="34%">
<p><strong>Clase de tierra de labor (otomí)</strong></p>
</td>
<td width="30%">
<p><strong>Uso agrícola documentado</strong></p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="35%">
<p>Lama</p>
</td>
<td width="34%">
<p><em>Pehai</em></p>
</td>
<td width="30%">
<p>Maíz, alfalfa, trigo y cebada</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="35%">
<p>Arenosa</p>
</td>
<td width="34%">
<p><em>´Bomuhai</em></p>
</td>
<td width="30%">
<p>Hortalizas</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="35%">
<p>Blanca</p>
</td>
<td width="34%">
<p><em>T´axhai</em></p>
</td>
<td width="30%">
<p>Maíz, alfalfa y maguey</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="35%">
<p>Tepetate</p>
</td>
<td width="34%">
<p><em>Xidohai</em></p>
</td>
<td width="30%">
<p>Jitomate y chile</p>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>En otro estudio, los mismos autores describen tres niveles jerárquicos y una nomenclatura de las clases de tierras (en español y náhuatl) en una comunidad matlatzinca en el Estado de México<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><span>[7]</span></a>. Como en el caso anterior, el primer nivel es general (en este caso, denominado la tierra de todos); el segundo nivel diferencia las tierras de labor de las de no-labor; y el tercer nivel incluye las clases reconocidas y denominadas por los campesinos: dos clases de tierras negras, una amarilla, una arenosa, una chinampa<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><span>[8]</span></a> y una de no-labor. En ambos casos, su orientación preponderante es hacia la etnoedafología, en tanto uno de los caminos posibles para los trabajos sobre clases campesinas de tierra.</p>
<p>Desde una perspectiva etnogeográfica en Comachuén, Pulido formula el concepto de unidades de paisaje locales (UPL) para aludir a las unidades de diferenciación del territorio en función de rasgos fisiográficos y de localización altitudinal. Asimismo, define clases de tierra locales (CTL) a partir de criterios ambientales y de calidad de uso (ver una síntesis, que incluye la nomenclatura en purépecha, representada en figura 1). Pulido precisa que las UPL se reconocen a partir de tres variables: 1) geoformas propiamente dichas acompañadas de sus propiedades ambientales, 2) clases de tierra locales (aptitud) y 3) por parajes. Estos últimos, denominados con un nombre de lugar o topónimo, es decir, un nombre propio, único, y que por lo tanto no pertenece a una clase (tabla 1). En general, la noción de paraje no se documenta en este tipo de estudios. Pero al igual que la palabra “tierra”, este es un término muy utilizado en zonas campesinas en México y otros países de América Latina. Dependiendo de cómo y para qué se utilice, dicha denominación cumple un papel muy importante en los territorios bajo agricultura tradicional para aludir tanto a pertenencia (apego) como a delimitación del territorio.</p>
</p>
</div>
<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2025/04/Figura1.png" alt="Exposición tiburones-007"></p>
<div>
<p><strong>Figura 1.</strong> Perfil fisiográfico y principales geoformas identificadas desde el conocimiento local en Comachuén, meseta Purépecha, Michoacán. Fuente: tomado de Pulido y Bocco (2016). Se usa con autorización de la revista <em>Investigaciones Geográficas</em>.</p>
</div>
<div>
<p>En estos ejemplos se presenta la documentación, a partir del trabajo de campo participativo, de las categorías campesinas derivadas del conocimiento tradicional de sus tierras, y se incluyen propiedades de sus suelos y la capacidad productiva de los mismos. Todos ellos encierran, en el marco de una cuidada sencillez, una gran complejidad, conocimiento y sabiduría local.</p>
</div>
<blockquote>
<p><span>«Es destacable el uso del término “tierra”, en el que se reconocen dos vertientes. En primer lugar, su uso coloquial en el medio rural mexicano hace referencia a una unidad integral, tanto de suelos y cuerpo natural, como del terreno y de las condiciones ambientales en los que se desarrollan. Asimismo, a las condiciones sociales y económicas bajo las cuales se manejan según su aptitud productiva. Estas características proporcionan un carácter dinámico a la noción de tierra y por lo tanto a su conocimiento tradicional».</span></p>
</blockquote>
<hr>
<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2025/04/Foto4.png" alt="Sierra y planicie en región preandina"></p>
<div>
<p style="text-align: center;"><strong>Foto 4.</strong> Sierra y planicie en región preandina, en el noroeste de la Argentina, bajo clima templado con lluvias en verano. Al fondo, sobre la sierra, cubierta de matorral; sobre la planicie, un mosaico agrícola de temporal, parcelas en descanso, y cubierta vegetal remanente de tipo arbustivo/arbóreo. <strong>Fuente</strong>: fotografía tomada e intervenida por el autor.</p>
</div>
<div>
<h2><strong>Conclusiones para el debate</strong></h2>
</div>
<div>
<p>En este texto se han presentado de manera concisa algunos argumentos sobre el conocimiento tradicional del paisaje como una modalidad del conocimiento tradicional ambiental en zonas campesinas o indígenas. El trabajo se concentra en México por tratarse de un territorio de gran diversidad cultural y geográfica. Entonces, es un caso ideal para abordar el tema desde la geografía ambiental. Sin duda, la bibliografía internacional ofrece un sinnúmero de estudios igualmente valiosos.</p>
<p>Hay algunos temas que merecen un comentario final y tal vez alguna sugerencia para posteriores estudios más amplios. Un tópico que ha destacado entre muchos interesados en el tema es la necesidad (o no) de validar este conocimiento o sabiduría por parte de la ciencia convencional. Más allá del criticismo que ha emergido por considerar este requerimiento como inconveniente o innecesaria, cabe señalar dos cuestiones. La primera es que el conocimiento tradicional no es estático sino extremadamente dinámico, tal cual el caso en cualquier dominio de la cultura. La segunda sugiere que este dinamismo suele estar acompañado de un diálogo entre diferentes modalidades del conocimiento, entre la sabiduría y la ciencia convencional, construyéndose así una ciencia híbrida, transdisciplinaria, al calor del diálogo de saberes en diferentes ambientes de trabajo, comunitarios, académicos y técnicos.</p>
<p>Otro tema que se toca sólo de manera tangencial en este trabajo es la dimensión práctica del conocimiento tradicional del paisaje. Desde hace al menos 40 años, un nutrido sector académico en ciencias naturales, sociales e ingenierías, no sólo ha aceptado la solidez del conocimiento tradicional. Además, ha postulado que, en la mayor parte de los casos, los planes y programas de conservación de recursos y ordenamientos territoriales en zonas campesinas, no pueden prescindir del aporte de este conocimiento tanto para definir los problemas como para proponer soluciones viables.</p>
<p>No hemos abordado aquí el tema de la cartografía campesina, que se realiza mediante métodos tales como la etnografía para alimentar sistemas de información geográfica participativos (SIG-P). Sin embargo, son un corolario a los argumentos esgrimidos, en especial a partir de los estudios de caso reseñados. Se trata de herramientas muy poderosas, pero que deben basarse en técnicas igualmente sólidas de recopilación y documentación del conocimiento, en especial si la información se presenta en idioma local.</p>
<p>Por otro lado, la etnoedafología o etnopedología sólo se ha incluido de manera superficial, en el marco de los sistemas campesinos de tierra. Sin embargo, el corpus ofrecido por esta disciplina es abundante y de gran solidez. Sus especialistas han desentrañado indicios contenidos en pinturas y documentos tanto prehispánicos en lenguas indígenas, como en el español de la colonia temprana. Además, han contribuido de manera sustantiva al fortalecimiento de planes y programas de conservación de suelos y control de su degradación.</p>
<p>De igual manera, sólo se ha mencionado, sin profundizar en el tema, el enfoque etnogeográfico, que alberga al etnopaisajístico, poco conocido en el medio académico mexicano, pero que puede ser útil para fundamentar la integralidad y la dimensión espacial del conocimiento del paisaje. Muy cercano al mismo, y tampoco de uso común en agronomía o geografía, es el enfoque etnofisiográfico, más cercano a la geografía cognitiva y a la lingüística.</p>
<p>Para concluir, es necesario enfatizar que el tema que nos ocupa merece atención por parte de una multiplicidad de actores, académicos y comunitarios. Se trata de herramientas muy poderosas para comprender dimensiones ambientales específicas. Asimismo, sería conveniente que el enfoque etnoecológico, tan común en nuestro medio, pueda ser contrastado y enriquecido con los señalamientos contenidos en este texto.</p>
</div>
<div>
<h1><span>Agradecimientos</span></h1>
</p>
</div>
<div>
<p>El trabajo se realizó en el marco del proyecto DGAPA “América Latina y la historia ambiental: tramas intelectuales, redes y actores en el Antropoceno. 1940-2020”. Me gustaría hacer unos agradecimientos para las personas y entidades que posibilitaron este documento. En primer lugar, agradezco la eficiencia y cordialidad en el trabajo editorial de los colegas de la Universidad de los Andes (Colombia) y, en especial, los comentarios críticos de los revisores. Reconozco la labor de la maestra Raquel González García, a cargo del Centro de Documentación del CIGA, mi entidad académica, por su apoyo en la búsqueda de bibliografía. En especial, agradezco los conocimientos que generosamente me han trasmitido el Dr. Juan Pulido Secundino, durante ya un par de décadas, y el maestro Israel Hernández López, los últimos años, en el contexto de nuestra colaboración y amistad. Ambos hablantes de sus lenguas maternas (purépecha y chinanteco respectivamente) han influido de manera sustantiva en mi visión y sensibilidad en torno al conocimiento tradicional del paisaje.</p>
</div>
<div>
<h2><strong>Notas de página</strong></h2>
</div>
<div>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Por ello, se incluyen una serie de sugerencias bibliográficas que podrían ser del interés de los lectores al final de este texto, para invitar a la profundización de los temas que se tratan aquí. De ser preciso, pueden ser solicitadas en formato digital al autor del artículo.</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[2]</a>Este término hace referencia a la erosión o desplazamientos de materia sólida a causa de fenómenos naturales como lluvias, heladas o vientos viertes.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[3]</a>Según la propuesta de Zinck (2016), mencionado en las sugerencias bibliográficas al final del artículo, en el formato PDF. </p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[4]</a> El pueblo purépecha habla variantes pertenecientes a la familia lingüística tarasca. Se encuentran en el estado de Michoacán, en la región norcentral de la entidad. Esta área se ubica entre los 1 600 y 2 600 m s. n. m. y se le denomina P’orhépecheo o Purhépecherhu, que significa “lugar donde viven los p’urhé”. Para mayor información consultar: <a href="https://atlas.inpi.gob.mx/purhepecha-etnografia/">https://atlas.inpi.gob.mx/purhepecha-etnografia/</a></p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[5]</a> Los otomíes del estado de Hidalgo se autodenominan hñähñü. Para mayor información consultar: https://sic.gob.mx/ficha.php </p>
<p><a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[6]</a> El romerito —Suaeda torreyana S. Watson— es una planta arbustiva que forma parte de la variedad de los quelites. Su nombre deriva del náhuatl quilitl, que significa “hierba comestible”. Es muy resistente a la salinidad en suelos; constituye un platillo tradicional de la gastronomía mexicana. Para mayor información consultar: https://www.mexicodesconocido.com.mx/romeritos.html </p>
<p><a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><span>[7]</span></a> Matlatzinca es el término con que los mexicas designaron a este pueblo. En náhuatl, lengua de los mexicas, significa «los señores de la red» o «los que hacen redes”. Para mayor información consultar la página web del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI): <a href="https://www.gob.mx/inpi">https://www.gob.mx/inpi</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[8]</a> La palabra chinampa, proviene del náhuatl <em>chinampan</em> o “en la cerca de cañas”. La chinampa es un método de cultivo que se utilizaba por los mexicas para ampliar el territorio en lagos y lagunas del Valle de México y en las que cultivaban flores y verduras. Para mayor información consultar: <a href="https://www.gob.mx/agricultura/es/articulos/la-agricultura-en-chinampas">https://www.gob.mx/agricultura/es/articulos/la-agricultura-en-chinampas</a></p>
</div>
<hr>
<p><a href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/deed.es"><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2022/12/CC_BY-NC-ND_icon-88x31-1.png" alt=" CC_BY-NC-ND"></a></p>
<h6>Estos contenidos están bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional</h6>
<p><span id="more-3583"></span><br />
<!-- {"type":"layout","children":[{"name":"Hero","type":"section","props":{"image_position":"center-center","padding_remove_top":true,"style":"default","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"","width":""},"children":[{"type":"row","children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m","width_medium":"1-1"},"children":[{"type":"image","props":{"image":"https:\/\/naturalezaysociedad.blob.core.windows.net\/dialogos\/banner\/nys_banner.jpg","image_loading":true,"image_svg_color":"emphasis","image_width":"2560","margin":""}}]}]}]},{"name":"Terms","type":"section","props":{"image":"wp-content\/uploads\/2025\/04\/Foto2.jpg","image_effect":"fixed","image_position":"center-center","image_size":"width-1-1","media_blend_mode":"multiply","media_overlay":"rgba(12, 106, 16, 0.37)","style":"default","text_color":"light","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"","width":"small"},"children":[{"type":"row","children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m","width_medium":"1-1"},"children":[{"name":"Headline Decoration Line Center","type":"headline","props":{"block_align":"center","content":"","text_align":"center","title_decoration":"line","title_element":"h5"}},{"type":"headline","props":{"content":"<a href=\"https:\/\/revistas.uniandes.edu.co\/index.php\/nys\/article\/view\/10867\">Tema libre - Especial D\u00eda de la Madre Tierra<\/a>","margin_remove_bottom":true,"title_color":"emphasis","title_decoration":"divider","title_element":"div","title_style":"h5"},"name":"Titulo revista"},{"name":"Art\u00edculo","type":"headline","props":{"content":"

<p><span>El conocimiento tradicional del paisaje en comunidades ind\u00edgenas mexicanas<\/span><\/p>","margin":"small","margin_remove_bottom":false,"margin_remove_top":false,"title_color":"emphasis","title_decoration":"divider","title_element":"h1","title_style":"heading-small"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p class=\"DOI\"><span lang=\"ES\"><a href=\"https:\/\/doi.org\/10.53010\/nys.dia.07\">https:\/\/doi.org\/10.53010\/nys.dia.07<\/a><o:p><\/o:p><\/span><\/p>","margin":"default"},"name":"doi"},{"name":"Autor","type":"headline","props":{"block_align":"center","content":"Gerardo Bocco","title_decoration":"bullet","title_element":"h3"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p>Investigador titular del Centro de Investigaciones en Geograf\u00eda Ambiental de la Universidad Nacional Aut\u00f3noma de M\u00e9xico (campus Morelia). Es ge\u00f3grafo y especialista en geomorfolog\u00eda aplicada a cuestiones ambientales, con \u00e9nfasis en el paisaje de peque\u00f1as localidades rurales. Este trabajo se deriva de sus experiencias en campo, en comunidades nahuas, pur\u00e9pechas y mixtecas.<\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"},"name":"Biografia"},{"name":"Divider Style Default","type":"divider","props":{"divider_element":"hr"}}]}]},{"type":"row","props":{"margin":"large"},"children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m","width_medium":"1-1"},"children":[{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<h1>Introducci\u00f3n<\/h1>\n

<p>En comparaci\u00f3n con la labor acad\u00e9mica en etnobot\u00e1nica y etnoecolog\u00eda (y parcialmente en etnopedolog\u00eda), la investigaci\u00f3n en conocimiento tradicional del paisaje es sustancialmente menor. Lo anterior puede constatarse en el importante n\u00famero de publicaciones, as\u00ed como en la existencia de varias sociedades cient\u00edficas que se abocan a temas etnobiol\u00f3gicos en sentido amplio (etnobot\u00e1nicos, etnozool\u00f3gicos, entre otros). Se ha argumentado que esta diferencia se explicar\u00eda por varias razones. En primer lugar, por la fortaleza acad\u00e9mica de las \u00e1reas de conocimiento en bot\u00e1nica, ecolog\u00eda y en sus aproximaciones al estudio del ambiente. En segundo lugar, porque se ha reconocido que la noci\u00f3n de paisaje es intr\u00ednsecamente m\u00e1s compleja que la de cualquier organismo, tal como el caso de una planta o animal. En tercer lugar, y si se tratara de denominaciones en idioma local, la detecci\u00f3n y nomenclaturas en torno a paisaje hace a\u00fan m\u00e1s compleja la documentaci\u00f3n y traducci\u00f3n en el contexto del denominado di\u00e1logo de saberes. Los sistemas y taxonom\u00edas biol\u00f3gicas est\u00e1n establecidas a nivel universal desde hace siglos; en tanto, por contraste, los sistemas clasificatorios del paisaje, incluyendo aquellos del terreno en los que se despliegan, no resultan f\u00e1cilmente generalizables y pueden ser controversiales o confusos. Tal es el caso de una elevaci\u00f3n, que podr\u00eda denominarse sierra, serran\u00eda o lomer\u00edo, dependiendo del contexto en el que se usa. En cambio, una especie de pino recibir\u00e1 la misma denominaci\u00f3n en cuanto a g\u00e9nero y especie independientemente del contexto.<\/p>\n

<p>En esta reflexi\u00f3n se har\u00e1 \u00e9nfasis en la complejidad que encierra el abordaje del conocimiento tradicional, local y, por lo general, ind\u00edgena, sobre el paisaje. En primer lugar, se revisa de manera sint\u00e9tica este concepto y los enfoques que animaron su estudio. Luego se consideran los aportes al tema desde el conocimiento tradicional, con alg\u00fan \u00e9nfasis en las formas del terreno o geoformas presentes en el paisaje de que se trate. Finalmente, se proponen conclusiones y sugerencias para otros estudios, en especial, desde la geograf\u00eda ambiental, campo emergente que se propone contribuir a cerrar la brecha entre la geograf\u00eda f\u00edsica y humana<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><span>[1]<\/span><\/a>.<\/p>\n

<p><\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"}}]}]}]},{"type":"section","props":{"image_position":"center-center","style":"default","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"","width":"small"},"children":[{"type":"row","children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m"},"children":[{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<h1><span>El paisaje: riqueza y complejidad. La importancia del terreno y las geoformas<\/span><\/h1>\n

<p><\/p>","margin":"default"}},{"type":"image","props":{"image":"wp-content\/uploads\/2025\/04\/Foto1.jpg","image_alt":"Terrazas agr\u00edcolas ","image_svg_color":"emphasis","margin":"remove-vertical"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p style=\"text-align: center;\"><strong>Foto 1. <\/strong>Terrazas agr\u00edcolas bajo diversos usos del suelo en laderas cercanas al Lago Titicaca, Bolivia. Pr\u00e1cticas milenarias basadas en conocimiento tradicional del paisaje. <strong>Fuente:<\/strong> fotograf\u00eda tomada por el autor.<\/p>","margin":"default"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p>Tradicionalmente, el paisaje se ha definido, de manera laxa, como una porci\u00f3n del espacio (bien terreno, bien territorio) que puede ser percibida y reconocida por un observador. Una propiedad esencial que siempre se ha destacado es su car\u00e1cter integral, es decir, que comprende componentes tanto biof\u00edsicos como sociales y culturales. De tal manera que elementos tales como el terreno y los suelos, la cubierta vegetal y el uso del suelo, idealmente, deben ser estudiados de manera interdisciplinaria. Lo anterior permite la comprensi\u00f3n de la aptitud o capacidad productiva de una porci\u00f3n de terreno desde la perspectiva del conocimiento local ambiental.<\/p>\n

<p>Sin embargo, en la pr\u00e1ctica, ha sido dif\u00edcil respetar estas aproximaciones y, en cambio, se ha parcelado el estudio de paisaje. As\u00ed, se han adoptado, por un lado, visiones ecol\u00f3gicas y f\u00edsicogeogr\u00e1ficas y, por otro, aproximaciones desde la geograf\u00eda cultural y la antropolog\u00eda social. En el primer caso, se hace \u00e9nfasis en los aspectos biof\u00edsicos, mientras que, en el segundo, en los sociales y culturales, com\u00fanmente sin establecer v\u00ednculos coherentes, complementarios, entre ambas visiones.<\/p>\n

<p>Desde la geograf\u00eda ambiental resulta pertinente examinar las ventajas y limitaciones de la ruptura entre la dicotom\u00eda naturaleza y cultura. As\u00ed, se ha retenido lo espacial como dimensi\u00f3n esencial e insustituible en el concepto de paisaje. En este sentido, se han adoptado dos formas de concebir el espacio. Por un lado, el espacio en tanto superficie continua, cuyas posibles homogeneidades y discontinuidades pueden ser detectadas y delimitadas mediante el an\u00e1lisis estad\u00edstico de sus variables. Por otro, el espacio concebido como una entidad estratificable en unidades ambientales relativamente homog\u00e9neas desde una o m\u00e1s variables explicativas a partir de la delimitaci\u00f3n realizada por un int\u00e9rprete, sea un productor local o un t\u00e9cnico externo a una comunidad.<\/p>\n

<p>El terreno constituye la base sobre la que se despliega un paisaje. Las aproximaciones desde el estudio de sus formas son variadas, lo cual explica, en parte, la falta del reconocimiento de su posible generalidad. Las geoformas pueden clasificarse, por su origen o expresi\u00f3n topogr\u00e1fica, desde los siguientes enfoques:<\/p>\n

<ul>\n

<li>Morfoestructural (morfolitol\u00f3gico o morfotect\u00f3nico), para destacar la influencia del tipo de roca o fuerza desde el interior de la corteza que las originaron.<\/li>\n

<li>Morfoclim\u00e1tico, para destacar la naturaleza de los ambientes bioclim\u00e1ticos que las modelaron, en el pasado y el presente.<\/li>\n

<li>Morfodin\u00e1mico, para se\u00f1alar las caracter\u00edsticas de los procesos denudatorios<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><span>[2]<\/span><\/a> actuales, tales como la erosi\u00f3n h\u00eddrica o e\u00f3lica, o gravitatorios, como podr\u00edan ser los deslizamientos o derrumbes.<\/li>\n

<li>Morfogr\u00e1fico (formas de las laderas) y mofom\u00e9trico (geometr\u00eda de las laderas), de \u00edndole descriptiva de la expresi\u00f3n topogr\u00e1fica en el terreno, independientemente de su g\u00e9nesis.<\/li>\n<\/ul>\n

<p><\/p>\n

<p>Para prop\u00f3sitos pr\u00e1cticos, como en el caso de los estudios de suelos, cubierta y uso del terreno y del paisaje, se suele recurrir a este \u00faltimo enfoque, con alguna consideraci\u00f3n de las caracter\u00edsticas bioclim\u00e1ticas actuales. A tal efecto, se puede hacer uso de dos sistemas clasificatorios de alcance general, a dos escalas espaciales (o niveles de resoluci\u00f3n)<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><span>[3]<\/span><\/a>. Para el nivel de reconocimiento regional, y en particular a partir de su morfometr\u00eda, las clases propuestas son: monta\u00f1a (alta o baja), lomer\u00edo (alto o bajo), altiplanicie, valle, sistema de transici\u00f3n o de piedemonte y planicie. Para el nivel detallado, se reconoce la noci\u00f3n de toposecuencia, desde las porciones elevadas hasta el nivel de base: cima, ladera (divisible en clases de acuerdo con la inclinaci\u00f3n de su pendiente), ladera de piedemonte y planicie acumulativa (nivel de base).<\/p>\n

<p><\/p>\n

<p>Estas clases permiten estratificar el espacio y proponer unidades b\u00e1sicas para la delimitaci\u00f3n de las unidades, utilizando aproximaciones bien de vegetaci\u00f3n (por su estructura arb\u00f3rea, arbustiva o herb\u00e1cea) o bien de uso del suelo (agropecuario, forestal o asentamiento humano e infraestructura). Este tipo de metodolog\u00eda permite comprender las caracter\u00edsticas generales del terreno y paisaje desde el punto de vista t\u00e9cnico y, desde all\u00ed, aproximarse a la sabidur\u00eda campesina o conocimiento tradicional.<\/p>\n

<p><\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"}}]}]}]},{"type":"section","props":{"image_position":"center-center","style":"default","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"","width":"large"},"children":[{"type":"row","props":{"width":"small"},"children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m"},"children":[{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<h1><span lang=\"ES\">El conocimiento tradicional del paisaje mexicano y la noci\u00f3n \u201ctierra\u201d<o:p><\/o:p><\/span><\/h1>","margin":"default"}}]}]},{"type":"row","props":{"layout":"1-2,1-2"},"children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m","width_medium":"1-2"},"children":[{"type":"image","props":{"image":"wp-content\/uploads\/2025\/04\/Foto2.jpg","image_svg_color":"emphasis","margin":"default"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p><strong>Foto 2. <\/strong>Terraza agr\u00edcola en valle en la Mixteca Alta, Oaxaca, M\u00e9xico. Cultivo de ma\u00edz de temporal (de secano, en milpa tradicional), arado con yunta de bueyes. Las terrazas antiguas en esa zona fueron datadas en al menos 2\u00a0500 a\u00f1os. <strong>Fuente:<\/strong> fotograf\u00eda tomada por el autor.<\/p>","margin":"default"}}]},{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m","width_medium":"1-2"},"children":[{"type":"image","props":{"image":"wp-content\/uploads\/2025\/04\/Foto3.jpg","image_svg_color":"emphasis","margin":"default"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p><strong>Foto 3. <\/strong>Valle fluvial ubicado en la cuenca alta del r\u00edo Pilcomayo, Bolivia. El lecho menor, con escurrimiento; el lecho mayor, ambos lados, muestra dep\u00f3sitos de cauce. Al centro y al fondo, flanqueado por laderas, un abanico aluvial (triangular) converge sobre el curso.<strong> \u00a0Fuente:<\/strong> fotograf\u00eda tomada por el autor.<\/p>","margin":"default"}}]}]},{"type":"row","props":{"width":"small"},"children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m"},"children":[{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p>Los estudios etnobot\u00e1nicos, que a su vez nutren a los etnoecol\u00f3gicos y, en ciertos casos, a los etnopedol\u00f3gicos (tambi\u00e9n denominados etnoedafol\u00f3gicos), reconocen una trayectoria de al menos siete d\u00e9cadas. En buena medida, se ha debido al liderazgo impartido por destacados estudiosos tales como Alfredo Barrera y Efra\u00edm Hern\u00e1ndez-Xolocotzi. En tanto, los trabajos relacionados con el conocimiento tradicional del paisaje, bajo diversas denominaciones, empezaron a publicarse en la d\u00e9cada de 1980. Sin duda, antecedidos por reflexiones desde la agronom\u00eda y la edafolog\u00eda, que tambi\u00e9n nutrieron los posteriores trabajos en agroecolog\u00eda, bajo la influencia de excelentes cient\u00edficos, tales como el ya mencionado Hern\u00e1ndez-Xolocotzi.<\/p>\n

<p>Esta labor pionera encuentra un f\u00e9rtil entorno para su desarrollo en la Universidad Aut\u00f3noma de Chapingo y en el Colegio de Posgraduados. El trabajo de Carlos Ortiz-Solorio y colaboradores desde los 80, a partir de su docencia e investigaci\u00f3n edafol\u00f3gicas, se orienta hacia el conocimiento local en terreno, suelos y taxonom\u00eda; y su aptitud en el manejo agr\u00edcola tradicional. Es desde esta perspectiva que, primero, contribuyen a una clasificaci\u00f3n mesoamericana de suelos, en colaboraci\u00f3n con B\u00e1rbara Williams y, segundo, formulan el concepto y operan en la pr\u00e1ctica una clasificaci\u00f3n de \u201ctierras\u201d, es decir, entidades integrales desde la visi\u00f3n campesina. Para ello, utilizan t\u00e9cnicas de coinvestigaci\u00f3n o investigaci\u00f3n participativa en campo que permiten recopilar y documentar el conocimiento tradicional heredado en forma oral a trav\u00e9s de las generaciones.<\/p>\n

<p>Es destacable el uso del t\u00e9rmino \u201ctierra\u201d, en el que se reconocen dos vertientes. En primer lugar, su uso coloquial en el medio rural mexicano hace referencia a una unidad integral, tanto de suelos y cuerpo natural, como del terreno y de las condiciones ambientales en los que se desarrollan. Asimismo, a las condiciones sociales y econ\u00f3micas bajo las cuales se manejan seg\u00fan su aptitud productiva. Estas caracter\u00edsticas proporcionan un car\u00e1cter din\u00e1mico a la noci\u00f3n de tierra y por lo tanto a su conocimiento tradicional.<\/p>\n

<p>En segundo lugar, al ser el concepto tierra una traducci\u00f3n casi literal del t\u00e9rmino <em>land<\/em>, se ha utilizado a nivel global por diversos organismos de Naciones Unidas para muchos de sus programas de apoyo a la agricultura y el ordenamiento del territorio. Adem\u00e1s, se encuentra en la ra\u00edz del concepto paisaje en lenguas anglosajonas (<em>landscape<\/em>, por ejemplo).\u00a0 De tal manera que la noci\u00f3n tierra encierra una excelente aproximaci\u00f3n a un objeto integrado para la investigaci\u00f3n, tanto cient\u00edfica convencional, como tradicional. Es decir, se encuentra en el centro de la noci\u00f3n de conocimiento tradicional del paisaje en M\u00e9xico. En otras palabras, es un t\u00e9rmino comprensible, y bajo el mismo significado, tanto para un campesino como para un acad\u00e9mico estudioso del terreno, los suelos o la agricultura.<\/p>\n

<p>La noci\u00f3n tierra es esencial y por lo tanto ha recibido reconocimiento literal en diversos idiomas ind\u00edgenas, tal como <em>lu\u2019um<\/em> en maya yucateco, <em>tlalli<\/em> en n\u00e1huatl o <em>echeri<\/em> en pur\u00e9pecha. La riqueza de estas denominaciones es destacada por Pulido Secundino y Bocco (2016) para el caso de <em>echeri<\/em> en la comunidad de Comachu\u00e9n, en la meseta Pur\u00e9pecha<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><span>[4]<\/span><\/a>. En su interpretaci\u00f3n, Pulido, cuya lengua materna es el pur\u00e9pecha, se\u00f1ala que la ra\u00edz <em>echeri<\/em> designa, de manera escalonada y articulada, las siguientes categor\u00edas: planeta tierra, mundo; territorio, tierra, predio o parcela; terreno, suelo; suelo, polvo, lodo.<\/p>\n

<p>A modo de ejemplo, se presentan aqu\u00ed algunos estudios de caso que permiten precisar el alcance de los conceptos tierra y paisaje descritos arriba. Ortiz y Guti\u00e9rrez (2001), en su trabajo en una comunidad otom\u00ed en el estado de Hidalgo, centro de M\u00e9xico, documentan la diferenciaci\u00f3n ind\u00edgena de tres niveles de tierras<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><span>[5]<\/span><\/a>. A partir de un nivel general, diferencian las de labor de las de no-labor (por salinidad) s\u00f3lo utilizadas para romeritos<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\"><span>[6]<\/span><\/a>, e incluye un uso agr\u00edcola preferido para cada clase (tabla 1).<\/p>\n

<p><strong>Tabla 1.<\/strong> Tierras de labor (en espa\u00f1ol y otom\u00ed) y uso agr\u00edcola preferido para cada clase. Fuente: adaptado de Ortiz y Guti\u00e9rrez (2001).<\/p>\n

<table width=\"100%\">\n

<tbody>\n

<tr>\n

<td width=\"35%\">\n

<p><strong>Clase de tierra de labor (espa\u00f1ol)<\/strong><\/p>\n<\/td>\n

<td width=\"34%\">\n

<p><strong>Clase de tierra de labor (otom\u00ed)<\/strong><\/p>\n<\/td>\n

<td width=\"30%\">\n

<p><strong>Uso agr\u00edcola documentado<\/strong><\/p>\n<\/td>\n<\/tr>\n

<tr>\n

<td width=\"35%\">\n

<p>Lama<\/p>\n<\/td>\n

<td width=\"34%\">\n

<p><em>Pehai<\/em><\/p>\n<\/td>\n

<td width=\"30%\">\n

<p>Ma\u00edz, alfalfa, trigo y cebada<\/p>\n<\/td>\n<\/tr>\n

<tr>\n

<td width=\"35%\">\n

<p>Arenosa<\/p>\n<\/td>\n

<td width=\"34%\">\n

<p><em>\u00b4Bomuhai<\/em><\/p>\n<\/td>\n

<td width=\"30%\">\n

<p>Hortalizas<\/p>\n<\/td>\n<\/tr>\n

<tr>\n

<td width=\"35%\">\n

<p>Blanca<\/p>\n<\/td>\n

<td width=\"34%\">\n

<p><em>T\u00b4axhai<\/em><\/p>\n<\/td>\n

<td width=\"30%\">\n

<p>Ma\u00edz, alfalfa y maguey<\/p>\n<\/td>\n<\/tr>\n

<tr>\n

<td width=\"35%\">\n

<p>Tepetate<\/p>\n<\/td>\n

<td width=\"34%\">\n

<p><em>Xidohai<\/em><\/p>\n<\/td>\n

<td width=\"30%\">\n

<p>Jitomate y chile<\/p>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n

<p>En otro estudio, los mismos autores describen tres niveles jer\u00e1rquicos y una nomenclatura de las clases de tierras (en espa\u00f1ol y n\u00e1huatl) en una comunidad matlatzinca en el Estado de M\u00e9xico<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><span>[7]<\/span><\/a>. Como en el caso anterior, el primer nivel es general (en este caso, denominado la tierra de todos); el segundo nivel diferencia las tierras de labor de las de no-labor; y el tercer nivel incluye las clases reconocidas y denominadas por los campesinos: dos clases de tierras negras, una amarilla, una arenosa, una chinampa<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><span>[8]<\/span><\/a> y una de no-labor. En ambos casos, su orientaci\u00f3n preponderante es hacia la etnoedafolog\u00eda, en tanto uno de los caminos posibles para los trabajos sobre clases campesinas de tierra.<\/p>\n

<p>Desde una perspectiva etnogeogr\u00e1fica en Comachu\u00e9n, Pulido formula el concepto de unidades de paisaje locales (UPL) para aludir a las unidades de diferenciaci\u00f3n del territorio en funci\u00f3n de rasgos fisiogr\u00e1ficos y de localizaci\u00f3n altitudinal. Asimismo, define clases de tierra locales (CTL) a partir de criterios ambientales y de calidad de uso (ver una s\u00edntesis, que incluye la nomenclatura en pur\u00e9pecha, representada en figura 1). Pulido precisa que las UPL se reconocen a partir de tres variables: 1) geoformas propiamente dichas acompa\u00f1adas de sus propiedades ambientales, 2) clases de tierra locales (aptitud) y 3) por parajes. Estos \u00faltimos, denominados con un nombre de lugar o top\u00f3nimo, es decir, un nombre propio, \u00fanico, y que por lo tanto no pertenece a una clase (tabla 1). En general, la noci\u00f3n de paraje no se documenta en este tipo de estudios. Pero al igual que la palabra \u201ctierra\u201d, este es un t\u00e9rmino muy utilizado en zonas campesinas en M\u00e9xico y otros pa\u00edses de Am\u00e9rica Latina. Dependiendo de c\u00f3mo y para qu\u00e9 se utilice, dicha denominaci\u00f3n cumple un papel muy importante en los territorios bajo agricultura tradicional para aludir tanto a pertenencia (apego) como a delimitaci\u00f3n del territorio.<\/p>\n

<p><\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"}},{"type":"image","props":{"image":"wp-content\/uploads\/2025\/04\/Figura1.png","image_alt":"Exposici\u00f3n tiburones-007","image_svg_color":"emphasis","margin":"default"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p><strong>Figura 1.<\/strong> Perfil fisiogr\u00e1fico y principales geoformas identificadas desde el conocimiento local en Comachu\u00e9n, meseta Pur\u00e9pecha, Michoac\u00e1n. Fuente: tomado de Pulido y Bocco (2016). Se usa con autorizaci\u00f3n de la revista <em>Investigaciones Geogr\u00e1ficas<\/em>.<\/p>","margin":"default"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p>En estos ejemplos se presenta la documentaci\u00f3n, a partir del trabajo de campo participativo, de las categor\u00edas campesinas derivadas del conocimiento tradicional de sus tierras, y se incluyen propiedades de sus suelos y la capacidad productiva de los mismos. Todos ellos encierran, en el marco de una cuidada sencillez, una gran complejidad, conocimiento y sabidur\u00eda local.<\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"}},{"type":"quotation","props":{"content":"

<p><span>\"Es destacable el uso del t\u00e9rmino \u201ctierra\u201d, en el que se reconocen dos vertientes. En primer lugar, su uso coloquial en el medio rural mexicano hace referencia a una unidad integral, tanto de suelos y cuerpo natural, como del terreno y de las condiciones ambientales en los que se desarrollan. Asimismo, a las condiciones sociales y econ\u00f3micas bajo las cuales se manejan seg\u00fan su aptitud productiva. Estas caracter\u00edsticas proporcionan un car\u00e1cter din\u00e1mico a la noci\u00f3n de tierra y por lo tanto a su conocimiento tradicional\".<\/span><\/p>"}},{"type":"divider","props":{"divider_element":"hr","divider_style":"icon"}}]}]}]},{"type":"section","props":{"image_position":"center-center","style":"default","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"","width":"default"},"children":[{"type":"row","props":{"width":"small"},"children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m"},"children":[{"type":"image","props":{"image":"wp-content\/uploads\/2025\/04\/Foto4.png","image_alt":"Sierra y planicie en regi\u00f3n preandina","image_svg_color":"emphasis","margin":"default"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p style=\"text-align: center;\"><strong>Foto 4.<\/strong> Sierra y planicie en regi\u00f3n preandina, en el noroeste de la Argentina, bajo clima templado con lluvias en verano. Al fondo, sobre la sierra, cubierta de matorral; sobre la planicie, un mosaico agr\u00edcola de temporal, parcelas en descanso, y cubierta vegetal remanente de tipo arbustivo\/arb\u00f3reo.\u00a0<strong>Fuente<\/strong>: fotograf\u00eda tomada e intervenida por el autor.<\/p>","margin":"default"}}]}]}]},{"type":"section","props":{"image":"wp-content\/uploads\/2025\/04\/Foto1.jpg","image_position":"center-center","image_size":"cover","media_blend_mode":"darken","media_overlay":"rgba(17, 44, 124, 0.61)","sticky":"reveal","style":"default","text_color":"light","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"","width":"expand"},"children":[{"type":"row","children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m"},"children":[{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<h2><strong>Conclusiones para el debate<\/strong><\/h2>","margin":"default"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p>En este texto se han presentado de manera concisa algunos argumentos sobre el conocimiento tradicional del paisaje como una modalidad del conocimiento tradicional ambiental en zonas campesinas o ind\u00edgenas. El trabajo se concentra en M\u00e9xico por tratarse de un territorio de gran diversidad cultural y geogr\u00e1fica. Entonces, es un caso ideal para abordar el tema desde la geograf\u00eda ambiental. Sin duda, la bibliograf\u00eda internacional ofrece un sinn\u00famero de estudios igualmente valiosos.<\/p>\n

<p>Hay algunos temas que merecen un comentario final y tal vez alguna sugerencia para posteriores estudios m\u00e1s amplios. Un t\u00f3pico que ha destacado entre muchos interesados en el tema es la necesidad (o no) de validar este conocimiento o sabidur\u00eda por parte de la ciencia convencional. M\u00e1s all\u00e1 del criticismo que ha emergido por considerar este requerimiento como inconveniente o innecesaria, cabe se\u00f1alar dos cuestiones. La primera es que el conocimiento tradicional no es est\u00e1tico sino extremadamente din\u00e1mico, tal cual el caso en cualquier dominio de la cultura. La segunda sugiere que este dinamismo suele estar acompa\u00f1ado de un di\u00e1logo entre diferentes modalidades del conocimiento, entre la sabidur\u00eda y la ciencia convencional, construy\u00e9ndose as\u00ed una ciencia h\u00edbrida, transdisciplinaria, al calor del di\u00e1logo de saberes en diferentes ambientes de trabajo, comunitarios, acad\u00e9micos y t\u00e9cnicos.<\/p>\n

<p>Otro tema que se toca s\u00f3lo de manera tangencial en este trabajo es la dimensi\u00f3n pr\u00e1ctica del conocimiento tradicional del paisaje. Desde hace al menos 40 a\u00f1os, un nutrido sector acad\u00e9mico en ciencias naturales, sociales e ingenier\u00edas, no s\u00f3lo ha aceptado la solidez del conocimiento tradicional. Adem\u00e1s, ha postulado que, en la mayor parte de los casos, los planes y programas de conservaci\u00f3n de recursos y ordenamientos territoriales en zonas campesinas, no pueden prescindir del aporte de este conocimiento tanto para definir los problemas como para proponer soluciones viables.<\/p>\n

<p>No hemos abordado aqu\u00ed el tema de la cartograf\u00eda campesina, que se realiza mediante m\u00e9todos tales como la etnograf\u00eda para alimentar sistemas de informaci\u00f3n geogr\u00e1fica participativos (SIG-P). Sin embargo, son un corolario a los argumentos esgrimidos, en especial a partir de los estudios de caso rese\u00f1ados. Se trata de herramientas muy poderosas, pero que deben basarse en t\u00e9cnicas igualmente s\u00f3lidas de recopilaci\u00f3n y documentaci\u00f3n del conocimiento, en especial si la informaci\u00f3n se presenta en idioma local.<\/p>\n

<p>Por otro lado, la etnoedafolog\u00eda o etnopedolog\u00eda s\u00f3lo se ha incluido de manera superficial, en el marco de los sistemas campesinos de tierra. Sin embargo, el corpus ofrecido por esta disciplina es abundante y de gran solidez. Sus especialistas han desentra\u00f1ado indicios contenidos en pinturas y documentos tanto prehisp\u00e1nicos en lenguas ind\u00edgenas, como en el espa\u00f1ol de la colonia temprana. Adem\u00e1s, han contribuido de manera sustantiva al fortalecimiento de planes y programas de conservaci\u00f3n de suelos y control de su degradaci\u00f3n.<\/p>\n

<p>De igual manera, s\u00f3lo se ha mencionado, sin profundizar en el tema, el enfoque etnogeogr\u00e1fico, que alberga al etnopaisaj\u00edstico, poco conocido en el medio acad\u00e9mico mexicano, pero que puede ser \u00fatil para fundamentar la integralidad y la dimensi\u00f3n espacial del conocimiento del paisaje. Muy cercano al mismo, y tampoco de uso com\u00fan en agronom\u00eda o geograf\u00eda, es el enfoque etnofisiogr\u00e1fico, m\u00e1s cercano a la geograf\u00eda cognitiva y a la ling\u00fc\u00edstica.<\/p>\n

<p>Para concluir, es necesario enfatizar que el tema que nos ocupa merece atenci\u00f3n por parte de una multiplicidad de actores, acad\u00e9micos y comunitarios. Se trata de herramientas muy poderosas para comprender dimensiones ambientales espec\u00edficas. Asimismo, ser\u00eda conveniente que el enfoque etnoecol\u00f3gico, tan com\u00fan en nuestro medio, pueda ser contrastado y enriquecido con los se\u00f1alamientos contenidos en este texto.<\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"}}]}],"props":{"width":"small"}}]},{"type":"section","props":{"image_position":"center-center","style":"default","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"","width":"small"},"children":[{"type":"row","children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m"},"children":[{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<h1><span>Agradecimientos<\/span><\/h1>\n

<p><\/p>","margin":"default"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p>El trabajo se realiz\u00f3 en el marco del proyecto DGAPA \u201cAm\u00e9rica Latina y la historia ambiental: tramas intelectuales, redes y actores en el Antropoceno. 1940-2020\u201d. Me gustar\u00eda hacer unos agradecimientos para las personas y entidades que posibilitaron este documento. En primer lugar, agradezco la eficiencia y cordialidad en el trabajo editorial de los colegas de la Universidad de los Andes (Colombia) y, en especial, los comentarios cr\u00edticos de los revisores. Reconozco la labor de la maestra Raquel Gonz\u00e1lez Garc\u00eda, a cargo del Centro de Documentaci\u00f3n del CIGA, mi entidad acad\u00e9mica, por su apoyo en la b\u00fasqueda de bibliograf\u00eda. En especial, agradezco los conocimientos que generosamente me han trasmitido el Dr. Juan Pulido Secundino, durante ya un par de d\u00e9cadas, y el maestro Israel Hern\u00e1ndez L\u00f3pez, los \u00faltimos a\u00f1os, en el contexto de nuestra colaboraci\u00f3n y amistad. Ambos hablantes de sus lenguas maternas (pur\u00e9pecha y chinanteco respectivamente) han influido de manera sustantiva en mi visi\u00f3n y sensibilidad en torno al conocimiento tradicional del paisaje.<\/p>","margin":"default","text_color":"emphasis"}}]}]}]},{"type":"section","props":{"image_position":"center-center","style":"default","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"middle","width":"default"},"children":[{"type":"row","children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m"},"children":[{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<h2><strong>Notas de p\u00e1gina<\/strong><\/h2>","margin":"default"}},{"type":"text","props":{"column_breakpoint":"m","content":"

<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a>\u00a0Por ello, se incluyen una serie de sugerencias bibliogr\u00e1ficas que podr\u00edan ser del inter\u00e9s de los lectores al final de este texto, para invitar a la profundizaci\u00f3n de los temas que se tratan aqu\u00ed. De ser preciso, pueden ser solicitadas en formato digital al autor del art\u00edculo.<\/p>\n

<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[2]<\/a>Este t\u00e9rmino hace referencia a la erosi\u00f3n o desplazamientos de materia s\u00f3lida a causa de fen\u00f3menos naturales como lluvias, heladas o vientos viertes.<\/p>\n

<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[3]<\/a>Seg\u00fan la propuesta de Zinck (2016), mencionado en las sugerencias bibliogr\u00e1ficas al final del art\u00edculo, en el formato PDF.\u00a0<\/p>\n

<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[4]<\/a> El pueblo pur\u00e9pecha habla variantes pertenecientes a la familia ling\u00fc\u00edstica tarasca. Se encuentran en el estado de Michoac\u00e1n, en la regi\u00f3n norcentral de la entidad. Esta \u00e1rea se ubica entre los 1\u00a0600 y 2\u00a0600 m s. n. m. y se le denomina P\u2019orh\u00e9pecheo o Purh\u00e9pecherhu, que significa \u201clugar donde viven los p\u2019urh\u00e9\u201d. Para mayor informaci\u00f3n consultar:\u00a0<a href=\"https:\/\/atlas.inpi.gob.mx\/purhepecha-etnografia\/\">https:\/\/atlas.inpi.gob.mx\/purhepecha-etnografia\/<\/a><\/p>\n

<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[5]<\/a> Los otom\u00edes del estado de Hidalgo se autodenominan h\u00f1\u00e4h\u00f1\u00fc. Para mayor informaci\u00f3n consultar: https:\/\/sic.gob.mx\/ficha.php\u00a0<\/p>\n

<p><a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[6]<\/a>\u00a0El romerito \u2014Suaeda torreyana S. Watson\u2014 es una planta arbustiva que forma parte de la variedad de los quelites. Su nombre deriva del n\u00e1huatl quilitl, que significa \u201chierba comestible\u201d. Es muy resistente a la salinidad en suelos; constituye un platillo tradicional de la gastronom\u00eda mexicana. Para mayor informaci\u00f3n consultar: https:\/\/www.mexicodesconocido.com.mx\/romeritos.html\u00a0<\/p>\n

<p><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><span>[7]<\/span><\/a> Matlatzinca es el t\u00e9rmino con que los mexicas designaron a este pueblo. En n\u00e1huatl, lengua de los mexicas, significa \"los se\u00f1ores de la red\" o \"los que hacen redes\u201d. Para mayor informaci\u00f3n consultar la p\u00e1gina web del Instituto Nacional de los Pueblos Ind\u00edgenas (INPI):\u00a0<a href=\"https:\/\/www.gob.mx\/inpi\">https:\/\/www.gob.mx\/inpi<\/a>.<\/p>\n

<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[8]<\/a> La palabra chinampa, proviene del n\u00e1huatl\u00a0<em>chinampan<\/em>\u00a0o \u201cen la cerca de ca\u00f1as\u201d. La chinampa es un m\u00e9todo de cultivo que se utilizaba por los mexicas para ampliar el territorio en lagos y lagunas del Valle de M\u00e9xico y en las que cultivaban flores y verduras. Para mayor informaci\u00f3n consultar:\u00a0<a href=\"https:\/\/www.gob.mx\/agricultura\/es\/articulos\/la-agricultura-en-chinampas\">https:\/\/www.gob.mx\/agricultura\/es\/articulos\/la-agricultura-en-chinampas<\/a><\/p>","margin":"default"}}]}]}]},{"type":"section","props":{"image_position":"center-center","style":"default","title_breakpoint":"xl","title_position":"top-left","title_rotation":"left","vertical_align":"","width":"default"},"children":[{"type":"row","children":[{"type":"column","props":{"image_position":"center-center","position_sticky_breakpoint":"m"},"children":[{"type":"divider","props":{"divider_element":"hr","margin":"xlarge","margin_remove_bottom":true}},{"type":"image","props":{"image":"wp-content\/uploads\/2022\/12\/CC_BY-NC-ND_icon-88x31-1.png","image_alt":" CC_BY-NC-ND","image_svg_color":"emphasis","link":"https:\/\/creativecommons.org\/licenses\/by-nc-nd\/4.0\/deed.es","margin":"medium","margin_remove_bottom":true,"text_align":"center"}},{"type":"headline","props":{"content":"Estos contenidos est\u00e1n bajo una Licencia Creative Commons Atribuci\u00f3n-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional","margin":"small","margin_remove_top":false,"text_align":"center","title_element":"h6"}}]}]}],"name":"Creative-commons"}],"version":"4.5.4"} --></p><p>The post <a href="https://openscience.uniandes.edu.co/el-conocimiento-tradicional-del-paisaje-en-comunidades-indigenas-mexicanas/">El conocimiento tradicional del paisaje en comunidades indígenas mexicanas</a> first appeared on <a href="https://openscience.uniandes.edu.co">Revistas Uniandes | Multimedia</a>.</p>]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://openscience.uniandes.edu.co/el-conocimiento-tradicional-del-paisaje-en-comunidades-indigenas-mexicanas/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
